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Revista:
Andalucía en la Historia
Blas Infante Pérez ha sido, sin duda, una de las figuras más señeras
del panorama político andaluz. Este malagueño nacido en Casares en
el año 1885 llegaría a ser el principal impulsor del movimiento
regionalisto/nacionalista andaluz. El 14 de abril de 1983, el
Parlamento de Andalucía acordó designarle Padre de la Patria
Andaluza, como consta en el preámbulo del Estatuto de Andalucía.
EL ANDALUCISMO, movimiento regionalista/nacionalista andaluz, fue
creado por Blas Infante Pérez, a la vez su principal ideólogo y su
personaje fundamental. Nacido en Casares (Málaga) el 5 de julio de
1885, Infante, intelectual y vitalmente, pertenece a la llamada
«generación de 1914». Casares, Archidona y Granada van a ser los
tres escenarios esenciales de su infancia y juventud; Sevilla, lo
será de su madurez y muerte. En Casares discurre su niñez y allí
regresará en diferentes ocasiones, pasando largas temporadas. En
Archidona, entre 1895 y 1900, estudia el bachillerato en el
internado de los Escolapios, examinándose en el Instituto de Cabra
y, luego, en el de Málaga. En Granada, en donde «descubre» el pasado
andaluz, entre junio de 1905 y octubre de 1906 cursa por libre la
carrera de Derecho. Simultáneamente, sus viajes por Andalucía le
permiten conocer su dramática realidad socioeconómica, quedando
marcado por la figura del jornalero.
En el año 1909 gana plaza de notario, que no podrá ocupar hasta
1910, al cumplir 25 años, la edad reglamentaria para poder ejercer
este cargo. Ese año toma posesión de la notaría de Cantillana,
instalando también vivienda y bufete en Sevilla, que pasa así a ser
el nuevo y ya definitivo escenario de su biografía. Entre los años
de 1910 y 1915 el encuentro con el georgismo, gracias a Albendín y a
Sánchez Mejías, le impulsará a estudiar y asumir ese pensamiento
como fundamento teórico-económico de sus propuestas de
transformación de Andalucía; junto a ello, su preocupación por la
«cuestión de la tierra» y su relación con los hombres del Ateneo
Hispalense y de la revista Bética le llevarán a plantear los
principios del andalucismo.

Blas Infante en Sevilla. Los debates sobre Andalucía (1911-1915)
A principios del XX, Sevilla era el más importante núcleo cultural
de Andalucía y su Ateneo un decisivo centro de discusión
intelectual, en el que brotarán inquietudes regionalistas. En 1912,
y hasta 1915, se abre una fase de debates sobre «la necesidad de la
existencia político-regional de Andalucía». En 1912 irrumpe el de la
Mancomunidad, en el que terció Blas Infante, señalando las ventajas
de esta organización para fortalecer el sentimiento regional
andaluz, pero apuntando los problemas existentes -en particular, la
debilidad del «espíritu regional» en Andalucía-, que, en la
práctica, la hacían aquí inviable. Infante participará, en 1913, en
el I Congreso Georgista Hispano-Americano de Ronda, y asumirá aquí,
en amplia medida, los planteamientos georgistas referentes a la
cuestión de la tierra. La aparición, en 1914, del órgano de
expresión georgista, El Impuesto único, publicado en Ronda,
propiciará la penetración de este pensamiento en Andalucía (en
especial, en Sevilla, Córdoba, Granada y Málaga). Se desarrolla
también, con su arranque en 1911, el debate sobre el «ideal
andaluz», entendido como la búsqueda de la realidad profunda de
Andalucía, para, conocida ésta, construir un proyecto de futuro.
Iniciado por José Mª Izquierdo, en su libro Divagando por la ciudad
de la gracia (1914) proponía una «concepción estética» del ideal,
centrado en «la ciudad de la gracia» (Sevilla); se proseguirá con A.
Guichot e I. de las Cagigas, que insistirán en la conformación
histórica de Andalucía como pueblo y la necesidad de fundamentar,
desde este hecho, un nuevo ideal; culminará con Blas Infante y su
libro Ideal Andaluz (1915), que, partiendo del principio de «crear
la conciencia de que el pueblo andaluz ha existido» y de que hay que
devolverle el conocimiento de su ser en la historia, tiene como
objetivo su «emancipación y liberación» despertando «la conciencia
colectiva regional, con fines de afirmación política y de
reivindicación administrativa». Por último, vinculado a este emerger
regionalista, en 1914 y 1915 se delinean dos posiciones divergentes
sobre el entendimiento de cómo debe ser el regionalismo andaluz: de
un lado, la que lo considera como una preocupación cultural, con su
centro en el Ateneo sevillano y su plataforma en la revista Bética;
de otro lado, la que lo plantea como un movimiento social que sirva
para transformar Andalucía. Esta segunda, encabezada por Blas
Infante, será el punto de partida del andalucismo, que, desde sus
inicios, considerará la resolución de «la cuestión agraria» el
aspecto medular de su proyecto.
