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El hadîz sahîh (relato
auténtico, sano, válido, correcto) ha sido definido
como: “Hadîz músnad (es decir, aquel cuyos
trasmisores están debidamente ‘encadenados’ el uno al otro)
cuyo isnâd (genealogía, cadena de trasmisores)
es ininterrumpido de modo que cada uno de sus miembros es un
‘adl (fedatario digno de confianza) dâbit
(estricto en el control de sus comunicaciones) que a
su vez ha recogido el hadîz de un ‘adl dâbit,
llegando la cadena hasta el Profeta (s.a.s.), o bien acaba
en un sahâbi o un tâbi‘î, no siendo el hadîz
ni shâdzdz (aberrante) ni mu‘allal (defectuoso)”.
Queremos resaltar algunos de los conceptos contenidos en la
definición que hemos presentando:
En primer lugar, el hadîz sahîh
es un hadîz músnad, que es todo aquel en el
que hay comunicación plena (ittisâl)
entre los trasmisores que conforman su cadena (isnâd).
A este tipo de hadices en los que no hay ninguna laguna en
la cadena de transmisión se le llama también múttasil
o mawsûl. Por su parte, si en el isnâd
de un hadiz falta la mención del sahâbi que
recoge las palabras del Profeta (s.a.s.), el hadiz es
llamado múrsal y es considerado, por lo general,
débil (da‘îf). Si falta cualquier otro
nombre en la cadena, o bien alguno de sus eslabones es un
desconocido o se emplea un término ambiguo, el hadiz es
llamado múnqata‘. Por tanto, con más razón, no
puede ser considerado hadîz sahîh
aquél en cuya cadena faltan dos o más nombres (o son nombres
ambiguos), siendo llamado hadîz mú‘dal.
Estudiaremos más adelante, in shâ Allah, todos estos casos.
En segundo lugar, no se considera hadîz sahîh
aquel que sea shâdzdz, es decir, aberrante,
siendo considerado tal el hadiz que es trasmitido por un
ziqa (una autoridad digna de confianza) pero en
contradicción con lo que han trasmitido otros sabios
ziqât.
En tercer lugar, no puede ser un hadiz mu‘állal,
defectuoso, que es todo hadiz en el que se descubre
algún defecto casi imperceptible (‘illa jafía) lo
cual anula la posibilidad de ser tenido en consideración de
sahîh, aun cuando aparentemente
el hadiz sea irreprochable.
En cuarto lugar, los trasmisores del hadiz deben ser cada
uno de ellos ‘adl y dâbit,
alguien cuyo testimonio sea aceptable y sea severo a la hora
de trasmitir información sobre el Profeta, de modo que
si alguno de los miembros de la cadena de transmisión carece
de estos caracteres el hadiz deja de ser considerado sahîh.
En el capítulo consagrado a las condiciones del trasmisor ya
hemos definido los conceptos de ‘adâla y dabt.
A su vez, podemos subdividir los hadices sahîh
en sahîh por sí mismo (sahîh
li-dzâtihi) o sahîh por otro
(sahîh li-gáirihi). El sahîh
li-dzâtihi es el que cuenta con las condiciones para su
aceptación en grado máximo. Por su parte, el sahîh
li-gáirihi es aquel que debe su validez a un refuerzo
exterior; es decir, carece de alguno de los elementos para
una aceptación absoluta (como es el caso del hadîz
hásan), pero si, por ejemplo, resulta que existen
otras versiones del mismo texto con validez absoluta, esa
coincidencia eleva a la categoría de sahîh
el hadiz que por sí solo sería hásan.
Ya hemos visto que un hadîz sahîh
es músnad y múttasil (cuenta con una
cadena completa de trasmisores fidedignos y estos están
encadenados correctamente entre sí). A esta descripción se
puede añadir otra, diciendo que tal hadîz sahîh
es mutawâtir o âhâdî. También veremos
en próximos capítulos que un hadiz auténtico puede ser
garîb o mashhûr, y otros calificativos que
también se pueden aplicar a los hadices hásan
y da‘îf.
