LA MUJER EN EL ISLAM

YIA.LM - BOLETÍN YAMA'A

 

 

 


 

PERFUME DE LIBERTAD EN ALÁNDALUS

 

Jadicha Candela Castillo. Tetuán, mayo 2001


ÍNDICE

 

III. LA IGUALDAD EN El ÁMBITO PRIVADO. La igualdad de oportunidades de la mujer en el ámbito doméstico.

 

“Yo he intimado mucho con mujeres…. porque ellas me enseñaron el Corán, me recitaron no pocos versos y me adiestraron en tener buena letra”[29]. He leído esta cita de Ibn Hamz, porque para mí la igualdad de oportunidades, que es base de la libertad, empieza con la no discriminación de la mujer en el ámbito de la educación, en un primer nivel y en niveles superiores, y porque esta cita resume la posición de la mujer andalusí no solo como alumna, sino como maestra.

 

La igualdad de la mujer en la educación y en la enseñanza.

 

El hecho cierto es la existencia de una serie de noticias y vestigios históricos sobre científicas, literatas y poetisas, lo cual presupone el que hubiera un primer nivel de enseñanza para mujeres. Así mismo existen los repertorios que mencionan a maestras que hemos de suponer dedicadas a la enseñanza. “Por naturaleza y por necesidad ha recaído en manos de la mujer la responsabilidad de iniciar a los niños en el uso de la lengua, y en la práctica de la religión musulmana y el mantenimiento del acervo folklórico. Pero sobre todo, la misión de inculcar el orgullo de pertenecer a la comunidad islámica, como principal factor de defensa de identidad en una minoría marginada”[30]. “Sabemos que aprendían y enseñaban tanto a varones como a mujeres, y que acudían normalmente a las clases que se impartían tanto en las mezquitas como en casa de los profesores”[31]. “Las tres biografías permiten suponer una notable equiparación entre hombres y mujeres en lo referente al proceso de formación intelectual en sus niveles superiores, y a las labores de enseñanza en esos mismos niveles”[32]. “El proceso de enseñanza superior en Alándalus, se certificaba con el permiso (iyaza o ‘idem) para enseñar, autografiado en los bordes del manuscrito que el alumno había aprendido; y las fases del proceso de enseñanza, según los estudiosos, pasaba por la enseñanza en las escuelas coránicas, o con profesores particulares en la ciudad de nacimiento, una posterior estancia en otra ciudad de Alándalus y un período de formación fuera del país, aparejado o no con el precepto islámico del Hach o peregrinación a la ciudad santa de Meca. Estas maestras enseñaban tanto a hombres como a mujeres, al igual que antes, en el período de formación y en las mismas etapas, asistían a clase individuos de ambos sexos. Las maestras son citadas con nombre propio a pesar de estar, algunas de ellas, casadas[33]. Se han conservado 3.000 expedientes de procesos de la Inquisición referentes a los moriscos, en la última etapa de presencia musulmana en España, correspondiente a los años 1566 a 1609[34], de los cuales una gran mayoría se refiere a mujeres que enseñaban Islam.

 

La igualdad económica de la mujer musulmana en Alándalus y su independencia en este campo con respecto al hombre.

 

No podemos explicarnos el desconocimiento profundo de que las arabistas españolas hacen gala sobre el sistema de derechos fundamentales de la mujer musulmana, que se reflejan en la autonomía tanto económica como política. Este estatus legal, estos derechos, son sistemáticamente ignorados por la doctrina académica oficial. Pero es más: estas mujeres independientes tenían, y así lo demuestran las fuentes, peso político propio. En este sentido, alguna de estas profesoras impartiendo doctrina ha llegado a decir: “Desconocemos los detalles concretos del mecanismo por el cual las mujeres de la familia real omeya accedían a la propiedad de bienes mueble e inmuebles; es de suponer que este proceso seguía las normas habituales, es decir, herencia, dote y, en ocasiones, donaciones de los emires o califas”[35]. Tal afirmación obvia el hecho de que el Corán dota a las mujeres de un status legal de igualdad en lo económico, estableciendo en el libro sagrado el derecho a la autogestión e independencia de la mujer en este plano básico[36]. De hecho, tenemos múltiples ejemplos de cómo el papel de agente económico de la mujer en Alándalus la convierte en un poder fáctico de su época. “La mujer musulmana actúa como agente económico en la sociedad musulmana de Alándalus y en nuestros días”[37].

