Fuente:
Balansiya
Es un
principio de la cortesía musulmana al recibir
por primera vez a un invitado, el saludarle con
el tradicional as-salamu aleikum, que es un
saludo islámico deseando paz y salud, y
seguidamente el ofrecerle leche acompañada de
dátiles con almendras. El vaso de leche es un
símbolo de la pureza de sentimientos, libres de
toda hostilidad. Los dátiles que lo acompañan,
soporte alimenticio de los musulmanes , por
excelencia, es el símbolo del ofrecimiento de
ayuda material, y las almendras son un alimento
altamente nutritivo y agradable.
Hay una larga
lista de recomendaciones sobre el beber y el
comer, provenientes de la Sunnah o Conducta del
Profeta , Muhammad (s.a.s.) y
retransmitidas por los sabios del Islam, como
las siguientes escritas por el ulema iraní Allamah Muhammad Baqir Ibn Muhammad at-Taqi al-Maÿlisí
(1628-1699):
«No hay
que ser pródigo en materia de comer y beber. No comáis
nada cuando tengáis el estomago lleno. Es Sunnah
lavarse las manos y la boca antes y después de
las comidas.
Es
conveniente decir Bismilah ("Con el nombre
de Allah") cuando se pone la comida en la mesa, y
empezar y terminar las comidas con una pequeña
pizca de sal. Comer con
los sirvientes y sentados en el suelo es Sunnah. No toméis
la comida cuando está demasiado caliente. Limpiaros
los dientes después de haber comido»
(Allamah al-Maÿlisí:
Buenas costumbres y actitudes en el Islam, Agreg.
Cult. Embaj. Rep. Islámica del Irán, Madrid,
1996, págs.18-19).
No cabe duda que, en al-Andalus, como en el
resto del mundo islámico,
los perfumes tuvieron una presencia importante.
En la tradición del Islam se recuerda que
formaban parte de los elementos más apreciados
por el Profeta Muhammad (s.a.s.)pues el perfume ejerce
un efecto saludable en el mantenimiento de la
salud corporal. Entre los andalusíes, los
perfumes eran de uso generalizado en todas las
clases sociales según sus posibilidades.
La costumbre andalusí de acudir con frecuencia
al hammäm o
baño público de agua y vapor -hombres por la
mañana y mujeres por la tarde- implicaba una
serie de cuidados estéticos para ambos. Baño con
jabones aromáticos, el masaje corporal, el
arreglo y teñido del cabello con alheña,
decoración de manos y pies con henna, perfilado
de ojos con kuhl, el rociado con perfumes de
agua de rosas, perfume de azafrán, almizcle,
ámbar natural y desmenuzado, ámbar negro, y
otras sustancias aromáticas.
Asimismo, se
perfumaba el interior de las mansiones e incluso
de las mezquitas, mediante braseros o pebeteros,
donde quemaban maderas olorosas (agálocos indios
y sándalos) o resinas aromáticas y sustancias
animales aromáticas, como el incienso, la mirra,
el ámbar gris y el almizcle. Todos ellos
productos de importación procedentes de Oriente.
El compilador
al-Maqqari (s. XVII) recogió, inicialmente de
al-Bakrï (s. XI) y posteriormente de otros
autores, la noticia del áloe aromático, de mayor
perfume que el áloe indio, que crecía en estado
silvestre en las Alpujarras Este mismo autor
relata que había ámbar gris de buena calidad en
las costas de Algarve (del árabe al-Garb, tierra
del poniente, hoy Portugal).
Entre los andalusíes se
consideraba que los perfumes tonificaban el
cerebro y los órganos sensoriales.
Había perfumes indicados para cada época del
año:
Según Ibn Zuhr, los perfumes que debían
usarse en el invierno eran: almizcle,
algalias, polvo de clavo, áloe indio,
ámbar y aceite de jazmín. Además, perfumes
de incienso, almáciga, sandáraca, ajenjo,
y flores de mirto.
Para temperamento flemáticos, el médico
Ibn al-Jatïb recomendaba en invierno
perfumes muy cálidos, como el castóreo con
almizcle del Tíbet y algalia aromática, y
los que denominaba "medicamentos indios":
perfumes elaborados con clavo, nuez
moscada, valeriana, juncia, estrombo,
ámbar, o beleño. Igualmente aconsejaba
inhalar aguas aromáticas de flores muy
cálidas, como la rosa blanca almizclada,
el jazmín, la flor de azahar, el alhelí,
narciso, lirio, camomila y otras
semejantes.