Llamamos mutawâtir al hadiz sahîh
que ha sido trasmitido en cada una de sus generaciones por
tal cantidad de fedatarios que sea imposible a la razón
pensar que puedan coincidir en mentir. Efectivamente, las
palabras dichas en público por el Profeta (s.a.s.), así como
los actos que realizaba en presencia de gran cantidad de
personas, han podido ser trasmitidos por muchos de los
asistentes, y sus oyentes, a su vez, lo han podido trasmitir
a gran cantidad de discípulos, y así generación tras
generación. A este tipo de transmisión se le llama en árabe
tawâtur (transmisión masiva), y mutawâtir
es el nombre que recibe el relato trasmitido según ese modo.
En la definición del hadiz sahîh
mutawâtir hemos dado cabida a una expresión genérica: “Tal
cantidad de fedatarios que sea imposible a la razón pensar
que puedan coincidir en mentir”. Con ello evitamos
entrar en la polémica en torno a la cantidad exacta de
trasmisores a partir de la cual se produce el tawâtur
o transmisión masiva. Efectivamente, se ha dicho que
son suficientes cuatro testigos distintos; otros autores
hablan de cinco, y así hasta elevar la cifra a ciento quince
testigos, teniendo cada número algún respaldo en el Corán,
pero nunca definitivo. Por ello, preferimos la definición
que hemos dado, más ambigua, pero que recoge el espíritu de
la cuestión. Según Ibn Háŷar al-‘Asqalâni: “En la opinión
más sensata, no tiene sentido fijar un número determinado”.
A su vez, el hadîz mutawâtir se subdivide en
literal (lafzí) y por el sentido
(ma‘nawí). El hadîz sahîh
mutawâtir lafzí consiste en que todos los
trasmisores de determinadas palabras del Profeta (s.a.s.)
coincidan literalmente al trasmitirlas, y esto se dio en
pocas ocasiones (como en el caso del Corán mismo, que nos ha
llegado de acuerdo a este sistema de transmisión masiva y al
pie de la letra).
Por su parte, el hadîz sahîh
mutawâtir ma‘nawí es aquel que nos ha llegado en una
gran cantidad de versiones en las que los trasmisores
coinciden en el significado pero no en su letra. A esta
categoría pertenece una gran cantidad de hadices.
Según algunos autores, deben considerarse mutawâtir
algunos hadices que en sus comienzos hayan sido âhâdî
(un hadiz âhâdî es el que no reúne las
condiciones del mutawâtir: puede haber sido
trasmitido por un solo comunicante -garîb-, dos o más
-‘açîç-, o hacerse célebre -mashhûr-), siempre
que tras sus primeros eslabones pase a reunir las
condiciones del masivo, como en el caso del hadiz “las
acciones valen lo que sus intenciones”, que fue recogido
en principio sólo por ‘Omar, ‘Omar lo comunicó a ‘Alqama y
éste a Muhammad ibn Ibrâhîm at-Tîmî, quien lo trasmitió a Yahyà
ibn Sa‘îd al-Ansâri, y éste último lo difundió
alcanzando a partir de él el nivel de un mutawâtir.
El tawâtur o transmisión masiva no es un tema
que analicen los muhaddizûn (los expertos
en materia de hadiz) ni califican con este término los
hadices que examinan, pues la ciencia de la transmisión del
hadiz investiga un texto para determinar su validez o
debilidad, y juzgar por ende si el hadiz debe ser tenido en
cuenta o rechazado, analizando las biografías de los
trasmisores y las formas de transmisión, mientras que en el
tawâtur sólo se tiene en cuenta la cantidad (es
decir, la autenticidad del texto se basa en la imposibilidad
de que tal cantidad de trasmisores puedan haberse puesto de
acuerdo en mentir).
