PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

   CARTAS DEL SHAYKH AL-´ARABI AD-DARQAWI

 

CARTA 9

 

Cuando mi maestro vio que seguía la vía sinceramente, me ordenó romper con los hábitos de mí alma (nafs; me dijo: «Al igual que debemos adquirir la ciencia de la Realidad espiritual (al-haqîqa), debemos adquirir también la práctica de ella». No le comprendí. Entonces cogió mi hâík con su noble mano, me lo arrancó de la cabeza  lo retorció varias veces y me lo enrolló al cuello; después, me dijo: -¡Aquí tienes la prueba del bien!-. Mi alma, entonces, se trastornó hasta tal punto que hubiera preferido morir antes que mostrarse con tal atavío. El maestro me miró sin decir nada, y me sentí oprimido hasta la muerte. Me levanté antes que él -lo que era contrario a mi costumbre- y me alejé hasta que la pared de la zâwiya me ocultó de su vista. Entonces mi alma (nafs) me dijo: ¿Pero qué significa esto? No supe contestarle salvo volviendo a colocarme el haik en la cabeza como todo el mundo; pero no, no lo hice, y le contesté: el maestro sabe bien lo que esto significa. Pero tú (mi alma), ¿por qué estás tan agitada y tan revuelta? ¿Qué es lo que temes por ser humillada? ¿Qué eres tú y cuál es tu rango para que no soportes verte en este estado? ¿Es que sólo te gusta quedarte con tu concupiscencia y tus caprichos y retozar sin freno? ¡No, por Allah, que no disfrutarás de ellos mientras guarde vigilancia sobre ti y tus hostilidades! Viendo entonces mis ojos inflamados de cólera, perdió la esperanza de continuar con su concupiscencia y supo que todo eso se había terminado, aceptando finalmente la ley que le imponía. ¡Desgraciado el faqîr, desgraciado, si ve la forma de su propia alma (o de su «yo», nafs) tal como es y no la estrangula hasta que muera!

 

           

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