II. LA
LIBERTAD EN EL ÁMBITO PÚBLICO: La igualdad de oportunidades del hombre y la
mujer musulmana en los ámbitos religioso, jurídico y político en Alándalus.
Con este
perfume de libertad, que antes casi olimos, se configuró una de las
sociedades más ricas, estables y avanzadas que nos ha sido dado conocer, y
ésta es la sociedad formada en Alándalus durante los siglos ocho a quince en
España. Alándalus fue Andalucía, a cuya superficie actual hay que añadir el
territorio de lo que hoy conocemos como Comunidad Autónoma Extremeña,
Comunidad Autónoma Murciana y Comunidad Autónoma Valenciana. Ese perfume
emanó, como un milagro, en una sociedad del medievo y asombró al mundo
civilizado de entonces y de ahora. Sus logros en materia de reconocimiento
de los derechos individuales, en materia de protección a la diferencia
religiosa, y el nivel de sus ciudades, en cuanto a higiene confort, riquezas
materiales y espirituales, alcanzó unas cotas que aun hoy en día no hemos
igualado. Aunque lo justo sería analizar el sistema de integración de las
minorías que ideó Islam, voy a centrar mi análisis en la mujer musulmana y
ello porque es un fenómeno que conozco de primera mano. Las musulmanas, como
grupo subordinado, como grupo marginado y oculto tras los velos, somos ahora
objeto de un interés nuevo, casi desmesurado. Pero es aun mayor el interés
que suscitan entre los estudiosos las musulmanas de Alándalus. El interés
empezó a despertarse en el nivel académico, en el ámbito de expertos
universitarios, en la segunda mitad de la década de los ochenta. En esa
época empezaron a florecer seminarios y reuniones de profesores que trataban
de responder a cuestiones como las siguientes: ”¿Por qué las mujeres de
Alándalus se han convertido en un foco de atracción principal en esta
década? ¿Forman parte de nuestra identidad las mujeres andalusíes, del mismo
modo que sus coetáneas de los reinos cristianos medievales? ¿Fueron, las
mujeres andalusíes un episodio temporal, hace siglos concluido?”.
El problema que evocan estas preguntas es el problema de la identidad, el de
nuestra identidad colectiva como mujeres españolas y andaluzas. Yo conozco
muy bien de donde arrancan estas preguntas, porque he tenido que
respondérmelas por mí misma. La identidad que reclaman estas preguntas no es
un problema individual. Es un problema de deseos y de decisiones, a veces de
Estado, que permiten excluir de la memoria las raíces negadas, ignorándolas,
aunque las andalusíes seguimos vivas en nuestra sociedad en los umbrales del
siglo XXI, como los cimientos escondidos en los que se apoya la conciencia
colectiva española, con independencia de los que sobre nosotras, sobre
nuestra historia y sobre nuestra identidad como mujeres españolas, digan y
legislen los poderosos o los observadores científicos. Porque Islam ha
despertado de nuevo en los corazones de nosotros los Andalusies, los
musulmanes españoles actuales, y se ha manifestado hacia el exterior en el
preciso instante en que hemos recobrado la libertad religiosa perdida en
1492, y nunca recobrada hasta hoy.
Las respuestas a estas preguntas estaban ahí, en el sustrato tapado por el
genocidio perpetrado contra los musulmanes españoles durante trescientos
años, a manos de la Inquisición, a la que algunos todavía llaman Santa y se
ha manifestado en forma de nuevos musulmanes con los mismos parámetros donde
Islam fue sepultado. Como si florecieran los tocones de los árboles talados
hasta la raíz, y brotaran las semillas de un jardín cubierto con asfalto
durante siglos. Pero volvamos al análisis de los rastros dejados por
nuestras antepasadas en Alándalus.
VESTIGIOS HISTÓRICOS DE LA PRESENCIA DE LAS MUJERES EN LOS DIFERENTES
ÁMBITOS DE LA VIDA PÚBLICA DE ALÁNDALUS.
Vestigios en el ámbito religioso y jurídico.
