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Abu 'Abdallah Muhammad b. al-Mujahid (1)
Hombre versado en las ciencias
tradicionales y jurista malekita, enseñó en la mezquita de al-Muqaybirat. Vivió
de acuerdo con este hadith del Profeta: "Pedíos cuentas antes de que os las
pidan (2)".También anotaba sus pensamientos, sus
actos, sus palabras, lo que había oído y todas las cosas de este tipo. Después
del salat del maghrib, se retiraba a una habitación, examinaba los actos del día
que requerían arrepentimiento y se arrepentía. Hacía lo mismo con lo que llamaba
su gratitud. Comparaba sus acciones con lo que requería la Ley revelada. Luego
dormía un poco, a continuación se despertaba para decir sus letanías (awrad) y
para realizas las ibadas según la Sunna del Profeta. De esta manera, alternaba
el sueño y el salat durante toda la noche (3).
Hacía un círculo de libros a su
alrededor, de forma que, cuando había acabado un acto de adoración, cogía un
volumen y lo leía. Un día recibió la visita del califa Abu Ya'qub (4).En
el transcurso de la conversación, el Califa le dijo: "Oh, 'Abdallah, ¿No sientes
soledad al vivir solo?". Y él respondió: "La intimidad con Allah abole toda
soledad. ¿Cómo podría estar solo cuando El está siempre conmigo? Cuando voy a
conversar con mi Señor, abro el Corán. Si deseo entretenerme con el Enviado de
Allah, cojo un volumen de los hadiths y si quiero unirme a los Compañeros o a
los Siguientes (5), leo una obra que trate de su
vida. De esta forma, puedo dirigirme a cada hijo de
vecino. ¿Cómo puedes hablar entonces de soledad, oh, Abu Ya´qub? "Y recitó
versos haciendo alusión a esta práctica.
En el omento de despedirse, Abfu Ya'qub
ordenó al guardián de palacio, Abu al-'Ala' al-Jami, que le diera al shaykh algo
para mejorar su situación. El don consistía en una bolsa que contenía mil
dinares de oro. Como el shaykh manifestó que no tenía ninguna necesidad de
dinero, el Califa respondió que sólo Allah no necesitaba nada. "Es muy cierto,
le dijo' Abdallah, ¿Pero por qué no devolvérselo a su propietario que lo
necesita más que yo?", haciéndole ver de este modo que aquel dinero había sido
conseguido injustamente. Ante estas palabras el Califa enrojeció de vergüenza y
dejó el dinero en mitad de la estancia. La bolsa se quedó allí donde el Califa
la había dejado y el shaykh no la abrió ni la tocó durante doce años, hasta su
muerte. Cuando el sultán Abu Ishaq b.Yusuf (6) oyó
esta historia, asistió en persona a los funerales. Entonces ocurrió una cosa
bastante extraña: se dio la orden de distribuir el dinero entre los necesitados
de la
familia del shaykh según su condición y no según las reglas normales de la
herencia (7).
Un día que el shaykh necesitaba dinero,
sólo encontró para vender un viejo abrigo remendado cuyo valor era medio dirham;
no obstante se lo confió a un agente. Cuando éste le dijo a la gente que el
abrigo pertenecía a Ibn al-Mujahid, uno de los mercaderes ofreció setenta
dinares de oro. El agente volvió entonces a casa del shaykh con el comprador, el
dinero y el abrigo. Cuando el shaykh preguntó de donde salía todo aquel dinero,
el agente explicó que era el precio pagado por el abrigo. Ante estas palabras,
el shaykh bajó la cabeza y repitió varias veces: "Así que la religión de Ibn al-Mujahid
vale setenta dinares!". Entonces le dijo al mercader, volviendo a coger su
abrigo: "Eso no es lo que vale mi abrigo, amigo mío. Ya no lo vendo, puedes
recoger tu dinero". Obedeciendo al shaykh, el comerciante recogió su dinero y se
marchó llorando. Dicen que repartió el dinero en limosnas. Después de aquello,
Allah satisfizo las necesidades
del shaykh de una manera inesperada (8).
Un día, cuando volvía a la mezquita,
observó que una persona desconocida le seguía. Al llegar a la puerta de su casa,
se volvió y le dijo al hombre: "Tú, el de ahí! Si necesitas algo, habla y dime
qué es". El otro le contestó que no necesitaba nada. El shaykh entró en su casa
y cerro la puerta, dejando fuera al hombre. No había llegado al vestíbulo de la
entrada cuando vio al hombre a su lado. "¿Cómo estás aquí, le dijo, si la puerta
está cerrada y no has pedido permiso para entrar?". "Oh, shaykh", respondió el
desconocido, "no soy un hombre, sino un ángel enviado por el Señor para estar a
tu lado y protegerte de todo mal". Al oír aquello, el shaykh se puso a llorar.
El
ángel permaneció con él hasta el día de su muerte.
Hemos hablado de sus estados
espirituales en la Durrat al-fákhirah y esto no es más que un resumen (9). Muchos
entraron gracias a él en el Camino, entre otros lbn Qassun (10),
Abu 'Imran al-Martuli (11),ash-Shantarini y al-
Acbahi, igual que otros walis (íntimos de Allah) de Sevilla de los que saqué
gran provecho.
(1).-
Todos los textos que siguen están traducidos de la Durrah. Esad Ef. 1777, f. 76
a.
(2).- Tirmidhi, Sunan, k. al-Qiyimah, b. 25. Este
hadith se refiere a la vez a la muhasabah (cf. supra. n. 86) y a la Rendición de
cuentas (al-hisab) en el Día del Juicio.
(3).- Esto constituye la práctica de los ahl al-layl.
Cf. pág. 126 Y 134.
(4).-
Califa almohade que reinó de 1163 a 1184.
(5).- Los "Siguientes" (at-tabi'un) son la segunda
generación de musulmanes; cf. supra, n. 186.
(6).- Hijo del califa Abu Yaqub.
(7).- Para
respetar al mismo tiempo la actitud del shaykh y las disposiciones legales, no
se podía dejar ese dinero en herencia; por ello fue distribuido como limosna
para la familia, según las necesidades de cada uno.
(8).- Cf. El Corán, LXV, 2-3.
(9).- Ver
la Introducción.
(10).- Cf., supra, pág. 47.
(11).- Cf., supra, pág. 54.

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