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Nace en Casares (Málaga) el 5 de Julio de 1885, en la calle
Carrera, Nº 46, fusilado sin juicio ni sentencia el 11 de Agosto de 1936 a
consecuencia de la aplicación de un Bando de Guerra.
1936. Dar-al-Farah, Casa de la
Alegría, domicilio de Infante en Coria del Río. Por la ladera, los olivos;
en los tápiales blancos, geranios y jazmines. Sobre la puerta, el escudo que
ha perseverado valiente hasta hoy. Dando la cara y comprometiendo a los
hijos. Una mujer, la suya, vive la monotonía de unos días más mientras anota
la compra de la casa. Abrimos hoy la agenda doméstica: "Agosto –Domingo, 2-
Nuestra Señora de los Ángeles – Gastos –Carne- P...". Empezando a tomar la
cuenta de la plaza estaba, cuando llamaron a la puerta principal. "El
sargento Crespo, de Falange y otro, y la casa rodeada. Llévanse a Blas. Se
lo llevaron, así como al aparato de radio y el altavoz, a las 11 y ½ de la
mañana de hoy. Los aparatos volvieron, pero él no".

Infante había venido al mundo 51 años antes.
Tenía un sonoro segundo apellido: Pérez de Vargas. El se
firmó siempre Pérez. Este gesto resulta todo un símbolo de su vida
de "identificado con el pueblo andaluz hasta sentirse fuera de las
condiciones de la clase a la que pertenecía, cualidad que no se encuentra
en ninguno de los autonomistas o nacionalistas catalanes, vascos o gallegos
de la misma época" (Tierno Galván).
La investigación sobre su compleja personalidad y su original
teoría política se halla, cuando escribimos, sin concluir. Sus obras
editadas (14), hoy agotadas salvo La verdad sobre el complot de Tablada y
el Estado Libre de Andalucía, han de ser interpretadas con ayuda de las
inéditas (3). Y todo ello, comprendido desde la abundancia extraordinaria de
sus manuscritos que alcanzan aproximadamente los 3.000. Infante, tras ser
declarado Padre de la Patria Andaluza, exaltado mil veces por los
políticos actuales, no ha merecido aún la edición completa, crítica y
popular de su impresionante producción literaria.
Es que Infante es el símbolo de la mayoría de los andaluces
pero no de todos en batiburrillo. Una Andalucía con un 67% de clase
trabajadora por niveles de ingresos sumados a un 30% de una clase media,
colonizada y temida por el Centralismo y los oligarcas locales (sus
legados, no podía tener como Padre aquel Infante desfigurado que ya va
siendo descubierto en su auténtica imagen, la que le otorga esa paternidad
popular.
PRIMEROS AÑOS, PRIMERAS
EXPERIENCIAS
"Yo, criado entre jornaleros, hijo de un pueblo jornalero,
por excelencia morisco o andaluz, tenía mi propia alma y el sentido trágico
de la vida muy afirmado en mí, porque desde que nací había vivido su
espantosa tragedia; la tragedia de la Andalucía secularmente martirizada, la
irredención que nuestro pueblo soportaba con musulmana resignación,
expresada con aristocrática mansedumbre. Y acicataba la labor de justicia
universal en nombre de Andalucía". Así dice él mismo en este texto inédito
hasta ahora (Manuscrito AAY-2). Por encima de una forma literaria a veces
enfática y propia de un estilo hoy ajado, Infante acierta siempre en
síntesis densas y, realmente, heterodoxas en relación con los colonizados
bien pensantes. Este manuscrito inédito es hermano de aquel otro ya clásico
y publicado en las dos ediciones de El Ideal Andaluz (pp.122-123,
edic. 1976):
"Yo tengo clavada en la conciencia, desde mi infancia, la
visión sombría del jornalero. Yo le he visto pasear su hambre por las calles
del pueblo, confundiendo su agonía con la agonía triste de las tardes
invernales; he presenciado cómo son repartidos entre los vecinos acomodados,
para que éstos les otorguen una limosna de trabajo, tan sólo por fueros de
caridad; los he contemplado en los cortijos, desarrollando una vida que se
confunde con la de las bestias; les he visto dormir hacinados en sus sucias
gañanías; comer el negro pan de los esclavos, esponjando en el gazpacho mal
oliente, y servido, como a manadas de ciervos en el dornillo común; trabajar
de sol a sol, empapados por la lluvia en el invierno, caldeados en la siega
por los ardores de la canícula; y he sentido indignación al ver que sus
mujeres se deforman consumidas por la miseria en las rudas faenas del campo;
al contemplar cómo sus hijos perecen faltos de higiene y de pan; cómo sus
inteligencias se pierden atrofiadas por la virtud de una bárbara pedagogía,
que tiene un templo digno en escuelas como cuadras; o permaneciendo
totalmente incultas, requerida toda la actividad, desde la más tierna niñez,
por el cuidado de la propia subsistencia, al conocer todas, absolutamente
todas, las estrecheces y miserias de sus hogares desolados. Y, después, he
sentido vergüenza al leer en escritos extranjeros que el escándalo de su
existencia miserable ha traspasado las fronteras, para vergüenza de España y
de Andalucía". Ya ha entrado en su vida el jornalero. No lo dejará nunca.
Y un nuevo dato:
"Yo soy del pueblo. Mi padre tenia un compadre gitano, el
compá José el Tuerto. Y los hijos de éste, Frasco, Saláo, Rosca,
Titaera eran compañeros inseparables de mi hermano y míos durante toda
nuestra niñez. Tan estrechas eran nuestras relaciones, que sólo se
interrumpían durante los períodos de expulsión en los cuales mi abuelo, que
era el cacique, tenía que desterrar a los gitanos del pueblo al cual volvían
con admirable tenacidad, la cual me ha servido después para explicarme la
historia de España. Y conste que mi abuelo no era malo ni tenía el
milagroso talento para las expulsiones al que se encomendaba el buen doctor
Sancho Moncada con respecto a Felipe III" (Manusc. C-50 y 52).
La idea del sufrimiento y la expulsión de los moriscos está
también presente en sus primeros años, a propósito de la guerra de Cuba
"Cuando yo era niño, los chiquillos..., precedidos por el lienzo amarillo y
rojo íbamos a despedir a los que partían a Cuba, al son de una melodía de
aire guerrero, que el maestro, en virtud de órdenes superiores, nos había
hecho aprender. Cantábamos que ‘aquel hermoso pabellón era el de la nación
sin par que en valentía y en hidalguía la primera fue, que aquella bandera,
victoriosa en Santa Fe, conquistó Granada’. Mientras tanto, se ponía a los
cubanos de ingratos... Pero ni la bandera, que apenas contaba un siglo,
había ondeado en Santa Fe, ni nosotros, los hijos de aquel pueblo morisco,
habíamos conquistado Granda, sino al contrario, habíamos sido conquistado
con ella..." (Manusc. AAX).
De 1896 a 1900, es alumno interno en el Colegio de los
Escolapios de Archidona. Pero a sus 15 años, el chiquillo ha de interrumpir
sus estudios y trabajar como auxiliar en el Juzgado de su pueblo. El
desastre de Cuba aprieta a la industria catalana y el Gobierno centralista
refuerza sus colonias interiores como Andalucía y emprende su política de
proteccionismo para Cataluña que, según Vicens Vives, contaba con una
manufactura no competitiva con la extranjera. Hasta 1904, no puede proseguir
sus estudios. El esfuerzo de sus padres –pequeños labradores- por los dos
hijos, les dejará definitivamente empobrecidos y en la casa de Infante en
Coria del Río se conservan cartas de su madre que reflejan los trajines de
la ya viuda para subsistir recibiendo ayuda de su Blas y enviando cajones de
productos del campo a su hijo.
Blas estudia en Granada en dos durísimos intensivos cursos
toda la carrera de Derecho y algo de Filosofía. Allí se encuentra con el
tercer ingrediente de su futuro andalucismo: la cultura de Al-Andalus. Con
el tiempo, la visión del jornalero, la obligada trashumancia gitana y la
persecución hacia los moriscos andalusíes, llegará a su síntesis de colosal
operatividad política. Un escrito posterior (Manuscrito AM, 2ª serie, 22)
nos descubre el idealismo del adolescente que persiste en él dándole impulso
para su lucha entusiasta por Andalucía. Este texto, que se publica aquí por
primera vez, dice bellamente: "Disce: Beatrice, loda di Dio vera—Che non
socorri quel che t’amó tanto—Ch`sucio per te della volgare schiera? Beatriz,
cántico de alabanza a Dios, en ti hecho carne -- ¿por qué no acudes a salvar
a quien tanto te adoró y a quien sólo por ti salió del vulgar rebaño?
(Dante, Div. Comedia, Canto 2º, Infierno). Pues bien, yo he
hecho de mi idea una bella amada, Beatriz de mis ensueños que desde la
adolescencia me enamoró. Es a ella, a su amor a quien debo haber
salido del rebaño vulgar". Los subrayados del revelador texto tan
confidencial, son del mismo Infante.
LA EXTRAÑA ACTIVIDAD
NOTARIAL DE BLAS INFANTE
Con 24 años es notario. Ha alcanzado un pedestal desde el que
podía haber renegado de toda su obsesión por una Andalucía empobrecida.
"España, que lo regatea todo a los investigadores profesionales, paga muy
bien a unos funcionarios, que son los notarios, dejándoles mucho tiempo
libre para que puedan investigar" (Manusc. C-31-32). Hasta el final de su
vida, una abrumadora tarea de reflexivo estudio para aclarar su acción nos
ha legado un mundo increíble de escritos, una complejísima interpretación de
la historia, la política, la economía, la lengua árabe, psicología,
teología, medicina, derecho, cultura popular, cante... Todo, con un
exclusivo fin: transformar la situación de Andalucía desde sus raíces y
entrando en ellas con un sentido universalista y concretísimo.
