PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

LOS SUFIS DE AL-ANDALUS

 POR IBN ARABI

 

 

Munah Fatimah bint b. al-Muthanna (1)
 

Vivía en Sevilla. Cuando la conocí, ya tenía noventa años y se alimentaba de los restos de alimentos que la gente dejaba a la puerta de sus casas. Aunque era tan vieja y comía tan poco, me daba vergüenza mirada a la cara, pues la tenía rosada y fresca. Su surata personal era la Fatihah (2). En una ocasión me dijo: "La Fatihah me ha sido concedida. Está a mi disposición para todo lo que quiera hacer(3).
 

Dos de mis compañeros y yo le construimos una choza de cañas para que viviera en ella. Tenía la costumbre de decir: "De todos los que vienen a verme, nadie me maravilla como tal" (en realidad, se trataba de mí). Cuando le preguntaron la razón, respondió: "Los otros vienen a verme con una parte de ellos mismos, dejando en sus casas la otra parte, mientras que mi hijo Ibn 'Arabi es un consuelo para mí (lit. "la frescura de mis ojos"), pues cuando viene a verme, viene todo entero; cuando se levanta, se levanta con toda su persona y cuando se sienta, se sienta con toda su persona. No deja nada de sí mismo en otra parte. De esta forma es como conviene estar en el
Camino".
 

Aunque Allah le hubiera presentado Su Reino (mulk), no se habría cambiado nada; solamente decía: "Tú eres Todo, fuera de Tí todo es funesto para mí". Estaba confusa ante Allah. Al verla, podría decirse que era una retrasada; a lo que ella habría respondido: "El retrasado
es el que no conoce a su Señor". Era una misericordia para los mundos.
 

Una vez, durante la noche de la Fiesta(4) el muezzin Abu 'Amir la golpeó en la mezquita con su fusta. Ella le echó una mirada y abandonó los lugares enfadada. Al final de la noche, oyó a aquel muezzin llamar al salat.
 

Dijo entonces: "Señor, no me castigues por haberme enfadado contra un hombre que Te invoca por la noche mientras los demás duermen! La llamada de mi Bien Amado corre por su lengua. Allah mío (Allahumma), no le castigues por mi cólera hacia él!".
 

Al final de la mañana, después del salat de la Fiesta, los juristas de la ciudad se dirigieron al Sultán a fin de presentarle sus respetos. El muezzin, a quien le encantaban los honores mundanos, se unió a ellos. Al vele llegar, el Sultán preguntó quién era. Le dijeron que era el muezzin. "¿Quién le ha dado permiso para entrar con los juristas?", preguntó. Y a continuación ordenó que lo echaran. El Sultán tenía la intención de castigarlo, pero alguien fue a abogar por su causa y le dejaron marchar. Cuando le refirieron el incidente, Fatimah exclamó: "Lo sabía y si no hubiera pedido para él la indulgencia, le habrían ejecutado". Su influencia espiritual era muy grande. Después de aquello, murió. ¡Que Allah se apiade de ella(5).
 

Ad-Durrat al-fakhirah(6)
 

Unos jinns creyentes(7), buscando su compañía, se sentaban a sus costados, pero ella les pedía que se mantuvieran ocultos y les recordaba lo que el Enviado de Allah había dicho la noche en que se apoderó de un demonio: "Me acuerdo de las palabras de mi hermano Salomim(8)".
 

Trabajaba en la rueca y se le ocurrió la idea de ganarse la vida hilando, pero Allah atrofió su dedo cuando empezó a hilar. Yo me había percatado de ese dedo y hablamos de ello. Me informó de lo que había pasado y añadió que desde aquel día contaba con los restos que la gente dejaba ante sus casas. Entró en el Camino cuando todavía era una jovencita que vivía con su padre. Cuando la conocí, ya tenía noventa y seis años.

