BOLETÍN INFORMATIVO
EL PENSAMIENTO MÍTICO
Siempre se ha contrapuesto el pensamiento mítico a pensamiento racional,
como si el primero fuera subsidiario de épocas oscurantistas de la humanidad,
o de pueblos y culturas que aún no han emergido de las tinieblas de la
ignorancia para acceder a dominios de la diosa razón. Esta concepción,
aunque parezca paradójica, no deja de ser un “mito” más, y aunque han
transcurrido más de dos mil años del “supuesto milagro griego”, origen
de nuestra civilización occidental, el hombre del sigo XXI sigue siendo
deudor de una concepción mitológica en su representación imaginaria del
mundo. Y es que el mito no es más que una “representación idealizada de la
realidad”, una descripción de la misma, en un intento de dar forma y
conocimiento al mundo que nos rodea. Hay que tener muy presente que esta
descripción, concretada en modelos, no es la realidad misma. Ello no va en
detrimento del modelo mismo, que puede hasta revelarse muy útil en sus
aplicaciones, como es el caso de la tecnología. El problema se plantea cuando
confundimos el “modelo” con la realidad misma, y tratamos de encorsetar a
ésta en aquél. Estos modelos o representaciones son los llamados
“conceptos paradigmáticos” por los filósofos de la Ciencia. De tal forma
que un “paradigma” predominante excluye la posibilidad de otros llegando
a desvirtuar la realidad misma con tal de asegurar la pervivencia de
dicho paradigma. Para que tengamos una idea de esto que nos ayude a
comprenderlo, ejemplo de paradigma inviolable, fue durante mucho tiempo la
concepción geocéntrica del Universo, que tuvo que ser
desechada cuando los datos de la realidad visible no podían seguir
siendo explicados por semejante
“modelo” de representación planetaria, pero para ello transcurrieron
muchos años de controversias y disputas, pues la concepción nueva heliocéntrica
echaba por tierra toda una representación del mundo en la que el hombre a
través del mito se provee a sí mismo de un Cosmos ordenado, manejable, y
alejado de cualquier incertidumbre que lo sobrecoja, y que ponga en evidencia
su precariedad, su “faqr”. Que decimos los musulmanes.
El hombre occidental del siglo XXI vive de muchos mitos y sería prolijo analizar cada uno de ellos, sólo nos referiremos a un par de ellos, uno es el “Mito del Progreso”, y otro es el “Mito de la Ciencia”, aunque en sentido estricto habría que hablar de Tecnología más que de Ciencia, si entendemos correctamente lo que quiere decir cada uno de estos dos términos, ya que Ciencia, con mayúsculas atañe al más puro conocimiento, mientras que Tecnología, proviene el griego “Tekne”, haciendo referencia a la manipulación e instrumentalización de los objetos para conseguir unos resultados. Puede haber tecnología sin ciencia, como puede haber ciencia sin tecnología, de hecho muchos de los inventos de la humanidad antecedieron a la explicación de los mismos. No obstante esto sería objeto de otro tema de estudio que dejaremos para otro momento.
Como hemos señalado nos ocuparemos del estudio de dos concepciones míticas europeas del Progreso y de la Ciencia, no obstante y si observamos de cerca esta última en sus presupuestos conceptuales, puede quedar perfectamente ensamblada en el anterior como un caso particular de aplicación del concepto mítico de Progreso.
Dice
Joseph Campbell en su obra "Las Máscaras de Dios", que todo Mito
tiene cuatro perspectivas, cuatro funciones, la Perspectiva Metafisico-Mística,
la Perspectiva Cosmológica, la Perspectiva Sociológica, y la Perspectiva
Psicológica. Toda concepción mítica llena, por así decirlo, estas cuatro
expectativas de la psique humana. Al igual que el Panteón griego repleto de
divinidades que como Potencias regían el Universo, hoy nuestro dios
particular que parece regir inexorablemente los destinos de este nuestro
Universo se llama "Progreso", el sacrosanto dios Olímpico, que al
igual que Zeus, rige al resto de los dioses meno- res, conformando todas
nuestras actitudes vitales. ¿Quién era el loco que se atreviera a poner en
duda la existencia de Zeus en la antigua Grecia?; ¿quién el loco que se
atrevería a cuestionar a nuestro dios Progreso?
Atendiendo
a las cuatro funciones de todo Mito que citábamos antes, vemos que el
Progreso las satisface ampliamente.
