LA MUJER EN EL ISLAM

YIA.LM -  BOLETÍN YAMA'A

 

 

 


 

PARA UN DEBATE SOBRE LA MUJER EN EL ISLAM

 


 

           Queremos ofrecer a quienes consulten nuestra web la posibilidad de disponer de una información amplia y fiable sobre la mujer y su situación en el Islam, uno de los temas más difíciles de abordar en la actualidad por la enorme suspicacia que despierta. Se trata de un conflicto que pocos desean abordar y menos aún los que lo hacen con rigor y seriedad, por lo que el panorama es, casi siempre, desolador. Poco a poco, de acuerdo a nuestras posibilidades, iremos poniendo a vuestra disposición todo lo que vayamos elaborando y lo que vayamos traduciendo del árabe sobre la cuestión. Seguramente, nada será definitivo porque nosotros mismos tendremos que ir superando barreras y prejuicios, pero al menos nos proponemos iniciar una reflexión cuyos frutos ponemos en manos de Allah.

 

El material será, in shâ Allâh, original y diverso, pero pensamos que es fundamental hacer hincapié en la descripción de la situación de la mujer en la época del Profeta por una razón obvia: todo lo que tuvo lugar entonces adquiere una importancia radical en el debate sobre la mujer que está empezando hoy entre los musulmanes. Las decisiones del Profeta son vinculantes y fuente de derecho y legitimidad, y por ello se hace indispensable un conocimiento y un análisis exhaustivos de los planteamientos y soluciones que se dieron entonces. Iremos descubriendo que las implicaciones y alcances de esos acontecimientos, tan aparentemente remotos, pueden ser decisivos para el momento actual. No es, pues, gusto por lo anecdótico ni se trata de algo irrelevante: el carácter incontrovertible de la autoridad del Profeta (s.a.s.) permite zanjar muchas cuestiones.

 

Todo ello será muy ‘clarificador’, lo que es necesario en una estrategia que se propone suscitar y estimular discusiones que debemos resolver nosotros, porque lo demanda con urgencia la situación del Islam en nuestros días. Y lo demandan sobre todo las mujeres musulmanas que desean participar en el Islam, mujeres que se saben musulmanas y a las que extraña y enoja el que se las margine sin más motivo que el de tener que responder a una imagen exclusivamente masculina del Islam que nadie sabe en realidad dónde ni cómo ha tenido origen. Además, a ellas, el Islam que está tomando cariz de ‘oficial’, el Islam ‘ortodoxo’ de los funcionarios, cada vez les ofrece menos, casi exclusivamente una moral pobre, pacata, sin horizontes, que no tiene nada que ver con la frescura del Islam verdadero, desafiante, trasformador y de raíces profundas.

 

Es sorprendente la ignorancia y dejadez extendidas entre los musulmanes sobre la diferencia tan abismal que hay en las prácticas comunes actuales respecto a las mujeres y las actitudes del Profeta y sus Compañeros. Esta ignorancia llama más la atención cuando se tiene en cuenta la obsesión que existe en imitar en todo al Profeta (s.a.s.), salvo en esta cuestión para la que, no se sabe por qué, prevalecen las costumbres pre-islámicas, algunas de ellas atroces y claramente contrarias al Islam...

 

A los líderes de los movimientos musulmanes se les seca la boca de repetir que el Islam beneficia a las mujeres, que las ha liberado, que las ha dignificado, etc., pero después la realidad es tristemente muy distinta, diametralmente opuesta, y en sus organizaciones no conceden a las mujeres más que espacios muy secundarios, curiosamente los mismos que los occidentales definieron en su momento como femeninos y adecuados para la ‘naturaleza’ especial de las mujeres. Hay mucho de ‘colonial’ en la situación de la mujer musulmana en la ‘sociedad moderna’ de los países árabes cuyo modelo está más en el derecho napoleónico y la moral cristiana de las metrópolis que en la Sharî‘a. Pero a veces parece como si a los musulmanes les pareciera mucho más importante la longitud que debe tener la barba o dónde se tienen que poner las manos durante el Salât que lo que pasa con más de la mitad de la Nación, y esto es grotesco. Es como si ofender a las musulmanas no fuera preocupante, olvidando el hadiz en el que Rasûlullâh (s.a.s.) dijo: al-múslim ‘alà l-múslim harâm El musulmán está prohibido para el musulmán. No se puede seguir obviando a las mujeres ni relegarlas a no se sabe ya qué. Pero el asunto es incómodo e hiriente para muchos porque son muchos los complejos y los miedos que se desatan y se ponen de manifiesto cuando se tratan estos temas...

