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BOLETÍN INFORMATIVO

 

LA IDEOLOGÍA DE LA ARABIDAD

 

 

EI nacionalismo árabe ( a/-qawmiyya a/-'arabiyya) aparece como ideología que aglutina a un buen número de intelectuales formados en los valores políticos de Europa. Es en los mismos términos del nacionalismo occidental en el que son formulados los principios de la arabidad ( 'uruba) : unidad de cultura y destino basada en una determinada lectura de la historia que subraya el carácter distinto de una etnia concreta.

Pero si bien en Europa la definición de los rasgos que deben caracterizar a una nación era el resultado de una reflexión detenida, heredera de una fuerte tradición madurada a lo largo del tiempo, que nace en el seno de circunstancias que favorecieron el surgimiento de corrientes nacionalistas arraigadas, en el mundo árabe irrumpe como ideología novedosa que en poco tiempo se hace con el poder en algunas de las "regiones" de la "patria árabe". Asumido por intelectuales, y también por arribistas políticos que necesitan dar cierta legitimidad a sus ambiciones, el nacionalismo árabe se concreta sobre todo en el marco de un socialismo con rasgos particulares en cada zona (Nasser, Ghaddafi, Hafed el-Asad o Saddam Hussein son ejemplos de esa diversidad en la forma de entender esa tendencia poco ortodoxa a situarse en la izquierda). Este nacionalismo progresista no tarda en granjearse las simpatías de sectores de la opinión occidental.

Es por ello por que la indefinición acompaña casi siempre a la redacción de los "principios" que rigen esta nueva ideología nacionalista. Los problemas se soslayan a la hora de establecer las directrices y criterios. Cuando se constata las peculiaridades de las distintas culturas a las que se quiere agrupar bajo el término ambiguo de "árabe" se dice sin más que "son accidentales y sin importancia y desaparecerán cuan- do despierte la conciencia de los árabes".

Por supuesto, con la afirmación del nacionalismo árabe surgen tendencias disgregadoras. Es curioso observar como no tarda en subrayarse el carácter específico de cada uno de los Estados que nacen con las independencias formales: los mitos del Egipto faraónico o el lraq babilonio buscan sus raíces más allá de lo específicamente árabe en el deseo de subrayar el carácter original de esos nuevos Estados que desean marcar sus diferencias respecto a sus vecinos.

Naturalmente, en esas nuevas formulaciones es fácil detectar coyunturas políticas que las favorecen. Los diferentes intereses de los regímenes árabes mueven a muchos intelectuales en una u otra dirección, convirtiéndose la ideología arabista en un discurso oficial que sirve a las ambiciones hegemonistas de los líderes.

Simultáneo en algunos casos y como rasgo característico en otros de este arabismo es la asociación del Islam a la ideología que pretende unificar a los árabes bajo una sola bandera. Salvo en las tendencias más laicas es notoria esta asimilación que está en el origen de graves conflictos. Con el tiempo, y ha sucedido en casos extremos como el de lraq, se hace un todo de esta amalgama de nacionalismo e Islam frente a un enemigo que se define por sus opuestos: Irán o los Estados Unidos. El aprovechamiento político de los sentimientos siempre ha sido una constante, pero llama la atención lo precipitado en que se realiza en determinadas circunstancias.

El nacionalismo árabe, u otros como el turco, surgidos con la desmembración de la hegemonía otomana, y también como factores importantes en ese desmantelamiento, es esencialmente exclusivo a semejanza del europeo. El corolario de esta ideología es el surgimiento de otros nacionalismos que nacen del agravio comparativo. En buena medida, los movimientos bereberes o kurdos tienen su origen en la ofensa que representa la preeminencia de lo neo-árabe en todos los ámbitos. En el caso de Argelia es especialmente notorio. Surgida de un traumático pro- ceso independentista, el Estado argelino se define en las premisas de ese arabismo-socialismo-lslam que deja de lado a un altísimo porcentaje de la población. La reivindicación de lo bereber se realiza frente al discurso del poder y hace de la democracia a la occidental y el laicismo el estandarte de su lucha. De igual manera, los kurdos enarbolan frente a los árabes iraquíes su origen medo. Al igual que en el caso del nacionalismo árabe, los otros nacionalismos margina- les buscan su espacio propio apoyándose en la misma indefinición que permite un amplio marco de movimientos sin necesidad de recurrir a una reflexión sosegada. El recurso a los mitos es una constante y el carácter exclusivista es el rasgo esencial.