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Este vocablo es difícil de definir; no se encuentra habitualmente en los diccionarios pero, sin embargo, todos tenemos una idea, más o menos vaga, de su significado. Llamamos "quinqui" a un miembro de un grupo social marginado, dedicado tradicionalmente a la venta ambulante o "buhonería", frecuentemente desarraigado de una residencia estable y bordeando, las más de las veces, los límites de la delincuencia; gentes trashumantes que, la mayor parte de las veces, ni siquiera se inscribían en el registro civil y que carecían de toda documentación legal, con lo que quedaban, por ello, exentos de cumplir con el servicio militar. Pensando, de antemano, en el posible remoto origen morisco de esta población nómada, busqué, entre las raíces verbales árabes, alguna que me pudiera ofrecer algún entronque posible con la palabra "quinqui" y encontré, en el diccionario de Kazimirski, un material de vocabulario sobre el que poder trabajar. En primer lugar, como palabra decisiva, aparece la voz qinqin, cuya primera acepción es la de "mulot" ('musgaño'); la segunda es; "guía hábil, sobre todo el que sabe encontrar una aguada", es decir, un experto viajero, conocedor de las rutas; la tercera acepción es la de "concha marina". A continuación, figura en este diccionario la forma qunáqin, también como "guía hábil, sobre todo que sabe encontrar una aguada y conducir allí directamente una tribu, los rebaños"; con esta definición se determina, más detalladamente, el carácter del qinqin como nómada profesional. Ambos
vocablos aparecen desligados de una posible raíz verbal aunque,
inmediatamente antes, figura la voz qanqal como "hombre que anda con un
paso lento", calificativo que se da habitualmente al paso de las
bestias de carga, por lo que creo que estas voces se formaron de un verbo
onomatopéyico qanqana (o qanqala), derivado a partir del verbo árabe qâna,
que significa 'forjar, batir (el hierro, etc.)', 'crear alguna cosa de una
manera determinada', 'reparar un recipiente o un mueble descompuesto', y en
forma VIII también es 'estar alegre, sonriente'. La repetición del nombre
de acción qayn (pronunciado vulgarmente qîn) pudo dar origen al vocablo
qinqin, por el sonido machacón del golpeteo del martillo en la forja,
semejante al ruido monótono de las pisadas de las caballerías, con sus
herraduras. El sustantivo qayn significa especialmente 'herrero' (el Vocabulista lo traduce por "ferrarius"), pero también, en general, 'cualquier tipo de artesano' y, en tercer lugar, 'esclavo'. La relación entre estos vocablos está clara en la lengua francesa, donde "quine aillerie" significa indistintamente 'ferretería' y 'quincallería', así como "quincaillier" es 'ferretero', 'vendedor de quincalla' y 'buhonero'. Del sustantivo qinqin se formaría el determinativo qínqiyya, para designar las mercancías ofrecidas por estos vendedores ambulantes, ya que la forma femenina de estos determinativos tiene habitualmente el carácter de un sustantivo abstracto que expresa la cualidad o la colectividad. El Diccionario de Autoridades dice: l1'Quinquillería. Lo mismo que buhonería", "'Quinquillero. Lo mismo que buhonero". En el P. Mariana podemos leer: "Y recoger en él la gran suma de oro y plata, que por buxerías de poco precio y quinquillerías, rescataban de los españoles". Estos "quinquis", vendedores y artesanos nómadas, cuyas especialidades se encuentran perfectamente definidas en la semántica del verbo árabe qâna (herreros, herradores, cerrajeros, cuchilleros, reparadores de sartenes y ollas, afiladores, etc. etc.), habían de desplazarse continuamente con sus acémilas, siempre en camino, al paso de sus recuas. Creo evidente la formación de un verbo qanqana (o su variante qanqala} para expresar este andar cansino, unido al repiquete continuo del sonido de las herraduras sobre el pavimento. Sería un equivalente a la forma dabdaba, recogida por Lañe como: "cualquier movimiento vivo, o modo de andar, ejecutado con pasos cortos: y cualquier sonido semejante al de unos sólidos cascos desplomándose sobre un duro suelo: una cierta clase de sonido (semejante al pisotear de los caballos...): o pregones, griteríos, alborotos o clamores". A continuación Lañe explica la. formación de este vocablo, en su plural dabâdíb, diciendo que significa; "un sonido semejante al dub dub; una onomatopeya. (Una clase de redoble o repique) algo semejante a tabl”. Si consideramos que el catalán "adobet" ('artesano ambulante') estaría relacionado con dabba (o da'aba), en cuya raíz se acoge la forma dabdaba, podemos pensar que una relación semejante puede haber entre qinqin y qanqana, como originados, por onomatopeya de qâna. Kazimirski traduce daybûb (derivado de dabba) por "cancanier". La prueba