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La aparición en castellano de la palabra "golfo",
en su segunda acepción, como denominativo de la vida picaresca, con el sentido
usual de 'granuja, sinvergüenza o de pocos escrúpulos', es muy tardía, ya que no
se documenta, según Corominas y PascualI, hasta el año 1888, en Madrid, y la
Real Academia Española no la acepta hasta 1914, definiéndolo como "pilluelo,
vagabundo". Sin embargo, es voz ampliamente documentada en la literatura
contemporánea:
"Al otro lado de la tapia, entre los restos del crepúsculo, unos golfos...
acechaban los pichones moribundos" (A. de Foxá).
"A mí me entusiasmaba el tío Sebastián, aunque hablasen mal de él y de lo golfo
y lo conquistador que había sido" (R. Sánchez Mazas).
En el diccionario de María Moliner es donde puede hallarse una mayor
especificación de su semántica, pues en él se dice: " Pilluelo. Muchacho o niño
vagabundo, desharrapado, descarado y granuja; se emplea como apóstrofe; en
femenino no es usual más que en diminutivo, a causa de la acepción siguiente. 5/
Se aplica también, con significado más grave, a hombres, particularmente
jóvenes, con el significado de vagabundo, vicioso o de mal vivir; ya las mujeres
con el significado de prostituta".
En este mismo diccionario, en el apartado que se dedica a la palabra "granuja"
(colectivo), en su acepción, se incluye una relación de sinónimos, entre los que
merecen destacarse para nuestro estudio, entre otros, los siguientes, todos
ellos procedentes probablemente de un étimo árabe: "alfarnate" (ant.) [de al-jarnaq,
'el gazapo'], "arlote" [de ar-rawt, 'el estiércol, el desecho'], "bellaco" [de
ballaq, 'violador'], "charrán" [de sarrán, 'malvado'], "golfo", "pícaro" [de
bikr, 'mozo'], "rufián" [de ru'yan, 'guar¬dián'], "truchimán" [de turyuman,
'intérprete; astuto, sagaz'], "truhán" [quizás de turhan, 'miserable'] y "hampa"
[de 'anba, 'beber vino'] .
La Real Academia considera su posible derivación de la palabra "golfín", cuyo
sentido es el de 'ladrón que generalmente iba con otros en cuadrilla' y que
Cejador define como 'facineroso, salteador, golfo y juerguista' .
Corominas y Pascual también apoyan esta procedencia de "golfín", como
'salteador, facineroso, bribón', comparando, curiosamente, esta derivación
regresiva con la de otras voces jergales, entre las que menciona "rufo" (por
"rufián"), "garabo" (por "garabato"), "fazo" (por "fazoleto") y "coime" (por
"coimero") . Relacionan también su semántica con una aplicación figurada de la
palabra "delfín". Sin embargo, es digno de destacar el hecho del amplio espacio
de tiempo transcurrido desde la última aparición textual de "golfín", en el
siglo XV, y cuya primera documentación databa de h. 1290 en la Crónica catalana
de Desclot, pero con referencia a Castilla, y más precisamente a Sierra Morena;
aquellos hombres, a los que se les llamaba "golfines" eran, según la citada
Crónica, castellanos y gentes de la España superior, que no tenían rentas y
huían de las tierras, en partidas, con sus armas, y así, como hombres que no
sabían hacer otra cosa, se venían a la frontera, especialmente entre el camino
de Castilla a Córdoba y a Sevilla, donde aquellas gentes asaltaban a cristianos
y sarracenos, escondiéndose entre los boscajes en los que vivían; la Crónica
afirma que eran mucha gente y buenos en armas, tantos que el rey de Castilla no
podía acabar con ellos.
El texto de la Crónica Catalana dice:
"Aquelles gents que hom apella Golfins son Castellans e Salagons, e gents de
profunda Spanya, e son la major partida. E perço com no han rendes...fugen de
llur terra ab llurs armes. E axí com a homens que no saben alre fer, venense' n
en la frontera... e aquens passa lo camí de Castella a Cordova e a Sivília, e
axí aquelles gents prenen crestians e Serrayns; e estanse en aquells boscatges;
e aqui viven; e son molt grans gents e bones d' armes, tant quel rey de Castella
no' n pot venir a fi" (148).
