ISLAM Y AL-ANDALUS

YIA.LM

  

 

PUBLICACIONES DE LA YAMA'A - Hª DE AL-ANDALUS

ELENA PEZZI

 

SOBRE LA PALABRA "MALECÓN" Y "CORACHA"

 

  
La primera definición del vocablo malecón se encuentra en Autoridades, que dice: Parapeto que se hace para defensa de las aguas. Pero Corominas indica que ha de ser bastante anterior a la edición de este diccionario, aunque no puede precisarse su antigüedad, dado el ejemplo de malecón citado en las Memorias para la Historia de la plaza de Mazagán, traducidas del portugués por un Franciscano, donde se emplea como equivalente de la palabra portuguesa courassa, 'espolón fortificado junto a una plaza fuerte, a lo largo del mar', sobre la cual hablaremos más adelante, y afirma Corominas que el autor portugués, Couto 

d' Albuquerque, publicó su libro en 1629, y la traducción castellana, según los indicios que tiene, parece poco posterior; cita también otros ejemplos, como el texto de Moratín, quien hablando del río Adige, escribe: es necesario contenerle con palizadas y malecones, o el de Jovellanos que lo aplica a un dique para desviar un río. En Santiago de Chile y en Mendoza el vocablo vivo equivalente es tajamar.

 

Es importante también, para el posterior estudio etimológico, el hecho de que esta palabra se emplee también, según la Enciclopedia Espasa, en la construcción de caminos, para designar a cada uno de los bloques de piedra o de otro material que se construyen a lo largo de una carretera, cuando ésta bordea un precipicio, para protección de los viandantes.

 

La Real Academia considera este vocablo de origen incierto, lo mismo que Corominas, aunque éste autor, rechazando su posible derivación de muelle, puesto que un malecón es algo diferente de un muelle, y ya que la -1- sencilla no podría ser voz propiamente castellana (ni catalana), sí le da, como posible, una procedencia mozárabe, emparentada con el sardo mara­goni fessura di roccia, 'peñasco', que también aparece en el Continente como maragone il precipizio, il dirupo, en la Campania junto a los Abruzos, o con algunos topónimos italianos, y que podría venir de un latín vulgar muricone, 'arrecife, escollera', derivado de murex, -icis, 'escollo agudo'. Sin embargo, afirma que, aprimera vista, la idea de que un nombre de una obra de ingeniería sea de origen prerromano no parece muy convincente.

 

Pensando en la posibilidad de una etimología de procedencia árabe, como ocurre con tantas palabras de origen incierto, creo que un étimo adecuado podría ser el participio malqüm, cuya fonética es absolutamente idónea, y que, literalmente, significa' cerrado, interrumpido'.

 

El verbo laqama tiene el sentido general de 'cerrar, interrumpir, intertar, tapar, taponar, obstruir, embotar', pero, además, Belot especifica cierto caso concreto, como es 'intercepter (un chemin)' y Kazimirski añade ­intercepter un passage (paso/travesía/tránsito), un canal (conducto/lecho­ de un río). Vemos, pues, que la función desarrollada es exactamente que realiza un malecón, el cual hemos visto que es una muralla o terraplen que se construye indistintamente en tierra, como es el que se hace al proteger los bordes de una carretera o para elevar el nivel de la vía ferrocarril, o junto a la orilla del mar o de un río, para contención de las aguas de una riada o defensa contra el oleaje, equivalente, por tanto, a dique o rompeolas.

 

La voz sarda maragone, como las otras variantes italianas, pueden haber derivado del mismo origen, habiendo sido diferente la evolución fonética, por rotación de lam y sonorización del qaf

 

En cuanto a la palabra coracha, que se ha dado como equivalente a malecón, no la he encontrado, hasta ahora, en ningún diccionario, salvo  en sentido de 'saco o bolsa de cuero'; sin embargo, este sustantivo tiende también otra acepción diferente, si tenemos en cuenta el hecho de que recibieran este nombre un tipo de fortificaciones construido en las ciudades musulmanas, que consistían en dos lienzos de muros que, arrancando de los extremos del frente de la cerca de la muralla más próximo al río o al mar, terminaban en sendas torres, de forma que protegían un espacio, entre las defensas principales y la orilla del río o del mar, tanto de los posibles embates de las aguas como del enemigo que intentase atacar la ciudad,­ pues de este modo no le quedaba espacio suficiente en la ribera para facilitar el desembarco de unas tropas atacantes. Según afirma Torres Bal, estos muros se llamaban en árabe hispánico qawraya, palabra que se encuentra en el siglo XIV en textos de Ibn al-Jaiib e Ibn Jatima, y que castellanizada en cauracha y coracha, y que, por extensión se llamó con el mismo nombre al espacio encerrado dentro de estos muros.

