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Sabed (que
Allah os sea misericordioso) que el faqîr,
cuando cambia el recuerdo de todo lo demás por el recuerdo (dhikr)
de Allah, hace pura su servidumbre, y quien sirve a Allah puramente y sin
mezcla, es un Wali ((intimo de Allah); que la maldición de Allah caiga sobre
quien miente. No os acordéis, pues, más que de Allah, no seáis más que de Allah;
porque si tú eres de Allah, Allah será tuyo, ¡y bienaventurado quien es de Allah
de modo que Allah es suyo! Que sea suficiente para probar la excelencia del
recuerdo (dhikr) de Allah citar Sus palabras: «Acordaos de Mí y Yo me
acordaré de vosotros» (Corán, II, 147) y las que el Profeta (que Allah lo
bendiga y le de la paz) pronuncia de parte de su Señor.
«Yo soy el compañero de quien Me invoca».
Mi maestro
(que Allah este satisfecho de él) me decía: «Me gusta lo que oigo decir contra
ti»; de manera parecida, a al-’Arabi ad-Darqâwî le gusta lo que oye decir contra
vosotros, aquello que mata vuestro egoísmo y vivifica vuestros corazones, y no
lo contrario, ciertamente, pues sólo se ocupa de lo que vivifica al ego (nafs)
y mata al corazón el descuidado, el ignorante, aquél cuya inteligencia está
empañada y su conciencia oscurecida. Porque el hombre sólo tiene un corazón: si
se vuelve hacia un lado, da su espalda al otro, ya que -Allah no ha puesto dos
corazones en las entrañas del hombre- (Corán, XXXIII, 3), según palabras de
Allah, exaltado sea. En el mismo sentido, el venerable maestro Ibn ‘Atâi-Llâh
(que Allah este satisfecho de él) dijo: -Volverse hacia Allah es dar la espalda
a la criatura, y volverse hacia la criatura es dar la espalda a Allah-.
Uno de
nuestros hermanos me dijo: -Yo no soy nada-; y le contesté:
-No digas:
no soy nada, ni digas tampoco: soy algo. No digas: me falta tal cosa, ni: no me
falta nada, sino di: ¡Alláh!, y verás maravillas-.
Otro me
preguntó: -¿Como curar al alma (an-nafs)? Y le respondí: -Olvidala y no pienses
en ella; pues no recuerda a Allah quien no olvida a su alma (o: quien no se
olvida a sí mismo)». No podéis concebir, pues, que la existencia del mundo es lo
que nos hace olvidar a nuestro Señor, lo que nos Lo hace olvidar es la
existencia de nosotros mismos, la existencia de nuestro ego. Lo único que nos Lo
vela es el hecho de ocuparnos, no de la existencia como tal, sino de nuestros
deseos. Si pudiéramos olvidar nuestra propia existencia, encontraríamos a Aquél
que es el origen de toda existencia, y al mismo tiempo veríamos que nosotros no
existimos en absoluto. ¿Cómo podéis imaginar que el hombre sea capaz de perder
la conciencia del mundo sin perder la de su ego? Es algo que nunca ocurrirá.
 
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