Lo que sí es relevante es que los muhaddizûn
están de acuerdo en que el hadiz mutawâtir, tanto el
lafzí como el ma‘nawí, es fuente de un
conocimiento tajante y cierto (‘ilm qat‘í
yaqîní). Pero discrepan en lo relativo al hadîz
âhâdî, el cual, como hemos visto, es el que no
reúne las condiciones del mutawâtir. Para algunos
autores, como el Imâm an-Nawawí, consideran que el hadîz
âhâdî proporciona una información de valor
relativo que es aceptada con reservas, es decir, es una
hipótesis (zann). Otros admiten el hadîz
ahâdî como fuente de conocimiento cierto (qat‘)
cuando ha sido recogido por los dos Shayjs (al-Bujârî y
Muslim). Por último, otros, como Ibn Hazm, aceptan sin
reservas este tipo de hadices: “La información que
proporciona una persona ‘adl a partir de otro ‘adl hasta el
profeta nos hace saber y nos obliga a actuar”.
Tal vez la opinión de Ibn Hazm sea la más coherente.
Efectivamente, el profundo aprecio que los musulmanes
sienten por los Sahîh de
al-Bujârî y Muslim no debe servir para desacreditar los
exámenes realizados por otras autoridades, aunque no tengan
el renombre de los Dos Maestros. Todo hadiz que reúna las
condiciones de validez que se exigen para el sahîh,
aunque no haya sido recogido por los Dos Šayj, debe ser
objeto de la misma consideración. En cuanto al parecer del
Imâm an-Nawawî según la cual el valor de un hadiz âhâdî
es relativo e hipotético (zanní),
carece de sentido si se confirma su rango de hadiz sahîh,
el cual implica un dato seguro de carácter tajante (qat‘í).
Estos dos últimos términos merecen una breve explicación. Un
hadiz es un conjunto de palabras o la descripción de un acto
atribuidos al Profeta (s.a.s.). Esa atribución puede ser
segura, como en el caso de que el hadiz sea sahîh,
y entonces el musulmán está obligado a actuar conforme a la
enseñanza contenida en el hadiz. Se dice entonces que el
dato que proporciona el hadiz es qat‘í,
tajante, pues es indudable su autenticidad. Los hadices
de las demás categorías, los cuales no responden a todas las
garantías que ofrece el sahîh,
ofrecen una información de valor hipotético (zanní):
es probable o posible -según el rango del hadiz- que el
Profeta (s.a.s.) dijera o hiciera tal cosa, aumentando la
certeza si el hadiz es confirmado o matizado por otros
textos.
Cuando un hadiz sahîh ha sido
trasmitido por un solo comunicante de gran autoridad
(ziqa) recibe el nombre de garîb (extraño).
Su ‘extrañeza’ puede residir en el texto o en la genealogía.
Si a partir de esa única autoridad (ziqa) es
comunicado a la Nación por un grupo considerable de
trasmisores, entonces recibe el nombre de mashhûr (célebre).
Y se le llama ‘açîç, reforzado, si la
transmisión del hadiz es confirmada por dos testigos
discípulos del sahâbi comunicante (para
algunos autores, esta es una condición para la validez de un
sahîh, y otros lo consideran
innecesario).
El primer autor en consagrar su labor a la reunión de los
hadices sahîh fue el Imâm
al-Bujârî, que utilizó esta misma palabra para dar título a
su libro más importante, el Sahîh.
Es decir, fue el primero en juntar este tipo de hadices
excluyendo los que no reunieran todas sus condiciones. Si
bien el Imâm Mâlik le precedió, en su Mawatta
hay hadices que no pertenecen a dicha categoría, por lo que
no puede ser considerada la primera recensión sistemáticas
de hadices sahîh. El trabajo
iniciado por al-Bujârî fue continuado por su discípulo
Muslim, y tras este último los demás autores de colecciones
de hadices tal como hemos mencionado en el capítulo
consagrado a los Seis Libros.
