PUBLICACIONES

 

«LA LUCIDEZ IMPLACABLE» 

RISALÂT AL-MALÂTIYYA

 

  SULAMÎ - YIA.LM

    

CAPITULO II - La reprobación de sí y la negativa a toda complacencia

 La idea del «yo» que te somete y el estimulo a la lucha que es necesario librar contra él se remontan a los orígenes del Islam. Según una sentencia del Profeta, «tu peor enemigo es el alma que llevas entre tus flancos»; además, a la vuelta de una expedición contra los enemigos, él mismo había afirmado: «Henos aquí, de regreso, volve­mos de el pequeño Yihad  y vamos hacia el gran Yihad (esfuerzo, lucha) ». El alma (nafi) y sus vicios ('uyúb) son objeto entre los primeros buscadores, y luego entre los sufíes, de la mayor vigilancia. Uno de los más antiguos tratados de espiritualidad, La observancia de los derechos de Allah, escrito por Muhásibi (muerto en Bagdad en el año 857/243), contenía un extenso capítulo sobre el riyá', a la vez ostentación, hipocresía y consideración de la opinión del prójimo, que quitan a las obras todo valor. La virtud opuesta es ikhfa, la pureza total de la intención. Ya los sufíes habían subrayado este punto, y después lo hicieron los khorasanianos, de los que los malámatiyya son, en buen parte, herederos.

Pero éstos insistieron aún más, no en la consideración de la opinión de los otros, sino en la buena opinión respecto de uno mismo. Una de las palabras que se repiten con mayor frecuencia en los discursos de los hombres de la reprobación es la de «complacencia», ruyatal-nafi (sien­do ru'ya un término de la misma raíz que riya', y deri­vado de un verbo que significa «ver»). Habían abierto la vía a los mulámatiyya con su exal­tación de la virtud de la sinceridad (sidq), enérgica y heroica, capaz, como el imân (Facultad del corazón de intuir a Allah y abandonarse a Él), de realizar prodigios. Así como lo opuesto a la pureza de intención era la consideración de la opinión de los otros, así lo opuesto a la sinceridad era, para los malámatiyya, la mirada de satisfacción dirigida hacia uno mismo. Los «hombres de la reprobación» persiguieron con una lucidez despiadada e implacable las formas más diversas y sutiles de complacencia, particularmente en la realización de las prácticas de devoción o de los ejercicios de mor­tificación. Advirtieron a sus discípulos contra, el placer que pueden procurar las obras piadosas o los «actos de obediencia», y también de la importancia exagerada que podían atribuir a su realización. .Ésa es la reprobación constante del alma.

 

 CAPITULO III