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Abu 'Abdallah al-Ghillizi(1)
Procedía de la fortaleza de Ghillizah. Era un
hombre santo que se entregaba totalmente a Allah.
Una vez, muy tarde por la noche, un hombre llamó
a su puerta para pedirle un pedazo de hígado de buey. Fue a averiguar quién
podía pedirle semejante cosa. Como tenía una vaca, una voz interior le dijo:
"Sólo te pedimos una cosa que tienes". Ante estas palabras, se dió cuenta de que
efectivamente tenía una vaca; entonces tomó un cuchillo, degolló al animal y le
dió el hígado al hombre que esperaba a la puerta.
Un día, paseando por las afueras de Sevilla,
llegó la hora del salat. Nuestro shaykh no estaba en estado de pureza ritual.
Entonces vió a un hombre que estaba orinando no lejos de ellos. Se dirigió a
aquel lugar e hizo su ablución. Al ver aquello, les dije a los demás que no se
molestaran, pues el shaykh era un hombre veridico y Allah es Poderoso sobre
todas las cosas. A continuación les dije que fueran a. examinar los restos de la
orina en la que habían visto al shaykh hacer la ablución, y encontraron agua
dulce y sin contaminar. Entonces dije: "El que puede transfomar vino en vinagre,
también puede convertir la orina en agua". Luego hicimos el salat.
Un día en Murcia encontró a un padre y a un hijo
que estaban discutiendo en un jardín respecto al agua que había que echar a las
plantas. Al verlos, el shaykh lloró y dijo: "Oh, Señor, las reservas del cielo
están llenas y Tú puedes repartir las riquezas, pero has hecho que este chico
sea insolente con su padre por una gota de agua". Nada más pronunciar estas
palabras, se puso a llover; de este modo, el padre y el hijo se reconciliaron,
al no tener ya necesidad de su agua.
Las ansias de la muerte le hicieron sufrir
durante quince días. Al final de su agonía, cuando pudo hablar finalmente, dijo:
"Allah me ha infligido las ansias de la muerte durante quince días para
mostrarme algunas faltas que cometí en el pasado". Cuando terminó de citarlas,
añadió: "Ahora estoy en camino hacia mi Señor. Que la paz sea con vosotros!".
Entonces dijo la shahada(2) cerró los ojos y
abandonó esta vida.
(1).-
Esad Ef. 1777, f. 97 a.
(2).-
Como los últimos momentos de la vida son de una importancia capital para el
devenir post mortem, el musulmán debe actuar de modo que, en la medida en que su
estado de consciencia se lo permita, sus últimas palabras sean la shahada:
“La ilaha illa Allah Muhámmadun rasûlu llâh, No hay más verdad que
Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah". La shahada es el acto por el cual una
persona se reconoce a sí misma como musulmana.

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