LA GUERRA DE BUSH

  ¿SE PREPARA UN GOLPE DE ESTADO MUNDIAL?

BOLETIN Nº30 - SEPTIEMBRE 2004

 

 BRUNO CARDEÑOSA

 

No son rumores, sino informaciones —interesadas o no— que parten del propio poder norteamericano y que indican que podría estar tejiéndose una especie de golpe de Estado antes del próximo mes de octubre. ¿Un atentado terrorista que aúpe a Bush como presidente o acaso una serie de maniobras que tengan por objetivo alejarle de la Casa Blanca?

Al Qaeda podría recompensar al presidente de EE.UU. con un ataque destinada a mantenerlo en su "puesto”. Tan atrevida información proviene de un alto funcionario de los servicios de inteligencia que en los próximos días publica un arriesgado libro en los Estados Unidos titulado Imperial Hubris. En una entrevista concedida al periódico británico The guardián,  este agente secreto dijo que serán “necesarios 10.000 muertos estadounidenses para que nos preguntemos qué está pasando”. Y es que no pocos sospechan que el poder norteamericano maneja, controla y se aprovecha las redes terroristas de Bim Laden hasta el punto de poder estar implicado en un inminente atentado brutal que perpetúe en su cargo a George Bush: “Una manera de mantener a los republicanos en el poder, es montar un ataque que una al país alrededor del presidente", añade el autor de lmperial Hubris 

Personajes tan destacados como Vicent Cannistraro, ex jefe de operaciones de contra terrorismo de la CIA, asegura que e anónimo autor es un destacado agente de los servicios secretos especialista en redes islamistas. Pero no es el único en advertir sobre la posibilidad de que se esté gestando un nuevo ataque terrorista de gran magnitud y que influiría de forma decisiva en las elecciones que se celebrarán a primeros de noviembre en Estados Unidos, y en las que se decidirá si Bush sigue o no como inquilino de la Casa Blanca. De hecho, las informaciones al respecto circulan desde comienzos de año, en el que reflejábamos la posibilidad de que algo ciertamente importante pudiera ocurrir días antes de la cita electoral. La posibilidad más terrible es que la “sorpresa” estallara en forma de atentado terrorista. Las huestes del Partido Democrático podrían tensar cuerda hasta el extremo y urdir algún tipo de artimaña para provocar de forma artificial la derrota de Bush. En este sentido, el multimillonario George Soros, enemigo declarado del presidente, podría estar tramando una hecatombe bursátil para dicho mes, cuya consecuencia no fuera si no el descrédito de Bush.

 Presagios de atentado

Durante el año 2004 podría producirse un incremento de la amenaza terrorista que extendiera el miedo  Bin Laden por todo el planeta. Todos estos temores quedaron confirmados. Nos referimos al atentado ocurrido en Madrid el pasado 11 de marzo, en el que perdieron la vida 192 personas. Como consecuencia de la tragedia, la población norteamericana volvió a sentir el miedo al terror que transmitían las autoridades, Nuevamente, se reforzaron las medidas de vigilancia y el discurso del inquilino de la Casa Blanca volvió a girar  en torno a la amenaza terrorista, su mejor baza de cara a la opinión pública. Así, en cuestión de días, los sondeos dieron un inesperado vuelco. Antes del atentado de Madrid, la expectativa de voto otorgaba la victoria —con diez puntos de ventaja- en las presidenciales al candidato del Partido Demócrata, John Kerry. Pero los crímenes de los “trenes de la muerte” hicieron que Bush se situara en pocos días siete puntos por encima de su oponente. Los asesores electorales de ambos candidatos tomaron nota: la aparición del terrorismo favorece a Bush.

Nuevas informaciones como las ya expuestas —y otras que en adelante desglosamos- vienen a incidir sobre este riesgo y añaden nuevas referencias que nos obligan a ampliar lo que publicamos. Sin ir más lejos, el pasado 26 de mayo, John Ashcroft, fiscal general del Estado, y Robert Mueller, director del FBI convocaron una apocalíptica rueda de prensa durante la cual anunciaron que Al Qaeda podría intentar actuar entre el verano y octubre. Sólo unos días después, Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, insistía en lo mismo y advertía de posibles atentados en Europa y EE.UU.. Desde entonces, la amenaza terrorista no ha hecho más que crecer, pero esta estrategia sufrió un duro varapalo a comienzos de junio, cuando George Tenet dimitía de su cargo como director de la CIA. Su segundo de a bordo, James Pavitt, hizo lo propio. De inmediato se asociaron los ceses al resultado de la comisión oficial que investiga los atentados del 11-S, en el que se denuncian serios fallos en los servicios de inteligencia. Pero las razones parecen ser otras:”Tenet y Pavitt no quieren verse involucrados en un atentado que podrían estar planeando los halcones del Pentágono para favorecer en las elecciones a George Bush”, escribe el periodista mexicana Alfredo Jalife-Rahme.