 

Indica Torres Balbás que las más viejas corachas de las que hay noticia pertenecen a la época almohade y que, hasta hace pocos años subsistió íntegra la de Badajoz, probablemente construida en el último cuarto del siglo XII, que estaba formada por dos muros, terminados en sendas torres, las cuales aislaban el terreno al occidente de la alcazaba, comprendido entre ésta y el Guadiana, al mismo tiempo que interceptaban el paso por esa parte y la orilla del río, y cita un texto de Solano de Figueroa, que escribía en el decenio 1660 a 1670, referido a una puerta de esta ciudad  que llaman la coraxa, sobre el río.

 

Cita después, como pocos años posterior, la coracha de Sevilla, que terminaba en la famosa Torre del Oro, levantada entre 1220-1221, y, en el otro extremo, el muro llegaba a la misma orilla del Guadalquivir, en la puerta del Bibragal, más otra llamada de la Almenilla, por lo que holgaba coracha en ese lugar; por la otra orilla de Triana había también "una fuerte Muralla argamassada, que hasta oy se parece en una calle del Argamasson". Recoge también Torres Balbás un documento, de 1503, que hace referencia a la concesión hecha por los Reyes Católicos, a petición del municipio sevillano, porque quando ay avenidas por cabsa de la coracha e lienço del muro que va desde la torre del Oro hasta la primera torre hazia el ataraçana faze algarada el rio e recude hazia la carretería y cesteria y los muros desa dicha cibdad de que les viene mucho daño, por lo que concedieron autori­zación para que se abrieran uno o más arcos por dicha coracha... sin da­ño e perjuicio de la dicha coracha. Indica también en una nota que desde la Torre del Oro hasta la muralla que cerca la puerta de las Atarazanas, va una coraza de muro por tres torres, que sirve de tránsito para la torre....

 Son muy numerosas las viejas corachas citadas por este autor, entre ellas las de Medellín (conraça y courçqa), Lérida (cuiraça, cuxrazam y cuyrçqa), Córdoba (la Calahorra, junto al puente), Toledo (en los derrumbaderos que hay entre la ciudad y el Tajo), Burgos, Estepa (Sevilla, donde se llamó barrio de la coracha), Trujillo (Cáceres, llamada, por error probablemente, cofacha), Salobreña (Granada), Gibraltar, Ceuta (porta da Courça), y otras muchas más en el norte de Africa y en Portugal (también couraca y coyraca, algunas de las cuales han permanecido en la toponimia local.

 

En la Alcazaba vieja de Granada, cerca de la iglesia de S. Juan de los Reyes, había después de la conquista de la ciudad un barrio llamado de la Cauracha; se ha supuesto, pues, que allí debió existir un muro como espolón que bajaba al barrio desde la alcazaba.

 

 Es curioso el texto referido al castillo de Ponferrada (León), que tenía hacia la mitad de su cortina de noroeste un postigo, y a su lado márcanse dos adherencias, que corresponderían a defensas exteriores para interceptar la ronda, entre el puente y las entradas del castillo, con su puerta y muro fortísimo que, bajando hasta el río en pendiente, remataba con una torre espolonada, ya dentro del cauce, a cuyo abrigo habrá otra puerta en lo hondo.

 

 En Málaga se denomina así, La Coracha, a un antiguo barrio de esta ciudad, situado al lado sur de la vieja alcazaba, colindante con ella, donde forma como un bastión frente al mar, al borde mismo de lo que hubo de ser el antiguo puerto árabe y a lo largo de su playa. Planos de hace más de un siglo señalan un muro que desde ese lugar bajaba a la orilla del mar.

 

Las obras posteriores para la construcción del actual puerto de Málaga, que convirtieron la antigua playa en la gran explanada donde se asienta hoy el parque, han alejado definitivamente del mar a esta antigua coracha. Con respecto a este puerto, la construcción del Muelle Viejo no comenzó hasta el siglo XVI, aunque pudo haber intentos olvidados, por parte de los moros, como indica Corominas, recogiendo las palabras de al-Himyari (1461, pero fundado en un original de h. 1300) que habla del antiguo puerto de Málaga edificado a lo largo de un muelle de mampostería construido por los Antiguos. El muelle penetra en las dos dársenas naturales del puerto de Málaga: él está construido en bloques de piedra semejantes a picos de montaña.

 

 Creo indudable que este nombre, coracha, es el correspondiente al portugués courassa, citado por Corominas, que significa 'espolón fortificado junto a una plaza fuerte, a lo largo del mar', dado como equivalen­te al castellano malecón en las Memorias para la Historia de la Plaza de Mazagán, citadas anteriormente.

