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No pretendo crear una
polémica, solo quiero ver un poco de luz para abrirse camino en las aguas
turbias del entendimiento del otro, entender a la mujer musulmana es en gran
parte encontrar salidas a la crisis en el mundo islámico, empezando por explicar
conceptos que ella misma glorifica, en lugar de cuestionarlos...
MARRUECOS DIGITAL.
(15/02/06)
Una de las cosas mas obvias del Islam y menos entendidas por occidente se resume
en una frase “El Islam es un modo de vida y no solo unas cuantas oraciones que
hay que cumplir cinco veces al día”. De allí viene todo lo bueno (que es mucho)
y todo lo malo que permita una mala interpretación de los versículos del Corán.
No soy ninguna experta en el tema, y supongo que por eso me puede permitir el
lujo de ser políticamente incorrecta sin tener que justificarlo. He nacido mujer
en un país cuya religión es el Islam, me han educado en este marco e intento de
vez en cuando verme desde fuera y explicar, a aquellos que tienen interés en
saberlo, cómo y porque mi mundo considera a la mujer como una entidad con la que
hay que contar pero que no hay que tener en cuenta.
Estamos en el año 1427 del calendario musulmán, hace catorce siglos que el Islam
estableció sus valores y sus pilares. En su momento fue como un grito a la
libertad, un grito para dar vida a conceptos que parecían utopías en una
sociedad que nada tenía que envidiar a la que, en su seno, latía la Europa de la
Edad Media. Hablamos de una sociedad en la que nada más nacer una niña era
enterrada viva porque simbolizaba un deshonor para su familia, una sociedad en
la cual el hijo heredaba las esposas y las esclavas de su padre; la mujer se
vendía y no tenía derecho a tener bienes propios ni a acariciar la idea de
divorcio.
Esta época en la historia del Islam se llama la Yahilia, es decir, “ignorancia”.
Los hombres lo tenían todo permitido, adoraban a estatuas y decoraban sus casas
con mujeres, las que querían pues no había el famoso numerus clausus: cuatro.
Vino el Islam y dentro de lo posible hizo que se limitaran los daños y los
abusos así que otorgó a la mujer el derecho a la vida, a la propiedad, a pedir
el divorcio, a heredar y no ser heredada, y limitó el numero de esposas a cuatro
(esto de la poligamia es un tema que habrá que explicar a parte porque no tiene
nada que ver con lo que se entiende por tener un harén). Para seguir gozando de
la característica revolucionaria, el Islam no limitó la fuente de los leyes a
una sola que es en este caso el Corán (que tiene 3 niveles de lectura
dependiendo del intelecto de la persona que lo está leyendo), sino que lo amplió
con otras dos fuentes que son igual de fiables, los HADITH (lo que fue dicho por
el profeta), y el EJMAA’ (lo que acuerdan los ulemas).
De ahí tienen que surgir las soluciones a cualquier problema de la vida de una
musulmana o musulmán, y como ironía del destino allí donde normalmente tenemos
que encontrar las respuestas es donde en estos momentos encontramos un amalgama
de confusiones e incoherencia, preguntas frustrantes y respuestas sin sentido
que llevan las mentes a cerrar puertas al diálogo y a verse como salvadores de
los musulmanes sacando de las pantallas de los cines escenarios como los del
11S, 11M o el 14 M ( en mi nombre y en aquel de mi religión NO).
El problema de la mujer en las sociedades musulmanas (y no en el Islam) es, o
una falta de interpretación de parte de los ulemas, o una interpretación errónea
porque en ella no se ha tenido en cuenta los cambios que ha experimentado la
situación de la mujer en las últimas décadas. Estas diferentes interpretaciones
y niveles de comprensión a la hora de sacar leyes en la religión musulmana
afectan a la situación de la mujer más que a cualquier otro asunto político o
económico.
Entre los temas que más afectados se ven por ese criterio es El Hiyab o el velo,
aunque la traducción no es la correcta, porque hiyab en árabe significa cortina,
mientras que el velo significa 'jemar' que es un tipo de vestimenta que se
ponían las mujeres en la península árabe antes de la llegada del Islam y que se
ponen todavía las mujeres en los países del golfo.
