Salam aleikum…
Hace tan solo unos meses, el
jefe de tráfico de la empresa donde trabajo, vino a mi
despacho para presentarme a un conductor que empezaba a
trabajar en la compañía. Al verlo no dude ni un instante y
le dije “Salam aleikum (La paz este con vosotros)”, “Aleikum
salam” fue su respuesta. El jefe de tráfico se quedo
atónito, con mi saludo y la respuesta del chofer, sin mediar
tiempo a su extrañeza, continué preguntando: ¿Y tu
familia, están bien?; ¿Tu salud?; ¿Tu trabajo?;
¿Va todo bien en tu poblado?, él –africano, negro,
mandinga y musulmán- iba respondiendo en catalán
a mi saludo. Extrañado por un tratamiento tan suyo, (pues
esta formalidad solo la utilizan entre ellos, los negros
africanos), le aclare sus dudas y le di la bienvenida a la
empresa, acto seguido los dos continuaron con las
presentaciones.
En cuanto pudo, Mohamed LAMIN,
el nuevo conductor mandinga buscó un hueco para hablar
conmigo de, nuestra África, de Gambia su país, de su etnia,
de su lengua el mandinge, malinké en Malí, y de tantas y
tantas cosas más…
Lamín quedo perplejo, al explicarle que se habían encontrado
unos documentos, que atestiguaban la presencia en el siglo
XVI de mandingas (paisanos suyos) en nuestro pueblo,
Cocentaina (Alicante)
.
Desde entonces cuando LAMIN
pregunta por mí en el trabajo, dice: ¿Y mi papá?
Cuando me encuentra por el garaje o bien ve que estoy solo
en mi despacho, entra para saludarme y hablarme de los
suyos. Todo ello al principio causaba asombro al resto de la
plantilla, que le preguntaban a Lamin ¿Os conocíais de
antes? Al responder que no, insistían, si no os
conocíais ¿Porque le llamas papá?

