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Una esclava de Qasim al-Dawlah (1)
Pertenecía a nuestro maestro el Príncipe de los Creyentes.
Vivía en los alrededores de La Meca, donde murió. Fue única en su tiempo y había
obtenido la facultad de recorrer rápidamente grandes distancias (2).
Cuando realizaba esas caminatas, se ponía de acuerdo con las montañas, las rocas
y los árboles, diciéndoles: "Bienvenidos! Bienvenidos!". Su estado espiritual
era poderoso y servía a los Iniciados y seguía el Camino con una sinceridad
inflexible. Tenía las virtudes de la futuwwah y
practicaba el combate espiritual más intenso, ayunando con frecuencia día y
noche; a pesar de ello, tenía mucha fuerza y sus esfuerzos parecían irle muy
bien. Nunca vi en nuestra época a nadie tan educado. Estaba entregada a la
exaltación de la Majestad divina y no se concedía ningún valor a sí misma.
(1).- Esad Ef. 1777, f.
104 a.
(2).- Cf., supra, n. 50.

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