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PERFUME DE LIBERTAD EN ALÁNDALUS
Jadicha Candela Castillo. Tetuán, mayo 2001
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ÍNDICE
III.-LA EXPERIENCIA DIRECTA DEL RENACIMIENTO DEL ISLAM DE ALÁNDALUS EN
ESPAÑA.
Refutación del sistema académico de fuentes.
Al
repasar el trabajo de los historiadores en la investigación académica sobre
Alándalus, encuentro que el sistema empleado por estos científicos pasa por
la construcción de una teoría y después por la búsqueda de las fuentes
históricas que apoyan esta teoría, desechando toda noticia que no se adapte
a la idea preconcebida por el investigador. Por eso, las fuentes utilizadas
por los investigadores actuales adolecen de parcialidad y me llevan a la
desconfiar de las conclusiones que ofrecen. Es un hecho que muchos arabistas
intentan disfrazar o quitar importancia al nivel de libertad alcanzado por
las musulmanas de Alándalus, por el hecho de no estar generalizado a la
totalidad de las mujeres, sin percatarse que este tipo de análisis puede
aplicarse también en nuestros días y nos encontraríamos con esta misma
realidad. Solo las mujeres que han podido acceder a un cierto nivel de
educación y de bienestar material puede decirse que son libres, no las
mujeres menos favorecidas económica y socialmente. Pero éstas, las
favorecidas, eran libres, sin que el destacar esta circunstancia nos
produzca una deformación de enfoque que convierta en rosa el panorama
medieval andaluz, tan falso como el oficialista de nuestras universidades,
exclusivamente negativo y machista. Por ejemplo: ante los vestigios y
noticias que hemos expuesto antes sobre el papel de las mujeres andalusíes y
su presencia en los ámbitos públicos, la academia objeta que esas cotas de
libertad sólo estaban reservadas a las mujeres acomodadas o aristócratas con
las que no rezaban las restricciones impuestas a las mujeres comunes. Se
minimiza así el status de libertad alcanzado por estas mujeres musulmanas en
contraposición al status de las mujeres también ricas o aristócratas de los
reinos cristianos coetáneos. Como nos recuerda J. María Forneas: “Sólo un
estudio de múltiples textos de todo tipo podría darnos un reflejo objetivo
de la situación de la mujer en Alándalus, para lo cual habría que hacer
muchas distinciones: épocas, lugares, clases sociales, ocupaciones".
Abundando en este sentido, la profesora Manuela Marín dice: " En un mundo de
hombres, que conocemos a través de relatos hechos por hombres, el trabajo y
las actividades femeninas no han merecido más que una atención muy
secundaria y siempre en función de su papel dentro del núcleo familiar. Con
todo, su aislamiento no las separó del todo ni de la sociedad ni de la vida
intelectual y política”.
Estos pequeños ejemplos, a los que podríamos añadir otros tantos, nos ponen
en guardia sobre las fuentes de la historia oficial. La doctrina académica
ya ha elaborado las características de la sociedad de Alándalus. Ha sido
definida como una sociedad opresora, patriarcal y misógina, donde las
mujeres se destinaban a sus papeles sexuados de reproductoras, y así debía
ser forzosamente, y aunque las pruebas y las fuentes digan otra cosa bien
distinta, son interpretadas a conveniencia de las teorías académicas
oficiales. Todo ello se dirige a confundir al profano, pues para estos
académicos es inadmisible el hecho de una sociedad en el medievo español que
funcionaba respetando la igualdad y libertad de la mujer. Por ello cuando se
interpretan las fuentes que mencionan a alguna mujer destacada, en todos los
planos sociales, la postura oficial concluye que ellas están en la historia
por la vinculación por parentesco al varón más importante de su entorno. Se
mantiene y se defiende así la teoría de la posición “superior” de nuestra
cultura actual, cristiana, demócrata e igualitaria, que defiende los
derechos de la mujer, frente a la cultura y civilización musulmana que dio
lugar a Alándalus. Para ello se recurre a forzar la interpretación de las
fuentes y falsear las evidencias históricas, llamando “excepciones” a los
numerosos ejemplos sobre el estatus y el rango de las mujeres andalusíes.
Recobrar la memoria histórica.
