(resumen de la intervención de Antonio Llaguno Rojas,
vicepresidente de la Fundación Mahmud Kati y presidente de la Fundación por el
Progreso de Andalucía)
Bamako, veinte de diciembre de 2005
La presente intervención quiere dar cuenta de la relación
histórica entre Al-Andalus y la Curva del Níger, a través de la presencia de
destacados andalusíes que abandonaron la Península Ibérica entre los ss. XIV y
XVI, mucho antes de que los exploradores europeos lo hiciesen en el s. XIX (Rene
Caillié, Heinrich Barth, Oskar Lentz o Cristóbal Benítez) financiados por las
Asociaciones africanistas y Sociedades Geográficas, que primero perseguían
intereses puramente científicos y luego eminentemente políticos de expansión
territorial. La presencia de andalusíes en esta parte de África Occidental fue
importante y no sólo su presencia, sino también su influencia en todos los
ordenes, lo que vendría a demostrar la antigua vinculación de las dos geografías
para muchos tan distantes no sólo en el espacio, sino también en la relación
histórica y cultural. Y de entre todos esos andaluces, yo destacaría la figura
de Yuder Pachá, quizá por una vinculación mía a ese personaje (fui 12 años
alcalde de Cuevas del Almanzora, patria del conquistador), pero sobre todo por
la influencia que ejerció durante varios siglos la etnia de los Arma en la
región de Tombuctú. Como quiera que la figura de Yuder Pachá destaca sobremanera
cuando hablamos de los andalusíes que fueron al Sudán, establecemos dos grandes
periodos de la presencia andaluza en esa tierra, antes de su llegada con el
ejército de Ahmed al-Mansur y su propia aventura de conquista del songhay.
EL
NACIMIENTO DE YUDER PACHÁ
Yuder Pachá nacería en el antiguo reino islámico de
Granada, que había sido conquistado por los Reyes Católicos en 1492. La inicial
permisividad de los soberanos cristianos hacia los musulmanes que se quedaron en
su tierra natal fue derivando hacia una creciente intolerancia hacia los
llamados despectivamente “cristianos nuevos”, que tuvieron que abandonar su
religión para convertirse en “moriscos”, los cuales acabaron rebelándose contra
los sucesivos reyes cristianos, hasta que en 1570 Felipe II ordenó su expulsión
del antiguo reino granadino. En este contexto histórico nace Yuder Pachá,
habiendo un acuerdo general de que fue en Las Cuevas del Marqués, hoy Cuevas del
Almanzora, en Almería (Andalucía, España), seguramente en 1562. Hay coincidencia
en los historiadores de que se trataba de un renegado, es decir de una persona
que nació cristiana y renegó de su credo, convirtiéndose al Islam.
YUDER PACHÁ
EN EL REINO DE MARRAKECH
La manera cómo llegó Yuder Pachá al reino de Marraquech
parece ser que fue por su captura por el morisco Al-Dûgalî en la razia que éste
hizo por la comarca del
Almanzora, concretamente el 28 de Noviembre de 1573, donde apresó unos
trescientos jóvenes, y los llevó a la corte del sultán de Marrakesh, Mawlay Abd
Allah Al-Galib, en donde se educó y convivió con los miembros de la familia
real, con la que llegó a tener una estrecha relación, que marcaría en gran
medida su historia posterior. El padre de este sultán, Mohamed ech-Cheij, fue el
fundador de la dinastía saadí, declarándose descendiente del Profeta Mahoma, y
logrando temporalmente la unificación de Marruecos en 1554, cuando anexionó al
reino de Marrakech el de Fez, aunque estableció en la primera ciudad la capital
del nuevo Estado. Es en este contexto histórico en el que se enmarca la
conquista del imperio songhay, consecuencia de la política exterior de los
reinos del área geográfica del Mediterráneo y sur europeo, fluctuando las
alianzas y las luchas entre los mismos según fueran los intereses dinásticos,
militares y comerciales en juego, en definitiva de la economía y el poder. Así,
a pesar de que los reinos de Fez y Marrakech habían sido tradicionales enemigos
de España, instigando ambos a los moriscos a levantarse contra los reyes
castellanos, el nuevo sultán unificador de Marruecos se alió con España contra
los turcos, que amenazaban con expandirse por el Maghreb. Mawlay Abd Allah Al-Galib
murió el 22 de Enero de 1574, a las pocas semanas de llegar Yuder Pachá a
Marrakech, sucediéndole su hijo Mulay Mohamed Al-Mutawakkil, que prosiguió la
alianza con España y la rivalidad con los turcos, que le hicieron pagar su
posición, deponiéndolo en 1576, y entronizando a su tío Abd Al-Malek, que
durante unos años representó en la corte marroquí los intereses de los otomanos.
