LA MUJER EN EL ISLAM

YIA.LM - BOLETÍN YAMA'A

 

 

 


 

MUJERES MUSULMANAS:

ESTEREOTIPOS OCCIDENTALES VERSUS REALIDAD SOCIAL (1)

 

Djaouida Moualhi
Universitat Autònoma de Barcelona. Departament d’Antropologia Social i de Prehistòria 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain


          

4. Conclusión


Examinando el etnocentrismo occidental en la percepción de las mujeres árabo-musulmanas he querido demostrar que algunos de los estereotipos son falsos, basados sobre un imaginario lejano. Otros, sin embargo, tienen una base real, puesto que la poligamia y el uso del velo existen en todos los países musulmanes. Sin embargo, como estereotipos que son, tergiversan la realidad confundiendo la parte con el todo, obviando la diversidad sociocultural, ético-religiosa y política existente en y entre los países árabes y/o musulmanes.
 

Dada la heterogeneidad del Islam, con una pluralidad de escuelas teológicas, no se puede equiparar países tan diversos como la India, Indonesia, Marruecos, Irán y Yemen. Una pluralidad que también se da en su desarrollo jurídico incluso entre países con predominio de una misma escuela teológica. Por añadidura, incluso en un mismo país existen múltiples factores que hacen variar las situaciones, como son las diferencias de hábitat (rural-urbano), clase social, nivel de estudios, independencia económica, creencias familiares y generación, el funcionamiento del mercado de trabajo y las diversas políticas gubernamentales sobre los ámbitos laboral, familiar, educativo y cultural.
 

Parece que la construcción y difusión de estereotipos sobre los musulmanes guarda relación con las políticas internacionales y los procesos de identificación/diferenciación con la comunidad política. Desde los orígenes de la sociedad industrial, la construcción simbólica de la identificación con el sistema político, paradigmáticamente un Estado-nación, se fragua en buena parte por comparación y diferenciación respecto a un enemigo exterior. El temor a una agresión extranjera facilita la percepción de un interés compartido, mientras que si ese enemigo se esfuma se atribuye más importancia a los conflictos interiores y la identidad puede peligrar. Hobsbawm ha afirmado que «para unir a secciones dispares de pueblos inquietos no hay forma más eficaz que unirlos contra los de fuera» (1992: 100). Pues bien, en un escenario en el que el principal enemigo exterior tras la Segunda Guerra Mundial se ha desvanecido, el proceso de unificación europea y el mantenimiento de las estructuras militares parecen valerse de los fantasmas del Islam para crear, de forma encubierta y apelando a la irracionalidad, una identidad común en la que apoyar las estructuras políticas supranacionales.
 

Quisiera subrayar que los estereotipos sobre la situación de las mujeres árabo-musulmanas son posiblemente el instrumento más eficaz para demonizar sus sociedades. No sólo consiguen escandalizar a gentes de convicciones cristianas al destacar las diferencias morales (no es casualidad que se obvien las muchas similitudes), sino que en una Europa muy secularizada logran sublevar a muchos ateos y a personas de orientación laica, neutral y tolerante respecto a las diferencias de credo, al ofrecer una imagen contraria al principio de la igualdad entre los seres humanos. Es decir, surte efecto tanto sobre personas de orientación conservadora como de orientación progresista.
 

Finalmente, si de verdad se quiere hacer un ejercicio de solidaridad con las mujeres inmigradas, debería comenzarse por sustituir la actitud de compasión y prejuicio por un ejercicio de receptividad e igualdad de trato. El hecho de haber emigrado es un claro signo de que no son pasivas ni sumisas, y sugiere también que su sociedad de origen está en un proceso de cambio, al aceptar e incluso apoyar en muchos casos la emigración de sus mujeres. Puesto que se trata de seres con autonomía e iniciativa, lo que cabría es escuchar y apoyar sus propias aspiraciones y demandas.