Los perfumes apropiados para la primavera
(época, ya de por sí aromática, debido a
la floración) eran preferentemente el
almizcle y las algalias. Los expertos
también recomendaban para esta estación
del año las inhalaciones de flores
aromáticas, como la flor de azahar, de
toronja, alhelí, narciso, valeriana,
lirio, jazmín, malvalisco, menta, serpol,
albahaca, y los perfumes de almizcle,
ámbar, incienso, almáciga, y madera india.
Los perfumes indicados para el verano
eran: Polvo de musgo y sándalo, preparados
con agua de rosas, y agua de manzana,
según Ibn Zuhr, era el más adecuado para
el verano, si se mezclaba, además, con un
poco de alcanfor y los polvos de musgo y
sándalo. Dos siglos más tarde el médico
granadino Ibn al-Jatïb recomienda para el
verano que se inhales "flores
refrigerantes y aromáticas como rosas,
sauces, violetas, nenúfares, y flores de
mirto" y que se perfumen con "aguas y
perfumes equilibrados, que contengan
sustancias refrescantes, por ejemplo
lajälij (perfume compuesto) de ámbar,
mezclado con alcanfor y óleos de violeta,
sándalo y similares". Asimismo, se
consideraban perfumes de verano los
elaborados con flores y hojas de mirto, y
el agua de rosas mezclada con agua de
azahar.
El empleo refrescante del mirto o arrayán
fue muy popular en al-Andalus; a menudo se
utilizaba la flor y la hoja de mirto en
inhalaciones, y se frotaban ambos entre
las manos para estimular aún más la
emanación de su aroma.
Para refrigerar y perfumar los ambientes
calurosos se empleaban abanicos de
arpillera empapados en agua de rosas,
sándalo, alcanfor y vinagre, mientras que
los suelos de las estancias se cubrían con
hojas de mirto, de vid, caña, papiro y
tamarisco.
En el otoño, los perfumes más adecuados
eran el agua de rosas, y el agua de
manzana aromática, siempre que ésta se
mezclase con un poco de zumo agraz no
endulzado.
Ibn al-Jatïb recomendaba para el otoño
inhalar sustancias aromáticas cálidas,
como el ámbar, el almizcle, la algalia
(perfume compuesto de almizcle, ámbar y
óleo de beleño) y perfumarse con agua de
flores y plantas aromáticas, como el
jazmín, las albahacas o el toronjil.
También aconsejaba inhalaciones de
cáscaras de toronja, así como manzanas de
olor y membrillos dulces.
Para cuidar los dientes,
se aplicaba un dentífrico compuesto de cortezas
de raíz de nogal, cocidas en agua hasta que se
consumía el líquido, agregando sandáraca india,
clavo y cilantro machacados. Con esta pasta se
frotaban los dientes en el dedo índice, mediante
suave masaje, y se enjugaba la boca con agua
tibia o con una cocción de juncia.
Otro de los
dentífricos recomendados se elaboraba a base de
rosas, cáscaras de granada, simiente de acedera,
y simiente de mastuerzo, trituradas con hojas de
cidra seca.
Los andalusíes se preocuparon mucho de su
aliento, buscando que estuviera siempre
perfumado; la cantidad de recetas para combatir
el mal aliento que se descubren en los
recetarios médicos consultados lo revela como
una auténtica estadística.
Entre otros
cuidados, el mal aliento se combatía evitando
comer ajos y cebollas. También con pastillas
perfumadoras a base de clavo, nuez moscada,
almástiga, madera de naranjo y de cilantro,
añadiéndose jarabe de cáscara de toronja.
Otro de los
dentífricos para perfumar el aliento se
elaboraba a base de juncia, cortezas de cidra,
nardo, clavo, nuez moscada, "sukk" (medicamento
compuesto de almizcle, mirobálano émblico o nuez
de agalla y uva pasa, según Ibn al-Hachcha.