Se justificaría este hecho del largo espacio de tiempo transcurrido entre la
aparición de cada uno de los vocablos, por la posibilidad de que "golfín" se
habría conservado localmente en el habla popular, como tantos arcaísmos, y que
de ahí derivase realmente el "golfo" madrileño, como propuso Menéndez Pidal.
Creo, sin embargo, que ambas palabras, aunque proceden, a mi entender, de un
mismo étimo árabe, tuvieron una entrada cronológicamente diferente: "golfín"
dejó de tener vigencia al acabar la Edad Media; "golfo" debió de introducirse a
través de la lengua de "algarabía" de los moriscos y conservarse como término
jergal en el pueblo, por influencia de la vida picaresca, tan desarrollada en
Madrid a partir, sobre todo, del siglo XVII.
La palabra "golfín", bajo esta acepción, no figura en el Diccionario de
Autoridades, ni en Covarrubias, ni en otros diccionarios más modernos, como el
de Marty Caballero. Pero hay otra variante interesante, recogida por
Autoridades, como "golhin", de la que dice: "Lo mismo que Charlatán o hablador,
según Argote de Molina. Es voz anticuada".
En El Conde Lucanor, en el capítulo VIII, "De lo que contesció a un rey con un
golfín que dizia que sabia fazer alquimia", también se dice:
"Un hombre era muy gran golfín, y había muy gran saber
de se enri¬quecer y salir de aquella mala vida en que estaba..."
"... y aquel golfín tomó cien doblas y limólas, y de
aquellas limaduras fizo, con otras cosas que puso en ellas, cien pellas... Y
vendiólas a un especiero, y el especiero preguntó que para qué eran aquellas
pellas. El golfín dijo que para muchas cosas... Y el especiero preguntó que cómo
habían nombre aquellas pellas, y el golfín díjole que tabardit. Y aquel golfín
moró un tiempo en aquella villa en manera de un hombre muy sosegado".
Acerca de este texto, comentan Corominas y Pascual que el denominativo de
"golfín" parece estar referido, en este caso, a la vida previa del personaje, ya
que la estafa cometida intenta ser justificada como medio necesario para salir
"de aquella mala vida en que estaba".
En Marty Caballero figura "golhín", con la normal mutación castellana de la f
por h, con la única acepción de 'charlatán'.
Corominas y Pascual también destacan la aparición de la forma arabizada "algolhin",
con la integración del artículo árabe, en las Leyes de Mo¬ros castellanas del
siglo XV:
"De los que roban en la villa e fuera de la villa... sy algun ome saliere al
camino a matar a los omes, sy [le) matare algun omen, muera axahud ['muera
mártir, muera en la demanda'); et si matare el algolhin [= 'al-golfin'], muera
como malo, et el que lo matare non aya pena nin pecado por su muerte".
También citan la aparición de esta forma por tres veces en J. Ruiz, en cuyos
textos se evidencia su sentido como' salteador'; en el tercero se llama "golhines"
a los judíos que prendieron a Jesucristo guiados por Judas, de donde puede
inferirse, según su comentario, que "el vocablo iba debilitando su sentido hasta
convertirse en término vagamente denigrante".
Se ha considerado la posibilidad de que esta palabra se hubiese derivado del
apellido Golfín, de una noble familia extremeña que, durante los siglos XII y
XIII, vivía por tierras toledanas, luchando tanto contra los señores como contra
los reyes de Castilla y los musulmanes. El rey Alfonso X, para conseguir que se
afincaran, les concedió propiedades en Cáceres, mientras otra rama se estableció
en Badajoz. La Enciclopedia Monitor añade: "A causa de los desmanes cometidos
por los Golfines en sus correrías, se dio este nombre a los bandoleros
vulgares". Pero es más verosímil que el sentido de la derivación fuese el
inverso, y el apellido les viniese como un apodo conseguido por sus fechorías de
rapiñas a moros y cristianos, probablemente impuesto por los primeros, en su
propia lengua.
