LA MUJER EN EL ISLAM

YIA.LM - BOLETÍN YAMA'A

 

 

 


 

PERFUME DE LIBERTAD EN ALÁNDALUS

 

Jadicha Candela Castillo. Tetuán, mayo 2001


ÍNDICE

 

IV. CONCLUSIONES.

 

La desconfianza en el sistema establecido oficialmente es la primera condición para buscar y para encontrar la verdad. Si no es una verdad en sentido absoluto, sí es una forma de explicarme enigmas que no encajan. No busco VERDAD, sino veracidad: porque la verdad con mayúscula, es el Dios, Allah, y la veracidad es armonía temporal y contentamiento individual. He encontrado la investigación histórico-académica española moviéndose dentro del positivismo histórico y contribuyendo al fundamentalismo autoritario patriarcal, donde la subordinación de la mujer y su explotación se justifica al mismo nivel que la explotación y la destrucción de la naturaleza.

 

Algunos de los ulemas musulmanes que han llegado con sus obras a España, y que han sido traducidos al español en libros editados por los centros islámicos, presentan -con honrosas excepciones- una intolerable discriminación de la mujer, que la convierte, a juicio de estos “sabios”, en objeto de uso y abuso del varón. Algunas sabemos que esta actitud no es legítima, pues contradice el discurso y el ejemplo de nuestro Profeta. El mensaje de Muhamad (PyB) se basa en una cosmología unitaria e igualitaria, cuyo centro es la interdependencia de todos los seres del universo. La lealtad a su mensaje igualitario  obliga a incorporar, en la primera fila de los “sabios”, a las mujeres musulmanas pensadoras, como Fátima Mernissi. Los hallazgos de esta[68] y otras investigadoras deberían obligar a corregir el discurso andocéntrico de los historiadores y ulemas musulmanes de hoy, para introducir una nueva perspectiva: la perspectiva de la mujer, que los estudiosos especializados llaman perspectiva de género. Sin embargo, sus investigaciones han sido rechazadas por un número importante entre los ulemas, por considerar que una mujer no puede corregir la plana a los hombres revestidos de autoridad. El atrevimiento le ha costado a ella y a otras musulmanas que la seguimos, salir de la “ortodoxia”; aunque lo que pide, y pedimos, es simplemente poner de manifiesto que la pretendida superioridad no es sino un conjunto de injustificados privilegios del varón, que no tienen  fundamento ni en el Corán, ni en la Sunnah, ni en la historia.

 

La empresa de una conversa que quiere encontrar su verdadera historia, no es una empresa ética, sino estética. No es una empresa científica sino clarificadora de búsqueda de claridad, de orden, de consecuencia. Trato de comprender, no de juzgar; y al expresarme ante vosotros trato de convencer, no de demostrar; trato de dialogar conmigo misma ante vuestra presencia, no de “sentar cátedra”, pues yo he sido favorecida con la fe y la libertad para aceptar Islam y vivirlo como musulmana, y no puedo sino alegrarme y agradecer. He tenido el privilegio de abrir viejos y en apariencia cerrados caminos de Unidad para encontrar respuestas y todo ello como un regalo, sin que reconozca mérito alguno por mi parte. Lo que me empuja a estar aquí con vosotros esta tarde es el deseo de compartir unas preguntas profundas, que me han surgido, que han “advenido” a mí sin intención alguna, pero que me ha impelido a buscar su respuesta por la senda del buscador sin retorno: El “Sirat al-Mustaquim”. En el camino de esta senda he visto caer y derrumbarse sin remedio todos los DOGMAS que formaban el presupuesto, “la premisa mayor”, del silogismo inicial de nuestra cultura y de nuestra historia como españoles y como occidentales. Este dogma afirma que “nuestra identidad histórica implica la confesionalidad católica”. Ahora, después de quinientos años de monopolio católico y su empeño de erradicar toda seña de identidad musulmana en España,  vosotros, tetuanís, andaluces de Marruecos que fuisteis expulsados de vuestras casas y de vuestras tierras españolas por el solo hecho de ser musulmanes, vosotros los moriscos del norte de África, habéis conservado para nosotros, los conversos a Islam en España, los andalusíes del siglo XXI, una parte esencial de nuestra memoria histórica y de nuestra identidad como españoles y como andaluces. Habéis sabido conservar un recuerdo que pasa por reencontrarnos todos los años aquí, en esta bellísima y generosa ciudad de Tetuan que es el paradigma de ciudad morisca y andalusí: el recuerdo de que durante unos siglos, fuimos libres para elegir, tal como prescribe Islam, nuestra religión, y disfrutamos de unos Gobiernos que estaban obligados a proteger la libertad religiosa. Aquí en Tetuán nos encontramos las personas de las dos orillas que anhelamos la vuelta real y efectiva de esta diversidad y de esta pluralidad religiosa a nuestro Alándalus, las personas que anhelamos vivir ese perfume de libertad, el perfume que borre ese otro olor desagradable a la carne humana quemada por la Inquisición, o ese otro olor nauseabundo de monopolio religioso obligatorio, que todavía no se ha despejado del todo de España. Aquí  nos encontramos reunidas  personas que no podemos vivir sin libertad; esa  libertad que cuando te permite elegir tu propio Dios, tu propia forma de adorarlo, es la expresión  de nuestra identidad más profunda. Sinceramente os llevo en mi corazón. Muchas gracias por vuestra paciencia. Tetuán, 12 de Mayo de 2001.

 

Jadicha Candela.

 

[68] Fatima Mernissi, "El Harén político". Eds. del Oriente y del Mediterráneo.  Madrid, 1999.