IV.
CONCLUSIONES.
La
desconfianza en el sistema establecido oficialmente es la primera condición
para buscar y para encontrar la verdad. Si no es una verdad en sentido
absoluto, sí es una forma de explicarme enigmas que no encajan. No busco
VERDAD, sino veracidad: porque la verdad con mayúscula, es el Dios, Allah, y
la veracidad es armonía temporal y contentamiento individual. He encontrado
la investigación histórico-académica española moviéndose dentro del
positivismo histórico y contribuyendo al fundamentalismo autoritario
patriarcal, donde la subordinación de la mujer y su explotación se justifica
al mismo nivel que la explotación y la destrucción de la naturaleza.
Algunos
de los ulemas musulmanes que han llegado con sus obras a España, y que han
sido traducidos al español en libros editados por los centros islámicos,
presentan -con honrosas excepciones- una intolerable discriminación de la
mujer, que la convierte, a juicio de estos “sabios”, en objeto de uso y
abuso del varón. Algunas sabemos que esta actitud no es legítima, pues
contradice el discurso y el ejemplo de nuestro Profeta. El mensaje de
Muhamad (PyB) se basa en una cosmología unitaria e igualitaria, cuyo centro
es la interdependencia de todos los seres del universo. La lealtad a su
mensaje igualitario obliga a incorporar, en la primera fila de los
“sabios”, a las mujeres musulmanas pensadoras, como Fátima Mernissi. Los
hallazgos de esta
y otras investigadoras deberían obligar a corregir el discurso andocéntrico
de los historiadores y ulemas musulmanes de hoy, para introducir una nueva
perspectiva: la perspectiva de la mujer, que los estudiosos especializados
llaman perspectiva de género. Sin embargo, sus investigaciones han sido
rechazadas por un número importante entre los ulemas, por considerar que una
mujer no puede corregir la plana a los hombres revestidos de autoridad. El
atrevimiento le ha costado a ella y a otras musulmanas que la seguimos,
salir de la “ortodoxia”; aunque lo que pide, y pedimos, es simplemente poner
de manifiesto que la pretendida superioridad no es sino un conjunto de
injustificados privilegios del varón, que no tienen fundamento ni en el
Corán, ni en la Sunnah, ni en la historia.
La
empresa de una conversa que quiere encontrar su verdadera historia, no es
una empresa ética, sino estética. No es una empresa científica sino
clarificadora de búsqueda de claridad, de orden, de consecuencia.
Trato de comprender, no de juzgar; y al expresarme ante vosotros trato de
convencer, no de demostrar; trato de dialogar conmigo misma ante vuestra
presencia, no de “sentar cátedra”, pues yo he sido favorecida con la fe y la
libertad para aceptar Islam y vivirlo como musulmana, y no puedo sino
alegrarme y agradecer. He tenido el privilegio de abrir viejos y en
apariencia cerrados caminos de Unidad para encontrar respuestas y todo ello
como un regalo, sin que reconozca mérito alguno por mi parte. Lo que me
empuja a estar aquí con vosotros esta tarde es el deseo de compartir unas
preguntas profundas, que me han surgido, que han “advenido” a mí sin
intención alguna, pero que me ha impelido a buscar su respuesta por la senda
del buscador sin retorno: El “Sirat al-Mustaquim”. En el camino de esta
senda he visto caer y derrumbarse sin remedio todos los DOGMAS que formaban
el presupuesto, “la premisa mayor”, del silogismo inicial de nuestra cultura
y de nuestra historia como españoles y como occidentales. Este dogma afirma
que “nuestra identidad histórica implica la confesionalidad católica”.
Ahora, después de quinientos años de monopolio católico y su empeño de
erradicar toda seña de identidad musulmana en España, vosotros, tetuanís,
andaluces de Marruecos que fuisteis expulsados de vuestras casas y de
vuestras tierras españolas por el solo hecho de ser musulmanes, vosotros los
moriscos del norte de África, habéis conservado para nosotros, los conversos
a Islam en España, los andalusíes del siglo XXI, una parte esencial de
nuestra memoria histórica y de nuestra identidad como españoles y como
andaluces. Habéis sabido conservar un recuerdo que pasa por reencontrarnos
todos los años aquí, en esta bellísima y generosa ciudad de Tetuan que es el
paradigma de ciudad morisca y andalusí: el recuerdo de que durante unos
siglos, fuimos libres para elegir, tal como prescribe Islam, nuestra
religión, y disfrutamos de unos Gobiernos que estaban obligados a proteger
la libertad religiosa. Aquí en Tetuán nos encontramos las personas de las
dos orillas que anhelamos la vuelta real y efectiva de esta diversidad y de
esta pluralidad religiosa a nuestro Alándalus, las personas que anhelamos
vivir ese perfume de libertad, el perfume que borre ese otro olor
desagradable a la carne humana quemada por la Inquisición, o ese otro olor
nauseabundo de monopolio religioso obligatorio, que todavía no se ha
despejado del todo de España. Aquí nos encontramos reunidas personas que
no podemos vivir sin libertad; esa libertad que cuando te permite elegir tu
propio Dios, tu propia forma de adorarlo, es la expresión de nuestra
identidad más profunda. Sinceramente os llevo en mi corazón. Muchas gracias
por vuestra paciencia. Tetuán, 12 de Mayo de 2001.
Jadicha Candela.
Fatima Mernissi, "El Harén político". Eds. del Oriente y del
Mediterráneo. Madrid, 1999.