 

En efecto, las mujeres de Alándalus disponían de grandes sumas de dinero que administraban ellas mismas, y que utilizaban en fundar construcciones de palacios y mezquitas[38].

 

La igualdad en el campo de gestión de bienes.

 

Por supuesto las mujeres poseían sus propios bienes, a veces en cantidades tan considerables que tenían influencia política, como la madre de Boabdil[39]. En cuanto a los datos sobre las propiedades de fincas, se revelan datos sobre posesiones a gran escala de mujeres, como la viuda de Almanzor, Al Dalfa[40]. Las fuentes nos la describen como la financiadora de la rebelión contra Sanchuelo, hablándose de la elevada cifra de un millón de dinares, y dueña de incalculables riquezas acumuladas en varias villas que poseía en las grandes ciudades de Alándalus. Destaco, en este sentido, la dote de una paisana mía: la hija del conde visigodo Teodomiro, señor de la Cora de Tudmir, que se casó con Abdel Gabba y recibió una alquería en Orihuela y otra en los alrededores de Elche, ambas ciudades muy cercanas a la actual Murcia[41]. Y recordemos la herencia de Sancha la Goda, consistente en mil aldeas en el occidente de Alándalus, que seguramente constituyeron la base de la fortuna de la poderosa estirpe de los Banu Hagag[42]. Todos estos ejemplos nos autorizan a suponer a las mujeres andalusíes como poseedoras de un estatus económico propio, pues podían disponer libremente de grandes fortunas que ellas mismas administraban con una independencia superior a las mujeres de las pasadas décadas en España; recordemos que -hasta la Constitución de 1978- las mujeres españolas debían ser autorizadas por su padre o por sus maridos para suscribir cualquier documento económico, incluida una cuenta corriente bancaria[43].

 

La exaltación de la mujer musulmana en las relaciones  familiares y amorosas.

 

Es curioso que las historiadoras españolas no destaquen el hecho de los frecuentes múltiples matrimonios de las mujeres andalusíes, cuando la posibilidad de divorciarse y de casarse varias veces suponía una ventaja enorme para las musulmanas, que podían mejorar de esta forma su estatus y su carrera frente a la rígida moral sexual cristiana que prescribía el matrimonio vitalicio o el convento perpetuo. Tal es el caso de Asma, mujer de Almanzor, repudiada por el visir del Califa Al Hakan II, que conservó toda su vida el favor de Almanzor; hecho que a la historiadora que reporta estas fuentes le lleva a exclamar con un cierto asombro: “Debió ser de un extraordinario atractivo físico, y muy inteligente”[44]. Sara la Goda viajó a Damasco para solicitar al califa justicia contra su tío[45]. “A Hafsa al-Rukuniyya, a Nazhum y a Wallada se debe la fama de mujeres en libertad que tienen las poetisas hispanoárabes”[46]. “Wallada y Hafsa al-Rukuniyya cantan al amor y a los celos, siendo los poemas correspondencia con sus amantes, medio de comunicación y de identificación entre las minorías cultas”[47]. La libertad emocional y sentimental de la que hablan las arabistas no era obstáculo para que la posición de la mujer sea de exaltación. “Vivió honrada por los suyos, (nos dejó) sin haber sufrido desconsideración ni regateo mezquino”. La altísima posición de la amada musulmana pasó a la posteridad como antecedente del amor galante de los trovadores europeos. Otra muestra de la devoción por la figura femenina de nuestros antepasados nos la proporciona Abu Ihsan de Elvira, que dice: [48] “Desvía tu montura hacia el desolado desierto y haz que se arrodille junto a una tumba que contiene la luz de mis ojos. Veras con evidencia qué rango ocupa en su sepulcro y te llegará la fragancia de su perfume”[49]. Abu Hayyan nos da otro ejemplo de la altísima posición de que gozaba la esposa musulmana, pues describe[50] en su elegía a su mujer, Zumurruda (Esmeralda),  sus relaciones de pareja con notas que bien quisieran las feministas actuales; dice así: “Era mi compañera en la soledad y en el destierro -de Granada a Egipto- despierto, dormido y de viaje. Mi contertulio en mi casa y fuera de ella. Mi camarada en el Hach (la peregrinación). Era mi esperanza que ella siguiese con vida, cuando la enfermedad me rondase. Porque no era solo una esposa, sino una madre, y yo su hijo más pequeño.” Este poeta que sentía un afecto inmenso por su mujer[51]¿podría ser calificado como un machista medieval también?