Pero esta nueva alianza turco-marroquí afectaba a los intereses comerciales de
Portugal, interesada en garantizarse una ruta segura hacia sus Indias orientales
a través del norte de África, itinerario amenazado por el nuevo poder, por lo
que su rey, don Sebastián, decidió apoyar al depuesto Mulay Mohamed Al-Mutawakkil.
El conflicto de intereses se resolvió el 4 de Agosto de 1578, en la famosa
batalla de Alcazarquivir, o de los Tres Reyes, porque en ella perecieron los
tres monarcas contendientes: don Sebastián de Portugal, el reinante sultán Abd
Al-Malek y el depuesto por él, su sobrino Al-Mutawakkil, al que hemos visto que
apoyaban los portugueses, lo que explica la participación en la contienda de su
rey. El vencedor político de la batalla será el hermano menor de Abd Al-Malek,
Mawlay Ahmad, que adoptará el nombre de al-Mansur, el Victorioso, y también
conocido como el Áureo o el Dorado, por las fuertes sumas de oro que pidió a la
corte de Lisboa por el rescate de los caballeros portugueses vencidos en
Alcazarquivir, y por la abundancia del preciado metal que consiguiera años más
tarde con la conquista del imperio songhay. Y será este al-Mansur quien
consolidó la dinastía saadí y logró la independencia real de Marruecos respecto
a las injerencias europeas y turcas, con una hábil política diplomática que
explica la inmediata aventura de nuestro protagonista.
Efectivamente, al-Mansur dio un giro a la política de
alianzas, en parte, como hemos visto, para conseguir una real independencia
respecto a pasadas intervenciones turcas y europeas, y, por otro lado, dada la
nueva correlación de fuerzas del continente vecino, con un Felipe II de España
que es coronado rey de Portugal en 1580. Igual que sus predecesores portugueses,
Felipe II necesitaba asegurarse el dominio de enclaves estratégicos en el
litoral atlántico marroquí para garantizar la seguridad de la ruta hacia las
Indias orientales, por lo que necesariamente latía un conflicto de intereses
entre las monarquías española y marroquí. Esto hizo que el sultán al-Mansur
buscara la alianza de Isabel I de Inglaterra contra el enemigo común español, y
que entre ellos mediara una copiosa relación epistolar destinada al socavamiento
de la corona hispana. Es esta conflictiva relación con España la que explica en
parte la decisión de al-Mansur de conquistar el imperio songhay, pues era
legendaria la creencia de la abundancia de oro en el antiguo imperio del Sudán,
con el que poder costear futuras guerras contra España, contratando ejércitos de
mercenarios y comprando maquinaria bélica moderna. Igualmente, y en paralelo a
estas razones militaristas, al-Mansur connotó a su aventura sudanesa de un
carácter religioso y dinástico, pues, al considerarse la única familia real
descendiente de Mahoma, pretendía la unidad religiosa bajo su mandato, llevando
la ortodoxia islámica hasta el África negra. Y he aquí cuando aparece Yuder
Pachá como el hombre capaz de hacer posible esta hazaña, puesto que ya había
demostrado sus habilidades estratégicas, y era de la confianza de la corte del
sultán. Desde su probable captura por Al-Dugâlî, y llevado a la corte de
Marrakech, Yuder se educó junto a los príncipes saaditas y otros miembros de la
nobleza, que le hizo ganarse la confianza de los sultanes, y ser nombrado
primero Caíd del emplazamiento que sitiaba la plaza portuguesa de Tánger, y
luego participar como mando militar intermedio en la batalla de Alcazarquivir.