Irrupción y desenvolvimiento del andalucismo (1916-1923)
La etapa de 1916 a 1923 es la de configuración plena del
andalucismo. En 1916 se crea el «Centro Andaluz» de Sevilla,
plataforma andalucista destinada a difundir su pensamiento, al
conocimiento de Andalucía y a la concienciación del pueblo andaluz.
En su largo Manifiesto fundacional formula las bases de la «política
andalucista» y expone qué es el «Centro Andaluz», qué pretende y
cómo aspira a realizar sus fines: en cuanto a qué es, señala que
agrupa a «hombres nuevos», «por encima de la disciplina de los
partidos», que reaccionan contra la postración de Andalucía; con
respecto a qué pretende, se trata de redimir Andalucía; por último,
en lo tocante a cómo aspira a realizar sus fines, se propone «crear
un pueblo que no existe», despertando una conciencia en tal sentido.
A partir de ahora, se fundarán en Andalucía -y fuera de ella- otros
«Centros Andaluces», que serán los núcleos aglutinantes de quienes
asumen el mismo proyecto, y constituirán la estructura organizativa
y de difusión del andalucismo. Su medio de expresión será la revista
Andalucía (Sevilla, 1916-17; Córdoba, 1918-20), «órgano de relación
entre los correligionarios del Centro Andaluz».
Tras esta fase de arranque, Infante impulsa las Asambleas
Regionalistas de Ronda (enero 1918) y de Córdoba (marzo 1919), que
permitirán contrastar posiciones, tomar decisiones y fijar
planteamientos programáticos, políticos y económicos. En la crucial
Asamblea de Ronda se aprobarán los símbolos para Andalucía,
propuestos por Infante (la bandera, el escudo y el lema; los ahora
existentes), y se tomarán acuerdos decisivos:
a) de tipo
político: asunción de la Constitución de Antequera, de 1883;
autonomía municipal y regional; concepción federal (confederal) del
Estado;
b) de tipo
económico: absorción por la comunidad del valor social de la tierra,
negando su «propiedad» privada, pero asegurando la «posesión» de las
utilidades de las mejoras realizadas; desarrollo industrial y
fomento de las obras públicas;
c) de tipo
social: justicia independiente, instrucción gratuita y política
educativa progresista.
En la Asamblea de
Córdoba, centrada en cuestiones económicas: por un lado, se
completan y profundizan determinados aspectos de la de Ronda, cuyas
conclusiones se asumen plenamente; por otro, se ocupa de «la
cuestión agraria», proponiendo reformas para su solución; por
último, se diseña un programa de transformación de la realidad
socioeconómica andaluza. En conjunto, en ambas asambleas se aprueban
las líneas de actuación y las alternativas que plantea el movimiento
andalucista. Cabe añadir además que, desde el Manifiesto de Córdoba
de 1° de enero de 1919, encabezado por Infante, el andalucismo
abandona el calificativo regionalista, para definirse explícitamente
como nacionalista, propugnando la abolición del centralismo, la
consecución de una «Andalucía libre» y la formación de una
«Federación Hispánica».
En esta etapa de intensa actividad de Infante, el movimiento
andalucista va penetrando en las provincias andaluzas, respaldado
por sectores de las clases medias urbanas. La incorporación de
Pascual Carrión, en 1917, aportará nuevos planteamientos sobre «la
cuestión de la tierra». En 1918 y 1919, Infante participará, sin
éxito, en las elecciones, y en 1919 el andalucismo desplegará una
importante campaña sobre «el problema agrario en Andalucía». Tras la
plenitud andalucista de 1919, reafirma sus principios y propuestas
en 1920, a lo que sigue un progresivo repliegue hacia el silencio en
los años posteriores. El mismo Blas Infante, en este tiempo previo
al retraimiento de la época dictatorial, desarrollará su dimensión
de escritor-pensador, siendo su obra de teatro Motamid -parábola
sobre Andalucía- y su ensayo La Dictadura Pedagógica, ejercicio
intelectual en búsqueda de un nuevo modelo de sociedad, las muestras
más significativas de esta faceta. El impulso se truncará con el
golpe de Estado de Primo de Rivera.
