LA MUJER EN EL ISLAM

YIA.LM - BOLETÍN YAMA'A

 

 

 


 

PERFUME DE LIBERTAD EN ALÁNDALUS

 

Jadicha Candela Castillo. Tetuán, mayo 2001


ÍNDICE

 

II. LA LIBERTAD EN EL ÁMBITO PÚBLICO: La igualdad de oportunidades del hombre y la mujer musulmana en los ámbitos religioso, jurídico y político en Alándalus.

 

Con este perfume de libertad, que antes casi olimos, se configuró una de las sociedades más ricas, estables y avanzadas que nos ha sido dado conocer, y ésta es la sociedad formada en Alándalus durante los siglos ocho a quince en España. Alándalus fue Andalucía, a cuya superficie actual hay que añadir el territorio de lo que hoy conocemos como Comunidad Autónoma Extremeña, Comunidad Autónoma Murciana y Comunidad Autónoma Valenciana. Ese perfume emanó, como un milagro, en una sociedad del medievo y asombró al mundo civilizado de entonces y de ahora. Sus logros en materia de reconocimiento de los derechos individuales, en materia de protección a la diferencia religiosa, y el nivel de sus ciudades, en cuanto a higiene confort, riquezas materiales y espirituales, alcanzó unas cotas  que aun hoy en día no hemos igualado. Aunque lo justo sería analizar el sistema de integración de las minorías que ideó Islam, voy a centrar mi análisis en la mujer musulmana y ello porque es un fenómeno que conozco de primera mano. Las musulmanas, como grupo subordinado, como grupo marginado y oculto tras los velos, somos ahora objeto de un interés nuevo, casi desmesurado. Pero es aun mayor el interés que suscitan entre los estudiosos las musulmanas de Alándalus. El interés empezó a despertarse en el nivel académico, en el ámbito de expertos universitarios, en la segunda mitad de la década de los ochenta. En esa época empezaron a florecer seminarios y reuniones de profesores que trataban de responder a cuestiones como las siguientes: ”¿Por qué las mujeres de Alándalus se han convertido en un foco de atracción principal en esta década? ¿Forman parte de nuestra identidad las mujeres andalusíes, del mismo modo que sus coetáneas de los reinos cristianos medievales? ¿Fueron, las mujeres andalusíes un episodio temporal, hace siglos concluido?” [5]. El problema que evocan estas preguntas es el problema de la identidad, el de nuestra identidad colectiva como mujeres españolas y andaluzas. Yo conozco muy bien de donde arrancan estas preguntas, porque he tenido que respondérmelas por mí misma. La identidad que reclaman estas preguntas no es un problema individual. Es un problema de deseos y de decisiones, a veces de Estado, que permiten excluir de la memoria las raíces negadas, ignorándolas, aunque las andalusíes seguimos vivas en nuestra sociedad en los umbrales del siglo XXI, como los cimientos escondidos en los que se apoya la conciencia colectiva española, con independencia de los que sobre nosotras, sobre nuestra historia y sobre nuestra identidad como mujeres españolas, digan y legislen los poderosos o los observadores científicos. Porque Islam ha despertado de nuevo en los corazones de nosotros los Andalusies, los musulmanes españoles actuales, y se ha manifestado hacia el exterior en el preciso instante en que hemos recobrado la libertad religiosa perdida en 1492, y nunca recobrada hasta hoy[6]. Las respuestas a estas preguntas estaban ahí, en el sustrato tapado por el genocidio perpetrado contra los musulmanes españoles durante trescientos años, a manos de la Inquisición, a la que algunos todavía llaman Santa y se ha manifestado en forma de nuevos musulmanes con los mismos parámetros donde Islam fue sepultado. Como si florecieran los tocones de los árboles talados hasta la raíz, y brotaran las semillas de un jardín cubierto con asfalto durante siglos. Pero volvamos al  análisis de los rastros dejados por nuestras antepasadas en Alándalus.

 

VESTIGIOS HISTÓRICOS DE LA PRESENCIA DE LAS MUJERES EN LOS  DIFERENTES ÁMBITOS DE LA VIDA PÚBLICA DE ALÁNDALUS.

 

Vestigios en el ámbito religioso y jurídico.

