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JUTBAT
AL-‘ÎD
Primera Parte
Allahu Ákbar, Allahu Ákbar, Allahu Ákbar,... Allahu Ákbar wa lillâhi l-hamd.
Allah es Más Grande, y el presentimiento de la Inmensidad es lo único que
nos acerca a su magnitud. Allah es Más Grande, y su Grandeza no tiene
proporciones. Allah es descorazonador, produce vértigo y trastorna nuestro
entendimiento, quiebra todo intento y supera toda reflexión: nada se le
asemeja, nada se le opone, y sólo lo intuimos ejercitándonos en comprender
que Él siempre es Más Grande que todo lo que podamos pensar, medir,
imaginar, intuir o sońar.
Allah es Más Grande, Allahu Ákbar, y Él está por encima de todo,
trascendiéndolo todo, inimaginable, indelimitable, inconcebible, más allá
de todo, infinitamente más allá de todo, Autosuficiente en su Verdad, Rico
en su Esencia, Subsistente por Sí Mismo en la exuberancia de su Realidad.
Y sólo Él es nuestro Seńor, sólo Él es nuestro Dueńo, y sólo en Sus Manos
está nuestro Destino y cada uno de nuestros instantes. Sólo de Él
dependemos, sólo a Él estamos sujetos.
Esa Inmensidad desconcertante y creadora es el fundamento de nuestra
existencia, el trasfondo de nuestro ser, la hondura de cada uno de
nuestros latidos. Esa Grandeza para la que no hay definiciones ni palabras
ni imágenes, es la raíz de nuestros momentos, la clave de cada uno de
nuestros alientos, y es donde resonamos en la eternidad de su Esencia.
Allahu Ákbar, Allah es Más Grande, y con esta claridad debemos los
musulmanes afrontar el mundo y derrotar los ídolos. Allahu Ákbar es la
senda de nuestros esfuerzos y la clave de nuestra victoria. Allahu Ákbar
es el secreto en el que reside la fuerza y el poder de los musulmanes. Es
nuestro talismán y el ungüento y el bálsamo. Allahu Ákbar es provocación,
desafío y grito de guerra, y es remanso de paz para el corazón inquieto.
Allahu Ákbar, Allahu Ákbar, Allahu Ákbar,... Allahu Ákbar wa lillâhi l-hamd.
Lâ ilâha illâ llâh: no hay más Verdad que Allah, no hay más Fuerza que la
de Allah, no hay más Eficacia que la de Allah, que es inconcebible,
inimaginable, insustituible, y su realidad lo desborda todo y su Voluntad
se impone a todo. Suyos son los Nombres Más Bellos: Él es el Creador, el
Poderoso, el Rey, el Refugio, el Destino hacia el que todo se dirige; Él
oye y ve, y está por encima de todas las cosas, y su Poder está en todas
las cosas y su Saber abarca todas las cosas y las penetra; Él es el
Arrogante, el Gigantesco, el Soberano, y es el Misericordioso, el Amante,
el Bello, el Disculpador, el que acoge a las criaturas; y Él es el Uno, el
Único, el Singular, el que no ha engendrado ni ha sido engendrado, el
Seńor de los cielos y de la tierra; Él es la Verdad a la que la existencia
entera está sometida.
Allah es Más Grande que las palabras que hablan de Él, está por encima de
todas las pistas que los seres humanos seguimos para hacernos una idea
acerca de Él. Allah es Más Grande que la realidad entera, y nada lo
contiene, y ni el espacio ni el tiempo lo condicionan, sino que Él es el
Creador del tiempo y el espacio.
Él es el Doblegador y nada lo doblega, ante Él todo se rinde, a Él todo
está sometido, Él es la Verdad Absoluta, el Seńor de los cielos y de la
tierra: “Ése es vuestro Ilâh, y no hay más Ilâh que Él...”.
Allah es el infinito al que el musulmán se lanza, Allah es la eternidad
inefable,a la que el musulmán se abandona, es el vértigo al que se asoma.
Allah es su Único Seńor, el Océano para su espíritu insaciable, es el
desafío inquietante que presiente en lo más hondo de sí.
