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Abû Ishâq Ibrâhîm b. Ahmad b. Tarîf
al-'Abbâsî
Este hombre, procedente de Egipto, era el shaykh de Abû 'Abdallâh
al-Qurashî, ¡que Allah esté satisfecho con ellos!. Tenía un carácter muy bueno y
era dulce en sus relaciones con el prójimo. Sólo decía la verdad y no tenía nada
censurable a los ojos de Allah. Era persona de celo y de esfuerzo y le hubiera
gustado retirarse del mundo, pero estaba obligado a renunciar a ello debido a su
trabajo, que era vender cerámica. Se entregaba enormemente a las obras de
piedad; ávido de conocimientos, volvió a copiar numerosas obras dedicadas al
Camino.
He aquí las circunstancias de su muerte. Fue abordado en la
calle por un hombre que le dijo: "Acaba de pasar Fulano". Se trataba de un
hombre de la tierra a quien Allah había afligido con una enfermedad de garganta
que nosotros llamamos naghnaghah (bocio). El shaykh no lo conocía muy bien, pero
como su interlocutor insistía, le dijo: "¿Quieres decir el hombre del bocio?".
El otro respondió que era él precisamente. El shaykh contaba que en aquel
preciso momento, Allah (al-Haqq) le había llamado interiormente y le había
dicho: "Oh, Ibráhim, ¿No conoces a 'nuestros siervos más que por sus
aflicciones? ¿no tiene ese hombre un nombre? Te haremos morir del mismo mal". A
la mañana siguiente, la enfermedad se había apoderado de su garganta y murió
poco tiempo después.
Su hijo Muharnmad me refirió este relato cuando estábamos en
La Meca. Añadió que su padre también había dicho: "En veinte años no había
cometido una falta semejante".
Le había visitado dos veces y tenía mucho afecto por mí. La
primera vez me lo encontré en Ceuta con mi compañero al-Habashî, y otra vez en
su ciudad natal. Que Allah esté satisfecho con él!.
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