Desde 1910, ejerce de notario en Cantillana. Viajando del
campo a Sevilla asiste a los brotes andalucistas en su Ateneo. Cuando
Infante hace crónica de los pasos dados por el andalucismo, señala una
fecha: el discurso de Mario Méndez Bejarano en los Juegos Florales de 1909
como "la primera y espontánea manifestación pública patentizadora de que el
patriotismo andaluz no está muerto": Así dice en El Ideal Andaluz
(p. 349) en su primera edición. (Habría mucho que descubrir sobre la
absoluta falta de rigor con que se han dado a luz dos de sus tres libros
publicados ahora. El Ideal Andaluz está falto de trece capítulos,
130 páginas cualitativamente importantes. Orígenes de lo flamenco y
secreto del cante jondo, editado por primera vez en 1980, no abarca la
totalidad del original y ha sufrido una peligrosa alteración en dos de sus
páginas más reveladoras –(120-121)-, precisamente las únicas
comentadas con nota de intencionalidad política). Esta época de Infante
–días de Ateneo floreado y culturalista, de media burguesía- va a durar
poco. Unos tres años siempre dialectizados por la visión sombría del
jornalero. Este período va a ser, aunque breve y juvenil, el más
venteado y amado por la derecha andaluza desde 1976. Infante vivirá
veintidós años más; escribirá y publicará; actuará públicamente cada vez más
comprometido con el andalucismo y más radicalizado, pero de ello no se darán
por enterados quienes lo utilizan violentándolo según sus intereses.
GEORGISMO Y RUPTURA CON
EL ATENEO
Cuando presenta una Memoria al Ateneo sevillano,
estalla la crisis. Estamos en el 23 de Marzo de 1914 y Gastalver ataca en la
revista ateneísta Bética ese escrito de Infante. La tal Memoria
será el primer libro de nuestro político. El Ideal Andaluz, aún
tímido y mozo, aún condicionado por la edad y el ambiente, para los
intelectuales de la derecha es "el más destacado e interesante de Infante"
(Cuenca Toribio). Si no fuera notoria la honradez de Cuenca Toribio,
creeríamos en otra motivación distinta del puro despiste al juzgar así la
obra primera de Infante. Porque el mismo Infante, en el mismo libro (p.39)
lo llama "mal escrito, hecho de prisa, sin calma ni prolijo estudio". En
tal juicio reincide el propio autor en los nn. 51 y 52 de Bética. En
el manuscrito AAY-5 (que se da la imprenta ahora por vez primera), cuando
Infante recuerda estos años, dice: "Los tradicionalistas nos miraron con
simpatía atendiendo a nuestro nombre, pero en cuanto empezaban a penetrar
nuestra doctrina huían desolados".
Todo el platillo y bombo con el que ha sido coreado un
Infante inventado, han sido sordina y precaución frente al verdadero. A este
último no hay que buscarlo sólo en ilegibles manuscritos inéditos (que no
están a mano de todos) sino en otra obra, reeditada dos veces desde 1979.
La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía,
páginas de un radicalismo pleno de claridad y honradez, páginas jamás
citadas, libro tan vendido como maldito.
Últimamente han pretendido reducir la doctrina de Infante a
un georgismo o fisiocracia pura y simple, acríticamente aceptada. El tema
merece detenimiento "Henry George, en medio de la desesperación del
campesinado norteamericano del Oeste a finales del siglo pasado, había
desenterrado del camposanto de la Economía francesa del s. XVIII, el llamado
impuesto único" (Acosta). Durante los años de Infante en Cantillana,
el máximo georgista español, Antonio Albendín, ingeniero agrónomo, había
llegado a dicho pueblo interesando a nuestro notario en esta doctrina. Con
ocasión del Congreso Internacional Georgista (Ronda, 1913) el mentor de la
Patria Andaluza busca una primera síntesis socioeconómica y dirá: "La
tierra más fértil de España está cerrada al trabajo", "los toros se
engordan en las tierras que se niegan a los hombres forzados a emigrar". Y
añade algo de color reconocible: "Ha llegado la hora en que el hombre se
emancipe del yugo del hombre". La profunda inquietud social del georgismo,
el prestigio de una izquierda americana que contaba con sus mártires, Sacco
y Vanzetti, el punto céntrico que en la fisiocracia ocupa el problema de la
tierra (secular espina andaluza) empujan a Infante a ingresar en la "Liga
del Impuesto Unico". Ello le va a sellar para bien y para mal en estos
primeros trances. Por ejemplo, en "el interclasismo inicial del
regionalismo andaluz y su adscripción a las capas medias de la población",
(Arcas) su interpartidismo de entonces, su elitismo intelectualista.
Infante llega a creer que "la tiranía va a concluir: los
burgueses que antes eran enriquecidos por los obreros, se ven forzados a
alimentarlos ahora. Juntos marcharán, por tanto, a conquistar la tierra, los
trabajadores y los capitalistas, guiados por los intelectuales" (revista
El Impuesto Unico Nº 19, dedicado al Congreso de Ronda). El estudio de
F. Arcas sobre El Movimiento Georgista y los orígenes del Andalucismo
(Caja Ahorros de Ronda, 1980) ya demuestra la lucha en el seno de la Liga
entre dos corrientes. Infante se alinea con la menos idealista contra la que
Joseph Fels (multimillonario inglés protector de la Liga) arremete "de
manera casi violenta" defendiendo la "pureza religiosa del georgismo que
no ha de mezclarse con la política actual" ni siquiera en lo municipal (Cf.
El movimiento Georgista y los orígenes del Andalucismo, pp. 33, 48,
69; 40,45, 60, 64; 69).
ANDALUCÍA NO ERA
AMÉRICA
La publicación de El Ideal Andaluz rompe la relación
con el andalucismo exquisito del ateneísmo sevillano y –pese al tímido
despegue que aún supone respecto al georgismo puro-, provoca un
enfrentamiento duro entre Antonio Albendín, máximo líder georgista español,
y nuestro notario. "Efectivamente, si bien Blas Infante y el núcleo
sevillano hacen suyo el ideario de George y lo aplican a la realidad
andaluza, en una fase posterior van a superarlo y a subordinarlo al ideal
regionalista, incorporando nuevas ideas económicas" (Arcas, 137). Desde
entonces, en la revista que dirige, y prácticamente escribe Albendín "son
abundantes las observaciones críticas ante unas iniciativas que parecían
heterodoxas para el portavoz autorizado del georgismo" (Id., 137). En el
número de El Impuesto Unico de Marzo de 1915, la "Sección de
Sevilla" de la Liga afirma que "no admiten jefaturas ni pontificados" y
que "estando de acuerdo en cuanto al fin, en cuanto a los medios se pondrán
circunstancialmente en relación con el medio circunstancial que les rodea".
La liga, en el mismo número de la revista, "estima equivocado el camino de
mezclar las miras fisiocráticas con las de reconstitución nacional". Es que
ese "medio que les rodea" a los georgistas sevillanos es Andalucía y ello
(como siempre) es el punto de gravedad de Infante y los suyos. No hay otro
dogma que la realidad andaluza. Ni fisiocracia ni socialismo ortodoxo
importado. Jamás primará la ideología sobre los hechos y los datos
andaluces.
Coincide el pronunciamiento de los Centros Andaluces por el
"nuevo nacionalismo" (1916) con la visita a Sevilla de Albendían para ver
de corregir las desviaciones de "un grupo de Sevilla capitaneado por don
Blas Infante" (El Impuesto Unico, Julio, 1917). A todos estos datos
que Arcas aporta, añadimos ahora dos manuscritos inéditos de Infante que
incluso desmienten la versión de Albendín en el mismo ejemplar de la
revista, según la cual "reina entre los dos bandos la mayor cordialidad".
Se trata de los manuscritos AAU y AAV. Son toda una revelación. EN el AAU,
se lee: "La conciencia de nuestra autonomía nos releva de toda
explicación", "nuestra organización (de la Sección de Sevilla) es
esencialmente democrática y no concedemos a los cargos de la Junta Directiva
más valor que el meramente representativo y tomamos nuestros acuerdos por
mayoría de votos en secciones semanales", "no acatamos jefatura ni, mucho
menos, pontificados", "la disciplina entre nosotros es perfecta, es decir,
gozamos de la única disciplina perfecta: la que es hija de una misma
convicción y de una misma libertad".
Tras una definición de la disciplina de tan grueso calibre,
leemos una advertencia atinadísima: "Evitar incurrir en la monotonía de
repetir al pueblo los mismos conceptos con iguales palabras; estamos prontos
a encarnar en la realidad de los hechos nuestra idea". Tras atacar "la
intransigencia especulativa de un dogmatismo irreductible", pasa a exponer
sus acciones ante el Ayuntamiento de Sevilla. Y es que una espoleta para la
reacción inquisidora de Albendín ha sido la "Moción dirigida al
Ayuntamiento de Sevilla señalando los recursos con los cuales deberá ser
sustituido el impuesto de Consumos y satisfacerse las responsabilidades del
Empréstito para la Exposición Hispano Americana". Esta moción, junto con una
serie de Informes de la Sección de Sevilla, y de su miembro Rafael Ochoa fue
publicada con el título Remedios propuestos por la
Liga Española para el Impuesto Unico (Sección de Sevilla) para resolver el
problema actual de las Haciendas locales en España
(Tipografía Jirones, Sevilla, 1914, 27 páginas). Frente a
esta iniciativa, escribe Infante, "en el último número de la revista El
impuesto Unico, el dogmatismo se revela". Pero, "conste que nosotros
no aceptamos la doctrina de George por ser él quien la proclama sino en
tanto en cuanto los Principios de esa doctrina traducen los postulados del
sentido común". ¡Ya está aquí el eterno crítico antidogmático que es
Infante...! Con fina ironía, ante los empecinados teóricos, dirá el notario:
"Los locos, entre sí, son cuerdos" (Manusc. AAÑ-27).