Para
algunas historiadoras,
la reconstrucción de una memoria pasa por tres niveles distintos: el de las
ideas o del conocimiento, el de los valores y el de la acción; y al mismo
tiempo esta reconstrucción puede hacerse desde dos perspectivas muy
distintas: la mirada desde dentro que convierte al sujeto de estudio en
parte de nosotros y la mirada desde la que se les confiere la condición de
“ella”, o “ellos”; es decir, la mirada que se lanza a los extraños o a los
extranjeros. Esa mirada que las ciencias positivistas del pasado siglo
gustaban nominar como mirada “objetiva”. Pues bien, desde esta postura
“objetiva” y por ende científica y superior, la academia oficial ha
establecido que en el mundo islámico, el mundo de la acción, del gobierno,
de la guerra, es un campo reservado exclusiva y únicamente a los hombres.
“No es de extrañar, por tanto, que una sociedad patriarcal y medieval como
la andalusí esté basada en una sexista división del trabajo. Es decir, que
la mujer se dedique exclusivamente a procrear y a cuidar a los hijos y a ser
la satisfacción sexual del hombre”.
Pero las fuentes, tercamente, también nos dan noticias de mujeres
gobernantes, mujeres cuya intervención desmiente los planteamientos
teórico-académicos como el que hemos reproducido antes. Las fuentes nos dan
noticia de mujeres que han intervenido directamente en la vida pública de su
época y que han decidido en los asuntos de gobierno. Sin embargo, estas
mujeres son denominadas “excepciones” por la academia ortodoxa, reveladoras
según la postura oficial de una especial inteligencia o habilidad de tal o
cual mujer en cuestión, nunca un producto de la “civilización islámica
medieval de Alándalus”, machista por definición axiomática. Algunas
científicas dicen aún: “Se trata de un poder siempre ejercido por las
mujeres a través de un hombre”,
señalando además que la mujer se tornaría más poderosa e importante cuanto
más débil es el hombre instrumento. Al acusar al Islam de Alándalus de
conformar una comunidad retrógrada, machista e injusta, la ciencia oficial
está robando y falsificando nuestra memoria histórica, una memoria que no
está completa sin Islam. Para recobrarla, me he situado en los años de la
expulsión definitiva, cifrados entre el 1609 y el 1711.
A partir de estos años se recrudece la expulsión y se convierte en decidido
genocidio de los musulmanes que no pueden escapar; un genocidio no solo
físico, sino también histórico.
Por eso las fuentes que he tenido que manejar son las del opresor, las del
verdugo. Las fuentes judiciales de los procesos de cambios de nombres y
conversiones forzosas y masivas.
Es la
época de extinción del perfume de Islam y con la extinción del agradable
perfume a limpio y a flores, porque se prohibió de forma generalizada el
baño “por ser costumbre de moros el oler bien”.
Me he
situado en el punto final de Alándalus para encontrar otra vez, como al
principio, a las mujeres moriscas conservando Islam en su mínima expresión,
oculto y reducido, pero lo bastante luminoso para ser descubiertas por la
Inquisición, que seguía el rastro de cualquier tenue perfume de la prohibida
libertad. Así lo pone de manifiesto la doctora C. Barceló en su estudio
“Mujeres campesinas mudéjares”,
en el afirma que “la experiencia histórica de la feminidad será siempre
irremediablemente la zona de “silencio” marcada por la ausencia de las
fuentes, agravándose el problema en el caso de mujeres campesinas mudéjares,
al concurrir en ellas una triple marginación:
1.
la marginación de que es objeto la mujer, como sujeto histórico, a
favor del hombre;
2.
la marginación que sufre el ámbito rural frente al urbano;
3.
la marginación de los pertenecientes a una minoría marginada y
vencida en los siglos XIV y XV para los musulmanes a favor de la sociedad
cristiana”.