está en que este sentido de 'ruido o murmullo', que Lañe atribuye a dabdaba, lo encontramos también en el francés "cancaner", 'chis mear, murmurar', y "cancanier", 'chismoso', ambos derivados de "cancán" , 'chisme, cuento, faramalla' y que también significa 'baile bullicioso, excéntrico y grotesco'. En las lenguas hispánicas podemos encontrar vocablos derivados de esta misma raíz, relacionados con las diversas variedades semánticas con que aparecen en la lengua árabe. El verbo "cancanear" es 'errar, vagar o pasear sin objeto determinado'; el Vocabulario andaluz de Alcalá Vénceslada dice de "cancaneo": "acción de cancanear, andar de acá para allá, sin rumbo fijo". Recordemos la definición del árabe qanqal como 'hombre que anda con un paso lento'. Probablemente el nombre árabe de qinqin, aplicado al animal que Kazimirski traduce por "mulot", 'musgaño', se deba precisamente a una especial y característica forma de andar. En relación con el oficio de "buhonero" o de artesano ambulante, encontramos el catalán "quinquillaire" o "marxant de paquet", equivalente a 'buhonero' (como "adobet" era el artesano ambulante). En cuanto a las mercancías, hemos visto que eran muy variadas: su denominación genérica de "quincalla" (primitivamente "quinquilla") abarca una amplia complejidad de géneros; definida como "artículo de metal, de poco precio o escaso valor", sin embargo, en la práctica, se incluían también objetos que no eran de metal, sino también de vidrio y madera, o relacionados con la industria del vestido; todo, desde luego, de escaso valor. Tal vez, en este sentido se usase el nombre de qinqin en árabe para designar 'una especie de concha marina', ya que desde muy antiguo se usaron estas conchas para la confección de baratijas (collares, pulseras, pendientes), como el más económico de sus materiales, aunque también pudo recibir su nombre por su sonido, ya que frecuentemente se usaban las conchas a modo de castañuelas. El conjunto de toda esta mercaduría se llamó "quincallería", la cual se suele dividir en tres categorías principales: la primera, comprende todos los útiles, en general; la segunda, todos los útiles de uso doméstico, artículos de hojalatería, calderería, jardinería, aparatos de alumbrado y calefacción, artículos de caza, pesca, trampas para pájaros, ratoneras, etc.; la tercera clase es la llamada "quincallería" para la construcción, con objetos de cerrajería. La Enciclopedia Espasa da otro sinfín de nombres: tijeras, dedales, juguetes, baratijas, sortijería de poco valor, pendientes, rosarios, medallas, guardapuntas, destornilladores, cepillos, mondadientes; entre la cerrajería de esta especie incluye: candados, goznes, cerrojos, sacacorchos, martillos, tenazas, alicates; y entre los artículos de latón o bronce: argollas, barras de cortinas, candelabros, tinteros, marcos para relojes, objetos de escritorio, incrustaciones para muebles, etc.; al final añade que este vocablo es análogo a "ferretería" y "bisutería". Difícilmente podríamos encontrar una lista de objetos más amplia y heterogénea. Es muy interesante para nosotros esta identificación con la "bisutería", ya que este vocablo procede, por corrupción, del francés "bijou", el cual, a mi entender, no es más que una transcripción francesa de la palabra árabe buhuw, a través de una pronunciación hispánica *"bujú", cuya versión al francés habría de ser necesariamente "bijou". Antes de aceptar este galicismo reimportado (como tantos otros vocablos, que salieron de España y reingresaron con modificaciones fonéticas y semánticas), la palabra castellana era "bujería" (en portugués "bufarinhas", en catalán "galindayna"), 'mercaduría de estaño, vidrio, hierro, etc., de poco valor y precio'. Sólo se encuentran en Europa voces semejantes a "quincalla" en Francia (" quincaile"), en Italia ("chincaglia") y en Portugal (" quíncalharía"), lo cual presupone que su origen no pudo venir de una lengua nórdica, como se ha indicado a veces (del neerlandés "klinken"), sino que hubo de ser una aportación a través de la cuenca mediterránea, como pudo serlo de la lengua árabe. Dentro del oficio de latonero se incluía normalmente la confección y reparación a domicilio de los enseres domésticos: sartenes, ollas, tenazas... Quizás por este motivo, en el lenguaje de la germanía, se llamó "quinquina" a la cocina y "quinquinibo" al cocinero; aunque también pudo recibir este nombre por el ruido del majar en el almirez, tan tradicional en las cocinas antiguas y tan semejante al martilleo sobre el yunque de la fragua. Este sonsonete machacón del martilleo del herrero o de las pisadas monótonas y cansinas de las caballerías [qîn-qîn o qân-qân} es probable que diese origen a otro grupo de vocablos relacionados con este sonido insistente, repetido