LOS MORISCOS QUE NO SE FUERON

 

LOS QUINQUIS - CONCLUSIÓN:

 

 

El hecho de afirmar que el nombre de "quinqui" puede ser un vocablo árabe, no implica necesariamente que todos los "quinquis" fuesen moriscos, ni que todos los moriscos fuesen "quinquis"; pero no cabe la menor duda de que gran parte de ellos, forzados por las circunstancias especiales de su situación de proscritos, habrían de buscar en este medio de vida el sustento para su supervivencia, así como la manera de eludir las persecuciones que pesaban sobre ellos, aprovechando para este fin sus buenas cualidades de nómadas y de artesanos expertos.

 Mezclados de muchas razas, sobre todo los granadinos (árabes y sirios, bereberes, elementos indígenas y antiguos judíos, con alguna dosis variable  de sangre negra y de gente muy diversa, como persas, hindúes y turcos, inclusive), esta población heterogénea tuvo que procurar, por todos los medios posibles, pasar desapercibida, ejerciendo oficios que les permitiesen vivir libremente y sin control.

 Es evidente que eran expertos em el manejo del hierro y que muchos de ellos conservaron estos oficios. Cardaillac, hablando de los moriscos que habían abrazado el protestantismo, afirma: "C'est le cas de Gonzalo el Gordo, forgeron á Almagro, est accusé en 1578 d'étre un hereje lutherano". Este mismo autor cita un documento de 1575, en el cual se contienen una declaración ante el Tribunal de la Inquisición de Aragón, y se dice: "estaban parados tres hombres, quel uno era de Villafeliche, maestro de hazer tiseras, cuyo nombre no sabe, ... mas que en su talle le parecieron moriscos...".

 Conocedores expertos de caminos, veredas y trochas, buscando las sendas menos frecuentadas, muchas veces llegaron a confundirse con contrabandistas y maleantes, con los que en ocasiones habrían de integrarse aún a su pesar, a lo largo de los siglos XVI y XVII.

 Ante el hecho de la pervivencia de estos grupos étnicos que se resistían a ser absorvidos por el resto de la población española, podríamos preguntarnos, como Domínguez Ortiz: "¿Había una raza morisca? ¿Habrá que ver en el elemento racial la causa principal de que la fusión resultara tan difícil?"; a esta interrogación él mismo añade: "Esta es una cuestión que nunca se ha estudiado de manera científica y a la que es difícil dar una respuesta perentoria”. Más adelante, hablando de la mezcla de razas que convivían en la Península, continúa: "tenemos que inclinarnos a pensar que la diferencia de aspecto físico entre moriscos y cristianos viejos era leve o nula", pero, a pesar de ello, el deseo de segregación se mantuvo vivo entre unos y otros, sobre todo con su habitual práctica de la endogamia: primero fueron los cristianos los que los mantuvieron apartados en sus morerías, luego, los mismos moriscos, siguiendo esta tradición, procuraron mantenerse viviendo en grupos compactos, formando barrios o calles especiales, con arreglo a sus propios oficios, ingeniándoselas siempre para permanecer unidos, y, como dice Domínguez Ortiz: "La voluntad de separación material perduraba incluso después de la muerte", en sus propios cementerios moriscos, mantenidos durante mucho tiempo.