La triple
marginación que se describe en las moriscas, es exactamente la que sufrimos
hoy día las españolas que hemos aceptado Islam. Recordemos que en el siglo
XV se pasa de gobiernos con mayoría islámica a gobiernos cristianos, en los
cuales los musulmanes aparecen como minoría a extinguir. Las fuentes, a
pesar de ser peligrosa cualquier manifestación de Islam, confirman que la
campesina mudéjar, conocedora de las propiedades de las plantas por su
contacto directo con la naturaleza, y como heredera a la vez de la tradición
farmacológica del mundo islámico, jugará un papel decisivo en el campo de la
asistencia sanitaria y terapéutica. En sus prácticas curativas se mezclarán
la medicina empírica, los productos vegetales y las oraciones; produce una
mezcla perfecta de química y psicología. El resultado es de una sorprendente
eficacia y ejerce además una curiosa fascinación sobre la sociedad
cristiana: se permite como excepción a la prohibición general que las moras
ejercieran el oficio de médicos por el Consejo de Burgos.
En estos años de exterminio,“todavía se conservan como oficios comunes a
mujeres y a hombres las actividades musicales, de curandería, lavadoras de
difuntos y para hacer la circuncisión. Estaban prohibidas a los moriscos la
medicina, las leyes, las actividades políticas y las religiosas, las
honorarias, y las de armas, reservándose a estos las actividades
relacionadas con el Islam, ya sea su práctica o su enseñanza, ya sea las
ceremonias y tradiciones peculiares que rodean los distintos momentos de la
vida y de la muerte. En las prácticas profanas quedan reducidos,
mayoritariamente, al sector agrícola y artesano.”
FUENTES OCULTAS DEL RENACER DE ALÁNDALUS.
La
experiencia infalsificable.
Para
lograr la salida de la invisibilidad de las mujeres musulmanas de Alándalus
en la historia, en la religión y en la sociedad, evitando las oscuras
teorías de la oficialidad, he querido investigar los vestigios vivos e
infalsificables que perduran en la vida cotidiana de hoy en los territorios
de Alándalus. Buscar en los momentos íntimos de esta sociedad, escudriñar en
lo doméstico señales de Islam a través de su cocina, de sus baños; cómo se
vive en las huertas y en los jardines que acostumbramos a plantar para
adornarnos con sus flores la cabeza. Busco aspirar otra vez el querido
perfume. Estos rastros indelebles me han llevado a la verdadera memoria de
Alándalus.
El
rastro de Islam en las cocineras.
Prefiero
investigar en las fantásticas combinaciones de olores y sabores de nuestra
cocina. “Se las ponía a prueba con el plato llamado asfidabay”,
porque cuando lleva demasiadas especias, su caldo se ennegrece, siendo así
que ha de ser blanco y perfumado y bien homogéneo, siendo el colmo de lo que
se podría desear”.
La cocina verdaderamente tradicional, la que se transmite oralmente como
un tesoro de madres a hijas, la cocina que actúa como compendio de las
civilizaciones que la inventaron y guarda un recuerdo para los viajes que
han realizado los ingredientes exóticos que utilizamos para su sazón, como
sus especias, que forman otro perfume tan característico de Alándalus como
lo son el perfume de las flores y de los arbustos domésticos cultivados en
los patios, dentro de las casas.
El
Rastro de Islam en el baño
(Hamman)
“Los
baños son fuente de salud corporal y espiritual y se toman por las mujeres a
primera hora de la tarde”.
Ahora que se ha puesto otra vez de moda la curación a través de los olores,
la aromaterapia, debemos un homenaje a estas mujeres pioneras que sembraron
la placidez dentro de sus hogares a través de técnicas tan sofisticadas como
la acuaterapia, que se ha descubierto por la llamada ciencia occidental crea
y emite iones negativos que tienen un efecto relajante.
El
Rastro de Islam entre las jardineras:
También
relajan los aromas de la flor del naranjo, el azahar, con su nombre morisco,
y los jazmines que alegran el espíritu. Las plantas fueron cultivadas
tradicionalmente por las mujeres andalusíes como algo propio, de manera que
se ha llegado a identificar un fresco patio, que posee una fuente cantarina
y arbustos y árboles frutales perfumados, con uno de los signos
identificativos de la cultura morisca del sur de España. Ellas, las sabias
jardineras moriscas del Alándalus musulmán, se fueron de España, su país,
expulsadas por la intransigencia, pero han dejado su regalo en forma de
patio perfumado, para nosotras sus herederas. Han llegado hasta nosotras
vivas las tradiciones florales moriscas. Algo que no han podido erradicar
quinientos años de persecución y desarraigo. Y de los patios al adorno
personal basándose en flores.
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