Otra variante de este vocablo podría ser la palabra "golfante", 'golfo, hombre
vicioso, persona de pocos escrúpulos' o, simplemente' holgazán', como se emplea
en la siguiente cita:
"Este "limpia" es un golfante que luego se pasa el día durmiendo cuando no está
borracho" (L. Romero).
También "golfo" podría estar emparentado con otra forma, "gofo", de la que
Covarrubias dice: "Vale tanto como grossero, villano en el talle y trage, en las
razones y conversación..."; piensa en un posible origen del toscano "genfio",
pero luego añade: "Pero a mi parecer mucho más usado es en la lengua castellana.
Gofería, grosería, es nombre bárbaro".
Esta misma forma "gofo" es recogida por Autoridades como: "Necio, ignorante y
grosero"; cita un texto de Góngora:
"Las puertas le cerró de la Latina,
quien duerme en Español y sueña en Griego,
pedante Gafo, que de passion ciego,
la suya reza, y calla la divina" .
(Son. burlo I)
Marty Caballero añade a la definición de Autoridades para "gafo" la de: "Enano,
raquítico, en pintura".
Corominas y Pascual consideran que "gofo" fue tomado del italiano "góffo",
'grosero, torpe", de origen incierto, de improbable etimología germánica o
griega, como se ha propuesto, y dan su primera documentación en el año 1517
(Torres Naharro).
Por último, aún cabría relacionar con una etimología común el calificativo
castellano de "gallofo", que aparece documentado en castellano h. 1.400, en el
Glosario de Toledo, con la traducción latina de "(h)istrio" ('desarrapado'), y
en Cataluña, como "gallofo", "gallof' y "gallófol", desde el siglo XV, y que,
según Covarrubias, es "el pobretón que sin tener enfermedad se anda holgazán y
ocioso, acudiendo a las horas de comer a las porterías de los conventos, adonde
ordinariamente se hace caridad..."; igualmente aparece un derivado "gallofero".
En El Lazarillo de Tormes se dice:
"Tú bellaco y gallofero eres; busca, busca un amo a quien sirvas".
Estudio etimológico:
Creo, sin embargo, como muy probable, que todos estos vocablos proceden del
árabe, aunque la distancia en el tiempo que medió entre la incorporación a las
lenguas romances de cada uno de ellos, produjo una adecuación fonética
diferente, conforme a cada época y a cada región, y que su étimo se encuentra
dentro de la misma raíz árabe g-l-f.
El verbo galafa significa, básicamente, 'ocultar, guardar, esconder, y bajo la
vocalización galifa, forma probablemente regresiva de gulfa. ('prepucio', igual
que qulfa), adquiere el sentido de 'no haber sido circuncidado', 'ser un kafir'
('un incrédulo, un infiel '), voz que pasó al castellano como "cafre", con el
sentido de 'salvaje, bárbaro y cruel en el más alto grado' y también' zafio y
rústico'.
Pienso que el étimo buscado para "golfo" se encuentra en el nombre galf, que
Pedro de Alcalá toma del árabe granadino, traduciéndolo como: "boto de ingenio"
(escribe su plural golofét por gulufat), "çafio en lengua" (plurales gilif, por
gilaj, y gulüf) y "grossedad necedad", aplicando, pues, tanto a un adjetivo como
a un sustantivo. Dozy interpreta esta última acepción como "pesanteur d'esprit,
stupidité", la cual, como sustantivo, parece corresponderse mejor con el clásico
gulüfa, traducida en el Vocabulista por "ruditas", 'rudeza'.
La evolución fonética corresponde a un uso normal, ya que, como indica Amald
Steiger, los sonidos velarizados o enfáticos (entre los cuales puede incluirse
la l) ocasionan con mucha frecuencia una velarización de la vocal larga o breve
de la misma sílaba, así, en estos casos, la vocal a se hace o. De esta forma, la
voz galf se convierte en golf.
