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Fuente:
Balansiya
Para el espíritu analítico de los doctos
andalusíes, muy versados en las ciencias
especulativas, también la cocina tenía su
importancia conceptual, científica y su propia
filosofía. Desde esta perspectiva, los alimentos
eran ante todo un medio para conservar y recuperar
la salud: toda una obligación para los musulmanes,
que consideran la higiene y el cuidado corporal
como algo natural e imprescindible en la vida del
hombre, y como algo obligatorio en la vida del
creyente. Al respecto de una alimentación
adecuada, el propio profeta Muhammad (s.a.s.)
decía: "El estómago es la alberca del cuerpo
a donde llegan numerosos vasos sanguíneos; cuando
el estomago está en buena forma, los vasos llevan
salud, y cuando está perturbado, llevan consigo la
enfermedad".
Los hispanomusulmanes se basaban pues, en este
concepto y en la ciencia que preconizaba que, para
evitar y combatir las enfermedades es necesario
adaptar el régimen alimenticio a las posibilidades
físicas y psíquicas de cada individuo. Esta
ciencia, basada en la teoría de los cuatro
"humores" corporales, consideraba para una
correcta nutrición, el temperamento, la complexión
y la edad de la persona, así como el clima y la
estación del año.
Por ello, muchos médicos poseían amplios
conocimientos culinarios, y, también, los
cocineros tenían conocimientos médicos. Esto era
realmente una ciencia de vanguardia, si
consideramos la escasa información que poseen hoy
estos profesionales, sobre ambos campos, sin
embargo tan interrelacionados entre sí. No
olvidemos que en los años posteriores a la
conquista cristiana muchos de estos conocimientos
fueron tildados de brujería, y motivo suficiente
para llevar a la hoguera a quienes los poseían.
En base a estas premisas, se escribieron numerosos
tratados médico-dietéticos, que incluían, por lo
demás, toda clase de atractivas y apetitosas
recetas. En aquel entonces, no sucedía como ahora,
en que la palabra "dieta" se asocia con
"enfermedad", y parece ser contraria al placer
culinario.
En estos libros, como el "Tratado sobre los
alimentos" de
al-Arbuli, la primera parte está dedicada
al análisis de las propiedades curativas y
bromatológicas de los alimentos, señalando las
diferentes cualidades de cada producto y sus
posibles efectos negativos si son consumidos
inadecuadamente. También se explica la forma de
corregir, en su elaboración, estos efectos.
Después consta de un amplio repertorio de recetas.
Al respecto de las personas más indicadas para la
elaboración de la comida, Ibn al-Jatib, en
su "Libro de Higiene" decía: "...si
experimentan cólera, temor o adulación, no deben
desempeñar este Arte, sino solamente, aquellos
otros sobre los que esté fuera de duda la sospecha
y tengan depositada la confianza de las gentes
nobles, las esposas virtuosas, los maestros y los
más dignos de la religión y de la piedad...".
Los andalusíes opinaban que la nutrición y
digestión no podían ser totalmente sanadoras si no
reinaba el agrado, el deleite y el apetito en el
acto de comer. Surgió el gusto por la especias y
por los condimentos que contribuyen a hacer los
alimentos más sabrosos y apetecibles. Era tan
grande su afán por hacer las cosas atractivas a la
vista, al oído, al paladar... que idearon el
hecho de que los platos se sirvan a la mesa e un
orden determinado, tal y como hoy lo conocemos
-primero las sopas y caldos, después los
entremeses, pescados y carnes, y, finalmente, los
postres...- se introdujo en uso de las cucharas y
de las copas en la mesa.
Además de tener en cuenta estos aspectos, como
norma de salud y para preservar la longevidad
-cosa que los hispanomusulmanes consiguieron, pues
era proverbial su fuerza física y los largos años
de vida que alcanzaban- se recomendaba comer
alimentos apetitosos, pero en poca cantidad. En
este sentido el propio Profeta (s.a.s.) decía:
"No mortifiquéis el corazón con un exceso de
comida y de bebida. Porque el corazón es como una
planta, que se muere por exceso de agua" ,
en otro hadiz hace referencia a la conveniencia de
destinar 1/3 del estomago para la comida, 1/3 para
el agua, y el otro tercio para el aire.
Hoy en día la medicina tradicional, así como las
alternativas, han comprobado el perjuicio tan
grande que produce en el organismo una
sobrealimentación -el mal de nuestra época-,
sobrecargándole y atrofiándole a menudo en sus
diversas funciones.
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