Blas Infante y la etapa «liberalista» del andalucismo (1931-1936)
Se entra, a partir de 1931, tras las etapas regionalista (hasta
1918) y nacionalista, en la fase liberalista-autonomista, en la que
Blas Infante y los andalucistas intervendrán en los decisivos
procesos nacionales de la época (elecciones, reforma agraria,
autonomía). En este sentido, entienden que es el momento crucial de
la «lucha por la autonomía andaluza» y reorganizados en la junta
Liberalista de Andalucía: de un lado, presionarán de inmediato sobre
Ayuntamientos y Diputaciones para reunir una asamblea que elabore un
proyecto de Estatuto andaluz; de otro, difundirán sus ideas sobre
«la revolución española” el “Estado libre de Andalucía” y los
contenidos del Estatuto (todo lo cual plantea Infante en su libro,
de 1931, La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de
Andalucía, en donde cuenta también su fallida experiencia electoral
en las Constituyentes de 1931). A partir de una concepción
confederal del Estado, y de la propia Andalucía, considera Infante
que el Estatuto andaluz debe recoger: una auténtica autonomía
municipal; libertad de enseñanza; justicia gratuita; especial
atención a las cuestiones de la agricultura, con el principio de la
tierra para el cultivador; amplio recurso al sistema cooperativo.
A instancias de los andalucistas, la comisión gestora de la
Diputación sevillana convocó una reunión de presidentes de las
Diputaciones andaluzas para estudiar la conveniencia de redactar un
Estatuto. El 6 de julio de 1931 se celebró en Sevilla dicha reunión,
aceptando la propuesta. Resultado de la misma fue que el 26 de
febrero de 1932, en Sevilla, las Diputaciones acordaron las bases
para un anteproyecto de Estatuto de Andalucía. Al tiempo,
convinieron en celebrar, en Córdoba, una asamblea regional, en la
que estarían representados todos los organismos administrativos,
políticos, técnicos, culturales, etc., para elaborar a partir de
dichas bases un anteproyecto que, de acuerdo con el título I de la
Constitución, sería plebiscitado por los andaluces, antes de
someterlo a las Cortes. Así, desde 1932, quedaba convocada la
Asamblea de Córdoba que, tras varias dilaciones, se desarrollará en
enero de 1933. En efecto, del 29 al 31 de enero de 1933 se reunió la
Asamblea de Córdoba para preparar un Anteproyecto de Bases del
Estatuto de Andalucía.
Hubo
muchos problemas previos. Surgieron rivalidades y diferencias entre
las provincias, reticencias por parte de los partidos y trabas
desde diversos sectores sociales. La comisión organizadora,
presidida por Hermenegildo Casas, presidente de la Diputación de
Sevilla, desplegó un gran esfuerzo para superar las dificultades,
entendiendo que la autonomía podía ser una vía de esperanza. El
mismo desarrollo de la asamblea fue accidentado y con constantes
tensiones. Pero se fueron venciendo los obstáculos, tarea en la que
Blas Infante y los andalucistas desempeñaron un papel decisivo,
renunciando, incluso, a buena parte de sus planteamientos con tal de
alcanzar un anteproyecto consensuado, como así fue finalmente.
El Anteproyecto de Bases para el Estatuto de Andalucía constaba de
31 bases, 6 disposiciones transitorias y 2 declaraciones finales. En
el aspecto político, se hacía la siguiente formulación:
1) Se constituye
«la Región autónoma andaluza dentro del Estado español. En el
territorio andaluz podrán constituirse una o varias regiones
autónomas»;
2) El organismo
político-administrativo de Andalucía se denominará Cabildo Regional
y estará compuesto por:
a) el
presidente de la Región, elegido por sufragio universal, con
capacidad para nombrar y separar a los miembros de la Junta
Ejecutiva;
b) la junta
Ejecutiva, que tendrá el poder ejecutivo de la Región;
c) el Consejo
Legislativo Regional, formado por diputados de la Región, que
ejercerá la potestad legislativa;
3) Se fijan las
atribuciones del Cabildo Regional en las diversas materias,
deslindando sus competencias y las del Estado. En conjunto, se trata
de un documento de consenso, alejado de las propuestas andalucistas
y de las bases de las Diputaciones, que diseña para Andalucía una
autonomía de relativa amplitud. Se había previsto la difusión del
Anteproyecto una vez finalizada la asamblea, para lo que se formó
una comisión. Pero tras las elecciones de noviembre de 1933, las
últimas en las que participó sin éxito Infante, con la llegada al
Gobierno de las fuerzas de centro-derecha en Andalucía quedó
detenido el proceso del Estatuto. Habrá que esperar a la primavera
de 1936 para que vuelva a reactivarse.