La “segura” aparición del terrorismo antes de las elecciones norteamericanas —piensan en el Partido Demócrata— hace que sólo exista una posible forma de vencer a Bush: provocar una serie de escándalos que le obliguen a no poder presentarse. De este modo, fuentes bien informadas como Ray McGovern, ex funcionario de los servicios secretos, sugieren que se estaría gestando en EE.UU. un pseudogolpe de Estado contra Bush que le obligaría a salir de la escena política antes de su posible reelección. En suma: antes de octubre podría producirse un contra-golpe en Norteamérica destinado a impedir que se produzca otro golpe. Uno de los primeros en defender esa tesis fue el periodista Michael Ruppert, de cuyos atinados análisis ha dado buena cuenta en sus escritos. Explicaba en un reportaje publicado por FTW que ese golpe de Estado encubierto podría estar relacionada con una grave acusación contra George Bush relacionada con la filtración de la identidad de una agente de la CIA llamada Valerie Plane, muy relacionada con los planes políticos de la Casa Blanca.

  Los planes para un “golpe de Estado”

La historia se escribe así: en febrero de 2002, el prestigioso diplomático Joseph Wilson viajó hasta Nigeria para investigar una pista que manejaba la CIA y que Dick Cheney—vicepresidente de EE.UU.— quería comprobar. De acuerdo a la sospechas, Saddam Hussein habría intentado comprar uranio en Nigeria para utilizarlo en el desarrollo de bombas nucleares. Sin embargo Wilson no encontró ninguna evidencia de que aquellos indicios fueran reales. Y así lo hizo ver a los máximos mandatarios de su país. Sin embargo, Cheney y Bush ignoraron el dictamen de Wilson y aseguraron que Saddam pretendía desarrollar armas nucleares gracias al uranio adquirido en Nigeria. Pero el diplomático no quedó conforme y sintió que no era necesario mantener lealtad a un gobierno mentiroso. Hizo pública su denuncia, pero meses después, se tejió la venganza cuando varios medios de comunicación norteamericanos desvelaron el nombre de una agente de a CIA que había trabajado para el pentágono. Respondía al nombre de Valerie Plane —a la que contemplaban años de experiencia como una de las más eficaces espías del país—, que era, casualmente, la esposa de Wilson. Nadie sabia de la doble vida  de aquella mujer hasta ese momento; alguien la había delatado, alguien que, sin lugar a dudas, orbitaba en torno a las más altas esferas del poder y que se estaba vengando de la rebeldía de Wilson.

La trama "denunciada” por Ruppert sería la siguiente: la maquinaria del Partido Demócrata intentaría que Bush y su corte —Cheney al frente— fueran procesados por traicionar al Estado. Para ello, habrían elaborado un plan que incluía la participación del fiscal Jahn Fitzgerald para que procesara a Bush y Cheney en función de la Ley de Protección de Identidades de 1982. De acuerdo a estas noticias el propio Bush se habría hecho con los servicios de un prestigioso abogado llamado Jim Sharp por si el problema iba a más. Y un presidente sólo puede recurrir a un abogado privado si no ocupa la Casa Blanca. ¿Acaso sospecha Bush que la maniobra puede alejarle del poder?