 

Se había casado con un hombre íntegro a quien Allah había afligido con la lepra. Ella le sirvió con alegría durante veinticuatro años, luego murió. Cuando tenía hambre y no encontraba ni restos ni limosnas en su camino, se sentía contenta y daba gracias a Allah por Su
favor puesto que El la sometía a las pruebas que inflige a los profetas y a los walí (íntimos de Allah). En ese momento decía: "Oh, Señor, ¿Cómo puedo merecer el alto rango de que Tú te comportes conmigo como lo haces con Tus predilectos?". Un día le construí una choza de palmeras para que pudiera realizar sus obras de adoración. Aquella misma noche, el aceite de su lámpara se acabó, cosa que no había sucedido ni una sola vez antes (nunca me explicó el motivo tampoco). Se levantó para abrir la puerta y me pidió que le trajera aceite y, en la oscuridad, su mano se metió en el agua contenida en algún recipiente que se encontraba cerca de ella; al hacerlo, se le escapó una invocación y se convirtió inmediatamente en aceite. Entonces tomó el depósito, lo llenó de aceite, encendió la lámpara y volvió a ver de dónde procedía el aceite. Cuando se percató de que no había ningún resto de aceite, comprendió que aquello había sido un don de Allah.
 

Estando con ella en una ocasión, vino a buscarla una mujer para quejarse de su marido, quien se había ido a Sidonia, a dos días de viaje de Sevilla(9). Nos informó de que quería buscar a otra esposa en aquella ciudad, cosa que consideraba demasiado duro de soportar. Le pregunté a Fatimah si había escuchado la queja de aquella mujer y le supliqué que le pidiera a Allah que le devolviera a su marido. Ella respondió: "No. haré súplicas, pero voy a actuar de forma que la Fatihah siga a ese hombre y lo traiga a casa". Entonces dije: En Nombre de Allah, el Todo Misericordioso, el Muy Misericordioso y ella recitó el resto de la surata(10). Luego añadió: "Oh, surata al-Fatihah, ve a reunirte con el marido de esta mujer a Sidonia de Jerez y, dondequiera que esté, hazle volver inmediatamente y no dejes que se demore". Pronunció estas palabras en la sobremesa.
 

Dos días más tarde, el marido llegaba a su casa. La mujer vino entonces a informarnos de su regreso y a danos las gracias. Le dije que trajera a su marido y, cuando se presentó, le preguntamos qué le había hecho volver de Jerez cuando contaba con casarse y establecerse
allí. Respondió que había salido a media tarde y que se había dirigido hacia el edificio municipal donde concluían los matrimonios. De pronto había sentido que su corazón se le oprimía mientras que todo se volvía sombrío a su alrededor. Muy inquieto, abandonó el lugar
inmediatamente y llegó al puerto, donde encontró un barco para Sevilla. Se embarcó al día siguiente y llegó a Sevilla por la mañana, habiendo dejado todos sus asuntos y su equipaje en Jerez. Admitió que todavía desconocía la razón de su conducta. La vi realizar numerosos prodigios.

 

 

(1).- Cf., Futuhatn, pág. 348.
(2).- Primera surata del Corán.
(3).- Los versículos del Corán, incluso cualquier vocablo coránico, tienen su propio poder que deriva de su origen divino. Eso explica el uso frecuente de algunos versículos como encantos o talismanes. Esta concepción del poder de los textos y de los sonidos sagrados corresponde a las enseñanzas hindúes sobre el mantra.

(4).- El texto no precisa si se trata de la Fiesta que sigue inmediatamente al Ramadan o de la Fiesta del Sacrificio.

(5).- Aquí es donde se acaba la parte biográfica de Ruh al-quds.
(6).- Esad Ef. 1777, f. 87 a.
(7).- Cf., supra, n. 73.
(8).- La alusión se refiere al hadith siguiente: "Un ifrit de los jinns se precipitó sobre mí la noche pasada e intento interrumpirme mi salat.
Allah lo puso en mi poder y quise atarlo a uno de los pilares de la mezquita para que al llegar la mañana todos pudiérais verlo. Pero me acordé de las palabras de mi hermano Salomón: "Señor, perdóname! Y dame un reino (mulk) como nadie pueda. tenerlo después que yo". (El Corán, XXXVIII, 35), y le eche; "Bukhari, k. Bad' al-khalq, b. 57. (Salomón tenía además un poder especial sobre el viento, los demonios y los jinns). Sobre el significado de este hadith, ver La Sagesse des Prophetes. op. cit., pág. 133-4.

(10).- En la región de Jerez (Sharish).

(11).- Al relatar esta historia en los Futuhah (II,pág. 348), Ibn `Arabi precisa en este lugar que "al recitar la Fatihah, ésta le daba  forma
corporal sutil".