El manuscrito AAU –que se alarga en cuestiones técnicas
hacendísticas concretas- parece destinado a la publicación. Por eso, es
prudente. Pero un pequeño papelillo tamaño octavo, fragmento de escrito más
extenso entre los manuscritos mayores, entra con total audacia en el fondo
de la controversia y nombra sin tapujo al mismo Albendín. Se trata del AAV-1-2
que trascribimos en su zona más significativa: "¿Qué pierde la Liga para el
Impuesto Unico con que la fuerza Regionalista tenga su dogma por contenido
social de su programa? ¿Qué perderá si los partidos todos lo aceptasen?
¿Sería mejor para su causa que el Regionalismo Andaluz se desarrollara sin
defender esa doctrina? ¿Ha hecho mal el Partido Liberal Inglés adoptándola
en principio como suya? ¿Es que la Liga aspira a concluir con los Partidos
todos? Se dice que un programa de redención regional no debe contener un
dogma de justicia univeral. Pero, ¿cuál es la misión de la nueva política
sino resolver cada una en el radio a que su acción se extiende el
problema social? ¿Es que es posible un acuerdo mundial para establecer
la Justicia Universal? No tema el Sr. Albendín (quien pone de falso
al georgismo sevillano), no hay motivo para el empleo de sus palabras
gruesas con que, siguiendo su método, insulta con imputación de falsedad a
la Sección de Sevilla que dio pruebas de mejor o, por lo menos, de tan buena
ley como el que más".
"A partir de 1917, apenas si el órgano de la "Liga
Española" se ocupa del andalucismo. Nada se dice de la Asamblea de
Ronda (y la revista se editaba en Ronda donde Albendín residía) en 1918 y de
la Asamblea Andalucista de Córdoba se reproduce tan sólo un fragmento de la
ponencia de Pascual Carrión sobre El problema agrícola andaluz
(Arcas, 141-142). Pero es que en Córdoba, se llega al más claro nacionalismo
andaluz y, manteniendo fuentes georgistas, se incorporan nuevas medidas
porque "hasta el impuesto único sobre la tierra desprovistas de mejoras,
como lo proponían los fisiócratas y sobre todo el ilustre George y nuestro
Flórez Estrada, que sería excelente solución en una región de propiedad por
concentrada, no surtiría aquí sus beneficiosos efectos sino hasta
pasados algunos años", diría Pascual Carrión (Estudios sobre la
Agricultura Española (1919-1971), Eds. de la Revista del Trabajo, M. 74,
pp.36-7). En el Diario de Huelva, 8-III-1916, p.1, se lee en el
programa del Centro Andaluz de Sevilla: "...el cultivo de la tierra con
algo (subr. Nuestro) de impuesto único".
En la Liga Española para el Impuesto Único coexistían dos
realidades: una doctrina económica y una opción política. Infante y los
suyos acometen la reforma de ese conjunto. Para ello, beberán en la realidad
concreta de Andalucía y en otra fuente (curiosamente también antipartidista),
el anarquismo. Muy fuerte en Andalucía, es acogida con gran entusiasmo por
Infante, "la lógica anarquista actual es otra, como lo demuestra la
desaparición de los atentados ácratas, tan frecuentes en el principiar de
nuestro siglo. Sindicatos para defender intereses próximos y un anhelo firme
de cultura emancipadora" (La verdad sobre el complot de Tablada...
p. 119). Por otra parte, Bakunin, en el Congreso de la Internacional de
1868, se había manifestado contrario a la propiedad individual de la tierra,
de las minas y de los servicios sociales, cuánto más del monopolio. Todas
ellas, doctrinas también georgistas.
Frente al apoliticismo de la Liga, politización a través del
municipio; frente a las invocaciones a una justicia universal directa
con la consiguiente abstracción, concreción regionalista andaluza; frente al
elitismo intelectualista, después de una inicial esperanza en que "los
intelectuales y los artistas andaluces" "dirijan espiritualmente al
pueblo" y "acabe su literatura estéril, decadente, monótona canción de
grillos" (El Ideal Andaluz, pp.294-5, 1ª Ed.). Infante les apostrofa
con dureza en el Manifiesto Nacionalista del año 1918 al hablar de
"la pseudointelectualidad andaluza y española de espíritu castrado y alma
cobarde". La fundación en 1931 de las Juntas Liberalistas rompe con el
apoliticismo inicial, la invitación a los liberalistas a que se concreten
en el Partido Republicano Federal (en que él ha ingresado) acaba de
aclarar su reforma de la opción política del georgismo oficial.
En cuanto a la doctrina económica, pensamos que la reforma de
los andalucistas es más matizada que la acometida con la postura política de
la Liga. Ciertamente, la adecuación al momento andaluz radicaliza las
medidas que van más allá del Impuesto Unico. En esta campo, Infante va a
hallar dos principales colaboradores de primera fila: Juan Díaz del Moral y
Pascual Carrión. Y va a tener una ocasión importantísima de lograr la
implantación por Ley de Cortes de su solución al problema de la tierra, del
latifundio.
LA REPUBLICA Y EL
PROBLEMA DE LA TIERRA EN ANDALUCÍA
En Mayo de 1931, el Gobierno estableció la "Comisión Técnica
Agraria para la solución del problema de los latifundios". En ella,
figuraban los andalucistas Díaz del Moral, Pascual Carrión, B. de Quirós y
Blas Infante como primero de ocho juristas. En Julio, presentaba ya un
proyecto que Tamames califica "de gran lucidez, profundo y simple, de
soluciones reales", Malefakis ve en él "la propuesta agraria más
prometedora de la República", "medida revolucionaria, técnicamente
excelente". El mismo Infante, entrevistado en Nuevo Mundo (19-VI-31)
dice: "Se impone la restitución al pueblo andaluz inmediatamente, de la
tierra que le fue sustraída. La medida reparadora ha de ser originariamente
simplista, como lo fue el despojo", "sin burocracias y estúpidos y
complejos expedientes". Y en El Sol (11-VI-31) declara: "Todo
latifundio andaluz es ilegal en su origen", "hay que devolver al campesino
andaluz la tierra que le fue arrebatada por derecho de conquista", "mire a
Europa: en el siglo XIX, quince naciones monárquicas hicieron la reforma
territorial y no sucedió nada".
El proyecto de la Comisión "posibilitaba arraigar en tres
meses un número de familias campesinas no inferior a 60.000", dice
Malefakis. Este era el plan:
- Limitar la reforma a las zonas verdaderamente latifundistas
(Andalucía, Extremadura, Ciudad Real y Toledo), con extensión posterior a
otros territorios.
- Propugnar la ocupación de duración determinada, sin
expropiación (imposible entonces de financiar).
- Explotación diferenciada según secano o regadío, extensión,
etc., en régimen individual o colectivo que respeta arrendamientos de
pequeños propietarios y abre un proceso de socialización.
- Financiación de la reforma por impuesto sobre las rentas de
la tierra superiores a las 10.000 pesetas.
- Simplificación de trámites y burocracias al máximo,
autogestión.
Pero, en la víspera del pleno de Cortes que había de discutir
el Proyecto, Lucio Martínez (Secretario de la Federación Nacional de los
Obreros del Campo de la U.G.T.), en la página 12 del diario Crisol,
(M., 21-VIII-31; ver también El Sol, 1-VI-31, p. 1), contraataca: "El proyecto pretende dar tierra a 75.000 familias antes del 1 de
Octubre" y "la necesidad acucia a 200.000", (el Proyecto empezaba
por esas 75.000), "no estoy de acuerdo con que sólo comprenda diez
provincias, debe de hacerse para toda España", (la base segunda
determinaba extenderla por Decreto al resto del Estado), aunque
reconoce "el esfuerzo de organización" y el medio de recaudación
financiera "como el mayor acierto". Curiosamente, en la misma página de
Crisol, aparecen los ataques al Proyecto por parte del Partido agrario
(católicos), radicales y radicales-socialistas. Y ¡la "detención en la Cruz
del Campo de Sevilla de los campesinos andaluces capitaneados por el doctor
Vallina"!. Al siguiente día, 22, se declaraba en Sevilla el estado de
guerra.
Seguimos en plena tarea de la Comisión. Lucientes entrevista
en El Sol a D. Miguel Sánchez Dalp (12-VI-31, pp 1 y 8), "cuya
existencia discurre en un palacio de Sevilla, lujoso alcázar del
Renacimiento andaluz". Don Miguel declara: "En 1900, era una delicia: el
campesino, dichoso con tres reales de jornal y los “avíos”: aceite, sal, ajo
y vinagre para el gazpacho. Trabajaba sin tregua... Ahora, todo está
imposible. Los decretos de Largo Caballero han sujetado un poco". A los
tres días, en el mismo diario, entrevista a E. Fernández Egocheaga (U.G.T.),
dice: "La obra de Largo Caballero rinde por días resultados magníficos".
Lucientes recoge en el Círculo de Labradores el 9 de igual mes y año, esta
indicación: "Visite al doctor Vallina. Es un tigre que anda suelto" (pp. 1
y 3, El Sol, 9-VI-31). Le visita: Vallina declara: "El campesino,
hoy, confía en la República ¿Mañana? La República dirá" (El Sol, 9-VI-31,
pp. 1 y 3). Vallina, "el tigre, como los privilegiados le denominan" -dice
Infante- merece ocho páginas entusiastas suyas (Tablada, pp. 105 a
112). Infante, ante la inoperancia gubernamental, quería "la reforma de la
agricultura por decreto" porque "mientras los conejos discuten, llegan los
perros". Y termina: "Acuso al Gobierno de estar elaborando los elementos
de una guerra civil" (Tablada, pp. 50 y 103).
La oposición de fuerzas reformistas de izquierda y
los partidos de derecha, sumada a la ausencia de un partido fuerte que lo
apoyara, provocó el boicot a este esperanzador proyecto.