Allah es Inmenso para el musulmán inmenso. Allah es Grande para el
musulmán grande. Y es Más Grande cada vez ante él; y entonces él, el
musulmán, no deja de crecer, haciéndose gigante... Allahu Ákbar, Allah es
Más grande y crece constantemente ante el musulmán, y el musulmán se
amplia, ensancha su corazón, agiganta sus horizontes.
Estos son los retos y ante estos abismos nos ha conducido Ramadán para
desembocar en la Fiesta de hoy, el ‘Îd.
Rasűlullâh (s.a.s.) nos enseńó que las fiestas de los musulmanes son
ocasiones especiales para el Takbîr, para la repetición de la frase Allâhu
Ákbar, Allah es Más grande. Las fiestas de los musulmanes son días de la
Grandeza de Allah.
Es en las inmensidades de su Seńor donde los műminîn encuentran la
alegría, porque el musulmán se siente a sus anchas en la amplitud, no en
la estrechez. El auténtico musulmán es el que tiene un corazón grande, no
el que lo empobrece. El verdadero musulmán es el que despeja ante sí el
mundo, no el que se esconde detrás de muros y fronteras. Musulmán es el
que confía en Allah y pierde miedos y recelos, y abandona sospechas y
rencores, y deja atrás resentimientos y dudas. Musulmán es el que sabe que
Allah es Más Grande, y entonces ya no puede ser confundido ni esclavizado
por nada ni por nadie, y entonces todo es luz ante él; la vida y la muerte
son luz ante él, y todo está iluminado.
Eso es lo que celebramos hoy, la Grandeza de Allah que tiene como
equivalente en cada musulmán la grandeza de su corazón, y descubrirlo es
lo que le da sentido a que hoy sea un día de fiesta, de alegría, de
expansión de ánimo. Y por ello, este día debe ir precedido de un acto de
generosidad, y el ayuno del musulmán no ha quedado completado a menos que
entregue el Çakât al-Fitr, dando de lo que tiene al necesitado.
Segunda Parte
Allahu Ákbar, Allahu Ákbar, Allahu Ákbar,... Allahu Ákbar wa
lillâhi l-hamd. El ‘Îd es ocasión para el Takbîr, para repetir
constantemente que Allah es Más Grande. Cada Salât empieza con un
Takbîr, y sabemos que eso nos introduce en un territorio inviolable. El
Takbîr, el simple hecho de decir Allâhu Ákbar, nos asoma a lo insondable,
nos pone ante la Inmensidad, nos aventura por los espacios de Quien es
Libre, y ahí somos desencadenados, ahí se nos libera de nuestras
pequeńeces, nuestras miserias y vilezas, ahí tenemos la oportunidad de
respirar aire puro. En Allahu Ákbar hay un perfume capaz de embriagar al
que tiene olfato.
Y hoy es el día de Allahu Ákbar, el día en que los musulmanes repiten lo
esencial del Islam, que Allah es Más Grande que todo, y todo lo demás
queda relativizado ante esa Verdad Absoluta, todo pierde sus dimensiones
ante Allah Inmenso, todo se hace pequeńo e insignificante ante Allah
Inimaginable, y todo lo que agobiaba al musulmán se diluye ante el
espectáculo formidable que le proporciona la frase Allahu Ákbar. Por eso
es hoy un día de fiesta.
Tras la estrechez y la fatiga del ayuno viene la dilatación que produce su
ruptura. Tras la privación viene la Fiesta. La verdadera expansión en la
Grandeza Infinita de Allah sólo la lograremos tras un duro combate en el
que sufrimos privaciones y calamidades. Si estamos dispuestos a asumir el
reto, al final alcanzaremos la meta, el ‘Îd ante Allah en al-Âjira.
Ramadán nos ha enseńado la importancia del Sabr, la paciencia.
Hemos practicado la paciencia y la perseverancia, y por ello disfrutamos
hoy de un día especial, de un día de alegría, de un día de expansión en la
Grandeza de Aquél hacia el que hemos estado orientados a lo largo de un
mes.
du‘â ...
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