Examinando los pocos vestigios que han quedado, ¿puede hablarse de libertad
en el Alándalus cuando abundan las elegías femeninas que destacan su valor
social y artístico?.
Con esta pregunta parte la andadura de la historia oficial española. Señoras
historiadoras, existen evidencias históricas suficientes para afirmar que
las musulmanas de Alándalus no eran mujeres "florero", por utilizar
terminología política actual, sino que practicaron todas las funciones
públicas, incluidas las funciones de dirigentes religiosas y portavoces de
la comunidad. En efecto, si leemos las Crónicas, nos encontramos mujeres
interpretando la Shari'a e impartiendo Justicia durante todos los siglos de
Islam en España.
Uno de los grandes especialistas en poesía medieval de Alándalus
considera que las mujeres reflejan las costumbres de su época. “Las fuentes
jurídicas, tanto teóricas como prácticas ofrecen un material cuyo
aprovechamiento aparece lleno de interés, de los fatuas del Magreb que se
han estudiado por el E. Amar al principio del siglo XX".
Ibn Jaldum cita en su Muqadima a las alfaquíes del Magreb expertas en la
aplicación práctica de la Shari'a, entre ellas a la destacada jurisconsulta
que reporta “El Maqari” y que era mujer del Cadi de Loja. Según transmiten
los autores, sobresalía en sentencias y en casos judiciales. Es conocido el
caso de una mujer “Alfaquí”. Se trata de Um-al Darda al Sugra, muerta en el
año 81 de la Hégira, siglo VIII después de Cristo.
Las mujeres alfaquíes de Alándalus se han estudiado por la Drª. Avila.
Ella nos transmite las noticias sobre mujeres que actuaron, como
funcionarios públicos según reporta Ibn Hanz, e incluso como imames.
Vestigios en el ámbito del poder
político: la mujer en el Alcázar.
En varias
ocasiones se nos indica en los textos históricos que las mujeres andaluzas
que “vivían en palacio representaban una fuerza con la que había que contar”.
Pero rápidamente se nos aclara que “no conviene, sin embargo exagerar la
importancia de estos datos ya que aparecen de forma aislada y circunscritos
a las luchas por el poder dentro de los muros de los alcázares”.
Empero, y a pesar de estas reticencias oficiales, sabemos que las mujeres
tuvieron tanta importancia en palacio “que ninguno de los Omeyas andaluces
fue hijo de mujer libre”, como observa Ibn Hamz.
Dentro del examen de la vida de las mujeres en el Alcázar real, se examinan
siempre dos aspectos que tienen una fuerte relación intrínseca: las
relaciones amorosas y la reclusión de la mujer. Es interesante recordar aquí
el hecho de que, en ambos planos, diversos estudios de la vida en Alándalus
hayan llegado a la conclusión de que las mujeres disfrutaban en la Península
Ibérica de una mayor libertad que en Oriente.
Sin embargo, nuestras arabistas oficiales descalifican estas noticias con
diferentes reproches. Uno de estos reproches, citado con frecuencia, dice
que “las mujeres que aparecen en la historia nunca lo hacen en función de su
propia actividad, sino siempre como reflejo a través de la personalidad
masculina que les da, por así decir, derecho a la existencia histórica.
Conocemos los nombres de todas las madres de todos los Emires o de los
Califas Omeyas, (dcosa que no se puede predicar de todos los reyes visigodos
de la Península), pero casi nunca se nos dice otra cosa sobre ellas (de las
cristianas tampoco). Algo parecido puede decirse de las mujeres, legítimas o
no, (por lo menos aparecen citadas las no legítimas, cosa impensable en las
crónicas cristianas)”. En este sentido, es paradigmática la actitud de la
profesora Marín, que llega a llamar a las andaluzas “alguna de estas sombras
con nombre pero sin rostro, a las que escapan de la oscuridad a que las
condenaba su condición y han intervenido de manera activa en los asuntos de
Gobierno”.
