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Uno de los rasgos
más desagradables de la ola de ataques a los musulmanes
ha sido ver a feministas alineándose con los que apoyan
los comentarios de Jack Straw contra el velo. Las
mujeres que declaran creer en la liberación deberían
tener más conocimiento. El movimiento de mujeres de los
sesenta fue antirracista, surgiendo de los movimientos
por los derechos civiles y contra la guerra en los
Estados Unidos.
Aquellas que se
adhieren a sus ideas hoy están atacando a algunas de las
mujeres más oprimidas diciendo que es para liberarlas.
Su idea preconcebida es que cualquier mujer musulmana
que lleve el velo o el hiyab lo hace bajo presión.
Esto es falso
–algunas mujeres pueden entrar en esta categoría, pero
muchas mujeres musulmanas eligen llevar el niqab o el
hiyab por su identidad, o por razones políticas u otras.
Ellas están tomando una decisión que tienen todo el
derecho de tomar.
Una podría pensar,
por lo que se desprende de los ataques, que es sólo
entre las mujeres musulmanas donde la opresión todavía
existe. Pero de hecho las mujeres en Occidente no tienen
siquiera la igualdad más elemental, a pesar de lo que se
diga de boquilla.
Las mujeres sufren
los peores sueldos, tienen que hacer la mayor parte del
trabajo doméstico y están sujetas a dobles raseros
sexuales.
Las feministas dicen
a menudo que las ideas sobre la liberación de las
mujeres tienen en Occidente ya doscientos años, lo que
convertiría a Occidente en un lugar más avanzado que
Oriente Medio o el sur de Asia. Pero la liberación de
las mujeres ha sido durante mucho tiempo un punto de
vista minoritario.
No fue sino hasta
bien entrado el siglo XX que las mujeres conquistaron el
derecho al voto, tras una larga lucha. Tuvo que haber
otra larga lucha para lograr que se abordaran temas como
el aborto, el salario igualitario o la liberación gay,
ya en los sesenta y setenta.
Estas luchas todavía
no han terminado. Sólo una pequeña minoría de mujeres se
han beneficiado de los cambios en la sociedad –pagan a
otras, a menudo inmigrantes, para que hagan el trabajo
doméstico.
Ellas dieron la
espalda a una lucha para cambiar el mundo y apoyaron una
serie de sangrientas guerras contra países de población
musulmana.
Hoy presumen de
contarles a las mujeres musulmanas que no podrán
liberarse hasta que no vistan y se comporten como ellas.
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