EL FONDO DE LA
CUESTIÓN
Detrás de las disposiciones jurídicas y técnicas había una
mentalidad que conviene resumir porque es de una gran riqueza: como lo fue
en un principio (antes del ejercicio del llamado "derecho del primero que
lo coge", ius primi capientis), la tierra será un bien común. Como
el aire y el sol, será un bien público. Con la tierra ha sucedido lo que
puede ocurrir ya con el sol al empezar a explotarse como fuente alternativa
de energía. Hagamos una excursión al futuro. Imaginemos que la rentabilidad
del sol como origen de nueva energía es tal que el Gobierno (¡o la Junta de
Andalucía...!) cede a una compañía americana la explotación en monopolio de
planchas solares en Ecija. La ciudad del sol, hasta hoy gloriosa de
luz y calor, acabaría en perpetua niebla; de sartén pasaría a
frigorífico; cambiando el clima, cambiaría la flora, la vida entera de los
ecijanos, vueltos lapones repentinos. Un bien común habría sido acaparado.
El destino de un pueblo alterado. Así fue con la tierra. Por ello, Andalucía
ha visto cambiada su historia desde los repartimientos de la conquista
castellana y las desamortizaciones del siglo pasado. Un problema económico,
un mayúsculo problema humano, que ha configurado un pueblo hasta violentarlo
secularmente sobre una tierra feraz, exigen un tratamiento radical de fondo
aunque pueda ir por pasos medidos tal como los concretados en la reforma de
la Comisión antedicha.
La tierra desempeña una función social de primer orden en
zonas como Andalucía. Su cultivo es un servicio público, un "bien
nacional que ha ido a manos de propietarios territoriales que, en general,
han buscado la tierra no para cultivarla, sino para hacerse con más seguras
rentas", decía Pi y Margall. La tierra es un instrumento de trabajo y nunca
puede ser un origen de renta. Sin necesidad de mejorar una finca rústica o
un solar, con sólo ponerla en coto con un guarda jurado o cercar el
suelo urbano y esperar pasivamente las mejoras forzosas de la urbanización
en torno que la sociedad introduce, las rentas crecen. Es la sociedad la
única legítima propietaria de la tierra. A ella debe volver. Pese a que los
campesinos habían identificado República con reparto de las tierras,
el andalucismo histórico es partidario de la imposición de un fuerte tributo
sobre las grandes fincas que obligue a ponerlas al máximo grado de
explotación para poderlo satisfacer, de la socialización de las tierras
cuyos propietarios no satisfagan tal tributo, de la propiedad municipal de
tales fincas y su explotación por sociedades obreras asesoradas y
financiadas por un Banco de Crédito Agrícola. Reparto, nunca: la historia
enseña que, a la tercera generación, el intrigante, el prestamista, el
listo de turno, acaba ensanchando su dominio quedándose con las parcelas
limítrofes y vuelve a recomenzar el proceso.
EL NACIONALISMO ANDALUZ
Hemos visto la radicalización que Infante añade al georgismo
inicial de 1913 y al andalucismo medioburgués de 1910. Es hora de matizar
otra radicalización: su nacionalismo. Será ello, a partir de la fundación de
los Centros Andaluces y llegará a una primera cumbre en las Asambleas
de Ronda (1918) y Córdoba (1919).
Antes de nada, es preciso aportar nuevos datos que aclaran
los titubeos de Infante hasta decidirse por el término nacionalismo.
Para ello, acudimos a un manuscrito inédito que ilumina zonas hasta hoy
desconocidas de su pensamiento. El valor de este escrito es especial por
estar destinado a sus más inmediatos colaboradores y no a la publicidad. Así
dirá él en el libro sobre el pretendido complot de Tablada (p. 188):
"Destino de un pequeño grupo de amigos con carácter de intimidad").
Infante lo tiró a multicopia durante la Dictadura de Primo de Ribera, con
los Centros Andaluces clausurados "por la barbarie dictatorial" (Infante,
El Liberal, Sev., 21-IV-31). Del documento se va a ofrecer una larga
cita que sea muestra de la minuciosidad, rigor y originalidad de nuestro
autor. Conviene aclarar que, aunque redactado después del año 23, se refiere
a los años 13 y 17 y aporta datos del despegue andalucista que se operó en
ellos. Por otra parte, es muy representativo de toda su actuación y
literatura, y explica cuatro claves constantes en él: 1º Su afán
investigador de la cultura específica de Andalucía; 2º Sus titubeos frente a
los moldes usuales del organigrama político (partidos, elecciones, gobierno,
terminología...), reservas que mantiene al menos hasta 1931; 3º Su fondo
anarquista pacifista; 4º Su especial internacionalismo equilibrado por la
concreción andaluza. Sin mayor introducción, vaya la cita (Manusc. AAY):
"Si hubiéramos querido, habríamos identificado a Andalucía
como una nación y aún llegado a confundir su interés nacional con las
acostumbradas reivindicaciones, que denominan realidades, (subr. él)
los políticos; v.gr. con el proteccionismo a ultranza de los trigos, de los
vinos y de los aceites y con el mantenimiento del régimen (subr. e
ironiza él aludiendo al proteccionismo catalán y su imitación castellana y
andaluza por los terratenientes) territorial consagrado por la conquista,
incluso llegando a probar, como algunos lo intentaron, que en Andalucía ¡no
había latifundios! (...) Los latifundistas, los especuladores de tierras y
frutos, los asesinos de la agricultura y del verdadero agricultor andaluz
(mendigo de tierra, pegujalero o jornalero), ¡cómo se hubieran apresurado a
formar en nuestras huestes con sus cámaras de dinero...! Buenos Centros
Andaluces, de cajas repletas y no sempiternamente vacías (...) ¡Cómo
hubieran prosperado, además, nuestras profesiones e industrias...!".
"Los pueblos del Norte, sobre todo, aspiraban tenazmente a
recobrar su personalidad negada poco a poco por los herederos y discípulos
de la Reina Católica (cuya personalidad y cuyo reinado se encuentran en
trance de revisión). Aquellos pueblos, para poder llegar a expresarse
actualmente, habíanse llegado a definir conforme al Principio de las
Nacionalidades. Y Nación y región eran categorías correspondientes a una
mayor o menor vehemencia, en cuanto a la aspiración o sentimiento que
condicionaban el anhelo de una autarquía correspondiente a aquella
personalidad (...) El Regionalismo estaba en el ambiente. Entonces, (...)
nosotros vinimos a acordar que defender la Tierra de Andalucía es defender
la base de su libertad, es expresar su primaria aspiración a ser. Antes de
que otros vengan a enarbolar su bandera regionalista, hagámoslo
nosotros, aunque nos repugne ese nombre; y, de este modo, impediremos
que los intereses contrarios se apoderen de esta bandera procurando
que los estímulos que ella despierte, en vez de venir, como sucedería si
aquellos intereses la tomaran, a apoyar un nacionalismo o regionalismo
al uso, sirvan para la obra efectiva de liberar espiritual y económicamente
a los individuos (subr. Infante) que componen el pueblo andaluz. (...) Y
nos llamamos regionalistas o nacionalistas, (subr. Infante) pero
como la Andalucía que vivía en nosotros no era la artificiosa que
hubiera resultado de una elaboración verificada según las normas del
Principio de las Nacionalidades sino su ser verdadero (...), nuestro
regionalismo o nacionalismo apareció como algo extraño que se apartaba
del concepto corriente, como una aspiración o una doctrina que poco o
nada tenía que ver con los demás regionalismos o nacionalismos peninsulares.
Como que Andalucía había influido en nosotros libremente sin ser deformada
por el instrumento de interpretación implicado por aquella teoría europea
o Principio de las Nacionalidades".
(Recordemos que el Principio de las Nacionalidades fue
uno de los "catorce puntos" del Presidente de E.E.U.U. Wilson (8-I-1918)
acabada la Guerra Europea, entonces juzgada trance de giro histórico).
"Los tradicionalistas nos miraron con simpatía atendiendo a
nuestro nombre, pero en cuanto empezaban a penetrar nuestra doctrina,
huían desolados. (...) A medida que nos iban descubriendo, éramos
excomulgados y puestos en un Indice de los ilusos y los idealistas".
"Tuvimos que fundamentas doblemente a Andalucía: como Nación
o Región, conforme el Principio de las Nacionalidades; como ser o
genio (subr. Infante), término que llegamos a emplear entonces
demostrando, mediante revelaciones culturales de idéntica inspiración
la existencia continuada a través de milenios de un mismo Estilo (subr.
Infante) en Andalucía. Estilo tan diferente del resto peninsular, que bien
podrá aparecer cierto el dicho de Ganivet: Más bien hay en la península
dos naciones: una, al Norte, España; otra al Sur, Andalucía".
(Este último "fundamento de Andalucía" -el ser,
genio, estilo- será el que Infante acuñará como auténtico. No se trata
de un elemento abstracto, culturalista o idealista. Todo lo contrario. Véase
la aclaración siguiente).
"No se nos oculta la falsedad del Principio de las
Nacionalidades. Sólo circunstancialmente acudimos a él. (...) El Principio
es un comodín y a él acudimos nosotros para defender en su nombre la
libertad andaluza".
"La reflexión sobre las vagas figuras lógicas, aisladas o
sustraídas de la consideración del fenómeno, había motivado el
descubrimiento de un Principio o una Teoría de validez universas, criterio o
instrumento natural (quiere decir objetivo, materialista o
científico) para discernir la individualidad de los pueblos, y por
consiguiente, de las autarquías. Sin casi pensarlo habíamos llegado a
alcanzar un substituto verdadero del falso Principio de las Nacionalidades.
Lo denominamos Principio de las Culturas, en oposición al de las
Naciones".
"La Teoría de las Naciones fue originariamente una reacción
de los intereses políticos tradicionales contra la Francia de Napoleón. El
Congreso de Viena vino a ser su consagración primera". Era "artificio o
construcción aparte de lo natural".
Infante es consciente del simplismo con que se han aceptado
ideológicamente unas fronteras trazadas por los Metternich o los Talleyrand
-"ese bárbaro principio europeo de las naciones"-, que dirá en su Carta
Andalucista de Septiembre de 1935. Simplismo, que, no exigiendo
partidos "europeos" unitarios, impide "partidos andaluces" tachados de
ruptura de la clase obrera (!). Para el esclarecimiento del asunto, Infante
trae luces importantes. El ideólogo del andalucismo es consciente de que
"los nacionalistas norteños peninsulares quedaban desconcertados,
confusos", "al tratarse de un regionalismo o nacionalismo no exclusivista,
universalista, antinacionalista", "paradójico" (Tablada, pp.68-70, passim).