Otros autores incluyen entre sus componentes
aceite de alhelí, aceite de oliva y también jugo
de dátiles. Según el médico al-Räzï, este
medicamento elimina el olor de la sudación),
agáloco, canela, hinojo, cidra, cardamomo
pequeño, cubeda y almizcle; pulverizándolo todo
y frotándose los dientes con este preparado.
También se
podían amasar estos polvos con agua de manzana y
hacer unas pastillas que, introduciendo una de
ellas en la boca por la mañana, perfumaba el
aliento durante toda la jornada.
Para el cuidado corporal,
en general, se utilizaban distintos tipos de
aceite, que producían los siguientes efectos:
Aceite de habas y altramuces para eliminar
las verrugas.
El aceite de almendras servía para los
cuidados del rostro al tiempo que para
masajes faciales y corporales, hidratando la
piel.
El aceite de rosas tonificaba los miembros y
hacía desaparecer la fatiga
Aceite de manzanilla para relajar los
miembros.
El aceite de nenúfar, tras el baño, era muy
beneficioso, pues mediante su aplicación se
hidrataba el cuerpo, dando somnolencia.
El aceite de jazmín perfumaba y relajaba.
El aceite de narciso era suave y aromático,
y su aplicación servía para relajar los
nervios.
Los ojos
se lavaban con agua de rosas al despertarse.
Además, se preparaban distintos colirios para
conservarlos sanos:
Colirio de mirra y oro puro.
Colirio simple de madreperla marina con agua
de rosas.
Colirio de agua de rosas con zumo de hinojo
silvestre.
Para dar más
brillo a la mirada y aclarar los ojos, se usaba
una mezcla de antimonio y oro, con un poco de
almizcle.
Era famoso el
colirio elaborado con jugo de bayas de arrayán y
polvo de antimonio (kuhl), que daba más
intensidad a la mirada, aparentando oscurecerla,
de acuerdo con las preferencias estéticas de los
andalusíes.
Para cuidar y
mantener el buen aspecto de
las uñas,
se empleaba alheña y manteca de vaca.
Los cabellos
se conservaban sanos frotándolos con hojas de
añil, alheña o aceite dulce de oliva. Para
eliminar la caspa se aplicaba sobre el cabello
un emplasto de alheña y vinagre; también se
podía lavar la cabeza con una cocción de lirio.
Abü l-`Alä´Zuhr,
en sus prescripciones, daba numerosas recetas
cosméticas, entre ellas algunas para teñir los
cabellos:
"(Se machaca y se macera) clavo, durante una
noche en agua dulce hervida, luego se exprime
bien, se filtra y se amasa con ello alheña, y
con la octava parte del peso de la alheña, de
nuez de agalla machacada. Se (envuelve) con
esto la cabeza, se deja (toda) la noche y se
lava por la mañana. Tiñe el pelo de un hermoso
color, entre rojizo y negro."
También Abü l-`Alä´ nos ha dejado esta otra
receta, que aconseja el teñido de cabellos en el
Hammäm, lo que demuestra la
utilización de los baños no solo como espacio de
higiene y relax, sino como lugar de cuidados y
aplicaciones estéticas:
"Agua de
serpol y agua de mejorana (de cada cosa una
parte). Se mezclan las dos y se amasa alheña
con ellas. Se envuelve la cabeza (con esta
pasta) y se deja sobre ella. (Más tarde) se
lava en el hammam con agua
caliente. Si Allah quiere, alabado sea."
Para la limpieza del cutis y de la epidermis
en general, se utilizaba una mezcla de goma
arábiga, simiente de sandía, pulpa de simiente
de melón, harina de habas, harina de garbanzos,
de altramuz, de cebada y de arroz; se preparaba
la pasta y se le agregaba un poco de vinagre.
Se untaba el
cuerpo con ella o se aplicaba una especie de
mascarilla sobre el rostro, después se lavaba
con agua tibia. Con ello desaparecía toda clase
de pecas y de manchas.
Abü l-`Alä´Zuhr prescribía recetas para elaborar
mascarillas faciales.
Como hemos
podido ver, las aplicaciones botánico-cosméticas
en el mundo andalusí pueden parecernos hoy de
gran actualidad.
(Extractos de "Los aromas de al-Ándalus" de
Cherif Abderrahman Jah - Alianza Editorial -
Fundación de Cultura Islámica).