La historia del hijab, y digo historia porque todo evento si se saca de su
contexto histórico se parece a uno de estos disfraces que quedan fuera de lugar
en una gala de la jet society; la historia empieza en el año 5 de la hijra ( la
hijra es la huida del profeta Mohammad de La Meca a Medina, y de ahí viene el
origen del calendario musulmán), cuando el profeta acababa de casarse con ZAINAB
BENTO JAHCH, una mujer de gran belleza, y daba un banquete al cual habían sido
invitados todos los conversos de Medina. Después de un rato se fueron todos
salvo unos tres de poco tacto que se quedaron a charlar en los aposentos del
profeta sin darse cuenta de que el profeta quería quedarse a solas con su nueva
esposa. Entonces bajó su aya y dijo:
No entréis en los aposentos del Profeta a menos que se os autorice a ello para
una comida. Y en ese caso, no entréis hasta que la comida esté preparada para
ser servida.
Cuando se os llame, entrad, pero retiraros en cuanto hayáis terminado de comer,
no os demoréis charlando como si fuerais de la familia. Semejante abandono hace
daño (yu’di) al Profeta, que tiene vergüenza de decíroslo.
Al-lâh, en cambio, no se avergüenza de la verdad.
Cuando vengáis a solicitar alguna cosa [a las esposas del Profeta], hacedlo
detrás de un hiyab. Es más puro para vuestro corazón y para el suyo. (2)
El concepto de hiyab es tridimensional, y las tres dimensiones coinciden muy a
menudo. La primera es visual: sustraer a la mirada. La raíz del verbo hayaba
quiere decir «esconder». La segunda es espacial: separar, marcar una frontera,
establecer un umbral. Y, por último, la tercera es ética: incumbe al dominio de
lo prohibido. A ese nivel, no se trata ya de categorías palpables, que existen
en la realidad de los sentidos, como lo visual o lo espacial, sino de una
realidad abstracta, del orden de las ideas. Un espacio oculto por un hiyab es un
espacio prohibido.
Las mujeres del profeta empezaron a llevar un chal para diferenciarse y dar de
saber que son de la casa del profeta, las mujeres de SAHABA (los compañeros de
fe del profeta s.a.s) siguieron el ejemplo, luego empezaron a llevarlo todas las
mujeres libres para diferenciarse de las esclavas, y siguiendo el habitual
esquema de la regla de tres, estas últimas empezaron a llevarlo para no sufrir
discriminación ninguna dentro de la estructura social.
Luego vino la interpretación que dicen que el velo (ya no estamos hablando de
una cortina que es el Hiyab) debe de ser llevado por todas las mujeres del
Islam. La aya del Hiyab estableció el Hiyab entre dos hombres y no entre un
hombre y una mujer, es un juego de palabras y una metáfora. El árabe es el único
idioma que hay que entender antes de leer, de hecho el milagro del profeta
Mohammad no es un bastón que se convierte en serpiente, agua que se transforma
en vino, o muertos que vuelven a la vida, el milagro del profeta del Islam es un
argumento de autoridad dentro de una sociedad que no aceptaba argumento que no
sea una frase bien hecha o un poema de miles de versos, es el árabe. Así que la
clave para entender los mandamientos del Corán está en poder ver lo invisible de
las palabras y darle sentido basándonos en el buen juicio y el buen criterio.
El día en el que habrá mujeres Ulemas y mujeres teólogas en el seno de las
constituciones religiosas islámicas con criterio de decisión y derecho a elevar
la voz con un “No estoy de acuerdo con su opinión”, el día en que la mujer no se
sienta obligada a ponerse el velo para satisfacer a una sociedad de argumentos
cuestionables ni quitárselo para no sentirse discriminada dentro de una sociedad
que se niega a entender que taparse el pelo puede ser una elección y una
decisión conciente y adulta, sólo este día la mujer musulmana saldrá adelante
orgullosa de ser como es y de poder elegir dejar de serlo.

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