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Abu al-Hasan aI-Munhanali*
Observaba escrupulosamente la reglas de la salat, no hablaba
con nadie, estaba constantemente ocupado en la salvación de su alma. Este hombre
de un espíritu elevado suspiraba mucho y tenía siempre una actitud afligida. Una
vez, ayunó día y noche durante veinticinco días. Estaba lleno de atenciones
hacia su madre.
Fui compañero suyo durante cerca de diez años.
Nunca me preguntaba de dónde venía o adónde iba. Un día de
julio, sentado en la Gran Mezquita, sonreía a pesar del calor tórrido. Cuando le
pregunté qué era lo que le hacía sonreír, me respondió: "En realidad, el calor
es tórrido, pero Allah es bueno con sus siervos". Al final de la tarde, empezó a
llorar y, en el momento de la salat, los cielos se abrieron y llovió tan
abundantemente que el agua corría torrencialmente por las calles.
*-Esad Ef. 1777, f. 86
a. La lectura de este nombre, al-Munhanali, es una conjetura, pues el manuscrito
es casi ilegible.

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