 

 La forma qawraya, que cita Torres Balbás como la denominación his­pano-árabe de estas defensas construidas por primera vez por los almoha­des, mencionada en textos de Ibn al-Jatib y de Ibn Jatima, podría proce­der, tal vez, de alguna voz bereber. No he podido encontrar ninguna forma árabe, a partir de una raíz q-r-y o q-w-r-y, que pudiera servir de étimo para este vocablo.

 

 Pero, sin embargo, también es posible que pudiera ser una forma corrompida del árabe, procedente de la raíz q-r-s, pues el sonido del sin se presta mejor a los diferentes pasos al castellano y portugués como -ch-, ç, -x-, -z- o -ss-, que el sonido de yim. El étimo de este vocablo podría ser el árabe quraysa, diminutivo de qars, nombre de acción del verbo qarasa, que significa 'cortar, retranquear cortando, atrincherar, recoger y reu­nir las partes o las extremidades de una cosa al cuerpo de la cosa'. El adjetivo qaris significa 'fuerte, robusto', como consecuencia lógica de esta cohesión de las diversas partes de un todo en un núcleo único compacto, por lo que este nombre pudo estar referido a este tipo de fortificación.

 

 Este diminutivo designa también a una especie de tiburón llamado qars, qirs, y qurays 'bestia marina a la cual temen todas las bestias del mar', símbolo de fortaleza y robustez, y que es denominado, según Kazimirski, como squalus carcharius, cuyo nombre científico latino parece, pues, estar tomado también de la misma palabra árabe; en este caso, al parecer, por el sentido que tiene este verbo de 'cortar o sacar un bocado', co­mo la acción habitual de este gran depredador marino.

 

Pero es más probable que este diminutivo hubiera derivado fonéticamente a corecha o coricha, como evolución normal del diptongo -ay-. Por ello, opino que sería más probable, quizá, que su étimo fuese directa­mente el nombre qarwasa, de la misma raíz verbal, con fácil metátesis vulgar en qawrasa, forma muy próxima al portugués courassa, anteriormente citado; esta voz árabe significa, en Kazimirski, 'hacinamiento de cosas revueltas, amontonamiento o amasijo de cosas reunidas por todos lados'. Su semántica encaja correctamente con la obra de un malecón de protección, construído a base de amontonar piedras o cualquier otro material, hasta conseguir un muro o dique protector contínuo, a modo de escollera.

 

 Dozy traduce la forma II (qarrasa) aplicado como yama'a, por 'reunir' y su nombre de acción como 'recoger por aquí y por allá'; la forma III (qarasa) la traduce por 'interponerse' y la V (taqarrasa) por 'luchar'.

 

 Ya hemos indicado cómo en el siglo XVII se daban como equivalentes las palabras malecón y coracha; es curioso que en ambas raíces árabes, propuestas para los posibles étimos, figuren otras dos semánticas paralelas, pues la palabra luqma significa 'bocado' y el verbo qarasa vale tam­bién 'sacar un bocado'.

 

 Pero cabe también otra posibilidad etimológica y es que en árabe fuese, originalmente, una palabra compuesta, a partir del verbo qara, '(re) cor­tar en redondo, coger con ardid, excavar'. Dozy confronta su forma II con los verbos kawwara, 'excavar, profundizar' y yawwara, 'amontonar'. El sustantivo qawr, plural 'aqwar', significa, como kawr, 'cerco, recinto, aquello que forma un cercado alrededor de un espacio'; aquí cita unos textos donde se emplea este vocablo al hablar de las defensas de dos puertos, referente a Málaga, que dice: después que fueron duplicadas sus murallas y sus cercos [corachas?) (ba'da 'an du'ifat 'aswaruha wa­´aqwaruha), y otro, con respecto a la ciudad de Salé: una muralla insignificante y un cerco para la guarnición y la custodia pobre (surun haqirun wa-qawrun ilaa al-tanyidi wa-l-tasbili faqirun). También es equivalente la forma qawra', 'cerco, cercado, el espacio que está cerrado, rodeado' .

 

     La trascripción de la voz más antigua portuguesa courassa, lo mismo que la variante couraça, podría corresponder, fonéticamente, mejor que a qawaya, a una locución qawra' 'azza, es decir, 'cerco fuerte', como contraposición a otras defensas débiles, como la mencionada de Salé, qawr faqir 'cerco pobre'. El uso de diferentes adjetivos podría justificar la multiplicidad de variaciones fonéticas aplicados a este sustantivo, como podría ser qawr al-ya', 'cerco que guarda, que cubre', del cual podría ser una síntesis el árabe hispano qawraya, o qawra' 'ayam, 'cerco de baluartes, que derivarían hacia el castellano coracha.

 

 Sería preciso encontrar más textos árabes originales, en los que se mencionaran estos tipos diferentes de defensas protectoras frente al mar o a las aguas de los ríos. Quizá, por ser una palabra compuesta, no hayamos podido encontrarla en los diccionarios árabes.