La historiadora afirma rotundamente: “La mujer cuya vida hemos intentado
reconstruir es, pues, ante todo, una productora de hijos, una sirvienta o
una fuente de placer y de diversión. Las hijas de familias nobles, antes de
ser dadas en matrimonio, se ocupaban de algún trabajo doméstico, o en
ciertos casos se dedicaban a la poesía y a la devoción".
Este panorama se oscurece todavía más si se desciende a la indumentaria. “El
velo forma un espacio ambulante de la mujer, pero en los lugares públicos se
da una mezcla, promiscuidad controlada, donde la separación de los sexos se
hace efectiva por el porte del velo”.
Sin embargo, las Crónicas que han llegado hasta nosotros contradicen la
conclusión académica que acabamos de describir. Así, Hassan Ahmad Mahmud,
Muhammad Mayid al-Said y Fawusi Saad Isa, en tres libros sobre las
mujeres en tiempos de los almorávides y los almohades,
dicen que la mujer mantuvo y aun acrecentó sus privilegios con papeles antes
inusuales. Las fuentes hablan de mujeres influyentes en la política, y no se
usaba el velo femenino de forma obligatoria, como revela una anécdota de una
esposa de un emir que se peina en presencia de este y de un primo suyo que
entró a verlo.
Como la hermana de Alí Yusuf, que es encontrada en el zoco sin el velo por
el poeta Ibn Tumart,
el cual no parece, por esta circunstancia, mermar en su aprecio y
consideración por la hermana de su amigo. También “hay tres poemas en que se
denuncian injusticias, uno de Hassana, quejándose de la cometida con ella
por el Gobernador de Elvira, otro de Asma’ al-Amiriya y de Al-Silbiya
denunciando la situación de su ciudad natal, Silbes, víctima de un Gobierno
injusto, y reivindicando para sí una de las funciones de los poetas
antiguos, la de ser portavoz de la Comunidad”.
En efecto, la influencia de estas mujeres en la vida pública se generalizó,
y se hizo tan importante que no faltaron las voces misóginas de rigor, que
siempre están alertas en tales circunstancias, achacando las causas del
declive almorávide a la influencia femenina en la vida pública.
Vestigios en el ámbito social.
Pero si
en lo político el papel de la mujer fue destacado, lo fue menos que en el
período anterior, el Califato; mientras que socialmente y, sobre todo desde
un punto de vista docente y científico, tanto con los almorávides como con
los almohades ese papel se mantuvo y aún fue a más. Se pueden destacar
nombres como el de Zainab Bint Yusuf b. ‘Abd al-Mumin. Las fuentes hablan de
mujeres dedicadas a la medicina, como las hermanas de Abenzohar, o que
trabajaban como enfermeras; sin hablar de las literatas como Hafsa bint al
Hayye Al Rakuniyya. Los morabitunes, que podrían considerarse talibanes
medievales, respetaron la igualdad y la libertad de la mujer en Alándalus,
como pone de manifiesto la opinión del gran Averroes, o Ibn Rushd, para el
cual “Entre el hombre y la mujer no hay diferencia por razón de la
naturaleza, sino sólo cuantitativa del ejercicio. Es necesario ampliar el
campo femenino a otras actividades además de las tradicionales, otorgar a la
mujer libertad de pensamiento”.
Siguiendo esta línea, Averroes afea a los orientales el privar a la mujer de
sus facultades humanas como si solo hubiese sido creada para concebir y para
amamantar, pues según la interpretación tradicional del Alándalus, muchas
cuestiones se enfocaban con una sensata falta de perjuicios retrógrados y
con soluciones plenamente actuales por ser progresistas. “Es innegable el
papel de la mujer andalusí en el quehacer intelectual de la época”.
“Se puede constatar una exigencia en los niveles sociales altos de un bagaje
cultural de las mujeres, lo cual es reflejo de un desarrollo considerable en
el plano social, desarrollo considerable en multitud de campos”.
El análisis de estas fuentes no puede sino llevar a la conclusión de que
existe la presencia de la mujer en Alándalus, en todos los ámbitos públicos,
en situación de igualdad con los hombres.