Desconcierto que prosigue en 1980, cuando periodistas de la talla de Calvo
Hernando en el coloquio con Rojas Marcos del "Club Siglo XXI, improvisaba
hablando de "esa cosa extraña del andalucismo".
- "No habían sido las naciones quienes habían constituido
los Estados, sino éstos los que habían constituido las naciones, la ambición
de los Estados, mejor dicho, de los personificadores del Estado,
legitimada en Occidente por el hecho-fuerza de la Roma imperialista".
- "Nos convencimos de
que la nación no era una realidad del orden natural o vivo, sino una
pseudo-realidad, una realidad sofista".
- "La Historia política no puede llegar a explicarse por la
Nación sino las naciones quienes habían constituido los Estados (ni un solo
ejemplo en la Historia) sino los Estados quienes habían venido a constituir
las naciones", (AAY-20).
- "Un método seguro para averiguar a qué orden de realidades
corresponden las actuales naciones, sería el experimentar su consistencia,
su realidad en sí. Para ello sería preciso desintegrarlas previamente de sus
respectivos Estados. Si la nación fuese una realidad natural y, por
consiguiente, primaria, y el Estado fuera la representación natural de las
naciones y si las actuales formaciones nacionales, fueses organismos vivos,
ellas vendrían a definir por sí mismas su objetividad y a expresarse por sí
mismas sin sus respectivos Estados y el número de éstos llegaría a coincidir
aproximadamente con los que hoy constituyen la Magna Civitas.
"Practiquemos estas instrucciones con respecto a todas las de Europa ¿Cuál
sería el resultado? ¿Volverían a reconstruirse las naciones actuales o las
previstas buscando cada una de ellas una expresión en el Estado presente o
en el pasado? Indudablemente, no ¿Qué ocurriría entonces? Avanzando el
desarrollo extensivo o intensivo de la conciencia social y contando como
cuenta actualmente este desarrollo con grandes recursos técnicos (en
definitiva, medios de comunicación), lo natural sería la producción de este
fenómeno: los núcleos ciudadanos más próximos, la ciudad, sería la única
infraestructura que resistiría a la prueba".
"Lo que fraterna (sic) y acerca a los individuos entre sí es
la identidad (de) educación, la cual aproxima más que la misma
igualdad de sangre ¿No es natural (subrayados de Infante) respecto a
los núcleos primarios de las gentes? Ahora bien, esas estructuras cuya
figura vemos surgir tras la sustracción de los estados y de su recuerdo en
las actuales naciones de Europa, ¿son naciones? Sus elementos determinantes
¿son las naciones? No. Esas formas espontáneas, vivas en la consciencia
individual, no son naciones, son culturas" (Subrayado nuestro).
"Lo que ocurre es que inmediatamente que el Estado fuerza
a una vida en común, a una conglomeración (subr. él) de pueblos o de
gentes (Laurent) aislándola de los demás, se establece entre los términos de
este conglomerado un vínculo social (subr. él) resultante de una vida
en común o sujeta al imperio de ciertas necesidades comunes. Y de aquí,
reacciones comunes que pueden llegar a perseguir incluso finalidades
políticas, ordenadas al mejoramiento de las condiciones sociales; pero esta
actividad es meramente social y se operará siempre que existan reunidos dos
hombres aislados en cualquier lugar de la tierra aunque sean de las razas
más opuestas y de los genios más distintos. Esto es Sociedad y no
Nación (subr. él). Es decir, este accidental elaborado por un instinto
universal, el de sociabilidad, y no particularmente (el constitutivo
de nación). Este accidente duraría tanto como persistan las condiciones
determinantes del forzoso aislamiento. Desaparecidas estas
condiciones, cada hombre o cada grupo en contacto libre, con todos
los demás, se insertaría en aquel compuesto social cuyo pensamiento (genio,
ser, estilo, lo llama Infante en otros pasajes del mismo escrito) le
fuera más próximo. Este es el sentido de profundo de la vieja máxima
Patria est ubicumque est bene, la Patria está donde está mi bien. Es
decir, iría a buscar la complementación (fin de la sociedad) de la cultura o
de la inspiración cultural (subr. él) que más completo responda a su
propia inspiración".
Las profundas simpatías Infante-Bakunin –que se verán
refrendadas por el apoyo de los anarquistas andaluces a la Candidatura de
Infante a las Cortes en 1931-, se ratifican como en otro lugar (Enciclopedia
de Andalucía, artículo Infante), hemos estudiado el tema más a fondo.
Sirva esta única cita de Bakunin (Revista Askatasuna, Abril, 1980, nº
9. p. 22):
"El estado no es la patria, es la abstracción, la ficción
metafísica, mística, política, jurídica de la patria. Las masas populares de
todos los países quieren profundamente a su patria, pero esto es un amor
natural. No se trata de una idea, se trata de un hecho. Por él yo me siento
francamente y sin cesar, patriota de todas las patrias oprimidas" (Mijail
Bakunin).
"A la actividad social particularizada por la fuerza del
Estado, el Estado la denomina actividad nacional (subr. Infante). Y
es más aún: después de erigirla de este modo en una substancia distinta,
actúa sobre ella infundiéndole motivos en inspiraciones particularistas que
no favorecen a la sociedad sino exclusivamente a las miras del Estado
(religión particular, economía particular –proteccionismo-, ética
particular, historia particular), en una palabra, patriotismo,
nacionalismo. Y así, el Estado, trabajando sobre la realidad social,
fragua un fantasma, La Nación. La Nación no es más que una mentira del
Estado. Un medio, una materia, un apoyo a los intereses, que
personifican al Estado Político (subr. él). Porque este Estado no es una
abstracción. Es la forma de concretos intereses que, para nutrirse
arbitrariamente de los jugos sociales, han inventado una justificación
fingiendo la existencia de una realidad viva y palpitante cuya
representación se arroga: la Nación".
"Esta operación la viene realizando el Estado desde que,
mediante la Revolución, la sociedad llegó a apercibir que el pueblo (la
junta concordada y unánime de la multitud; Escipión, según San Agustín)
se definió como una soberanía (subrayados todos de Infante) sobre la
del Estado de derecho divino, denominado nación a este aspecto de su
existencia. El Estado político tuvo que apoyarse entonces sobre este aspecto
de la existencia popular; lo estatificó (subr. él); lo erigió en
substancia viva permanente, en una palabra, creó la nación y en su nombre
siguió ejerciendo el Poder social. Es decir, el Estado no se transformó
esencialmente. Siguió personificando los mismos intereses. Fue una nueva
vestidura o un trance más de una nueva justificación. Primer trance: Derecho
Divino de los Reyes. Segundo trance: Derecho Divino de Reino. Tercer trance:
Derecho Divino de la Nación. Tres derechos distintos y uno solo en realidad:
la arbitrariedad de los intereses que personifica el Estado sofista
impidiendo así el advenimiento del Estado natural".
El análisis de Infante –en una prosa difícil- es agudísimo.
Desde ahora y ya, pueden ser juzgadas algunas afirmaciones sobre Infante
como estas:
"Es inútil buscar caminos de soluciones para los problemas
andaluces en la obra escrita de D. Blas": "Fue un soñador para un
pueblo", sin "títulos idóneos para colocarle en el panteón de hombres
ilustres por la fuerza del pensamiento", "por el escaso vigor de su
planteamiento", "por la minúscula irradiación de su pequeña cruzada" (Combates
para Andalucía, Cuenca Toribio, Córd., 78, pp. 142-144, passim).
Afirmando esto y llamándole "abnegado, noble, sucedáneo de georgista",
etc. (Andalucía, una introducción histórica, Córdoba, 79, pp.86-87),
parece que no nos encontramos ante el Padre de la Patria Andaluza, y se
comprueba cómo por mucho tiempo, hemos caído en incompletas, injustas,
precipitadas, etc. síntesis del pensamiento infantiano.
NACIONALISMO CATALÁN Y
NACIONALISMO ANDALUZ
En 1913 Francesc Cambó, líder de la Lliga
catalana, representante de uno de los nacionalismos del Norte, visita el
ateneo Sevillano. De él vendrá una propuesta de alianza que reportaría apoyo
económico. Infante tuvo en sus manos la solución para las arcas vacías de
los Centros Andaluces cuando Cambó volvió de nuevo en 1917. Porque "para
costear cualquier labor pro-Andalucía, teníamos que acudir a imponer
contribución sobre nuestros bolsillos escuálidos" (AAY, 1). Pero rompe con
el tipo de nacionalismo que Cambó importaba a Andalucía al verle comer con "gente burguesa de tripa ecuánime" (J. Andrés Vázquez, El Imparcial,
7-XII-17)... Infante está ya encarando el tema de la Revolución
soviética al ver el interés que ha despertado en el campesino andaluz. En
1921, sus estudios darán el fruto de un libro (La Dictadura Pedagógica)
que analizaremos.
LA ASAMBLEA DE RONDA,
1918
En Junio de 1916, los más inquietos colaboradores de
Bética, con Blas Infante y García Nielfa a la cabeza, se desgajan de la
revista y fundan otra, Andalucía, "sólo, para los aspectos políticos
y económicos del regionalismo" (Soriano Díaz), "plataforma del movimiento
obrero del anarquismo", "con escritos de Pablo Iglesias y F. de los Ríos"
(Acosta), "combativa, con una más clara libertad" (O. Lanzagorta). Es el
órgano de los Centros Andaluces, acabados de organizar y que se
extenderán por Andalucía y la emigración (Madrid –Casa de Andalucía-, Buenos
Aires, Santiago de Cuba y Nueva York). Con ellos, Infante pasa a la
acción andalucista, el "nuevo nacionalismo" que dirá en su conferencia
el 16 de Junio de 191, publicada en El Liberal, de Sevilla, y
repetirá en el Manifiesto de los Centros Andaluces (Andalucismo militante,
Ruiz Lagos, p. 148), donde llama "Nación" a Andalucía. En Agosto, habla a
los socialistas, anarquistas y comunistas del Centro Obrero Cruz Verde, de
Sevilla, y les invita a dialectizar su internacionalismo con su andalucismo
a través de la socialización de la Tierra (Andalucía, Nº 3, 1916), tema
candente: "Pertenecéis –les dice- a este lugar de la Tierra y a
este grupo de la Humanidad; comenzad por su redención. Así, impulsaréis
las de los demás". Y también: "Vosotros que aspiráis al comunismo integral,
a socializarlo todo, ¿por qué no empezáis por socializar la tierra?"
