|
CÂLIH
AL-'ADAWÎ
Este
hombre era un cognoscente por Allah (‘ârif bi llâh), dedicándole a El todo
lo que hacía, y recitando el Corán en todos los momentos del día y de la
noche. Nunca tuvo casa propia y no se preocupaba en absoluto de su salud; era de
esos que pretenden alcanzar la estación de los setenta mil que entrarán en el
Paraíso sin sufrir la Rendición de Cuentas (al-hisâb).
No
hablaba con nadie y no asistía a ninguna reunión. A veces venían a decirle
que el sol se ocultaba en el cielo, mientras él estaba todavía en la primera
rakat del salat de la mañana.
Cuando se preparaba para el salat los días de frío intenso, se quitaba la
ropa, conservando solamente una camisa y los pantalones; y, a pesar de ello,
sudaba como si se encontrara en las termas. Al hacer sus ibadas (practica),
lanzaba gemidos y mascullaba de tal forma que nadie podía comprender lo que decía.
Nunca
dejaba nada para el día siguiente y no aceptaba nada que excediera lo justo y
necesario, tanto si era para él como para los demás. Pasaba la noche en la
mezquita de Abú ‘Amir ar-Rutundalî, el recitador del Corán.
Fui discípulo suyo durante varios años, en ellos me dirigió tan pocas veces
la palabra que casi podría contar sus palabras. Un año, desapareció de
Sevilla con motivo de la Fiesta del Sacrificio
Cierto jurista, hombre digno de fe, me indicó después que el shaykh había
estado presente en la concentración de ‘Arafât
y que lo había sabido por alguien que lo había visto allí.
Mantenía
una relación especial con nosotros y con frecuencia nos dirigía sus
meditaciones, de lo cual obtuvimos un gran beneficio espiritual. Por lo que a mí
respecta, me anunció muchas cosas que, más tarde, resultaron totalmente
justas.
Fue
Abû ‘Alî ash-Shakkâz
quien le cuidó durante su enfermedad. Posteriormente vivió cuarenta años en
Sevilla, donde murió. Nosotros mismos lavamos su cuerpo durante la noche y lo
llevamos a hombros hasta su tumba, donde le dejamos para que la gente rogara por
él y lo enterrara. Nunca jamás encontré a alguien parecido.
Su
condición (hâlah) era semejante a la de Uways al Qaranî.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Budhârî K. ar-Riqâq, b. 50.
Esta fiesta musulmana, que
conmemora el sacrificio de Abraham, se celebra el décimo día del mes de Dhû-l-Hijjah,
mes de la peregrinación. Se llama ‘Ayd al-Adhâ, la Fiesta del Sacrificio,
o ‘Ayd al-Kabîr, la Gran Fiesta.
Uno de los ritos de la peregrinación.
Evidentemente. Calih al-’Adawî no se había dirigido a La Meca de la
misma forma que los demás peregrinos... Ibn ‘Ajibah relata una anécdota
semejante: “Sîdî al-Husayn aI-Hajjûji formaba parte de las “gentes de
paso” (ahl al-khutwah). Todos los años estaba presente con los peregrinos
del Monte ‘Arafát, adonde se dirigía de una forma extraordinaria,
reduciendo las distancias” (J. L. Michon, L’Autobiographie... op. cit. pág.
34).
[8]
Uways al-Qaranî vivió en la época
del Profeta, peso nunca le vio. A pesar de ello, el Profeta le conocía y le
dió su descripción a ‘Umar y a ‘Alî y les suplicó que fueran a
transmitirle sus saludos (y a pedirle que intercediera por su comunidad; también
ordenó que le devolvieran su abrigo). Después de la muerte del Profeta, se
pusieron a buscarlo y le pidieron su bendición; él les aconsejó que
estuvieran preparados para el Día de la Resurrección. Murió combatiendo por
‘Alî en la batalla de Ciffm, en 37 H. (lo cual hace decir a Corbin, fiel a
su manía “asimiladora”, que fue un mártir del shiismo. Sobre este santo
totalmente excepcional, podemos remitimos al Mémorial des Saints de ‘Attâr
(1976, pág. 27-37) y será fácil comprobar una gran similitud de carácter
espiritual entre estos dos awliyâ’. La observación final de Ibn ‘Arabî
debe indicar también la pertenencia de Calih al-’Adawî al tipo espiritual
de los Ywaysîs; ver al respecto Jâmi, La Vie des Soufis, (1977, pág. 77-9)
y, con reservas, H. Corbin, L’Imagination créatice dans le Soufisme de Ibn
‘Arabí, 1958, pág. 27.
|