ANDALUCES EN LA CURVA DEL RIO NÍGER

YIA.LM

 

 

 

SALAM ALEIKUM

 

robertollorensreig@yahoo.es  SHAPE  \* MERGEFORMAT


 

Salam aleikum…                              

 

Hace tan solo unos meses, el jefe de tráfico de la empresa donde trabajo, vino a mi despacho para presentarme a un conductor que empezaba a trabajar en la compañía. Al verlo no dude ni un instante y le dije “Salam aleikum (La paz este con vosotros)”, “Aleikum salam” fue su respuesta. El jefe de tráfico se quedo atónito, con mi saludo y la respuesta del chofer, sin mediar tiempo a su extrañeza, continué preguntando: ¿Y tu familia, están bien?; ¿Tu salud?; ¿Tu trabajo?; ¿Va todo bien en tu poblado?, él –africano, negro, mandinga y musulmán- iba respondiendo en catalán a mi saludo. Extrañado por un tratamiento tan suyo, (pues esta formalidad solo la utilizan entre ellos, los negros africanos), le aclare sus dudas y le di la bienvenida a la empresa, acto seguido los dos continuaron con las presentaciones.

 

En cuanto pudo, Mohamed LAMIN, el nuevo conductor mandinga buscó un hueco para hablar conmigo de, nuestra África, de Gambia su país, de su etnia, de su lengua el mandinge, malinké en Malí, y de tantas y tantas cosas más…

Lamín quedo perplejo, al explicarle que se habían encontrado unos documentos, que atestiguaban la presencia en el siglo XVI de mandingas (paisanos suyos) en nuestro pueblo, Cocentaina (Alicante) [1].

 

Desde entonces cuando LAMIN pregunta por mí en el trabajo, dice: ¿Y mi papá? Cuando me encuentra por el garaje o bien ve que estoy solo en mi despacho, entra para saludarme y hablarme de los suyos. Todo ello al principio causaba asombro al resto de la plantilla, que le preguntaban a Lamin ¿Os conocíais de antes? Al responder que no, insistían, si no os conocíais ¿Porque le llamas papá?

 

 

 

  La palabra –papá- en África, es todo un signo de respeto hacia una persona mayor a la que se tiene que oír, venerar y cuidar; sus consejos son órdenes, ya que en sus años se suelen acumular, la sabiduría, la experiencia y el coraje. El papá suele estar arropado y querido por los suyos, a los que les cuenta una y mil historias.

Así que me halaga que Lamín me llame papá. Es más me hace evocar mis días vividos en África.

 

      

                  Los “kekenos”, -taxistas en moto- acuden a la  llegada de los autocares, para recoger a sus clientes.

 

Recuerdo con añoranza los paseos nocturnos, que Rosa, mi esposa y yo dábamos después de cenar; raro era el guardián[2] o kekeno[3] que no nos saludaba, si iba solo preguntaban: papá ¿y mamá? Los vigilantes estaban al corriente de cuando viajábamos a Europa. De regreso en Cotonou, en nuestro primer recorrido además de la buenas noches, nos repetían varias veces “Bienvenidos, bienvenidos…”. Esta situación me traía a la memoria vivencias de mi niñez, cuando en nuestro pueblo, las puertas de las casas estaban abiertas, nuestros conciudadanos salían a la calle y se sentaban en la acera y al pasar dabas las buenas noches a todos. En el pueblo para nosotros -los niños-, todas las personas mayores eran el tío…, la tía…  Lo mismo ocurre en aquella parte de África, también se utiliza la palabra cariñosa –tantí- que significa –tía-. “Tantí Rosa, tantí Rosa”, así saludaban a Rosa los niños y niñas del Centro de Acogida –Guadalupe- que la O.N.G. española Mensajeros de la Paz tiene en Cotonou, en él se acoge a los niños huérfanos y a los hijos de refugiados. Rosa por las tardes acudía al centro para estar con los niños, les enseñaba a jugar, a compartir y cantaba con ellos nuestras canciones infantiles…Los niños buscaban que la tantí les tomase en brazos; tocar su piel blanca y sus rubios cabellos era toda una delicia para ellos, pero lo que más agradecían era sentirse mimados.

 

Hace tan solo quince días que un africano me dijo papá. Fue mientras paseábamos dos matrimonios por el centro de Barcelona, Rosa y su amiga, se pararon a ver lo que vendía un negro. Aprovechando la ocasión entablé conversación con él y le pregunté por su tribu, su pueblo, su lengua... así supe que era de la etnia Wolof y que procedía de Senegal. Después de despedirme y alejarme unos metros de su parada, vino corriendo y me dijo “papá, ¿de que tribu eres?”, no titubee en responderle: soy socarrat de Cocentaina.