En los diccionarios de árabe clásico se hace más hincapié en la expresión
correspondiente al adjetivo calificativo de deformidad. Bajo el apartado de 'aglaf
(fem. galfa' y pl. gulf) se encuentra un doble sentido, utilizándose,
indistintamente, con el valor de 'envuelto, cubierto, endurecido, insensible' y
también con el de 'incircunciso', voces ambas que podrían aplicarse con un
sentido absolutamente peyorativo para los delincuentes desalmados, pues, entre
los musulmanes, se aplicaría el calificativo de "incircunciso" como apelativo
despectivo para los cristianos. El Vocabulista lo traduce por "rudis", 'rudo,
informe, bruto, inculto, inexperto, ignorante' , y lo da como sinónimo de yilf,
que significa' grosero, basto, mal educado, necio'.
Kazimirski dice que la locución qalbun 'aglafu se emplea, metafóricamente, en el
sentido de 'corazón incircunciso, corazón endurecido, o espíritu rudo y grosero,
desatento, incapaz de comprender lo que es bueno o saludable, útil o provechoso,
o de aprovechar las enseñanzas o las amonestaciones y advertencias'; es decir,
lo mismo que en español cuando decimos de alguien que es un "golfo", o de un
hijo que se hace un "golfo", porque no hace caso de los consejos o de los
castigos de los padres. Se indica como usual para esta locución el empleo de su
forma plural qulübun gulf'un, de donde, de forma abreviada, podría calificarse
como gulf'un al conjunto de esta gente incivil, a manera de un colectivo de
"golfos".
También cita Kazimirski la locución 'ays 'aglaf, con el significado de 'vida
llevada en el seno de la comodidad, que hace que el hombre no esté expuesto a la
escasez o a la miseria'. Esta semántica, al parecer tan contrapuesta, puede
llevarnos a la misma situación anterior, si tenemos en cuenta que la vida ociosa
de la persona mimada por la fortuna, que no precisa de su trabajo para subsistir
y que se dedica a la vida regalada, conduce muchas veces al abandono de las
buenas costumbres.
En cuanto a la variante "golfín" (o "golhín") es posible que se derivase de un
determinativo galfiy o gulufiy, a partir de los sustantivos galf o gulufa,
'grosería, rudeza, estupidez', o bien de la forma gulfa, con el valor de
'incircunciso', con la correspondiente alternancia vocálica y habiéndose añadido
una habitual consonante final epentética. También cabría la posibilidad de
encontrar su origen en la forma determinativa de la masculinidad, gulfan, que
justificaría igualmente la otra variante "golfante", ya que la adición de la
terminación an es un antiguo índice del masculino.
Con referencia a la variante mencionada como "gofo", es posible que hubiera
pasado al castellano a través del italiano "goffo", como sugiere Corominas, pero
que éste, a su vez, fuera una deformación de "golfo", por asimilación de -lf- en
-ff-, y fuese reimportada con esta nueva fonética.
Por último, la forma "gallofo", como "gallofero", pudo tomarse de la misma raíz
árabe, de su nombre de oficio o intensidad, gallaf.
Epílogo:
Una vez que hemos apoyado todas estas etimologías a partir del verbo árabe
galafa, el cual hemos visto que significa 'ocultar, esconder, guardar',
podríamos pensar que esta semántica está implícita en el significado propio de
cada una de las consonantes que componen su raíz, GL-F, las cuales, con arreglo
a las propuestas que ya hemos hecho en anteriores ocasiones, analizando el
posible origen del lenguaje, tendrían una equivalencia a "dentro -fluir- vida".
Podría, pues, ser también el origen común de otras voces indoeuropeas en las
cuales figuran igualmente estas mismas consonantes o sus equivalentes fonéticas.
Así, nuestra palabra "golfo", como 'ensenada', cuya primera documentación se da
en 1492, y que aparece en Nebrija (1495?) como "golfo de mar: sinus", se
considera derivada del latín COLPHUS ('ensenada grande') y éste a su vez del
griego kólpos ('seno; entrañas; interior; golfo, bahía; cavidad'). Pues bien,
estas acepciones podrían estar incluidas en un sentido intrínseco común de
'lugar de refugio, de guarida', y, referidas al mundo de la navegación,
concretamente, el punto donde guarecerse, cuando la mar se encrespa, para poder
conservar la vida. No creo que estas coincidencias sean meras casualidades.
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