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Dice un viejo proverbio marroquí que los cristianos gastan su dinero
en pleitos, los judíos, en fiestas religiosas y los marroquíes, en bodas.
Efectivamente, ningún acontecimiento es más celebrado en Marruecos que el
Matrimonio.

En la actual sociedad marroquí, el peso de la tradición se aligera de día en
día y las celebraciones se simplifican, introduciéndose innovaciones propias de
este siglo. Con el tiempo han desaparecido infinidad de ritos y costumbres,
muchos heredados de épocas ancestrales y por tanto ajenos al espíritu del Islam.
Colmado de actos y gestos simbólicos que significan la ruptura con la vida
anterior, la purificación del cuerpo, la protección ante los malos espíritus, la
entrega a la voluntad del marido, el vigor del varón, etc. Algunos muy bellos e
interesantes desde el punto de vista etnológico. Todos destinados a hacer la
unión, segura, próspera y feliz. A ellos nos vamos a referir.
Pletórico de rituales y alegorías, el complejo ceremonial del matrimonio
tradicional marroquí podría entenderse como una especie de camino iniciático
para la futura consorte, a lo largo del cual cada precepto quiere significar la
muerte simbólica de su vida anterior, hasta la mutación final en mujer madura,
con el acto de consumación del matrimonio. La solemnidad de los actos
ceremoniales magnifica a la mujer marroquí hasta elevarla a la condición de un
ser sublime.
Junto a la novia, son las otras mujeres las grandes protagonistas de esta
historia: maquilladoras, peluqueras, decoradoras, bordadoras, modistas,
cocineras y maestras de ceremonia intervienen en una puesta en escena en que,
por una vez, el hombre queda relegado al plano de mero espectador, incluido el
novio, cuya participación es limitada.
El hammam
Para el mundo islámico el agua es un don divino, pero también significa la
sabiduría profunda y la pureza, la bebida que apaga la sed del alma. Así, el
hammam se convierte en espacio purificador por excelencia y en pasaje
obligatorio para los grandes eventos de la vida: nacimiento, circuncisión y
matrimonio.
Los marroquíes están convencidos de que a los genios (yenun) les gusta habitar
donde hay abundante agua, y por tanto, que en los hammam hay genios que se
apoderan de quienes vienen a molestarles de modo insolente. Por ello, cuando una
casadera, una parturienta o un recién nacido acuden a ellos para cumplir con el
ritual, se encienden velas y se gritan “yu-yus” invocando el beneplácito de los
yenun.
Persiguiendo su purificación física y espiritual, la tradición quiere que la
novia acuda durante siete noches consecutivas a un hammam alquilado para la
ocasión. Este ritual se ha ido reduciendo con el tiempo hasta un solo baño.
Madre, hermanas, tías, primas, vecinas y amigas la conducen en medio de un
cortejo de cirios, incienso y “yu-yus”. Entonan cánticos a la belleza y recitan
alabanzas al Profeta Muhammad. Todas las jóvenes casaderas quieren ir ese día
con la novia para beneficiarse de la creencia popular que concede a sus
acompañantes su misma suerte.
Con esta ocasión se organiza en torno a la novia un auténtico salón de estética,
donde se practica todo un ritual generador de belleza y sensualidad. Algunos
tratados históricos reflejan las modas y costumbres higiénicas que ya en aquella
época se practicaban, como eran el uso de pasta dentífrica, cremas depilatorias,
aceites y espumas aromáticas con esencia de almizcle, jazmín o violeta.
Un poema andalusí dice, a propósito del hammam:
“El hammam es un lugar en el que los hombres, reunidos, se parecen todos, ya
sean criados, ya sean señores: el hombre se codea con gentes que no son sus
amigos, y su enemigo puede ser su compañero”.
El ritual de la henna (alheña)
El Profeta Muhammad definía la flor de la henna como:
“La reina de todas las flores,de suave perfume de este mundo y del otro”.
La henna es una de las plantas más apreciadas en Marruecos, y en el mundo
islámico en general, por sus propiedades medicinales. Es antiséptica,
antibacteriana, antimicótica, antihemorrágica, etc., pero además posee
cualidades cosméticas y mágicas. Se utiliza para teñir y sanear los cabellos,
así como para embellecer las manos y los pies.