"La mezcla Cambó-Rusia resulta trilita. El
Ateneo es víctima de mucho tira y afloja político" (J.A. Vázquez, El
Imparcial, 7-XII-1). Bética desaparece. Si, en el año 13, Infante estuvo
a punto de caer en la oferta Cambó, ahora ya no duda. Se reafirma en
el carácter popular del andalucismo. Los Centros Andaluces convocan la
Asamblea de las provincias andaluzas en Ronda con un manifiesto "que
plantea cuestiones poco intelectuales" (O. Lanzagorta): fueron municipales,
centralismos, caciquismos, hambre y pan. Sucede todo ello durante la crisis
estatal del 17 y la suspensión de las garantías constitucionales. Al
restablecerse, en Enero de 1918, se reúnen los asambleístas. En Ronda,
estructuran un programa político, social y económico, síntesis de las
experiencias habidas y de la herencia de la Constitución Cantonal Andaluza
de 1883, a la que actualizan con disposiciones sobre la crisis del campo y
hacienda municipal que absorba el valor social del suelo; llaman a Andalucía
"país" y "nacionalidad"; asumen la reclamación de Infante y Vázquez a
favor de la autonomía "de la Patria Andaluza" ante la Sociedad de
Naciones; determinan "la bandera nacional de Andalucía, su Himno, y su
escudo". La letra del Himno incorpora el binomio "Tierra y Libertad",
nombre del más representativo lema y periódico anarquista leído en nuestras
gañanías cortijeras.
"Andaluces: levantaos –pedid tierra y
libertad-" es una tremenda e inusual frase en los himnos de este tipo. Sin
otra intención que la del ejemplo pedagógico del carácter diferencial del
nacionalismo andaluz, veamos los versos que compuso Sabino Arana en 1902
(pese a sufrir entonces cárcel) para el himno de Euskadi: "Viva, viva
Euskadi, -gloria y gloria a su señor". Después de leído el himno de los
hermanos vascos con solidario respeto, pensemos que sus comentaristas no
llegan a acuerdo sobre quién sea el
señor
de su letra: ¿el Rey de España? ¿Dios mismo? Nuestro himno, indudablemente
es "natural", "verdadero", "vivo", "con realidad en sí", "para la
junta concordada y unánime de la multitud", que Infante vimos escribía en
su inédito manuscrito AAY.
En el escudo, herencia ajustable a heráldica
pero sin castillo alguno ni más leones que los gaditanos, campea el lema:
"Andalucía por sí, los pueblos y la Humanidad". El mismo Infante comentará
en 1921: "El fin de la existencia de un pueblo es engrandecerse por sí, por
el propio esfuerzo y el propio dolor, pero no para sí, sino para la
solidaridad entre los hombres, entre los demás pueblos. Estas ideas fueron
conscientemente aplicadas en Andalucía al constituirse la organización
nacionalista andaluza" (Dic. Ped., pp. 230-31, passim).
En Noviembre, el patriota andaluz
"grita por
primera vez la aspiración viril de nuestro pueblo: ¡Andalucía libre!"
(Andalucía, Nº 118), que será "¡Viva Andalucía Libre!" en Córdoba, a los
tres meses, con escándalo de un gobernador llamado Conesa (Tablada,
p.67). Era "el grito de las gargantas jornaleras" (Id. 67).
Infante –con nuestros otros símbolos- es nuestra
expresión. El sün griego significa unidad y el
ballo,
lanzar. Etimológicamente,
símbolo
es los que junta en la acción, la expresión conjunta de una
fuerza que se mueve. Por eso, el símbolo tiene una utilidad, una función
social. No hay símbolo abstracto. El que lo es más (la bandera) encierra
concreciones: las defendidas por quien la enarbola. La mutua relación entre
los símbolos (bandera, escudo, grito, lema, Infante) son progresivas
concreciones de un cada vez mayor nacionalismo. Si Blas Infante Pérez es
llamado Padre de la Patria Andaluza no se trata de un trasnochado culto. Es
un dato para la gratitud y el olfato operativo. Quiere decir que fue el
primero que enunció Andalucía como Pueblo, Patria, formación socioeconómica
específica, Historia y sujeto de ella. Quiere decir que en esta tarea se
dejó jirones (dinero, trabajos, amarguras y la propia vida al ser
asesinado). Que lo hizo el primero y solidario con nuestra gente más
representativa en cantidad y en clase, singularmente el jornalero. Y que
suya fue la primera síntesis andalucista que provocó la primera acción en
busca de soluciones andaluzas para los problemas andaluces. Eso quiere
decir:
Padre de la Patria Andaluza.
Y nada más. Y nada menos. Ni un ídolo indiscutible ni un hombre y
pensamiento que puedan olvidarse sin que sufra seriamente nuestra eficacia
revolucionaria.
Una pequeña aventura electoral por el distrito
Gaucín-Casares en Enero y una gran aventura vital cierran este año 18:
Infante tiene novia, Angustias García Parias, rica heredera de Peñaflor,
mujer entre el desconcierto de su clase familiar y un dolor más allá de la
ejecución y el olvido de todos. La boda será muy pronto, el 19 de Febrero de
1919. La casa de nuestro andalucista se traslada de Cantillana a Sevilla.
El matrimonio se celebra entre dos fechas claves
en la trayectoria de Infante: 1 de Enero de 1919 (Manifiesto
Nacionalista).
Parte de los Parias no encajan la postura política del nuevo pariente.
El 1 de Enero de 1919, Infante redacta y firma
primero y destacado el
Manifiesto Andalucista de Córdoba,
es el "ideario de la Nacionalidad". Se enmarca en el final de la Guerra
Europea y la enunciación por Wilson, presidente de los E.E.U.U.., de sus "Catorce puntos"
con "El
Principio de las Nacionalidades"
y su autodeterminación, (8-I-18). El Alegato de Infante-Vázquez, recogido
por la Asamblea rondeña de las provincias andaluzas, ya se apoyaba en los
puntos de Wilson. No se quedan en él sino que avanza a objetivos
socialistas-andalucistas con los que matizan a Lenin. En esta doble fuente
está la médula del documento "que el mismo Infante redactó, de tonos
extremadamente duros y posiciones muy radicales" (Lacomba). Básicamente, el
contenido es la autodeterminación de la "patria" y "nacionalidad"
andaluza hacia "la futura federación hispánica" o "Estados Unidos de
España", la municipalidad del valor social del suelo y "un grito
verdaderamente impresionante" (Aumente): "¡Andaluces!: ¡No emigréis,
combatid! La tierra de Andalucía es vuestra, recobradla".
"El Manifiesto va dirigido a los andaluces en
general ‘de todos los campos, y partidos’, ‘de ideas más opuestas, unidos
en una Andalucía libre y redimida’, si bien, con mayor énfasis a los obreros
y, sobre todo, a los campesinos". "Cuando la confrontación era total...
falta un claro y abierto planteamiento de clases" (Aumente). Este juicio
nos plantea la grave pregunta: ¿Era entonces interclasista Infante? En aquel
momento, daba un paso más
hacia
un andalucismo de clase: reniega de un sector que él llama
"la pseudo-intelectualidad andaluza y española de espíritu castrado y alma
cobarde". Y advierte a las clases acomodadas: "El hambre del pueblo
ruge..., si no os apresuráis a hacer justicia, llegará el día de rencores
liberados en venganzas". En este texto a nuestro ideólogo también se le
agota el aguante. La vieja tensión con los ateneístas sevillanos y la
permanencia de "la visión sombría del jornalero" -omnipresente en todo el
Manifiesto-, son ya un revulsivo para los proyectos de este hombre. El
encontronazo Gastalver –Infante llega a la ruptura ateneísta con la Asamblea
de Córdoba cuyos documentos Gastalver se negará a firmar.
EN LA ASAMBLEA DE
CÓRDOBA
Pascual Carrión informa
con su total prestigio y deduce una grave amonestación que recoge la crónica
de la revista Andalucía
(Nº 134): "Inclinémonos siempre a la izquierda, junto con los trabajadores,
nunca al lado de los explotadores". Tras las intervenciones de Infante y
Ochoa –sigue la crónica-, "Gastalver precisó su disconformidad con la
orientación expresada y dio por terminada su intervención en la Asamblea".
Naturalmente, ni firmó las conclusiones. Pero se añade un nuevo sujeto
activo: la emigración andaluza, a través de la "Unión Regional de
Barcelona".
BLAS INFANTE Y LA
REVOLUCIÓN RUSA
En 1920, cargado con su
entusiasmo granadino por lo árabe, escribe un ampuloso drama: Motamid,
último rey de Sevilla. Angustias, la esposa, se alegra; prefiere un Blas
notario y literato que político. Por eso, apunta también en sus
preferencias, otra obra menos y de intento pedagógico: Cuentos de
animales, (1921), franciscanista. En Noviembre del 17, se había
establecido en Rusia el primer gobierno obrero y campesino de la Historia.
El hecho conmueve durante cuatro años al movimiento obrero español.
Escindirá al P.S.O.E.; hará nacer el P.C.E.; radicalizará el
anarcosindicalismo. "1919 y 1920 conocerán el mayor número de conflictos
sociales hasta entonces" (Tuñón). Ya en el Manifiesto de Córdoba, se
motiva a partir de "la democracia trabajadora de Oriente que organiza la
República Federal rusa, constituida sobre la libre federación de las
regiones o nacionalidades, organizadas en soviets regionales o
locales" (p. 65).
