LA MUJER EN EL ISLAM

YIA.LM - BOLETÍN YAMA'A

 

 

 


 

PERFUME DE LIBERTAD EN ALÁNDALUS

 

Jadicha Candela Castillo. Tetuán, mayo 2001


ÍNDICE

     

I.-INTRODUCCIÓN.

 

Quiero esta tarde de mi intervención dar las gracias a todos los que habéis venido y, así mismo, quiero  señalar lo enriquecedoras que han sido estas Jornadas de aprendizaje en esta ciudad tan querida por mí y que me corresponde con su cariño. Afirmo que esta ciudad corresponde al cariño que tengo por ella porque  en otras ocasiones fui también invitada aquí a compartir una extraordinaria reunión de mujeres y hombres amantes del conocimiento de Islam y de su historia. Aquellos amigos estaban dispuestos a conservar la memoria  de un país, su país, España, de donde fueron expulsados por una política uniformadora. Una política de cruel monopolio religioso.  En aquella ocasión, como musulmana conversa, me emocionó el reencuentro con mis antepasados musulmanes andaluces, mis dos apellidos Candela y Castillo son moriscos de pura cepa, y me consta que hay hombres y mujeres con estos apellidos o con apellidos derivados de estos míos, hoy en día, aquí mismo, en Marruecos, concretamente en Tetuán, que vinieron de Alándalus. Hoy me emociona el número y la calidad de las personas que la señora Fátima Aitoutouhen ha reunido  aquí con un esfuerzo y una dedicación digna de nuestro agradecimiento y de nuestro elogio, un número de personas estudiosas del Islam; expertos que no han dudado en desplazarse de sus lugares de estudio y de trabajo sin otra contrapartida que exponer y difundir sus hallazgos en un foro como este. Yo, que no soy historiadora ni arabista, me presento ante vosotros con una reflexión que habla de perfume, de libertad y de Alándalus. Con ella  no me dirijo a la comunidad científica, ni a la ciudadanía, sino a la comunidad de los que aceptan Islam como su religión y la libertad religiosa como su consecuencia. Me dirijo a los hermanos, a los afines, a los amigos, porque quisiera compartir con vosotros mi experiencia del renacer de Islam ahora, en estos momentos, en tierras de Alándalus que son mis tierras, en Cataluña,  en Murcia, en Granada, en Málaga, en Sevilla, en Córdoba, etc.; en toda Europa. Un renacimiento de Islam que me ha tocado en suerte vivir, Alhamdulilah. Un renacer que para mí empezó como una exigencia de libertad; pero, ¿cual es el perfume de la libertad? Yo identifico la libertad con poder aspirar el perfume que flota en el aire en  primavera en el Levante español; un tenue olor a la flor del azahar, un intenso olor a jazmines nocturnos desde un callejón. Un perfume que cada ser humano podría definir de forma diferente, pero con una cualidad que todos reconocen en común: el perfume de libertad crea adicción. Cuando se ha aspirado, cuando se ha olido, se añora si se pierde, pues  no se olvida jamás. Un perfume que es la base de cualquier vida digna, que trae su causa, o mejor, que ha nacido necesariamente, como causa y efecto, de la Igualdad, sin la cual no se produce. ¿A que igualdad me estoy refiriendo? Me refiero a la IGUALDAD, con mayúscula, de todo ser humano sin discriminaciones en razón de las características que nos hacen diversos y como paradigma de esta diversidad, me estoy refiriendo a una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres, que reparte las oportunidades por igual entre ambos sexos. Una sociedad que permite que todo individuo tenga las mismas oportunidades en los mismos ámbitos. Una sociedad que no reclama privilegios para un sexo frente a otro, ya sea este sexo el masculino o el femenino.  Una sociedad que no uniformiza toda diversidad, incluida la diversidad sexual, negándose a diferenciar los valores y cualidades femeninas de las funciones y valores masculinos, como hace la sociedad de consumo de los países ricos de hoy. Ya al principio del pasado siglo Qasim Amin nos dijo [1]La libertad es fundamento del progreso humano, su escala hacia el bienestar; por eso, las naciones que poseyeron la clave del éxito tuviéronla por uno de los más preciados derechos humanos…. Sorprende a algunos que yo reclame la libertad de la mujer, y replican ¿Es que llevan argollas de esclavos? Si entendieran lo que es la libertad, nada habrían objetado”[2]. El perfume de libertad al que aludo es el que exhala el Corán, que ha puesto en el frontispicio de nuestra Shari’a, nuestra Ley: “No hay coacción en el din”[3]. Es el perfume que nuestro Profeta Muhamad (PyB) emanaba. Siendo el perfume una de las tres cosa que él amaba de Dunia, el que más empeño puso en esparcir a su alrededor fue el perfume de la Libertad, el cual quedó impregnado en los patrones de conducta de los musulmanes de Alándalus mejor que en cualquier sociedad islámica del momento, pues esta civilización consiguió un modelo de sociedad donde se exaltaron los derechos de igualdad de oportunidades para la mujer y de las demás minorías, tanto judías como cristianas. Basándose en esta prohibición categórica del uso de la coacción[4] (ikrah), en todo asunto de la religión o la fe, todos los juristas (fuqaha) mantienen que la conversión a la fuerza es inválida en todo caso. Cualquier intento de coacción al no creyente para que acepte Islam es una falta grave. Este veredicto echa por tierra la extendida falacia de que Islam pone a los no creyentes frente a la alternativa de la “conversión o la espada”.

Examinemos qué nos cuentan los estudiosos de la libertad y de la igualdad de oportunidades de la mujer musulmana andaluza medieval y comparemos estas noticias con la experiencia actual de reconquista de la libertad religiosa perdida durante quinientos años en Alándalus.

 

[1]  “Al-Mar’a al-Yadida”, la mujer nueva, editado en El Cairo en 1929.

[2]  Op. cit. pág. 38.

[3]  Sura 2, ayat 256 del Corán. Trad. Muhamad Asad , Ed. Junta Islámica. Córdoba, 2000.

[4]   El Corán, op cit.  Nota pág. 57.