Los hadices sahîh constituyen una
gigantesca materia sobre la que trabajan los alfaqíes a la
hora de sistematizar la práctica del Islam. Tras el Corán,
son la principal fuente para el conocimiento del Islam tal
como fue enseñado por Sidnâ Muhammad (s.a.s.). No obstante,
los alfaqíes y los muhaddizûn han acordado una
subdivisión que ordena de mayor a menor la importancia de
estos hadices. El Imâm an-Nawawî propuso la siguiente
clasificación:
A la cabeza de los sahîh
estarían aquellos en los que coincidieron al-Bujârî y
Muslim. Se trata de los textos que merecieron el aprobado
coincidente de estos dos maestros, superando, por tanto, las
severas condiciones que pusieron cada uno de ellos.
En segundo lugar estarían los hadices de al-Bujârî.
En tercer lugar, los hadices de Muslim.
En cuarto lugar, los hadices que cumplen con las condiciones
de ambos autores pero que ellos no recogieron.
En quinto lugar, los hadices que cumplen las condiciones de
al-Bujârî.
En sexto lugar, los hadices que cumplen las condiciones de
Muslim.
En séptimo lugar, los hadices considerados sahîh
por otros imames.
También existe una especialización según la geografía. Y,
así, Ibn Taymiyya aseguraba que “las gentes de ciencia
(los ‘ulamâ) están de acuerdo en que los hadices más
auténticos son los que se trasmiten en Medina, después los
que pueden encontrarse en Basra (Basora), y luego en Shâm
(Siria y regiones adyacentes)”. Para al-Jatîb “las
vías de transmisión de las sunnas más seguras se encuentras
en los dos Haram (Meca y Medina), lugares en que escasea el
tadlîs (la ligereza a la hora de trasmitir tradiciones), así
como la mentira y la invención de hadices es excepcional en
esa región. También las gentes del Yemen tienen trasmisiones
excelentes, pero sus vías son menos en número, y están
subordinados en ellos a las gentes del Hiyaz. Por su parte,
en Basra hay sunnas sujetas a genealogías sólidas y en
abundancia. Los kufíes se asemejan en ello a los basríes, si
buen sus trasmisiones a veces son confusas. En las
comunicaciones de los shâmíes hay hadices cortados, pero
todo lo que entre ellos aparece completo es bueno y
provechoso, y predominan los hadices de contenido ético”.
Cada sahâbi tuvo sus discípulos (los cuales
configuraron la siguiente generación del Islam, la de los
tâbi‘în, o continuadores) que recogieron con
cuidado lo que les contaba acerca del Profeta (s.a.s.). A su
vez, los tâbi‘în comunicaron esos saberes a sus seguidores.
Se formaron así cadenas de transmisión (sánad,
isnâd). Los ‘ulamâ (expertos en ciencias islámicas en
general) y los muhaddizûn (expertos en ciencias del
hadiz en particular) han intentado determinar cuales de esas
cadenas son las mejores y más fiables, y las opiniones son
variadas. Pero tanto los sahâba como los
tâbi‘în son, en su mayoría, ziqât, fedatarios
dignos de confianza, por lo que tales discusiones en
torno a las mejores cadenas de transmisión carecen de mucho
sentido.
Para terminar, volviendo a la cuestión de la terminología
técnica (el istilâh), hay que
diferenciar entre las expresiones hadîz sahîh
y sahîh al-isnâd que emplean los
críticos del hadiz. Con hadîz sahîh
emiten un juicio con el cual consideran un hadiz como
auténtico, mientras que la segunda expresión tiene en
consideración únicamente su genealogía (dejando al lado el
texto, que puede tener algún defecto); en este segundo caso,
el hadiz es correcto en su transmisión, pero no quiere decir
que sea plenamente auténtico en esu texto. Por otro lado, si
los críticos dicen de un hadiz que es el más sahîh
(asahh) sobre una cuestión, no
necesariamente tiene por qué ser sahîh
en sí, e incluso puede tratarse de un hadiz débil. Se
refieren simplemente a que es el más digno de confianza de
todos los que hay sobre una cuestión determinada.

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