El impulso final. La guerra civil y el asesinato de Blas Infante
(1936)
Tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, el 2 de
abril la Junta Liberalista de Andalucía difundió, «por todo el País
Andaluz», el Anteproyecto de Córdoba. Se retomaba la «lucha por la
autonomía», ahora en una coyuntura propicia. Se envió el
Anteproyecto a municipios, entidades y personalidades para que, en
el plazo de dos meses, remitiesen observaciones y sugerencias,
reunida esta información, se convocaría una asamblea en la que, con
las opiniones recogidas, se elaboraría el proyecto de Estatuto
definitivo, que se sometería al plebiscito del pueblo andaluz, para,
una vez refrendado, ser presentado a las Cortes. En este sentido, el
15 de junio Blas Infante publicaba su último escrito, el Manifiesto
«A todos los andaluces», en favor de la autonomía, en donde decía:
«El Estatuto andaluz será lo que quieran que sea todos los
andaluces; pues a todos ellos los venimos a llamar para que, con la
sencillez y, aun, el simplismo que deseen, lleguen a delinear la
figura de un Gobierno propio».
En este reabierto proceso autonómico andaluz, los anteriores
obstáculos desaparecieron. Las provincias, las instituciones y los
partidos, en general, apoyaron ahora la consecución de la autonomía,
aunque persistieron ciertas reticencias. Sólo Granada y Huelva
mantenían sus posiciones, secesionista y abandonista
respectivamente; sin embargo, la decantación pro-autonomista de los
partidos mermaba su fuerza. En medio de este nuevo clima, el 5 de
julio, en la Diputación de Sevilla, se celebró la Asamblea pro
Estatuto de Andalucía. Asistieron parlamentarios andaluces,
presidentes de las Diputaciones y diputados provinciales,
representantes de los Ayuntamientos y un buen número de
andalucistas.
Se adoptaron los
siguientes acuerdos:
1) Nombrar a Blas
Infante presidente de honor de la junta Regional organizadora del
proceso estatutario, así como a los componentes de la misma;
2) Dejar a la
consideración de la mesa la designación de las ponencias encargadas
de perfilar el Anteproyecto de Córdoba;
3) Fijar el
último domingo de septiembre como fecha para la asamblea que debía
aprobar el proyecto definitivo de Estatuto que se sometería a
referéndum.
El programa de
actuación futura estaba fijado y, pese a la situación del país, todo
indicaba que el proceso estatutario andaluz quedaría concluido en
1936. El 12 de julio hubo en Cádiz un acto público pro-autonomía,
con intervención de Infante; se izó en el Ayuntamiento «la bandera
autonomista»; el 14 se izó en el de Sevilla y se celebró la
confianza en la ratificación del Estatuto con un viaje por el
Guadalquivir. Tres días después estallaba la guerra civil y, con
ella, desaparecían todas las esperanzas autonomistas.
Ya antes del golpe de Estado del 17 de julio, Infante se refería a
la existencia de un «clima de guerra civil». Finalmente, ésta
estalló. El 18 de julio, día del pronunciamiento de Queipo de Llano
en Sevilla, Blas Infante intentó llegar a la capital hispalense,
pero se encontró cerrado el paso. Decidió entonces volver a Coria, y
allí permaneció hasta su detención el 2 de agosto. Ese día, hacia
las once de la mañana, el sargento Crespo, de Falange, con otro más
-«la casa rodeada»-, llamaron a la puerta principal de «Villa
Alegría» y se presentaron por la lateral al ir a abrirla. La esposa
de Blas Infante, Angustias García Parias, en carta a sus hijos para
que, cuando fueran mayores, supieran qué ocurrió y cómo ocurrió, lo
cuenta de esta manera: « (...). Ya todo siguió quieto hasta el día 2
de agosto de 1936, que a las 11 de la mañana vinieron a registrar la
casa y a llevárselo para siempre. También se llevaron la radio y el
altavoz, pues dijeron tenía el pobre una radio clandestina. (...). Y
le dijeron se fuese sin afeitarse y sin nada. Y que se despidiera de
mí y de vosotros. Y que no se preocupase por los papeles de la
notaría, ya que vendría otro notario. Detalle de otras groserías no
los quiero escribir (...) ».
Una vez detenido Infante, pasaron por el Ayuntamiento de Coria y
prosiguieron luego a Sevilla. Llevaban orden de que no llegara vivo.