 

Lo más patético es que la ignorancia ha hecho que muchos musulmanes -con frecuencia también entre los nuevos- asuman la imagen que identifica el Islam con el desprecio hacia la mujer. Se dan situaciones vergonzosas que, sin embargo, son más ‘islámicas’ cuanto más aberrantes y paranoicas. Se trata de poses machistas inmediatamente tenidas por propias de musulmanes, y así escuchamos ‘chistes’, ‘tópicos’ y ‘gracias’ que jamás nadie se atrevería a soltar en un ambiente islámico tradicional y que, sin embargo, se están convirtiendo en signos de identidad del musulmán ‘que lo tiene claro’. Esas payasadas son demasiado frecuentes y están ligadas a una definición del Islam que no sabemos de donde viene pero que, lamentablemente, está ‘arrasando’ entre los musulmanes. Si a esto añadimos las ‘declaraciones’ sobre la mujer de algunos ‘expertos’ o ‘imames’ que se las dan de eminencias en el Islam y no tienen miedo al ridículo ni respeto hacia los musulmanes, el espectáculo de la demencia queda servido.

 

Es inexplicable la ‘selección’ que se ha hecho, en el tema de las mujeres, para dar primacía a textos secundarios e incluso sospechosos en detrimento de declaraciones abiertas del Profeta (s.a.s.) con planteamientos muchos de ellos revolucionarios. Todo ello ha sido silenciado o disimulado, y, sinceramente, nos resulta extraño y siniestro. Por ello queremos volver a destacar unos textos que, sorprendentemente, están al alcance de todos los musulmanes y nadie duda de su autenticidad pero por los que todo el mundo pasa como sin darles mayor importancia. Descubriremos que las mujeres en la época de Muhammad (s.a.s.) gozaban de un protagonismo extraordinario, que entraban y salían de sus casas, que acudían sin cortapisas a las mezquitas a cualquier hora del día o de la noche, que tenían reuniones femeninas en las que se decidían asuntos importantes, que participaban en las asambleas, que opinaban e imponían sus opiniones, que recibían educación, incluso personalmente del Profeta con quien por otra parte tenían un trato propio entre iguales, que trabajaban y comerciaban, que combatieron en primera fila, que morían por el Islam, que lo enseñaban, que ordenaban el bien y prohibían el mal, y un sin fin de detalles más con los que ni tan siquiera se atreven a soñar muchas mujeres en el mundo musulmán actual y que en su momento fueron lo normal. ¿Qué ha pasado? No lo sabemos, pero creemos que la irrebatibilidad de esos textos hará reflexionar a muchos y podrá iniciarse en el seno del Islam un debate fecundo empleando claves musulmanas, sin tener que ‘inspirarnos’ en Occidente, que es lo que muchos rechazan y con razón.

 

No pretendemos simplemente informar, sino también tomar partido. La gravedad del tema no nos permite escurrir el bulto, pero tampoco podemos permitirnos frivolidades ni excentricidades. Y ésta es otra de las explicaciones para la elección de los artículos que irán apareciendo poco a poco, conforme los vayamos elaborando o traduciendo del árabe. Desde el principio queremos advertir que nuestra postura será intermedia. No pretendemos que las mujeres musulmanas ‘se occidentalicen’ ni que vayan a ninguna moda, pero tampoco que sigan sumidas en situaciones aberrantes e inhumanas y nada islámicas bajo ningún concepto. Y seremos moderados porque se suelen despertar pasiones que llevan a los extremos lo que debe ser abordado con serenidad si se quiere ser eficaz. Por otra parte, nuestra moderación responde a la firme creencia de que el modelo para la mujer musulmana no va a poder ser definido de golpe sino que será el resultado de una forma de vivir el Islam con naturalidad, sin obsesiones ni a prioris. Siendo ‘musulmanes’ es como irá tomando cuerpo la mujer musulmana, aprendiendo de la Tradición, profundizando en el Fiqh, viendo en el Profeta a un maestro y en los musulmanes a compañeros y no a antagonistas,...

 

No aprobamos ‘tonterías’ y tenemos que dejar claro a qué nos referimos. No queremos inaugurar ninguna estúpida guerra entre sexos. No pretendemos que las musulmanas se quiten el velo y pierdan la vergüenza y el sentido del pudor o abandonen a sus familias, nada de eso. Trataremos de ir conociendo lo que el Islam, en su pureza y originalidad, enseña respecto a la mujer y lo que nos exige, y a ello nos iremos amoldando, porque somos musulmanes. No se trata de buscar en el Islam lo que más nos interese ni lo que nos satisfaga, sino que buscamos en él lo que Allah quiere, eso es todo. Ese es nuestro oriente. Para imitar a los occidentales no tenemos por qué escarbar en el Islam, sería una pérdida de tiempo y nada lo justifica. Simplemente, no queremos que nadie nos engañe, ni que los siniestros ni los desequilibrados nos dicten cómo deben ser o comportarse las mujeres en el Islam...