III. LA IGUALDAD EN El ÁMBITO PRIVADO. La igualdad de oportunidades de la mujer
en el ámbito doméstico.
“Yo he
intimado mucho con mujeres…. porque ellas me enseñaron el Corán, me
recitaron no pocos versos y me adiestraron en tener buena letra”.
He leído esta cita de Ibn Hamz, porque para mí la igualdad de
oportunidades, que es base de la libertad, empieza con la no discriminación
de la mujer en el ámbito de la educación, en un primer nivel y en niveles
superiores, y porque esta cita resume la posición de la mujer andalusí no
solo como alumna, sino como maestra.
La
igualdad de la mujer en la educación y en la enseñanza.
El hecho
cierto es la existencia de una serie de noticias y vestigios históricos
sobre científicas, literatas y poetisas, lo cual presupone el que hubiera un
primer nivel de enseñanza para mujeres. Así mismo existen los repertorios
que mencionan a maestras que hemos de suponer dedicadas a la enseñanza.
“Por naturaleza y por necesidad ha recaído en manos de la mujer la
responsabilidad de iniciar a los niños en el uso de la lengua, y en la
práctica de la religión musulmana y el mantenimiento del acervo folklórico.
Pero sobre todo, la misión de inculcar el orgullo de pertenecer a la
comunidad islámica, como principal factor de defensa de identidad en una
minoría marginada”.
“Sabemos que aprendían y enseñaban tanto a varones como a mujeres, y que
acudían normalmente a las clases que se impartían tanto en las mezquitas
como en casa de los profesores”.
“Las tres biografías permiten suponer una notable equiparación entre hombres
y mujeres en lo referente al proceso de formación intelectual en sus niveles
superiores, y a las labores de enseñanza en esos mismos niveles”.
“El proceso de enseñanza superior en Alándalus, se certificaba con el
permiso (iyaza o ‘idem) para enseñar, autografiado en los
bordes del manuscrito que el alumno había aprendido; y las fases del proceso
de enseñanza, según los estudiosos, pasaba por la enseñanza en las escuelas
coránicas, o con profesores particulares en la ciudad de nacimiento, una
posterior estancia en otra ciudad de Alándalus y un período de formación
fuera del país, aparejado o no con el precepto islámico del Hach o
peregrinación a la ciudad santa de Meca. Estas maestras enseñaban tanto a
hombres como a mujeres, al igual que antes, en el período de formación y en
las mismas etapas, asistían a clase individuos de ambos sexos. Las maestras
son citadas con nombre propio a pesar de estar, algunas de ellas, casadas.
Se han conservado 3.000 expedientes de procesos de la Inquisición referentes
a los moriscos, en la última etapa de presencia musulmana en España,
correspondiente a los años 1566 a 1609,
de los cuales una gran mayoría se refiere a mujeres que enseñaban Islam.
La
igualdad económica de la mujer musulmana en Alándalus y su independencia en
este campo con respecto al hombre.
No
podemos explicarnos el desconocimiento profundo de que las arabistas
españolas hacen gala sobre el sistema de derechos fundamentales de la mujer
musulmana, que se reflejan en la autonomía tanto económica como política.
Este estatus legal, estos derechos, son sistemáticamente ignorados por la
doctrina académica oficial. Pero es más: estas mujeres independientes
tenían, y así lo demuestran las fuentes, peso político propio. En este
sentido, alguna de estas profesoras impartiendo doctrina ha llegado a decir:
“Desconocemos los detalles concretos del mecanismo por el cual las mujeres
de la familia real omeya accedían a la propiedad de bienes mueble e
inmuebles; es de suponer que este proceso seguía las normas habituales, es
decir, herencia, dote y, en ocasiones, donaciones de los emires o califas”.
Tal afirmación obvia el hecho de que el Corán dota a las mujeres de un
status legal de igualdad en lo económico, estableciendo en el libro sagrado
el derecho a la autogestión e independencia de la mujer en este plano básico.
De hecho, tenemos múltiples ejemplos de cómo el papel de agente económico de
la mujer en Alándalus la convierte en un poder fáctico de su época. “La
mujer musulmana actúa como agente económico en la sociedad musulmana de
Alándalus y en nuestros días”.
En
efecto, las mujeres de Alándalus disponían de grandes sumas de dinero que
administraban ellas mismas, y que utilizaban en fundar construcciones de
palacios y mezquitas.
La
igualdad en el campo de gestión de bienes.