Pero la actitud del sargento Crespo y las gestiones de amigos
lograron salvarle la vida en este primer envite. Una vez en Sevilla,
y hasta la noche del 10 de agosto, Infante vivirá su «itinerario
doloroso»: estuvo primero en un cuartelillo de Falange; luego pasó a
interrogatorio policial; hubo después cierta intervención
gubernativa y lo trasladaron a una prisión improvisada en el cine
Jáuregui, en donde permaneció hasta su final. Su mujer, sobrina del
gobernador civil Parias, y sus amigos, algunos muy cualificados,
intercedieron por él intentando salvarle. Pero fue inútil. Su mujer
le llevaba todos los días la comida que se preparaba en la casa.
Esas visitas, con la aceptación de la cestilla y la recogida de su
ropa, eran la señal de que aún vivía. Hasta que el 11 de agosto ya
no fue así. La noche anterior había sido la última de Blas Infante.
Se ha narrado de la siguiente manera:
«hacia las once de la noche del día 10 de agosto, junto con
algunos detenidos más, era conducido en un camión hacia la carretera
de Carmona. En la linde de la antigua Huerta de las Clarisas, a la
altura del kilómetro 4 (...), dedos anónimos apretaron el gatillo
del crimen y caía fusilado sumariamente el líder del andalucismo. Al
borde de una cuneta y en el filo de la madrugada del día 11».
EL EXILIO INTERIOR (1923-1930)
A PARTIR de 1923, con la llegada de la dictadura y la política
que ésta desarrolla, los movimientos regionalistas/nacionalistas
españoles se adentran en una fase de repliegue. Así sucederá también
en Andalucía. El andalucismo debió recogerse sobre sí mismo y se vio
forzado al
silencio y a la inacción. Infante buscó una discreta retirada. Una
especie de «exilio interior». Permutó su notaría de Cantillana por
la de Isla Cristina (Huelva). Una vez allí, abandonó toda actividad
pública y se dedicó a las tareas profesionales, a la lectura y a la
escritura, a las excursiones (a Marruecos, a la tumba de al-Motamid;
a Portugal, en homenaje al mismo al-Motamid, hijo del Algarbe; a
Galicia, para contactar con los nacionalistas gallegos de la revista
Nos) y a la vida familiar (se había casado en 1919 y en Isla
Cristina nacerán sus dos hijas mayores; tendrá luego un hijo y otra
hija). En este período, a través del estudio, los escritos y los
viajes, buscó encontrar las raíces, orígenes y fundamentos de
Andalucía y de lo andaluz. Es un tiempo dedicado a la meditación y a
la maduración de ideas. Tras varios años de aislamiento, la noche
del 9 de enero de 1930, en la Sociedad Económica de Amigos de País,
de Málaga, reaparece Infante, que diserta sobre el tema “La
continuidad de Andalucía”, que, en los estertores de la dictadura,
venía a ser un mensaje sobre la pervivencia de Andalucía, pese al
“largo silencio”. En los últimos meses de 1930, Infante reproducía a
multicopista su largo escrito Casta acerca del fundamento de
Andalucía, de gran densidad ideológica y conceptual, que constituye
básicamente su libro inacabado Fundamentos de Andalucía, obra clave
para conocer el desarrollo de su pensamiento sobre nacionalismo,
cultura y pueblo. Con todo ello, el andalucismo reemprendía su
actividad. Infante piensa que es hora de volver a Sevilla y se
traslada a la notaría de Coria del Río
LA CASA MUSEO
DE BLAS INFANTE EN CORIA DEL RÍO
LA FUNDACIÓN
Centro de Estudios Andaluces, adscrita a la Consejería de
Presidencia de la Junta de Andalucía, adquirió en el año 2001 la
casa de Blas Infante en la localidad sevillana de Coria del Río, con
objeto de acercarla a los andaluces como parte de su
patrimonio histórico y cultural. Este inmueble, de marcado gusto
regionalista, comenzó a construirse en 1931 poco después de que
Infante se instalase en esta población como notario.
En una amplia
parcela que se rodeó de numerosos árboles entre los que abundaban
los naranjos y almendros, se alzó «Villa Alegría», nombre que el
«padre de la patria andaluza» daría a su residencia familiar. Tras
haber permanecido desde ese momento en la propia familia, hoy día
puede visitarse de manera guiada, siendo además un foco de promoción
del estudio y la investigación de la realidad andaluza en el ámbito
de las Humanidades.
A lo largo del año, la Casa Museo organiza una serie de actividades
culturales entre las que cabría destacar las distintas exposiciones,
visitas teatralizadas, conferencias y seminarios, que contribuyen al
conocimiento general de Andalucía.
El inmueble conserva los símbolos originales que Blas Infante
diseñara, y que hoy en día identifican a la comunidad andaluza: el
escudo, la bandera y el piano donde por vez primera se interpretó el
himno andaluz.

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