Examinando los pocos vestigios que han quedado, ¿puede hablarse de libertad en el Alándalus cuando abundan las elegías femeninas que destacan su valor social y artístico?[7]. Con esta pregunta parte la andadura de la historia oficial española. Señoras historiadoras, existen evidencias históricas suficientes para afirmar que las musulmanas de Alándalus no eran mujeres "florero", por utilizar terminología política actual, sino que  practicaron todas las funciones públicas, incluidas las funciones de dirigentes religiosas y portavoces de la comunidad. En efecto, si leemos las Crónicas, nos encontramos mujeres interpretando la Shari'a e impartiendo Justicia durante todos los siglos de Islam en España[8]. Uno de los grandes especialistas en poesía medieval de Alándalus[9] considera que las mujeres reflejan las costumbres de su época. “Las fuentes jurídicas, tanto teóricas como prácticas ofrecen un material cuyo aprovechamiento aparece lleno de interés, de los fatuas del Magreb que se han estudiado por el E. Amar al principio del siglo XX"[10]. Ibn Jaldum cita en su Muqadima a las alfaquíes del Magreb expertas en la aplicación práctica de la Shari'a, entre ellas a la destacada jurisconsulta que reporta “El Maqari” y que era mujer del Cadi de Loja. Según transmiten los autores, sobresalía en sentencias y en casos judiciales. Es conocido el caso de una mujer “Alfaquí”. Se trata de Um-al Darda al Sugra, muerta en el año 81 de la Hégira, siglo VIII después de Cristo[11]. Las mujeres alfaquíes de Alándalus se han estudiado por la Drª. Avila[12]. Ella nos transmite las noticias sobre mujeres que actuaron, como funcionarios públicos según reporta Ibn Hanz, e incluso como imames.

 

Vestigios en el ámbito  del poder político: la mujer en el Alcázar.[13]

 

En varias ocasiones se nos indica en los textos históricos que las mujeres andaluzas que “vivían en palacio representaban una fuerza con la que había que contar”[14]. Pero rápidamente se nos aclara que “no conviene, sin embargo exagerar la importancia de estos datos ya que aparecen de forma aislada y circunscritos a las luchas por el poder dentro de los muros de los alcázares”[15]. Empero, y a pesar de estas reticencias oficiales, sabemos que las mujeres tuvieron tanta importancia en palacio “que ninguno de los Omeyas andaluces fue hijo de mujer libre”, como observa Ibn Hamz[16]. Dentro del examen de la vida de las mujeres en el Alcázar real, se examinan siempre dos aspectos que tienen una fuerte relación intrínseca: las relaciones amorosas y la reclusión de la mujer. Es interesante recordar aquí el hecho de que, en ambos planos, diversos estudios de la vida en Alándalus hayan llegado a la conclusión de que las mujeres disfrutaban en la Península Ibérica de una mayor libertad que en Oriente[17]. Sin embargo, nuestras arabistas oficiales descalifican estas noticias con diferentes reproches. Uno de estos reproches, citado con frecuencia, dice que “las mujeres que aparecen en la historia nunca lo hacen en función de su propia actividad, sino siempre como reflejo a través de la personalidad masculina que les da, por así decir, derecho a la existencia histórica. Conocemos los nombres de todas las madres de todos los Emires o de los Califas Omeyas, (dcosa que no se puede predicar de todos los reyes visigodos de la Península), pero casi nunca se nos dice otra cosa sobre ellas (de las cristianas tampoco). Algo parecido puede decirse de las mujeres, legítimas o no, (por lo menos aparecen citadas las no legítimas, cosa impensable en las crónicas cristianas)”. En este sentido, es paradigmática la actitud de la profesora Marín, que llega a llamar a las andaluzas “alguna de estas sombras con nombre pero sin rostro, a las que escapan de la oscuridad a que las condenaba su condición y han intervenido de manera activa en los asuntos de Gobierno”[18]. La historiadora afirma rotundamente: “La mujer cuya vida hemos intentado reconstruir es, pues, ante todo, una productora de hijos, una sirvienta o una fuente de placer y de diversión. Las hijas de familias nobles, antes de ser dadas en matrimonio, se ocupaban de algún trabajo doméstico, o en ciertos casos se dedicaban a la poesía y a la devoción"[19]. Este panorama se oscurece todavía más si se desciende a la indumentaria. “El velo forma un espacio ambulante de la mujer, pero en los lugares públicos se da una mezcla, promiscuidad controlada, donde la separación de los sexos se hace efectiva por el porte del velo”[20]. Sin embargo, las Crónicas que han llegado hasta nosotros contradicen la conclusión académica que acabamos de describir. Así, Hassan Ahmad Mahmud, Muhammad Mayid al-Said y Fawusi Saad Isa, en tres libros sobre las mujeres en tiempos de los almorávides y los almohades[21], dicen que la mujer mantuvo y aun acrecentó sus privilegios con papeles antes inusuales. Las fuentes hablan de mujeres influyentes en la política, y no se usaba el velo femenino de forma obligatoria, como revela una anécdota de una esposa de un emir que se peina en presencia de este y de un primo suyo que entró a verlo[22]. Como la hermana de Alí Yusuf, que es encontrada en el zoco sin el velo por el poeta Ibn Tumart[23], el cual no parece, por esta circunstancia,  mermar en su aprecio y consideración por la hermana de su amigo. También “hay tres poemas en que se denuncian injusticias, uno de Hassana, quejándose de la cometida con ella por el Gobernador de Elvira, otro de Asma’ al-Amiriya y de Al-Silbiya denunciando la situación de su ciudad natal, Silbes, víctima de un Gobierno injusto, y reivindicando para sí una de las funciones de los poetas antiguos, la de ser portavoz de la Comunidad”[24]. En efecto, la influencia de estas mujeres en la vida pública se generalizó, y se hizo tan importante que no faltaron las voces misóginas de rigor, que siempre están alertas en tales circunstancias, achacando las causas del declive almorávide a la influencia femenina en la vida pública[25].