En
primer lugar constituye una sólida estructura Metafísico-Mística, pues está
más allá de todo cuestionamiento su existencia, se ha convertido en un
concepto autónomo con vida propia, separado de la realidad a la cual dirige,
orienta y guía, ¿no son éstas acaso las características del Dios
judeocristiano al cual ha desplazado para situarse él en su trono?
"La
segunda función, dice J. Campbell en su libro anteriormente citado, de una
mitología es proporcionar una cosmología, una imagen del universo, y para
esto hoy acudimos, claro está, no a textos religiosos arcaicos, sino a la
ciencia". Queda patente en esta breve cita de uno de los
representantes de la Ciencia moderna cómo no hay nada de valor en textos
antiguos, porque se supone que la Ciencia detenta la Verdad, sino de modo
absoluto, sí al menos implícitamente, pues sólo el "progreso" de
la misma nos alejará de un pasado donde al parecer los seres humanos no eran
lo "racional" que somos los occidentales modernos. No obstante
dejaremos el análisis de la Ciencia para otro artículo, dado que su
importancia así lo merece.
El
tercer aspecto de un mito, su contenido social, cobra especial importancia en
estos tiempos que corren, puesto que gracias a los potentes medios de
comunicación e influencia de los que disponemos hoy en día, cualquier idea,
no sólo puede ser difundida sino ser impuesta de la manera más sutil e
imperceptible. La idea de progreso está íntimamente relacionada con la idea
de "evolucionismo", y ésta a su vez con el concepto
"judeocristiano" de civilización, a pesar de que aparentemente
cristianismo y evolucionismo han sido conceptos antagónicos, pero fijándonos
bien ambos participan de los conceptos básicos de un punto de partida
inicial: en un caso la aparición de un simio que no se sabe bien cómo
deviene en hombre, y en el otro caso, en la concepción cristiana, existe un
punto cero "histórico" a partir del cual la historia cobra sentido
desarrollándose en una forma lineal del tiempo, en contraposición con la
concepción cíclica del mismo sostenida por todas las culturas. Es evidente
que toda cultura que no participe de esta idea dominante, que no se suba
"al carro del progreso", será considerada como los desheredados de
la tierra, porque tanto en la versión laica del progreso,
"evolucionismo", y todas sus variantes, como en la versión
religiosa del mismo, "cristianismo" subyace la idea de que la vida sólo
cobra sentido en un supuesto "ir adelante", sin saber muy bien el
por qué, ni el para qué, de tan alocada carrera, pero al fin y al cabo es
algo que como todo mito o paradigma no es susceptible de ser cuestionado.
Llegamos
así al cuarto y último aspecto del mito, el aspecto psicológico. Si no nos
cuestionamos la idea de progreso a nivel social, es indudable que aún menos
lo hacemos desde una perspectiva individual. Dice J. Campbell citando a Loren
Eiseley: "el progreso secularizado, el progreso que sólo persigue la
siguiente invención, el progreso que arranca el pensamiento de la mente y lo
sustituye por vanas consignas, no es progreso en absoluto. Es un espejismo que
hace senas en un desierto por el que van tambaleándose generaciones de
hombres". Podríamos añadir que no sólo es un espejismo sino que es
algo que aleja de la condición de hombre, lo aliena en un carrera loca donde
sólo importa avanzar más deprisa aunque sea hacia nuestra propia tumba.
Vemos pues, que nosotros hombres modernos no estamos tan lejos de ese otro hombre "primitivo" del que queremos huir, que sólo han cambiado un poco los atavíos externos, pero seguimos alimentándonos de quimeras e ilusiones que nos alejan de nuestra naturaleza primordial, de nuestra "fitra". El que ya esté algo familiarizado con el Islam, comprenderá fácilmente que éste es un camino, una "tariqa", pero un camino con una dirección, un sentido y un objetivo, aquél que conecta al hombre con la Realidad de lo creado, que no construye mitos del orden que sean, porque no confunde la descripción de la realidad con la Realidad misma. No por ello el Islam va en contra del bienestar del ser humano, todo lo contrario, pero tampoco lo aliena con falsas ideas que desvirtúan su sentido de la existencia; el Islam favorece el desarrollo de la ciencia, el arte y de todo aquello que acerque al hombre a encontrar ya desentrañar su sentido de estar en el mundo, siguiendo el ejemplo de Sidna Muhammad (s.a.s.) que incitaba al hombre a buscar el conocimiento desde la cuna hasta la tumba, más aún, es obligación de todo musulmán la búsqueda del conocimiento, pues sólo él nos hará libres.