La henna forma parte de la cultura popular marroquí, como elemento generador del
bien y talismán contra el “mal de ojo” u cualquier otro maleficio. De este modo,
participa tradicionalmente en todos los acontecimientos familiares, festivos o
religiosos.
Un proverbio árabe se refiere así a la henna:
“Si mis palabras fueran falsas, no te presentaría mi mano teñida de henna”.
En las bodas tradicionales, el ritual de la henna comienza al día siguiente del
séptimo baño, con la misión legendaria de ahuyentar a los malvados yenun del
cuerpo y del alma. De manera simbólica, primero se aplica una ligera capa de
henna sobre las manos y los pies de la novia, que seguidamente se retira con
leche, signo de pureza y prosperidad. Un día más tarde, una neggacha (mujer
especializada en estos menesteres) completa el ritual creando en sus manos y
pies un fingido tatuaje a base de arabescos, caligrafías y signos simbólicos
surgidos de la inspiración pero que respetan desconocidas reglas de origen
remoto.
Cada uno de sus signos tiene un significado simbólico. El círculo es símbolo de
lo absoluto. El triángulo con el vértice hace arriba representa el fuego y el
sexo masculino, mientras que el triángulo hacia abajo indica el agua y el sexo
femenino. El número tres representa las trilogías: nacimiento, madurez y muerte;
sabiduría, fuerza y belleza; o pasado, presente y futuro. El número cinco es
símbolo de unión y equilibrio. El siete corresponde a los siete días de la
semana, a los siete grados de la perfección, a las siete esferas, a los siete
cielos. Representa la totalidad del universo en movimiento y constituye un ciclo
completo.
Esencia mágica en la cosmética natural
En las celebraciones tradicionales del matrimonio marroquí, la cosmética
constituye otro auténtico ritual.
Perpetuando la tradición, hasta no hace demasiado tiempo las mujeres marroquíes
eran artífices de sus propios tratamientos de belleza. En la reclusión del
harén, elaboraban con tiempo, mimo y cautela, fórmulas y remedios heredados, a
base de ingredientes naturales: leche, miel, huevos, aceite, arcilla, alheña,
azafrán, corteza de nogal o azahar.
El secreto en la alquimia resultaba fundamental para no perder su esencia
mágica, transmitiéndose celosamente sólo de madres a hijas, con la insustituible
complicidad del maestro attar (perfumista).Por ejemplo, para preservar la
juventud, tomaban cada mañana, entre otros, un compuesto de jengibre, clavo,
nuez moscada, raíz de galanga, aceite o miel.
En los contextos más tradicionales, todavía las novias marroquíes utilizan
productos naturales para su cuidado personal. Los más comunes, además de la
henna, son el khol, el ghasul, el suak, el aceite de argana, y entre las
fragancias, el almizcle, el agua de rosas, el jazmín y el sándalo, que embellece
los ojos y resalta la mirada. El ghasul es una arcilla natural que solo existe
en Marruecos, con propiedades desengrasantes, que se utiliza para el lavado del
cabello; el suak, o corteza de nogal, sirve para colorear los labios. El argano
es un árbol específicamente marroquí. El aceite de sus frutos, rico en vitamina
E, se utiliza principalmente en la alimentación, pero también está indicado
contra la esterilidad femenina, la amenaza de aborto y la azoospermia en el
hombre (ausencia de espermatozoides). Sus propiedades son excelentes también en
cosmética.
Claro que, en los tiempos actuales, las novias marroquíes prefieren el eye liner,
carmines de atrevidos colores, maquillajes compactos y perfumes franceses.