Días después de que los rumores sobre un posible golpe de Estado inundaran Washington, la Casa Blanca recibió una incómoda visita. Se trataba del citado fiscal Fitzgerald, que durante 70 minutos tomó declaración a Bush. Días antes, Cheney también había sido entrevistado por el mismo. El interrogatorio tuvo lugar el pasado 23 de junio y certificaba que los rumores sobre el plan demócrata” estaban bien fundamentados. Si todo va como ellos desean, en la convención del Partido Republicano que se celebrará a finales de agosto, Bush no saldría elegido para optar a la presidencia durante otros cuatro años. En cierto modo, se consideraría que el presidente quedaría destituido. De no ser así, las iniciativas legales se prolongarían hasta octubre y tendrían por objeto destapar crímenes y traiciones de las que Bush sería presunto culpable. Cualquier cosa con tal de obtener la victoria electoral. Rumor o realidad, algo se está gestando: “Una de las versiones que circula es que la sospecha habría sido lanzada con la intención de presentarlo ante la opinión pública como un presidente con los días contados, débil, aislado, sin poder y a punto de ser expulsado del gobierno’, escribe el pe Manuel Freytas, quien sostiene que el rumor se fundamenta en dos hechos: primero, que la categoría política de Kerry no es suficiente para auparlo a la victoria electoral pese a todas las mentiras del Gobierno y, segundo, el temor que existe entre los demócratas a que los halcones organicen días antes de las elecciones o en un ciclo escalonado de aquí a noviembre, nuevos atentados terroristas demoledores de Al Qaeda en Europa o EEUU”. En este sentido cabe señalar a Webster GriffinTarpley, biógrafo de George Bush padre, quien advierte que el intento de los demócratas por destapar trapos sucios” de Bush sólo puede estar acelerando la preparación de un nuevo 11-S que posibilitaría la reelección del discutido dirigente.

 A la espera de un nuevo 11-S

Coma antes decíamos, esta última probabilidad —que podría calificarse en sí misma como otro intento de golpe de Estado— es defendida por varios agentes de la CIA. Uno de ellos es el anónimo espía que declaraba su temor al diario The Guardian. Otro es Ray McGovern, para quien ‘esta administración podría recurrir a métodos extralegales para hacer algo que le asegure la reelección a Bush para otros cuatro años”. Lo afirmó tras la comparecencia de Ashcroft el pasado 26 de mayo, cuando advirtió de la inminente aparición de Al Qaeda provocando en EEUU otro 11-S, anuncio que no ha hecho si no alimentar todas las sospechas.

Tradicionalmente, las operaciones secretas en EE.UU. se dividen entre la CIA y el Pentágono. Los poderes y el alcance de ambas estarían parejos. Pero el equilibrio —al menos temporalmente— se ha roto tras la dimisión de Tenet y, al parecer, Stephen Cambrone, subsecretario de Inteligencia, es ahora quien ha tomado en solitario las riendas de todas las operaciones secretas de Estados Unidos habida cuenta de que Bush no parece tener prisa —¿por qué?— por nombrar a un nuevo director de la CIA. De hecho, todos los indicios apuntan a que fue Cambrone quien ordenó las torturas en las cárceles iraquíes. Se le considera, además, como el ideólogo de un grupo de inteligencia paralelo a la CIA que estaría gestionando la problemática en Irak, a la vez que podría tener que ver con la planificación de un nuevo atentado.

El atentado de Madrid hizo parte del trabajo previsto por los conspiradores. Posteriormente los máximos mandatarios norteamericanos iniciaron su particular ofensiva. Desde comienzos de abril, la Administración Bush ha incrementado su nivel de demagogia, urgencia y vehemencia respecto a un atentado”, escribe    Webster Griffin Tarpleyen un sobrecogedor informe publicado por Global Free Press. Como ejemplo pone las declaraciones de Cheney a la cadena FOX el 20 de mayo: “El problema no es saber si va a haber un atentado, sino cuándo va a ser’. Lo da por hecho; inquietante, sin duda.

“Hay dos posibles escenarios. Uno de ellos es un atentado en Washington, quizá en el Capitolio, antes de las elecciones, aunque también puede ser que la estrategia  sea una sucesión de pequeños pero frecuentes ataques en Washington y otras ciudades”, aseguran fuentes próximas a Bush citadas por US News. El propio ex presidente José María Aznar, durante una visita a la Casa Blanca, también predijo a mediados de abril que podría tener lugar un atentado en EE.UU. a partir del verano. A este respecto, fuentes de los servicios secretos israelíes, el temido Mossad, revelaron que para dicho atentado puede utilizarse algún tipo de armamento no convencional —una bomba nuclear sucia, por ejemplo— y expusieron una serie de fechas a tener presentes: la convención del Partido Republicano en agosto, las Olimpiadas de Atenas en esos mismos días o el periodo electoral de octubre. Pero, ¿en qué se basan tantos servicios secretos?