 

Vestigios en el ámbito social.

Pero si en lo político el papel de la mujer fue destacado, lo fue menos que en el período anterior, el Califato; mientras que socialmente y, sobre todo desde un punto de vista docente y científico, tanto con los almorávides como con los almohades ese papel se mantuvo y aún fue a más. Se pueden destacar nombres como el de Zainab Bint Yusuf b. ‘Abd al-Mumin. Las fuentes hablan de mujeres dedicadas a la medicina, como las hermanas de Abenzohar, o que trabajaban como enfermeras; sin hablar de las literatas como Hafsa bint al Hayye Al Rakuniyya. Los morabitunes, que podrían considerarse talibanes medievales, respetaron la igualdad y la libertad de la mujer en Alándalus, como pone de manifiesto la opinión del gran Averroes, o Ibn Rushd, para el cual “Entre el hombre y la mujer no hay diferencia por razón de la naturaleza, sino sólo cuantitativa del ejercicio. Es necesario ampliar el campo femenino a otras actividades además de las tradicionales, otorgar a la mujer libertad de pensamiento”[26]. Siguiendo esta línea, Averroes afea a los orientales el privar a la mujer de sus facultades humanas como si solo hubiese sido creada para concebir y para amamantar, pues según la interpretación tradicional del Alándalus, muchas cuestiones se enfocaban con una sensata falta de perjuicios retrógrados y con soluciones plenamente actuales por ser progresistas. “Es innegable el papel de la mujer andalusí en el quehacer intelectual de la época”[27]. “Se puede constatar una exigencia en los niveles sociales altos de un bagaje cultural de las mujeres, lo cual es reflejo de un desarrollo considerable en el plano social, desarrollo considerable en multitud de campos”[28]. El análisis de estas fuentes no puede sino llevar a la conclusión de que existe la presencia de la mujer en Alándalus, en todos los ámbitos públicos, en situación de igualdad con los hombres.

 

[5]              Mª Ángeles Durán, “ A modo de Prólogo: Fragmentación y síntesis del sujeto”, pág. 13. Madrid.

[6]              Hasta que se promulgó la Ley Orgánica de Libertad Religiosa en 1982, que a su vez desarrolló el artículo 16 de la Constitución de 1978.

[7]              J. Mª Forneas,  “Elegías de tema femenino - La mujer musulmana en las épocas almoravid y almohade”, Universidad Autónoma de Madrid, 1989.

[8]              En España se prohibieron tale funciones a mujeres desde 1492 a 1978.

[9]              H.Peres, “Poésie andolouse…” dedica todo un capítulo de su magna obra a la libertad de la mujer (págs. 398-400).

[10]             Actas de las II Jornadas de cultura árabe e islámica. Madrid, 1989.

[11]             “Tahdid”  vol. XII, págs. 465-467.

[12]             Mª Luisa Ávila, “Las mujeres sabias de Alandalus”. Págs. 138-184. Madrid.

[13]             Hemos querido llamar “Alcázar” a la sede del Jefe de Estado de la época: Emir, Califa, o Príncipe.

[14]             Pilar Coello, “Las actividades de las esclavas, según Ibn Butlan y Al Saqati de Málaga”, pág. 201.

[15]             J. Mª. Forneas, “Acerca de la mujer musulmana en las épocas almorávide y almohade”, pág. 77.

[16]             Ibn Hamz, “El collar de la paloma”, pág. 172.

[17]             H.Perès, “La poesie andalouse en arabe classique au XI siècle“, París 1953.

[18]             Manuela Marín, “Las mujeres de las clases sociales superiores de Al-andalus desde la conquista hasta finales del Califato de Córdoba”, pág. 130 Jornadas. Madrid 1989.

[19]             Op. cit. pág. 135.

[20]             Mikel de Epalza, "La mujer en el espacio urbano musulmán”, págs. 53-60. Madrid.

[21]             J. Mª Forneas, “Acerca de la mujer musulmana”, op.cit. pág. 177.

[22]             “Quiyan dawlat al murabitum shafa mursifa min tarij al Marib fil usul al wusta”, pág, 416. El Cairo, 1957.

[23]             “Al sir al Alandalusi fi ars al muwahhidin”,  pág. 57. Alejandría, 1979.

[24]             T.Garulo, “Sobre las poetisas de Alandalus”, pág. 197. Jornadas de investigación: Alandalus. Madrid, 1989.

[25]             “Al sir al Alandalusi fi ars al muwahhidin”, pág. 58. Alejandría, 1979.

[26]             Kulliyat, Escuela de Estudios Arabes de Granada.

[27]             Rafael Valencia, “Tres maestras sevillanas de la época del califato omeya”, pág. 187. Actas de las V Jornadas de investigación interdisciplinar. Madrid, 1989.

[28]             Op. cit. pág. 188.