La palabra –papá-
en África, es todo un signo de respeto hacia una persona
mayor a la que se tiene que oír, venerar y cuidar; sus
consejos son órdenes, ya que en sus años se suelen acumular,
la sabiduría, la experiencia y el coraje. El papá suele
estar arropado y querido por los suyos, a los que les cuenta
una y mil historias.
Así que me halaga que Lamín
me llame papá. Es más me hace evocar mis días vividos en
África.
Los “kekenos”, -taxistas en
moto- acuden a la llegada de los autocares, para recoger a
sus clientes.
Recuerdo con añoranza los paseos nocturnos, que Rosa, mi
esposa y yo dábamos después de cenar; raro era el guardián
o kekeno
que no nos saludaba, si iba solo preguntaban: papá ¿y
mamá? Los vigilantes estaban al corriente de cuando
viajábamos a Europa. De regreso en Cotonou, en nuestro
primer recorrido además de la buenas noches, nos repetían
varias veces “Bienvenidos, bienvenidos…”. Esta
situación me traía a la memoria vivencias de mi niñez,
cuando en nuestro pueblo, las puertas de las casas estaban
abiertas, nuestros conciudadanos salían a la calle y se
sentaban en la acera y al pasar dabas las buenas noches a
todos. En el pueblo para nosotros -los niños-, todas las
personas mayores eran el tío…, la tía… Lo mismo ocurre en
aquella parte de África, también se utiliza la palabra
cariñosa –tantí- que significa –tía-. “Tantí Rosa, tantí
Rosa”, así saludaban a Rosa los niños y niñas del Centro
de Acogida –Guadalupe- que
la O.N.G. española Mensajeros de la Paz tiene
en Cotonou, en él se acoge a los niños huérfanos y a los
hijos de refugiados. Rosa por las tardes acudía al centro
para estar con los niños, les enseñaba a jugar, a compartir
y cantaba con ellos nuestras canciones infantiles…Los niños
buscaban que la tantí les tomase en brazos; tocar su piel
blanca y sus rubios cabellos era toda una delicia para
ellos, pero lo que más agradecían era sentirse mimados.
Hace tan solo quince días que un africano me
dijo papá. Fue mientras paseábamos dos matrimonios por el
centro de Barcelona, Rosa y su amiga, se pararon a ver lo
que vendía un negro. Aprovechando la ocasión entablé
conversación con él y le pregunté por su tribu, su pueblo,
su lengua... así supe que era de la etnia Wolof y que
procedía de Senegal. Después de despedirme y alejarme unos
metros de su parada, vino corriendo y me dijo “papá, ¿de
que tribu eres?”, no titubee en responderle:
soy socarrat de Cocentaina.
Días más tarde, el día de
Reyes del 2007, Rosa y yo asistimos al bautizo del hijo de
Lamín, los padres, el mandinga y ella catalana escogieron el
nombre de AYMAN, que significa Afortunado, para el recién
nacido. No fue un bautismo cristiano, no sé si fue musulmán,
lo que si que esta claro es que fue una ceremonia mandinga,
donde el pequeño fue presentado a un grupo de familiares y
amigos, todos ellos mandingas que viven en Catalunya.
Cuando llegamos a Lliça
d’Amunt, al chalet propiedad del suegro de Lamín, este nos
presentó en lengua malinké, como “papá y mama”, explicó al
grupo de mandingas africanos nuestra vinculación y nuestra
vivencia en África. Cortésmente nos dieron la bienvenida y
nos invitaron a los dos a sentarnos en el círculo, que ellos
habían formado en la planta baja de la casa, algunos iban
ataviados con sus llamativos trajes africanos. Rosa fue la
excepción, en este caso, pues todas las mujeres estaban en
otros aposentos de la casa, ajenas a lo que allí se estaba
realizando. La ceremonia consistía en que los hombres
tomaban el bebe en sus brazos, mientras recitaban unas
rogativas sobre el niño “que este mandinga crezca sano y
fuerte...”; “que estudie y sea un hombre influyente...”;
“que no olvide a los suyos, con los que tiene que ser
benevolente...” así, iba pasando el niño entre los
hombres, cuando formulaban cada una de las peticiones, el
resto del grupo respetuosamente respondían “Amén”.
Para terminar la ceremonia con las manos abiertas, recitaron
un versículo del Corán, en lengua malinké, nosotros para
acompañarles también con las manos abiertas rezamos un
Padrenuestro.
Terminada la presentación
“entre los hombres”, del nuevo miembro de la tribu mandinga,
y mientras charlábamos con ellos, empezaron a acudir las
mujeres, para preparar la mesa y presentar la comida que
habían cocinado para esta celebración especial.
Nuevamente nos llamó la
atención de que en la mesa se sentaron solo los hombres,
cada dos compartían un plato de “cordero guisado, con
ensalada”, Rosa y yo compartimos el nuestro. Terminado el
ágape, tomamos nuestro vaso de té con una hoja de menta,
mientras conversábamos con el grupo. Finalizada la tertulia
pasamos al ritual de la despedida. Antes de marcharnos, les
entregamos al padre y a la madre del niño, nuestro regalo en
un sobre, Lamín dijo, “es para el niño, con esto le
compraremos una vaca o un caballo”, pienso que nuestro
regalo no daba para tanto o
bien Lamín estaba pensando en su África, en su lejano
poblado, olvidando por un momento que tenia los pies
calzados
y estaba en Catalunya.

Tras mi vivencia en África,
no me atrevo a juzgar muchos ¿porqués?, ¿Porqué, no
participan las mujeres en estos actos tribales? ¿Porqué,
Lamín piensa comprarle una vaca o un caballo al niño?,
¿Porqué…?. Creo que esta claro, que todos –blancos y negros-
queremos conservar nuestras lenguas, costumbres y
tradiciones, no queremos –ni debemos- renegar de nuestra
tierra, ni de nuestros antepasados.
Si todos estamos de acuerdo
en que no aceptamos imposiciones de dictadores de derechas,
ni de izquierdas, en lo que respecta a la lengua, costumbres
y tradiciones de un pueblo. Respetemos pues las costumbres
de otros pueblos, siempre que no estén reñidas con las
reglas de convivencia que todo extranjero debe respetar en
el lugar en que se encuentre, sea en Europa o en África.
Ni lo de unos es lo mejor, ni
lo de los otros es lo peor, son culturas y creencias
diferentes, como también lo son las prioridades y
necesidades de cada pueblo, incluso de cada tribu o familia.
¡Ojalá¡ “In sha’a Allah”, (Si Dios quiere) llegue el
día en que exista la tolerancia y el respeto entre todos los
hombres.
 
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