Tras la célebre batalla que hizo rey a al-Mansur, éste mantuvo con Yuder una
especial y contradictoria relación de empatía y rechazo, quizá por el ímpetu del
renegado y la duda que tenía sobre su relación con Al-Dugâlî, que acabó
conspirando contra él. Quizá por eso lo alejó del palacio, y lo envió a una
especie de cuartel-monasterio (zauia) del sur del país para que catequizase y
convirtiese a la fe musulmana a los jóvenes cristianos capturados en
Alcazarquivir, al tiempo que los adiestrase en el manejo de las armas, que les
permitiera integrarse en sus ejércitos. Yuder realizó su cometido con eficacia,
restableciendo en su plenitud la confianza de Al-Mansur en su persona, que lo
recompensará nombrándolo Pachá de Marrakech, convirtiéndose en uno de los
hombres fuertes de su creciente y poderoso ejército. Por eso, cuando se decidió
la conquista del imperio subsahariano, el nombramiento de Yuder no sorprendió a
nadie.
PRESENCIA ESPAÑOLA EN LA CURVA DEL NIGER ANTES DE LA LLEGADA
DE YUDER PACHÁ
Llegados al punto, en 1590, en que el sultán Al-Mansur decidió la
conquista del imperio songhay, que se asentaba sobre la curva del río Níger,
cabe detenernos un momento para acercarnos, aunque sea brevemente, a la
presencia de españoles, sobre todo de andalusíes, a esta geografía subsahariana,
presencia que dejó una huella imborrable en muchos de los rasgos distintivos de
la Tombuctú que conquistara Yuder Pachá. Como precedente remoto nos encontramos
con que en el siglo XI se formó el reino de Gao, uno de los predecesores del
imperio songhay, y su rey, Dia Kossoi, se convirtió al Islam, reconociendo al
califa cordobés como emir de los creyentes, disponiendo que sus sucesores se
coronasen bajo la protección del monarca andaluz, y siendo enterrados con
estelas funerarias de mármol de Almería. De Córdoba precisamente es el poeta Al-Fazzazi,
autor de una hagiografía sobre el profeta Mahoma, que se recita durante toda una
noche en Tombuctú una vez al año, cuando se celebra su nacimiento, y ello
ininterrumpidamente desde el siglo XIII (maulud). Otro momento importante lo
supone la presencia del arquitecto granadino Es-Saheli, que el emperador de Malí Kanku Mussa lo trajera desde la Meca, cuando hizo la preceptiva peregrinación a
la ciudad santa en 1324. Kanku Mussa, que era un verdadero mecenas, aprovechó su
viaje para traerse a su corte gran cantidad de eruditos, sabios y hombres
piadosos, que dieron a su reinado merecida fama de próspero y avanzado en su
tiempo. Igualmente, data de este célebre viaje la fama del país como rico en
oro, pues fue tal la cantidad de este metal que llevó el monarca maliense a La
Meca, comprando favores y dando donativos, que durante muchos años produjo una
caída de su valor en todo el ámbito del mediterráneo. Pero fue la obra
arquitectónica de Es-Saheli lo que más prestigio ha dado al rey generoso, pues
es el andalusí el verdadero creador del arte sudanés, que desde entonces ha
caracterizado el urbanismo ornamental de las ciudades de la Curva del Níger,
especialmente de Tombuctú, Djenné y Gao. Es-Saheli supo integrar el estilo
gótico que viera en España, con elementos sincréticos mediterráneos y los que
había en su nueva tierra sudanesa, utilizando los pobres materiales que allí se
encontró, fundamentalmente barro y vigas de madera de poca calidad, como la
acacia. El resultado, sin embargo, es espectacular: elevadas torres piramidales,
acabadas en pináculos casi fálicos, y separadas por muros igualmente almenados
con estructuras cónicas, toda la fábrica atravesada por las horizontales vigas.