Por
supuesto las mujeres poseían sus propios bienes, a veces en cantidades tan
considerables que tenían influencia política, como la madre de Boabdil.
En cuanto a los datos sobre las propiedades de fincas, se revelan datos
sobre posesiones a gran escala de mujeres, como la viuda de Almanzor, Al
Dalfa.
Las fuentes nos la describen como la financiadora de la rebelión contra
Sanchuelo, hablándose de la elevada cifra de un millón de dinares, y dueña
de incalculables riquezas acumuladas en varias villas que poseía en las
grandes ciudades de Alándalus. Destaco, en este sentido, la dote de una
paisana mía: la hija del conde visigodo Teodomiro, señor de la Cora de
Tudmir, que se casó con Abdel Gabba y recibió una alquería en Orihuela y
otra en los alrededores de Elche, ambas ciudades muy cercanas a la actual
Murcia.
Y recordemos la herencia de Sancha la Goda, consistente en mil aldeas en el
occidente de Alándalus, que seguramente constituyeron la base de la fortuna
de la poderosa estirpe de los Banu Hagag.
Todos estos ejemplos nos autorizan a suponer a las mujeres andalusíes como
poseedoras de un estatus económico propio, pues podían disponer libremente
de grandes fortunas que ellas mismas administraban con una independencia
superior a las mujeres de las pasadas décadas en España; recordemos que
-hasta la Constitución de 1978- las mujeres españolas debían ser autorizadas
por su padre o por sus maridos para suscribir cualquier documento económico,
incluida una cuenta corriente bancaria.
La
exaltación de la mujer musulmana en las relaciones familiares y amorosas.
Es
curioso que las historiadoras españolas no destaquen el hecho de los
frecuentes múltiples matrimonios de las mujeres andalusíes, cuando la
posibilidad de divorciarse y de casarse varias veces suponía una ventaja
enorme para las musulmanas, que podían mejorar de esta forma su estatus y su
carrera frente a la rígida moral sexual cristiana que prescribía el
matrimonio vitalicio o el convento perpetuo. Tal es el caso de Asma, mujer
de Almanzor, repudiada por el visir del Califa Al Hakan II, que conservó
toda su vida el favor de Almanzor; hecho que a la historiadora que reporta
estas fuentes le lleva a exclamar con un cierto asombro: “Debió ser de un
extraordinario atractivo físico, y muy inteligente”.
Sara la Goda viajó a Damasco para solicitar al califa justicia contra su tío.
“A Hafsa al-Rukuniyya, a Nazhum y a Wallada se debe la fama de mujeres en
libertad que tienen las poetisas hispanoárabes”.
“Wallada y Hafsa al-Rukuniyya cantan al amor y a los celos, siendo los
poemas correspondencia con sus amantes, medio de comunicación y de
identificación entre las minorías cultas”.
La libertad emocional y sentimental de la que hablan las arabistas no era
obstáculo para que la posición de la mujer sea de exaltación. “Vivió honrada
por los suyos, (nos dejó) sin haber sufrido desconsideración ni regateo
mezquino”. La altísima posición de la amada musulmana pasó a la posteridad
como antecedente del amor galante de los trovadores europeos. Otra muestra
de la devoción por la figura femenina de nuestros antepasados nos la
proporciona Abu Ihsan de Elvira, que dice:
“Desvía tu montura hacia
el desolado desierto y haz que se arrodille junto a una tumba que contiene
la luz de mis ojos. Veras con evidencia qué rango ocupa en su sepulcro y te
llegará la fragancia de su perfume”.
Abu Hayyan nos da otro ejemplo de la altísima posición de que gozaba la
esposa musulmana, pues describe
en su elegía a su mujer, Zumurruda (Esmeralda), sus relaciones de pareja
con notas que bien quisieran las feministas actuales; dice así: “Era mi
compañera en la soledad y en el destierro -de Granada a Egipto- despierto,
dormido y de viaje. Mi contertulio en mi casa y fuera de ella. Mi camarada
en el Hach (la peregrinación). Era mi esperanza que ella siguiese con vida,
cuando la enfermedad me rondase. Porque no era solo una esposa, sino una
madre, y yo su hijo más pequeño.” Este poeta que sentía un afecto inmenso
por su mujer¿podría ser calificado como un machista medieval también?
No
obstante, esta actitud que ha llegado hasta nosotros y que comparándola
incluso con nuestros días es paradigma de una sociedad igualitaria y
feminista, es considerada una rara excepción.