 

Días más tarde, el día de Reyes del 2007, Rosa y yo asistimos al bautizo del hijo de Lamín, los padres, el mandinga y ella catalana escogieron el nombre de AYMAN, que significa Afortunado, para el recién nacido. No fue un bautismo cristiano, no sé si fue musulmán, lo que si que esta claro es que fue una ceremonia mandinga, donde el pequeño fue presentado a un grupo de familiares y amigos, todos ellos mandingas que viven en Catalunya.

 

Cuando llegamos a Lliça d’Amunt, al chalet propiedad del suegro de Lamín, este nos presentó en lengua malinké, como “papá y mama”, explicó al grupo de mandingas africanos nuestra vinculación y nuestra vivencia en África. Cortésmente nos dieron la bienvenida y nos invitaron a los dos a sentarnos en el círculo, que ellos habían formado en la planta baja de la casa, algunos iban ataviados con sus llamativos trajes africanos. Rosa fue la excepción, en este caso, pues todas las mujeres estaban en otros aposentos de la casa, ajenas a lo que allí se estaba realizando. La ceremonia consistía en que los hombres tomaban el bebe en sus brazos, mientras recitaban unas rogativas sobre el niño “que este mandinga crezca sano y fuerte...”; “que estudie y sea un hombre influyente...”; “que no olvide a los suyos, con los que tiene que ser benevolente...”  así, iba pasando el niño entre los hombres, cuando formulaban cada una de las peticiones, el resto del grupo respetuosamente respondían “Amén”. Para terminar la ceremonia con las manos abiertas, recitaron un versículo del Corán, en lengua malinké, nosotros para acompañarles también con las manos abiertas rezamos un Padrenuestro.

 

Terminada la presentación “entre los hombres”, del nuevo miembro de la tribu mandinga, y mientras charlábamos con ellos, empezaron a acudir las mujeres, para preparar la mesa y presentar  la comida que habían cocinado para esta celebración especial.

Nuevamente nos llamó la atención de que en la mesa se sentaron solo los hombres, cada dos compartían un plato de “cordero guisado, con ensalada”, Rosa y yo compartimos el nuestro. Terminado el ágape, tomamos nuestro vaso de té con una hoja de menta, mientras conversábamos con el grupo. Finalizada la tertulia pasamos al ritual de la despedida. Antes de marcharnos, les entregamos al padre y a la madre del niño, nuestro regalo en un sobre, Lamín dijo, “es para el niño, con esto le compraremos una vaca o un caballo”, pienso  que  nuestro  regalo  no  daba  para tanto o bien Lamín estaba pensando en su África, en su lejano poblado, olvidando por un momento que tenia los pies calzados[4] y estaba en Catalunya.

 

 

 

 

 Tras mi vivencia en África, no me atrevo a juzgar muchos ¿porqués?, ¿Porqué, no participan las mujeres en estos actos tribales? ¿Porqué, Lamín piensa comprarle una vaca o un caballo al niño?, ¿Porqué…?. Creo que esta claro, que todos –blancos y negros- queremos conservar nuestras lenguas, costumbres y tradiciones, no queremos –ni debemos- renegar de nuestra tierra, ni de nuestros antepasados.

 

Si todos estamos de acuerdo en que no aceptamos imposiciones de dictadores de derechas, ni de izquierdas, en lo que respecta a la lengua, costumbres y tradiciones de un pueblo. Respetemos pues las costumbres de otros pueblos, siempre que no estén reñidas con las reglas de convivencia  que todo extranjero debe respetar en el lugar en que se encuentre, sea en Europa o en África.

 

Ni lo de unos es lo mejor, ni lo de los otros es lo peor, son culturas y creencias diferentes, como también lo son las prioridades y necesidades de cada pueblo, incluso de cada tribu o familia. ¡Ojalá¡ “In sha’a Allah”, (Si Dios quiere) llegue el día en que exista la tolerancia y el respeto entre todos los hombres.

 


[1] En los archivos municipales de Alcoy y el Patriarca de Valencia, se han encontrado unos escritos que atestiguan la presencia de africanos negros, Mandingas en Qustantaniya (hoy Cocentaina), entre 1516 y 1521. (Revista El Comtat, diciembre 2003, Francesc Jover, pags. 4 y 5).

[2] Todas las casas del barrio de “Les Cocotiers” donde vivíamos tenían su vigilante, un señor armado con un palo y un silbato, que la mayoría de veces dormía a pierna suelta, pero su presencia evitaba cualquier intento de robo. A través de los guardianes se sabia de la vida y costumbres de todos los vecinos del barrio.

[3] Los zemidjans, llamados kekenos en lengua fon, son motoristas que ejercen como taxistas, para identificarlos llevan la camisa del mismo color, (en Cotonou es amarilla) con el numero de licencia municipal pintado en el dorso de la camisa.

[4] La tradición mandinga no permite que Lamin se presente ante su padre, con los pies calzados, en su poblado Perai en Gambia (África), siempre lo hará descalzó.

 

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