No es descartable la hipótesis de que Gaudí (célebre arquitecto modernista
español) se inspirara en estas construcciones para diseñar su Sagrada Familia,
cuando las contemplara fotográficamente en la Exposiciones Universales de París
de 1889 o 1900.
Entre 1325 y 1330 construyó el granadino la gran mezquita de
Djinguereber, en Tombuctú, así como inspiró la restauración de la de Djenné y
otras construcciones civiles palaciegas que ennoblecieron las ciudades del Malí
de Kanku Mussa. Hacia 1440 apareció en Tombuctú otro personaje, proveniente de
Andalucía aunque nacido en Tudela, muy importante para la región, como es Sidi
Yahia. Este andaluz adoptivo, gran poeta místico y de fuertes convicciones
religiosas, se presentó ante el caíd de la ciudad afirmando ser el que se
esperaba hacía cuarenta años, cuando se construyó la mezquita que hoy lleva su
nombre y que estaba cerrada, para tomar posesión de la misma, demostrando ser el
esperado cuando descubrió las llaves en un lugar para todos desconocido. El jefe
de la ciudad lo nombró entonces imán de la mezquita, desde la que impartió su
magisterio poético en toda la región y llegó a ser considerado el santo de los
trescientos treinta y tres santos de Tombuctú. Apenas una veintena de años
después de la llegada de Sidi Yahia a Tombuctú, otro español estaba a punto de
iniciar el camino desde España al África negra, y con él toda una familia, cuyo
legado cultural llega hasta nuestros días. Se trata de la familia Kati, cuyo
descendiente directo y representante del clan es hoy Ismael Diadié Haydara, que
expondrá en su intervención la aventura de su familia desde Toledo (España)
hasta la Curva del Níger. Finalmente, habría que destacar en este apartado de
precedentes históricos de personajes en Tombuctú, la figura de León el Africano,
que tiene una trayectoria vital parecida a la de Alí. Salió de España,
concretamente de Granada, en 1494, en un itinerario semejante, que le hace
aparecer a principios del siglo XVI en Tombuctú, donde seguramente establecería
relación con Mahmud Kati, como parecen demostrar algunas de las notas marginales
de algunos manuscritos de la biblioteca de su coetáneo entonces ministro del
Askia Muhammad. Ciertamente, cabe observar cierta similitud en la peripecia
vital de ambos intelectuales: sus familias, ambas musulmanas, tuvieron que
abandonar la mítica al-Andalus, teniendo la suerte de adquirir una esmerada
educación y poseyendo los dos aptitudes notables para la diplomacia y la
gestión, lo que les hizo servir con eficacia a sus respectivos señores en
variados cargos públicos y embajadas especiales, complementando estros trabajos
oficiales con actividades comerciales privadas. Finalmente, la relación de
Mahmud y de León con dos soberanos tan importantes como fueron, respectivamente,
el Askia del Songhay y el Papa de Roma León X, les hace asemejarse un poco en su
devenir histórico personal, al tiempo que fueron autores de dos obras cumbres de
la historia del Subsahara y de la Curva del Níger. Ya hemos hablado antes de la
obra colectiva que coordinó Mahmud Kati, el “Tarikh el-Fettach”, que cuenta la
historia de los grandes imperios negros de Ghana, Malí y el Songhay, así como de
la aniquilación de los judíos en esta región africana, o la conquista por Yuder
Pachá del imperio de los Askia. Por su parte, León el Africano, escribiría su
“Descripción General del Africa y de las cosas peregrinas que allí hay” que fue
una obra de referencia para todos los europeos que quisieron en su época conocer
el continente africano.
