3. Las dimensiones de la discriminación en el Magreb
Como digo, son otros los factores que generan la discriminación de las magrebíes.
A continuación esbozo su situación en los ámbitos jurídico, laboral y educativo.
En el ámbito jurídico, las legislaciones familiares reflejan la desigualdad
entre los sexos en cuanto a deberes y derechos asignados a cada uno. Existen
destacables diferencias entre los Códigos de Familia magrebíes, como que en
Túnez la poligamia y el repudio han sido abolidos, mientras en Argelia y
Marruecos se mantienen. Sin embargo, las tres leyes mantienen la preeminencia
del hombre sobre la mujer (Chater, 1992; Chamari, 1995; Ruiz, 1995).
En todas estas legislaciones la mujer tiene un estatus de
eterna menor. Para casarse necesita un tutor (siempre varón) y para divorciarse
necesita pruebas muy concretas y difíciles de aportar. Si obtiene una sentencia
de divorcio vuelve a la tutela paterna, e incluso si dispone de recursos
suficientes para tener una vivienda propia y sostener a sus hijos, no puede
tomar sola las decisiones sobre éstos, requiriendo el consentimiento del
ex-cónyuge. Además, si ésta vuelve a casarse pierde automáticamente la custodia
de sus hijos. En contraste, el hombre no precisa tutor, como tampoco requiere
evidencias para divorciarse, bastando con que manifieste su deseo de hacerlo y
por último conserva el derecho de la custodia de sus hijos al desposar otra
mujer (Moulay R’chid, 1991; Benmelha, 1993; Ruiz, 1995).
Entre sus prerrogativas se encuentra también el que, como
cabeza de familia, puede obligar a su esposa a abandonar su actividad laboral,
acusándola de abandono de hogar cuando ella esté trabajando fuera de casa (Benmelha,
1993; Messaoudi, 1995).
Se pretende que estas leyes de familia están basadas en el
Corán y la Charía (10). En verdad, existen, sin
embargo, diversas evidencias en la tradición musulmana que contradicen las
disposiciones de estas leyes de familias. Casi siempre se trata de una pura
tergiversación de la interpretación de los textos sagrados para justificar
intereses parciales. De hecho existen varios ejemplos sobre la manipulación en
la interpretación de algunos hadices por expertos en la religión (ulemas) para
servir propósitos políticos y económicos. Los hadices son supuestos testimonios
recogidos de lo que Muhammad hubiera dicho o hecho ante diversas cuestiones, y
una vez aceptados como verosímiles, permiten fácilmente legitimar diversas
conductas y proscribir otras. Probablemente, bajo las presiones de diversos
poderes materiales, los depositarios del discurso religioso escogieron algunos
hadices con sus propias interpretaciones tergiversadas que les permitieron
legitimar ciertos privilegios y beneficiar a sus detentores (Delcroix, 1984;
Bouhdiba, 1986; Mernissi, 1992; Benmelha, 1993).
Respecto al ámbito laboral, la participación de las magrebíes
ha ido aumentando en función del desarrollo económico y la creciente necesidad
de mano de obra. Hoy en día su incorporación al mercado laboral es una realidad,
estando presentes en la mayor parte de los sectores productivos (Chater, 1992:
67; Bessis y Belhassen, 1994: 70-72; Ben Lahbib, 1995). No obstante, se trata de
un incremento bastante pequeño que apenas reduce la diferencia con los hombres,
y, además, es un fenómeno predominantemente urbano en Argelia y
Túnez y particularmente rural en Marruecos. Asimismo, existen grandes
diferencias entre países, ya que la tasa de participación femenina en la
población activa de Argelia es mucho menor que la de Marruecos.
Por otra parte, aunque las circunstancias de muchas mujeres
han mejorado y la educación ha sido esencial para ello, la mayoría continúa en
situaciones desfavorecidas, empleadas sobre todo en el servicio doméstico, la
industria manufacturera, la artesanal (en Túnez y Marruecos sobre todo en la
textil) y en la administración pública (sobre todo en Argelia) (Benjelloun,
1993; Bessis y Belhassen, 1994).
Es más, las pocas que ocupan puestos de prestigio siguen
alejadas de tareas directivas. Las causas son diversas: reticencia a la
contratación de mujeres; su escasa formación (sobre todo en Marruecos); una
organización de la reproducción social que limita la vida laboral, y la
percepción generalizada del trabajo femenino fuera del hogar como secundario.
También en el ámbito educativo han acontecido importantes
cambios en el Magreb. Argelia y Túnez casi han alcanzado la equiparación entre
sexos en la enseñanza primaria en cuanto a número de alumnos, pero persisten las
diferencias en la secundaria y, muy especialmente, en la formación superior.
Respecto a Marruecos, ni siquiera es capaz de asegurar una mínima igualdad en la
instrucción
infantil (véanse los datos de UNICEF, 1996: 90-91). Sin embargo, aunque la
escuela es obligatoria y gratuita, las tasas de escolarización son más
igualitarias en el medio urbano que en el rural, por las creencias que todavía
conservan bastantes familias. Creencias que anteponen los varones a las hembras,
atribuyendo a aquéllos el papel de sustento familiar y a éstas los de gestionar
el hogar y criar la prole. Otros factores que obstaculizan la educación de las
niñas son: la lejanía de la escuela (sobre todo las de la enseñanza secundaria,
en muchos casos inexistentes), el coste de los materiales educativos, la
inadaptación de los horarios escolares a la vida rural (para hacerlos
compatibles con el trabajo de los niños, de difícil erradicación debido a la
pobreza de las familias), la temprana edad matrimonial (Alaoui y otros, 1994) y
el escaso interés estatal por asegurar la enseñanza obligatoria.
Estos factores, junto a otros como la escasa participación y
representación política femenina, son manifestaciones muy importantes de la
desigualdad de género. Aunque la emigración de las magrebíes suele entenderse,
como la de sus homólogos masculinos, movida por razones económicas, la
desigualdad de género ocupa también un lugar muy importante entre las razones de
muchas emigrantes para instalarse en otra sociedad en la que creen que puede
mejorar su estatus, derechos y autonomía, es decir, mujeres que emigran con
objetivos emancipatorios (Ramírez, 1995; Ribas, 1996; Moualhi, en preparación).