LA MUJER EN EL ISLAM

YIA.LM - BOLETÍN YAMA'A

 

 

 


 

MUJERES MUSULMANAS:

ESTEREOTIPOS OCCIDENTALES VERSUS REALIDAD SOCIAL (1)

 

Djaouida Moualhi
Universitat Autònoma de Barcelona. Departament d’Antropologia Social i de Prehistòria 08193 Bellaterra (Barcelona). Spain


          

3. Las dimensiones de la discriminación en el Magreb


Como digo, son otros los factores que generan la discriminación de las magrebíes.


A continuación esbozo su situación en los ámbitos jurídico, laboral y educativo. En el ámbito jurídico, las legislaciones familiares reflejan la desigualdad entre los sexos en cuanto a deberes y derechos asignados a cada uno. Existen destacables diferencias entre los Códigos de Familia magrebíes, como que en Túnez la poligamia y el repudio han sido abolidos, mientras en Argelia y Marruecos se mantienen. Sin embargo, las tres leyes mantienen la preeminencia del hombre sobre la mujer (Chater, 1992; Chamari, 1995; Ruiz, 1995).
 

En todas estas legislaciones la mujer tiene un estatus de eterna menor. Para casarse necesita un tutor (siempre varón) y para divorciarse necesita pruebas muy concretas y difíciles de aportar. Si obtiene una sentencia de divorcio vuelve a la tutela paterna, e incluso si dispone de recursos suficientes para tener una vivienda propia y sostener a sus hijos, no puede tomar sola las decisiones sobre éstos, requiriendo el consentimiento del ex-cónyuge. Además, si ésta vuelve a casarse pierde automáticamente la custodia de sus hijos. En contraste, el hombre no precisa tutor, como tampoco requiere evidencias para divorciarse, bastando con que manifieste su deseo de hacerlo y por último conserva el derecho de la custodia de sus hijos al desposar otra mujer (Moulay R’chid, 1991; Benmelha, 1993; Ruiz, 1995).

 

Entre sus prerrogativas se encuentra también el que, como cabeza de familia, puede obligar a su esposa a abandonar su actividad laboral, acusándola de abandono de hogar cuando ella esté trabajando fuera de casa (Benmelha, 1993; Messaoudi, 1995).
 

Se pretende que estas leyes de familia están basadas en el Corán y la Charía (10). En verdad, existen, sin embargo, diversas evidencias en la tradición musulmana que contradicen las disposiciones de estas leyes de familias. Casi siempre se trata de una pura tergiversación de la interpretación de los textos sagrados para justificar intereses parciales. De hecho existen varios ejemplos sobre la manipulación en la interpretación de algunos hadices por expertos en la religión (ulemas) para servir propósitos políticos y económicos. Los hadices son supuestos testimonios recogidos de lo que Muhammad hubiera dicho o hecho ante diversas cuestiones, y una vez aceptados como verosímiles, permiten fácilmente legitimar diversas conductas y proscribir otras. Probablemente, bajo las presiones de diversos poderes materiales, los depositarios del discurso religioso escogieron algunos hadices con sus propias interpretaciones tergiversadas que les permitieron legitimar ciertos privilegios y beneficiar a sus detentores (Delcroix, 1984; Bouhdiba, 1986; Mernissi, 1992; Benmelha, 1993).
 

Respecto al ámbito laboral, la participación de las magrebíes ha ido aumentando en función del desarrollo económico y la creciente necesidad de mano de obra. Hoy en día su incorporación al mercado laboral es una realidad, estando presentes en la mayor parte de los sectores productivos (Chater, 1992: 67; Bessis y Belhassen, 1994: 70-72; Ben Lahbib, 1995). No obstante, se trata de un incremento bastante pequeño que apenas reduce la diferencia con los hombres, y, además, es un fenómeno predominantemente urbano en Argelia y Túnez y particularmente rural en Marruecos. Asimismo, existen grandes diferencias entre países, ya que la tasa de participación femenina en la población activa de Argelia es mucho menor que la de Marruecos.
 

Por otra parte, aunque las circunstancias de muchas mujeres han mejorado y la educación ha sido esencial para ello, la mayoría continúa en situaciones desfavorecidas, empleadas sobre todo en el servicio doméstico, la industria manufacturera, la artesanal (en Túnez y Marruecos sobre todo en la textil) y en la administración pública (sobre todo en Argelia) (Benjelloun, 1993; Bessis y Belhassen, 1994).

 

Es más, las pocas que ocupan puestos de prestigio siguen alejadas de tareas directivas. Las causas son diversas: reticencia a la contratación de mujeres; su escasa formación (sobre todo en Marruecos); una organización de la reproducción social que limita la vida laboral, y la percepción generalizada del trabajo femenino fuera del hogar como secundario.
 

También en el ámbito educativo han acontecido importantes cambios en el Magreb. Argelia y Túnez casi han alcanzado la equiparación entre sexos en la enseñanza primaria en cuanto a número de alumnos, pero persisten las diferencias en la secundaria y, muy especialmente, en la formación superior. Respecto a Marruecos, ni siquiera es capaz de asegurar una mínima igualdad en la instrucción infantil (véanse los datos de UNICEF, 1996: 90-91). Sin embargo, aunque la escuela es obligatoria y gratuita, las tasas de escolarización son más igualitarias en el medio urbano que en el rural, por las creencias que todavía conservan bastantes familias. Creencias que anteponen los varones a las hembras, atribuyendo a aquéllos el papel de sustento familiar y a éstas los de gestionar el hogar y criar la prole. Otros factores que obstaculizan la educación de las niñas son: la lejanía de la escuela (sobre todo las de la enseñanza secundaria, en muchos casos inexistentes), el coste de los materiales educativos, la inadaptación de los horarios escolares a la vida rural (para hacerlos compatibles con el trabajo de los niños, de difícil erradicación debido a la pobreza de las familias), la temprana edad matrimonial (Alaoui y otros, 1994) y el escaso interés estatal por asegurar la enseñanza obligatoria.
 

Estos factores, junto a otros como la escasa participación y representación política femenina, son manifestaciones muy importantes de la desigualdad de género. Aunque la emigración de las magrebíes suele entenderse, como la de sus homólogos masculinos, movida por razones económicas, la desigualdad de género ocupa también un lugar muy importante entre las razones de muchas emigrantes para instalarse en otra sociedad en la que creen que puede mejorar su estatus, derechos y autonomía, es decir, mujeres que emigran con objetivos emancipatorios (Ramírez, 1995; Ribas, 1996; Moualhi, en preparación).