En La Dictadura
Pedagógica, 1921, matiza sobre el tema de forma clarividente. Fernando
de los Ríos escribe a Infante subrayándole la dificultad de enjuiciar la
Revolución Rusa, (Dict. Ped., pp. 26-27). Infante, ya que en los pueblos
andaluces no se habla de otra cosa, asume el riesgo. Manifestándose "amigo
de todas las Revoluciones, enemigo de la Dictadura Burguesa (Id. P. 11),
pasa al análisis de "la Dictadura del Proletariado en los comienzos
de su actuación", (Dict. Ped., p. 37). Su compañero de candidatura en el
31, Balbontín, dirá "nosotros somos comunistas oficiales, no aceptamos la
dictadura del proletariado porque iría contra las masas libertarias de la
C.N.T." cita Tuñón y comenta que "este era el punto de Balbontín y sus
amigos". Efectivamente, Infante se declara comunista (Dic. Ped., p.6),
en un sentido que luego precisa, pero rechaza esa dictadura porque "reprime
el comunismo libertario y fraternal" (Id., p. 45), "desacreditando el
comunismo, (Id., p. 64). Centra su crítica en el papel excluyente y déspota
de la burocracia y del ejército: "La revolución rusa está degenerando en un
comunismo de cuartel que toma las peores formas del burocratismo" (citado
por Ruiz Lagos, País Andaluz, p. 135). Dice también: "¿Quiénes
son los qe gobiernan y comen en Rusia? Los burócratas y el ejército. Y
¿desde cuándo los proletarios, que antes tenían al burócrata y al militar
como zánganos de la colmena social, les han elevado sobre los verdaderos
trabajadores, al rango director?"
(Dict. Ped., p. 44). Adelantándose en soledad
veintiséis años a Milovan Djilas (La Nueva clase, pp. 51-4; 58-9; 61,
83, 101, 117, ed. 57), Infante se alarga en este asunto (ver también Dict.
Ped., pp. 36-37 y 44-45). Como medio para superar la contradicción de un
gobierno popular antipopular por la presión de "la nueva clase", propone
la educación, La Dictadura Pedagógica, “prolekultur”, que él dice. EN
ninguna de sus obras o manuscritos se ha encontrado una sola cita de Antonio
Gransci, pero Infante suena a él (ver pp. 60-66; 88-90; 145-146; 167-186 y
191-203 de Dict. Ped.). Aquí, en Orígenes (pp. 91-97) y en sus
manuscritos (Manusc. B-212, pp. 7-9, Manusc.
C-212, pp. 48-53) avanza veintinueve años antes,
ideas de Lorenzo Milani. Incluso, hace sus apuntes anticonsumistas (Dict.
Ped., pp. 82-83) y ecologistas (Id., p. 235).
Verdaderamente "entre
El Ideal Andaluz (1915) y La Dictadura Pedagógica, se abría un
foso profundo que afectaba a dialéctica y praxis" (Ruiz Lagos).
EN BUSCA DE LA
CULTURA "FUNDAMENTO DE ANDALUCÍA"
Frente al "Principio de
las Nacionalidades" (germánico, cartesiano, racionalista), Infante
indaga cuál puede ser el "Principio de las Culturas", "fundamento de la
autarquía andaluza". Cultura, en un sentido dinamizador,
revolucionario, incitante, "enriquecimiento de motivos para la voluntad de
ser" (Manusc. AE, 37). La va a encontrar en Al-Andalus, una Andalucía
islámica vista con ojos absolutamente nuevos y núcleo de una síntesis
histórico-socio-económica de singular operatividad política: “Trabajemos con
suma cautela en estos momentos, para que Andalucía vuelva a ser inspirada
por su propio genio, para que su Libro vuelva a ser AL-KORAN, leído como
dice el Ayat "Aquellos que leen el Libro como deben leerlo"” (Blas Infante
en los Manuscritos inéditos).
En 1920, escribió una
obra teatral ampulosa sobre Motamid, último rey de Sevilla
(Biblioteca Avante, Sev., 1920, agotada). En fecha aún no fijada produce un
segundo drama de calidad y agilidad, hoy inédito (Manusc. AAZ, 234 págs.) y
también de tema andalusí: Almanzor en el que manifiesta un
conocimiento exhaustivo de la Historia del Califato, su arquitectura, arte
del mueble y vestido. Entre sus escritos es continua la presencia de la
lengua y etimología árabes. Sus intereses de escritor y estudiosos de Al-Andalus
le movilizan hacia las dos únicas salidas al extranjero de su vida: en 1924
viaja como peregrino a Agmat, tumba de Motamid; en 1928 llega a Silves,
Portugal, para un homenaje al mismo rey poeta, hijo de Al-Garbe.
La peregrinación a Agmat,
en plena guerra de Abd-el-Krim, va a significar un importante hito. En
varios manuscritos (AAK, AAL, AAM, AAN, AAS) recoge la influencia inmediata
de este curioso viaje. Y en la totalidad de su interpretación de la cultura
andaluza va a recibir un fuerte impacto iluminador. "Motamid fue –dice Dozy-
el último rey indígena que representó digna y brillantemente una
nacionalidad y una cultura intelectual que sucumbieron bajo la denominación
de los bárbaros invasores. Se le echó de menos como a la última rosa de la
Primavera" (AAK, 1). "Caminando hacia el Sur, en la desierta llanura
mogrebina, se aparece la enorme ciudad de Merrakesch, como el centro de un
oasis rodeado de palmeras, al pie del Alto Atlas (...) La Kutubia se
adelanta en la visión brindándome una emoción de hogar (subrayado
nuestro); anulando ante mi sensibilidad motivos o impresiones de
extranjería... una asociación de ideas: la pregunta de la grácil torre
acerca de sus dos únicas gemelas: la sevillana Giralda cubierta con el gorro
del cautiverio, la pesada cúpula cristiana que sustituye al airón del
minaret y la inconclusa, que parece mutilada, rabatí de Mulay Hassen. (...)
Yo no soy forastero en Merrakesch. Los moros andaluces
predominan en la constitución étnica de la medina musulmana. Presidiendo la
soterrada construcción psíquica, que mi recuerdo excava ahora, los espíritus
de los andaluces ilustres inspiradores de los califas más cultos del Mogreb
que aquí tuvieron su centro imperial, la sombra acogedora de Tofail, el
insuperado viviente hijo del vigilante, discierne aún a los peregrinos que
vienen de su tierra andaluza (...) El pensamiento de Averroes... la silueta
dulce de Abenarabí musita esta inquietante plegaria en la Puerta de la
Ciudad..." (AAK, 4-5-6).
¡Todo el mundo ha
despertado en la sensibilidad de Infante! Después de su peregrinación a
Agmat, en la que recibió el regalo de un alfanje, de manos de un
descendiente de Boabdil, llega a Rabat. "Mi guía es Abdeljamid Er Rondi.
Es mi paisano", escribe en el manuscrito AAN. Infante ha iniciado una
Historia de Casares, su pueblo malagueño, historia desparramada en
varios manuscritos por ahora. Aquí los describe "mirando a Africa".
Durante un té, los marroquíes reaccionan curiosamente interesados por este
andaluz que ha incumplido la antigua tradición de peregrinar a el Kabbar o
sepulcro del Rey Poeta, según le informa el guía Er Rondi. Infante
reflexiona: "Los moros andaluces viven en el destierro desde hace cuatro
siglos" (AAN-5). Conviene retener en la memoria esta observación de
destierro que, pasado el tiempo, madurará en su síntesis cultural. Y sigue:
"Viven en un país que les acogió con frialdad... recelándoles como
herejes... su esperanza cada vez más tenue de volver a la Patria" (Id.).
Tras una páginas, surge de pronto, el tema de la tierra, del campesino sin
tierra y, con él, la primera relación en los escritos de Infante entre los
moros andaluces y los jornaleros (AAN, 7-8) ¡Se vislumbra su interpretación
futura de la Historia Andaluza...!.
Los moros andaluces son
descritos escuchándole embobados; tres de ellos preguntan si en Andalucía
quedan aún familiares suyos porque ellos se apellidan Crespo, Vargas y
Torres. Después, consideraciones sobre el tema religioso: "Los andaluces
éramos mojazines, lo que valió a nuestros príncipes el ser combatidos y
desposeídos" (atención, de nuevo aflora el concepto de persecución) "por
las excomuniones de los imanes ortodoxos regentados por el fanático Jussuf
ben Taschfin" (AAN-23-24). "Y aquella heterodoxia andaluza fue entonces,
es y será en cuanto haya libertad en Andalucía, la virtud o el rango vital
de la tolerancia" (Id.). Y la afirmación tajante: "Ya va siendo para
nosotros un honor el insulto de que el Africa empezaba en los Pirineos!" (Id.).
"Seremos también en este empeño –el nacionalista-, mojazines, ni africanos
ni europeos; españoles" (Id.). Es en este sentido en el que se entiende la
citadísima frase de Infante: "Andalucía es la esencia de España". Sí, al
revés de como se entiende superficialmente esta página 61 del Tablada.
Pero la revelación le
llega al peregrino cuando empieza a sonar una Nuba. Ha llegado el cenit de
la experiencia magrebí de Infante. Transcurridos cinco años, en 1929, nacerá
de su pluma Orígenes de lo flamenco y secreto del cante jondo. Tal
secreto, empieza a azuzarle en este Septiembre del 24. Dice: "La Nuba sigue
melodiando la saudade lírica de la Andalucía en el destierro" (Id., 26).
Esta frase es la calve de futuros hallazgos que ahora ni sospecha. Y sigue
reflexionando por el camino que tan lejos le llevará: "Este canto es
coral" (Id., 26). "En su patria de origen, en la Andalucía peninsular, el
mismo módulo musical viene a realizarse en canciones individuales" (Id.,
27). Queda perplejo por muchos años ante la diferencia. Adelanta una pista:
"La música andaluza, proscrita en la sociedad viene a refugiarse en el
individuo: deja de ser coral, se torna secreta, inaccesible, pero al mismo
tiempo se intensifica". "Es toda una intimidad trágica" (Id., 30).