hasta la saciedad. Así se llamó en Méjico, quizás por este motivo, "cancaneo" al 'tartamudeo' o 'tartajeo'. "Cancanear" es, en Colombia y Méjico, 'tartajear, tartamudear'; por ello, tal vez, se llamó en Costa Rica "cancán" a 'una especie de loro que no aprende a hablar'. En Murcia "cancán" es 'molestia, fastidio', y "cancanoso" la 'persona de conversación molesta'. En Salamanca "cancano" se dice de la 'persona tonta y simple'. En Costa Rica se le llama "cancaneado" a la 'personada picada de viruelas', quizás porque su piel recuerda a una superficie sobre la cual se ha grabado un dibujo picando marcas con un puntero, a golpes de martillo. Hemos visto ya varias acepciones de la palabra "cancán", pero aún nos queda otra, la más conocida, por su mayor difusión en el léxico actual, como 'baile descocado que se importó de Francia después de mediar el siglo XIX'. Pues bien, yo creo que este baile, ruidoso y bullanguero, tiene el mismo étimo que los anteriores. La Enciclopedia Monitor lo escribe "can-can", separado por un guión, y dice que es "una danza teatral muy agitada y ruidosa, como indica su nombre (es un término popular que significa discusión violenta y atolondrada). Importada según algunos de Argelia en 1830. Especie de rápido galope, el can-cán debía gran parte de su éxito a la fantasía, a la inspiración y a la habilidad acrobática del bailarín o bailarina". La comparación de este baile con el galope de un caballo, a más de los otros datos citados, nos recuerda los que se bailaban en la España de los siglos XVI y XVII, entre los picaros, y en la del XVIII, entre los majos; esta posible relación nos retrotrae inmediatamente a esta fuente semántica originaria del "can-can". La Enciclopedia Espasa define "cancán" como 'ruido, alboroto, escándalo' y también, familiarmente, 'chisme, murmuración, maledicencia', y además: "baile grotesco que estuvo muy de moda en Francia durante el reinado de Luis Felipe (1830-1848) y que pasó a España en tiempo de Isabel II... estaba lleno de actitudes lascivas y obscenas, y a veces extravagantes y ridículas. Sus movimientos eran muy rápidos, convirtiéndola en una danza casi epiléptica". No podría extrañarnos el origen morisco de este baile, si tenemos en cuenta las palabras del P. Aznar Cardona, citadas en la introducción de este trabajo. Según Dozy, la forma IV de esta raíz, 'aqyana, signica 'cantar'. • En cuanto al sentido peyorativo de la palabra "quinqui", como 'delincuente contra la propiedad, que suele operar en pequeñas bandas', según la definición que da la Enciclopedia Larousse de este vocablo, creo que se debió a la frecuencia con que del oficio de buhonero se pasaba al uso de las malas artes del engaño, el contrabando y el robo rateril. Ya Covarrubias recoge la palabra "cancanilla" como "género de armadixo, y tómase por cualquier género de engaño que hazemos al próximo cogiéndole descuidado; del nombre hebreo kankan, y de cancán cancanilla". En general, muchas voces de semántica despectiva pueden estar relacionadas con las anteriores. En el vocabulario andaluz, se emplea "cáncano" como 'viejo verde' y "canco" como 'afeminado'. Todos estos defectos se les solían aplicar a los moriscos a la hora de su expulsión; recordemos los texto del P. Aznar Cardona, que hemos mencionado anteriormente. Hasta tal extremo alcanzaba el temor ante estas gentes desarraigadas, encerradas cada vez más en sí mismas, ante una sociedad que las rechazaba para una convivencia de mutua comprensión, que es probable que la palabra "cancón", equivalente a "bu" (¿buhûw?) o al "hombre del saco", con la que se asustaba a los niños, diciéndoles: "¡que viene el cancón!", estuviese referida a un "quinqui", en este sentido, ya generalizado, como ladrón y salteador. Sería una frase equivalente a cuando se les dice: "¡que viene el coco!", cuyo origen lo considero igualmente árabe, pues creo que la palabra "coco" no es más que la evolución fonética normal del árabe qûq, que significa 'hombre muy grande y deforme', equivalente al gigante malvado de los cuentos infantiles, lo mismo que el "ogro", que podría tener también un étimo árabe en ´uqr (con las variantes ':uqar, `âqûr y `agûr), que se dice de 'toda cosa muy rara' y 'hombre que no tiene hijos', pero, de una manera especial, se refiere a 'todo aquel que muerde a los que se aproximan a él, que hiere, que es malvado'. La palabra "cáncana" sirve para designar igualmente a una 'araña gruesa, de patas cotas y color oscuro' (también el qinqin o musgaño es un animal de pies muy cortos); "cáncano" es el 'piojo' (en árabe qamqam) y "quinquiría" la 'chinche'; es probable que el parentesco semántico esté en la manera de andar de todos ellos. En el lenguaje de germanía se emplea el calificativo de araña" en el sentido de 'ladrón'. |