No obstante, esta actitud que ha llegado hasta nosotros y que comparándola incluso con nuestros días es paradigma de una sociedad igualitaria y feminista, es considerada una rara excepción.

 

[29]             Ibn Hamz, “El collar de la paloma”.

[30]             Ana Labarta, “La mujer morisca: sus actividades”. Madrid, 1989.

[31]             Barrios, “El Tribunal de la Inquisición en Andalucía”. Rodríguez Castillejo. Sevilla 1991.

[32]             Rafael Valencia,  “Tres maestras sevillanas de la época del Califato”, pág. 190. Actas de las V Jornadas de investigación interdisciplinar. Madrid, 1989.

[33]             Op. cit, pág. 189. 

[34]             Actas de los procesos de acusación del Tribunal del Santo Oficio de Valencia.

[35]             Manuela Marín, op. cit., pág. 111.

[36]             El Corán 2, 102; 16, 97; 33, 35. Traducción Muhamad Asad. Ed. Junta Islámica. Córdoba, 2000.

[37]       “Historia de la literatura árabe desde sus orígenes hasta finales del siglo XV después de Cristo.”

[38]             Rafael Valencia, “Presencia de las mujeres en la corte de Al Mutamid”, págs. 129-137. Madrid.

[39]             Emilio García Gómez, “El siglo XI en primera persona: Las memorias del Rey Zirí de Granada”. 1989.

[40]             “Sobre Galib y Almanzor”, págs. 449-452. Alcántara 1981.

[41]             Vallve, “Agricultura en Alandalus”, pág. 15. Tarsis.

[42]             Nafh I, página 266.

[43]             I. Goldziher, “Muslim studies II”. 1978.

[44]             Guichard, “Al Andalus”, pág. 172.

[45]             Guichard, “Al Andalus”, pág. 188.

[46]             Teresa Garulo, “ Sobre las poetisas de Alandalus” pág. 196 Jornadas de investigación.  Madrid, 1989.

[47]             T.Garulo cita a J.E.Bencheijh, en “Poetique arabe essai sur le voies d’une creation”. París, 1975.

[48]             Yarir, op. cit., nota 47.

[49]             Abu Ishaq de Elvira, “Diwan”, págs. 130-133. Trad. Emilio García Gómez. Madrid- Granada, 1944.

[50]             Abdel Salam Harras, “El Diwan de Abu Hayyan”, tesis doctoral presentada el 14 de junio de 1966, en la Universidad Complutense de Madrid,  forma parte del libro publicado en 1985. Poeta del  S.XIV, 1329 DC. o 736 Hégira.

[51]             También sentía gran afecto por su hija Nudar, a la que escribió "Nudar (el oro puro) acerca del consuelo de Nudar". (Cfr. Abdesalam Harras, op. cit).