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«LA LUCIDEZ IMPLACABLE» RISALÂT AL-MALÂTIYYA |
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CAPITULO IV: De la sabiduría oculta en el anonimato a la sabiduría protegida por la mala reputación.
La frase de Kierkegaard, «la forma del servidor es el incógnito», conviene perfectamente al comportamiento de los matiimatiyya.. «Depositarios de los secretos divinos», se esforzaban en preservarlos de las miradas indiscretas. Para lograrlo, trataban de permanecer anónimos e ignorados, no distinguiéndose en nada de la multitud de los musulmanes, «caminando por los zocos y hablando con las gentes», respetando los usos de la vida en sociedad y las costumbres ordinarias. De esta manera, su grado de espiritualidad y su sabiduría pasaban totalmente inadvertidos. Habrían podido contentarse con no llamar la atención y limitarse a esta discreción y esta desaparición voluntaria. Pero fueron todavía más lejos, exponiéndose sistemáticamente a la reprobación de los oíros. Es éste el principio malhmatí del tdlbís, el disimulo de la condición espiritual bajo apariencias desagradables. Para ellos, el mejor medio de ocultar la vida interior era tener mala reputación, y en ello se afanaban animosamente. Esto explica que a partir de una cierta época los malámatiyya fueran injustamente confundidos con los qalandaríyya (los kalandar), místicos excéntricos, algunas de los cuales buscaban el éxtasis en el hachís. Suhrawardí (muerto en 1234/632) volverá a poner las cosas en su sitio y restablecerá la verdad en sus 'Awárif al-Ma'árif.
Capitulo V |