Insistencia en los conceptos de expulsión, persecución, etc. Se le ha
despertado la gran pregunta "escuchando la Nuba" (AAN, 2ª serie, 1). Y se
propone estudiar el "Origen histórico del cante hondo" (Id., 30). Pero
confiesa no hallarse preparado en la materia pues la juzga aún "capricho
menospreciable, de decadencia, de juerga, de histriones, de juguete" (Id.,
30).
De esta primera
impresión, después de cinco años de paciencia investigadora que rompe con
todos los precedentes de los flamencólogos, nace Orígenes de lo flamenco
y secreto del cante jondo, redactado de 1929 a 1931 y editado en su casi
integridad por la Junta de Andalucía, recopilado por M. Barrios en 1980. En
este libro, Infante deduce científicamente su conclusión: el
excepcional ay flamenco es el cante del fellahmengu, "Los
últimos descendientes de la cultura más bella del mundo, ahora labradores
huídos, expulsados" (Orígenes de lo flamenco y secreto del cante
jondo, ed. 1980, p. 166), "por las calles solitarias de los pueblos y
por las ensombrecidas unidades" (p. 145) "atacados, menospreciados u
oprimidos desde todas las cosas del mundo" (p. 149) que gritan el
"retorcimiento de su propia entraña" (p. 150) al vivir "temerosos de un
poder extraño, en prisión o próximos a ella, desesperados como lo demuestran
las protestas líricas que arrebatan las coplas" (p. 157) "que se arrimaban
a las vallas de los cotos cerrados" (p. 48) y que "no cantan para
agradarse a sí mismos, sino para liberar su pena prisionera" (p. 150). Por
eso, nuestro cante es "música democrática" (p. 150). Y, en su trance
particularmente emotivo, Infante nos escribe desde entonces (1929 a 1933) un
dato final que hoy sigue vigente: "Véanse los actuales jornaleros" (p.
164). Ya está dicho todo. Aquellos atisbos escuchando la Nuba marroquí son
ya claridad y tesis.
Flamenco
no es pájaro frágil y equilibrista imitado en el talle de los bailaores, no
es absurda importación de gentes de Carlos V desde los Países Bajos (!).
Flamenco es fellah-mengu, ¡fellah-ga! Argelino, luchador argelino contra
el colonialismo de los pieds-noirs y su Salan. Desde este momento,
Infante halla el núcleo de su síntesis cultural, de su "Principio de las
culturas". El nacionalismo andaluz es específicamente diverso del norteño.
La calse fellah-mengu, expulsada de su tierra, sin tierra, es su
clase emergente. Estamos, dice, en "la edad flamenca de Andalucía" (La
verdad sobre el complot de Tablada..., edic. 79, pp. 76-80).
LOS ÁRABES NO
INVADIERON ESPAÑA
Recientemente, 1974, la
Fundación March publicó en castellano una obra del historiador Ignacio
Olagüe (Flammarión, París, 1969). La versión del título es sumamente libre:
La Revolución Islámica en Occidente, que pretende traducir Les
arabes, n,ont jamais envía l,Espagne. Los estudios de Olagüe se
iniciaron en 1938. En 1974, Castalia publica por primera vez La velada de
Benicarló que Manuel Azaña escribiera en 1937. En 1931 –cuarenta y tres
años antes-, Infante había publicado su Tablada y en 1929 –cuarenta
y cinco años antes-, estaba redactando su Orígenes. Olagüe y Azaña
repiten las mismas tesis de Infante: "la pretendida invasión árabe no fue
sino una conversión cultural de los ‘hispanorromanos’ andaluces de los
siglos VII y VIII, civilizados y sabios, que se negaron a la influencia
bárbara del Norte europeo y pidieron ayuda a los vecinos musulmanes".
La aversión de Infante a
la conquista –que no Reconquista castellana- nace de tres hallazgos
principales:
1º Los andaluces "hispanorromanos"
llamaron a sus vecinos bereberes. "Legiones generosas corren el
litoral africano predicando la unidad de Dios... Andalucía les llama. Ellos
recelan. Vienen: reconocen la tierra y encuentran un pueblo culto
atropellado, ansioso de liberación. Acude entonces Tarik (¡14.000 hombres
solamente!). Pero Andalucía se levanta a su favor. Antes de un año, con el
solo esfuerzo de Muza (20.000 hombres), puede llegar a operarse por esta
causa la conquista de España. Concluye el régimen feudalista
germano" (La verdad sobre el complot de Tablada..., edic. 79, pp.
74-75, passim), de "los bárbaros germanos y su jerarca, Rodrigo" (Manusc.
AA2-8, Almanzor).
2º La etapa de Al-Andalus
fue de libertad y brillo cultural. "Por entonces, Andalucía era libre:
hoy es esclava" (Tablada, p. 60). Pero Infante, en su coherencia más
allá de toda visceralidad proárabe se mantiene crítico, juzga "rigor
inexorable" el "de los primitivos juristas musulmanes" (Manuscrito 16).
Si bien al decirles "primitivos", habría que dudar de su localización.
Porque él, al tratar del período andalusí, no duda: "Hay libertad
cultural... ¡Andalucía libre y hegemónica del resto peninsular! ¡Lámpara
única encendida en la noche del Medievo, al decir de la lejana poetisa
sajona Howsrita! No hay manifestación cultural que, en Andalucía libre o
musulmana, no alcanzase su expresión suprema. No puede llegar a existir una
economía social que asegure mayor fuente de bienandanza ¡Y las artes!
Andalucía, con nombre islámico es librepensadora" (Tablada, pp.
74-75, passim).
3º La conquista
cristiana fue intolerante y uno de los orígenes del latifundio. "¡Las
cruzadas! El robo, el asesinato... presididos por la Cruz (...) Empiezan a
quitarnos la tierra... distribuida en grandes porciones entre los capitanes
de las huestes conquistadoras... Y los andaluces, que tenían la tierra
convertida en vergel, son condenados a esclavitud de los señores... Fueron y
son las enormes falanges de esclavos jornaleros, de campesinos sin campos,
campesinos expulsados" (Tablada, pp. 75-76, passim). "Pueblo
conquistado, el pueblo andaluz (...) bastante tenía con plañir (...)
aquellos lamentos que expresó con palabras de Abu-Beka, de Ronda, "llorando
al ver sus vergeles,/y al ver sus vegas lozanas/ ya marchitas, / y que afean
los infieles / con cruces y con campanas / sus mezquitas..." (Orígenes,
p. 47), "...el pueblo recién convertido por la presión de la intolerancia
iniciada por Isabel, sometido a una persecución que culmina después del
triunfo de Don Juan de Austria y de las terribles depredaciones que hicieron
decir a Mármol que los soldados del Rey eran tropas de delincuentes" (Orígenes,
p. 163).
"Se encienden las
hogueras de la Inquisición; millares de andaluces, moriscos y musulmanes,
son quemados en las salvajes piras (...) Los Austrias continúan la obra de
Isabel" (Tablada, p. 76). Así, "la tiranía eclesiástica destruyó la
cultura de Andalucía", declaraba Infante a Francisco Lucientes en El Sol
(M-11-VI-31, p. 80). El tenía razón: la identidad de Andalucía nace aquí: "El fundamento de nuestra característica voluntad de ser el fundamento más
próximo de Andalucía está en la Andalucía medieval (...) que la conquista
vino a interrumpir" (Manuscrito AAN-7).
Con todo esto, árabes,
anarquistas, pacifistas, gitanos, jornaleros, emigrantes, clases populares,
desposeídos acaban relacionados en una síntesis operativa.
INFANTE, ANTE LA
REPUBLICA TOMA PARTIDO
Instaurada la II
República, Infante, deja Isla Cristina y es notario en Coria del Río.
Penetramos en los sesenta y cinco últimos meses de su vida que van a ser una
carrera impresionante. Durante la interinidad forzosa de la Dictadura, se ha
pertrechado de contactos con los anarquistas, de reflexiones históricas,
políticas, etc.
Los Centros Andaluces se
constituyen en una nueva estructura "de carácter más político,
fundamentalmente, de izquierda" (O. Lanzagorta): "de liberación", (La
Voz, Córdoba, 29-I-1933), y no liberales. "Liberadoras de injusticias
económico-sociales", las llama Díaz del Moral... Se autotitulan "Órgano
expresivo de los anhelos revolucionarios de Andalucía" (Pueblo Andaluz
Nº 1, 13-VI-31). Buscan "excitar al Gobierno y a la opinión al
aprovechamiento de unos instantes henchidos de fecundidades positivas" (Tablada,
p. 13). Dirá Infante: "La Junta Liberalista de Andalucía tiene del
obrerismo el concepto de que avanza para construir el espíritu renovador del
mundo. Desengáñese la denominada clase media. Sólo dos términos existen en
las modernas sociedades: trabajadores y explotadores" (Pueblo Andaluz,
13, V, 31). Eran "unos hombres modestos, profesionales, industriales,
comerciantes, obreros y empleados... humildes. Ninguno rico. Los ricos no
huían" (Tablada, pp. 67-69, passim). La acción de las Juntas se
centró desde su fundación en campañas por el Estatuto Andaluz. En 1978, se
integraron en el P.S.A. (Andalucía Libre, Junio, 1978).
Una precipitada opinión
muy extendida pretende que "Blas Infante se negó siempre a ser (sic) un
partido (Cuatro textos políticos andaluces (1883-1933), p. 101). Cierto
que en 1917 afirmaba que "los partidos políticos actuales no responden a
las exigencias del pueblo" (Andalucía, Nº 13) y en 1931, se
manifestó contra "los partidos de uso" (Tablada, p.31). Llega la
República y a sus cuarenta y ocho horas, ingresa en el Partido Republicano
Federal. El dato está avalado por su carta a Justo Feria, presidente del
P.R.F. en Sevilla, fechada el 17 |