PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

   CARTAS DEL SHAYKH AL-´ARABI AD-DARQAWI

 

CARTA 7

 

Sabed (que Allah os sea misericordioso) que el faqîr,[1] cuando cambia el recuerdo de todo lo demás por el recuerdo (dhikr)[2]  de Allah, hace pura su servidumbre, y quien sirve a Allah puramente y sin mezcla, es un Wali ((intimo de Allah); que la maldición de Allah caiga sobre quien miente. No os acordéis, pues, más que de Allah, no seáis más que de Allah; porque si tú eres de Allah, Allah será tuyo, ¡y bienaventurado quien es de Allah de modo que Allah es suyo! Que sea suficiente para probar la excelencia del recuerdo (dhikr) de Allah citar Sus palabras: «Acordaos de Mí y Yo me acordaré de vosotros» (Corán, II, 147) y las que el Profeta (que Allah lo bendiga y le de la paz) pronuncia de parte de su Señor.[3] «Yo soy el compañero de quien Me invoca».

Mi maestro (que Allah este satisfecho de él) me decía: «Me gusta lo que oigo decir contra ti»; de manera parecida, a al-’Arabi ad-Darqâwî le gusta lo que oye decir contra vosotros, aquello que mata vuestro egoísmo y vivifica vuestros corazones, y no lo contrario, ciertamente, pues sólo se ocupa de lo que vivifica al ego (nafs[4]) y mata al corazón el descuidado, el ignorante, aquél cuya inteligencia está empañada y su conciencia oscurecida. Porque el hombre sólo tiene un corazón: si se vuelve hacia un lado, da su espalda al otro, ya que -Allah no ha puesto dos corazones en las entrañas del hombre- (Corán, XXXIII, 3), según palabras de Allah, exaltado sea. En el mismo sentido, el venerable maestro Ibn ‘Atâi-Llâh (que Allah este satisfecho de él) dijo: -Volverse hacia Allah es dar la espalda a la criatura, y volverse hacia la criatura es dar la espalda a Allah-.

Uno de nuestros hermanos me dijo: -Yo no soy nada-; y le contesté:

-No digas: no soy nada, ni digas tampoco: soy algo. No digas: me falta tal cosa, ni: no me falta nada, sino di: ¡Alláh!, y verás maravillas-.

Otro me preguntó: -¿Como curar al alma (an-nafs)? Y le respondí: -Olvidala y no pienses en ella; pues no recuerda a Allah quien no olvida a su alma (o: quien no se olvida a sí mismo)». No podéis concebir, pues, que la existencia del mundo es lo que nos hace olvidar a nuestro Señor, lo que nos Lo hace olvidar es la existencia de nosotros mismos, la existencia de nuestro ego. Lo único que nos Lo vela es el hecho de ocuparnos, no de la existencia como tal, sino de nuestros deseos. Si pudiéramos olvidar nuestra propia existencia, encontraríamos a Aquél que es el origen de toda existencia, y al mismo tiempo veríamos que nosotros no existimos en absoluto. ¿Cómo podéis imaginar que el hombre sea capaz de perder la conciencia del mundo sin perder la de su ego? Es algo que nunca ocurrirá.


 

[1] El pobre, sobreentendio al-faqîru ilâ-llâh: El pobre hacia Allah”, según la expresión coránica: “Oh hombres, vosotros sois los pobres hacia Allah y Allah es el Rico, el Glorioso” (Corán, XXXV,14).

[2] El término Dhikr contiene los sentidos de mención, recuerdo e invocación.

[3] Se trata de una sentencia divina (hadîth qudsî) dirigida al Profeta no como parte del Corán, y por tanto no incluida en éste; las revelaciones de esta categoría conciernen especialmente ala vía contemplativa.

[4] An-nafs es ek akna; por oposición al corazón (al-qalb), significa el alma egocéntrica y pasional; conectada a un pronombre posesivo, la misma palabra se traduce como: si mismo, él mismo, etc. An-nafs como alma pasional y sede del ego (en sáncrito Ankara) se opone al corazón en cuanto éste es el órgano de ar-rûh, el Espíritu. Se puede comparar el corazón a la abertura más estrecha de un reloj de arena o al istmo (barzakh) entre los dos océanos, uno salado y otro dulce (Corán, LV, 19 y XXV, 5.3), que representan a los respectivos ámbitos de la experiencia temporal y de la contemplación pura. También se dice que el corazón es objeto de una querella entre su padre, el Espíritu, y su madre, el alma pasional; si vence la madre, el corazón se endurecerá, si es el padre el que obtiene la victoria, se tornará luminoso como él

           

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