EL PACHÁ YAUDER CONQUISTADOR DEL IMPERIO SONGHAY
Decidida la
conquista del imperio songhay por el sultán Ahmed al-Mansur, el ejército saadí,
a las ordenes de Yuder Pachá, inició su marcha el 28 de Noviembre de 1590,
tardando 135 días en atravesar la distancia que mediaba entre Marrakech y el río
Níger, dos mil kilómetros de desierto y arenas sahelianas. El 13 de Febrero de
1591 el reducido ejército de Yuder libró su primera batalla, cerca de Tondibi,
contra el monarca shonghay, el Askia Ishâk II, que, a pesar de que tenía un
ejército mucho más numeroso (algunos autores hablan de hasta 80.000 soldados),
es derrotado por el general de Cuevas del Almanzora. La estrategia militar de
Yuder, así como su posesión de armas de fuego, inclinó la balanza hacia el lado
marroquí, que inició en ese momento la conquista de la Curva del Níger, aunque
mantuvo una política conciliadora con el Askia y con el pueblo songhay en
general. Yuder, con una cierta connivencia con el Askia, abandonó Gao, y se
estableció en Tombuctú, ciudad más saludable que la primera, y a la que
convirtió en la capital del Pachalato que se creó con la conquista. Ya para
entonces, Tombuctú era una ciudad mítica, misteriosa, sabia y santa. Por un lado
era un importante centro comercial, punto de encuentro entre los negros que
venían del sur en piragua, con sus cargamentos de oro y esclavos, y los árabes y
tuaregs que procedían del norte en camello, con la preciada sal, especies, café,
perfumes, tejidos y otros productos sofisticados del mediterráneo y del oriente.
Por otro lado, Tombuctú era el centro cultural y religioso del país, con
numerosas mezquitas, escuelas coránicas y reputadas universidades, como la de
Sankoré, que hacían brillar y destacar a la ciudad entre todas las del Níger. No
es de extrañar, pues, que Yuder pensara que había llegado a su destino final,
donde pasar el resto de su vida, rodeado de la elite militar que le venía siendo
fiel desde sus años de juventud, pero el futuro no estaba en sus manos, sino en
las de al-Mansur, que, tras los acontecimientos que siguieron a la batalla de
Tondibi, lo destituyó de su cargo de pachá, poniendo en su lugar a Mahmud ben
Alí ben Zarqûn, de Guadix, que lo reemplazará el 17 de Agosto de 1591. Al pachá
granadino sucedieron otros cuatro, hasta la muerte del quinto, Mostafá Et-Torqui
en 1598. Son años de inestabilidad política en el país conquistado, en los que
Yuder, ahora caíd de Gao, siguió siendo el referente más estable de las fuerzas
de ocupación marroquí. Sea por esto, que demuestra su capacidad superior militar
y diplomática, o porque por ello mismo lo necesitaba cerca de sí, lo cierto es
que Ahmed al-Mansur le ordenó que regresara a Marrakech en Julio de 1598. Pero
Yuder se resistió a la partida, aclimatado ya a su nueva vida en Tombuctú, pero,
tras las reiteradas llamadas conminatorias del rey saadí, partió hacia su Corte
el 25 de Marzo de 1599. Sus últimos años en Marrakech fueron agitados, implicado
de lleno en las disputas dinásticas del final del reinado de al-Mansur, que
murió en 1603, tres años antes que lo hiciera él mismo, seguramente enterrado su
cuerpo entre alguna de las tumbas de la familia real saadí, en el palacio Al
Badi, a la que estuvo tan ligado. Antonio Llaguno Rojas
 
|