Simbolismos en las ceremonias tradicionales
Pero volvamos al matrimonio tradicional marroquí. La noche de bodas es la más
significativa desde el punto de vista ceremonial: los amigos del novio,
acompañados de dos naggafat (maestras de ceremonia), son los encargados de
raptar a la novia de su hogar, de manera alegórica, y conducirla en cortejo a
casa de sus futuros suegros. La futura consorte es recibida con todos los
honores. El novio es el primer hombre que atraviesa el umbral de la casa paterna
con motivo de las celebraciones. Tras recitar unos versos del Corán frente a su
esposa, retira el velo que cubre su rostro, descubriéndola por fin y besándola
en la frente. La suegra entrega entonces a la novia una bandeja con leche y
dátiles, en señal de bienvenida, y un manojo de llaves y un pan, queriéndole
ofrecer su nuevo hogar. La leche pretende teñir de blanco la vida de la esposa,
los dátiles simbolizan la fortuna.
Entre algunas comunidades beréberes se ofrecen higos y pasas, como portadores de
felicidad y dulzura, y a veces huevos, que representan los deseos de fertilidad
para la futura esposa. Sobre un palanquín la pasean entre los invitados, con el
rostro velado, para trasladarla definitivamente a la alcoba nupcial. En los
medios rurales, a la mañana siguiente, la familia de la novia espera impaciente
las pruebas evidentes de su virginidad.
Dependiendo de cada grupo tribal, las ceremonias del matrimonio adquieren
connotaciones y prácticas muy diversas. Por ejemplo, en la región del Sus, donde
los lazos tribales son muy fuertes, es costumbre simular una lucha entre las dos
familias: las mujeres se tiran puñados de tagula, plato beréber a base de sémola
con mantequilla y miel. De esta forma expresan su deseo de intercambiar cosas
dulces entre ambas familias.
Entre los yebala (habitantes del norte de Marruecos), los parientes y amigos
ofrecen harina a la novia, con la que su madre hace pequeños panes que la suegra
distribuye entre los invitados. Los panes son testimonio de solidaridad y las
familias quedan unidas para lo mejor y para lo peor.
Todo esto en teoría, claro.
Algunos secretos naturales de belleza
HENNA
100 gramos de henna molida
Una cucharada de aceite de oliva virgen
Unos granos de clavo de olor, machacados
Agua caliente
Preparación:
Se hace una pasta espesa que se aplica sobre el cuero cabelludo (proteger
las manos con unos guantes de plástico), extendiéndola después sobre el cabello.
Dejar actuar un mínimo de dos horas, en exposición al sol, o utilizar el secador
para contribuir a fijar el color. Para los cabellos rubios o claros, se
recomienda añadir a la preparación, jugo de granada fresca o seca, con el objeto
de oscurecerlos. Se obtiene hirviendo la granada durante un cuarto de hora.
KHOL
Clavos de olor
Huesos de aceituna negra
Huesos de dátil
Un grano de pimienta
Antimonio
Preparación:
Tostar en una sartén unos cuantos clavos de olor, huesos de aceituna negra,
huesos de dátil y un grano de pimienta. Machacar y añadir un poco de antimonio;
mezclar bien. Tamizar muy finamente. Conservar en un pequeño frasco de cristal
con un cierre seguro y aplicar con un palito de madera en el interior del ojo.
El buen khol es el que pica un poco al aplicarlo.
GHASUL
Preparación:
Se disuelven en agua dos kilos de ghasul y se le añaden 25 gramos de clavos
machacados, 50 gramos de lavanda y 30 gramos de pétalos de rosa triturados. Se
deja secar al sol el preparado, hasta dejarlo endurecer. Antes de emplearlo, se
añade un poco de agua hasta obtener una pasta espesa que se aplica sobre el
cuero cabelludo, frotando a modo de champú, y aclarando posteriormente.
ACEITE DE ARGANA
Para pieles secas y como antiarrugas:
Limpiar bien el cutis y aplicar lociones a base de una mezcla de aceite de
argana y de aceite de almendras dulces.
Para el cuidado del cuerpo:
Antes de tomar un baño, embadurnarse el cuerpo con aceite de argana, dejándolo
actuar durante cuarenta y cinco minutos.
(Del libro: Marruecos, tierra del sol poniente. Gentes, tradicones y creencias.
Yolanda Guardione. Fotografías: Inés Eléxpuru. Alianza Editorial. Madrid, 1996)
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