En mayo el FEMA —A Federal de Emergencias efectuó una serie de ejercicios de simulación en previsión de posibles atentados. Al mismo tiempo, Fuerzas Aéreas y FBI también han llevado a cabo ensayos similares en los últimos meses. Los más cautos piensan que esta estrategia no va más allá: sólo se trataría de utilizar el miedo para mantener presente la amenaza de Al Qaeda y enviar al electorado el mensaje de que sólo la actual política puede acabar con el enemigo. La experiencia indica que los sondeos son muy favorables a Bush cuanto más filme es el miedo a un nuevo ataque terrorista. De hecho, los recientes brotes de brutalidad en Irak —a raíz del degollamiento de varios norteamericanos ante las cámaras de televisión por parte de Al Qaeda— han servido para que la opinión pública se olvidara de otros problemas respecto a la invasión de este país y se aferre a la necesidad de luchar con la lacra terrorista. Pero todo podría esta planeado: las filmaciones en las que se observan a terroristas cortando el cuello de sus presos podrían ser un burdo montaje. ¿Objetivo? Desviar la atención de los norteamericanos y mantener viva la llama de Al Qaeda. Así lo piensan algunos de los más críticos periodistas.

 

La psicosis terrorista

“Mantener viva Al Qaeda implica para el lobby que rodea a Bush conservar su propia supervivencia política al frente de la administración norteamericana y seguir controlando los negocios que brotan en torno a la Casa Blanca”, escribe el mencionado Freytas, que tres días antes de los atentados de Madrid predijo en un reportaje que era posible que se cometiera alguna acción de alto voltaje estratégico en una capital europea. “Allí se probó, mediante la psicosis terrorista que se desató, que un hecho así paraliza al mundo. Esta situación se mantiene vigente hoy; si Al Qaeda cometiese un nuevo atentado, en Europa o EEUU, de la magnitud del 11-M español, toda la estrategia electoral de los demócratas se desmoronaría, Bush pasaría a liderar las encuestas y probablemente seria reelegido por una mayoría abrumadora en las urnas”, añade.

Curiosamente —y eso que dichos ejercicios se preparaban antes del atentado de Madrid— muchos de los simulacros de atentados que se efectuaron en EE.UU. durante el mes de mayo y junio escenificaban la explosión de bombas en el interior de trenes. Hasta el diario The New York Post señaló que se estaban realizando test por parte de los terroristas en el metro de Nueva York. Incluso se comunicó la aparición de varias maletas sospechosas en los vagones del suburbano el pasado 1 de mayo. Hasta tal punto parece estar gestándose algo que Griffin Tarpley asegura haber averiguado que el Estado tiene todo preparado para instaurar la ley marcial en caso de que el terrorismo haga su aparición en Estados Unidos. Si tal cosa ocurriera en vísperas de elecciones, los mandatos constitucionales y la cita con las urnas podría suspenderse tal como intentó Aznar, aunque falló en su intento”, escribe el biógrafo de Bush padre. Conviene recordar, en este punto, que el ganeral Tommy Franks, número uno del ejército norteamericano, afirmó en la revista Cigar Aficionado hace unos meses que si se repitiera un 11-S en suelo americano no quedaría otro remedio más que aplicar la ley marcial.

 Agentes secretos del Mossad están incrementando su actividad en Estados Unidos, pero también en diversos países europeos. Fuentes consultadas por quien escriben alertan de sus temores: “España podría ser de nuevo objetivo del terrorismo. De suceder algo así, a Bush le servirían en bandeja su discurso electoral: Miren ustedes a los españoles, que cambiaron de Gobierno y se rindieron a la amenaza terrorista. Ciudadanos norteamericanos: no hagan ustedes lo mismo, no voten por Bin Laden, voten por mí. Esperemos que no suceda algo así”. Otras fuentes nos advierten de una nueva táctica: “Al Qaeda nunca ha atacado a líderes políticos de talle internacional. Pero si ocurre, quien promete mano dura sale ganando porque se fortalecerán los sentimientos patrióticos.

El Mossad maneja datos inquietantes. Según han filtrado sus agentes, terroristas no identificados habrían introducido en EE.UU. una bomba nuclear sucia —formada por un explosivo de gran potencia y elementos radiactivos a modo de “metralla’— gracias al empleo de contenedores a través de un puerto internacional situado en las costas estadounidense. Lo inquietante, según ha podido averiguarse, es que gran parte del mercado mundial mediante contenedores está controlado por empresas propiedad de Carlyfe, un consorcio vinculado a la familia Bush. A partir de ahí, todos los miedos y sospechas quedarían justificados. Pero según informó el pasado 25 de junio Debka File —una organización que bebe en fuentes de los servicios secretos— los datos que manejan los espías judíos también alertan del riesgo de  un atentado químico o biológico para antes de las elecciones norteamericanas. Ojalá todo sea una simple estrategia para atemorizar y no tengamos que lamentar atentados terroristas en los próximos meses. Pero —por si acaso— dicho queda.