CARTA 57
Por último, hermanos, os recomiendo vivamente -y «el din es el consejo
sincero»-[1] no abandonar el recuerdo (dhikr)[2] de vuestro Señor, tal como Él
os ha ordenado, «de pie, sentados y reclinados sobre vuestros costados» (Corán,
IV, 104) y en todo estado, porque sólo de eso tenemos necesidad, nosotros,
vosotros y todo hombre, sea quien fuere.
Escuchad lo que os voy a decir y no lo olvidéis, no lo toméis a la ligera ni lo
descuidéis: en el transcurso de los últimos cincuenta y cinco años, más o menos,
he dicho a muchos hermanos: cada uno de los hombres tiene múltiples necesidades,
pero en realidad todos ellos no tienen necesidad más que de una sola cosa, a
saber, acordarse de Allah verdaderamente; si han adquirido esto, ninguna cosa
les faltará, la posean o no.
Mucho después de haber dicho esto, leí en el comentario del imám AbulQásím al-Qushaíri
sobre los más bellos nombres de Allah, que un discípulo dijo a su maestro: «Oh,
maestro, ¿y el alimento?» El maestro respondió: «¡Allah!». Insistió el
discípulo: «El alimento nos es absolutamente necesario», a lo que el maestro
replicó: «Nos es absolutamente necesario Allah». Y todavía más tarde, encontré
esto en los Hikam de Ibn'Atâi-Llâh: «¿Qué puede encontrar quien no Te ha
encontrado? ¿y qué le falta a quien Te ha encontrado? Quien se contenta con algo
a cambio de Ti, perece, y quien desea otra cosa en Tu lugar, se pierde».
Sin falta, sin falta, manteneos firmemente en el recuerdo de vuestro Señor, tal
como Él os ha ordenado y aferraos a vuestro din con todas vuestras fuerzas;
Allah abrirá los ojos de vuestra inteligencia e iluminará vuestra consciencia
íntima. Y tened cuidado con pensar que el hombre que verdaderamente se acuerda
de Allah pueda no quedar satisfecho con ello: no lo creáis, pues es imposible.
Sabed (que Allah tenga misericordia de vosotros) que yo esperaba que algún faqír
entre mis amigos me preguntase: ¿De dónde has sacado esta frase: «Cada uno de
los hombres tiene múltiples necesidades, pero en realidad todos ellos no tienen
necesidad más que de una sola cosa, a saber, acordarse verdaderamente de Allah;
si han adquirido esto, ninguna cosa les faltará, la posean o no?». Pero nadie me
ha hecho esa pregunta. Ahora bien, si se me hubiera hecho, hubiera contestado
así: en mi juventud, unos diez años después de la madurez,[3] penetré de golpe
en la presencia de mi Señor, y he aquí que dejé de ser como había sido hasta
entonces, pues Allah sustituyó mi impotencia con Su poder, mi debilidad con Su
fuerza, mi pobreza con Su riqueza, mi ignorancia con Su conocimiento, mi
rebajamiento con Su gloria, es decir, recubrió mi cualidad con la Suya, de forma
que yo era Él y ya no yo, según la sentencia divina[4] referida por el Profeta
(s.a.s): «Mi servidor no cesa de acercarse a Mi mediante devociones voluntarias
hasta que lo amo; y cuando lo amo, Yo soy él».[5] Entre otras cosas que me
fueron otorgadas, mi ciencia se profundizó tanto que si me hicieran mil veces
mil preguntas[6] podría responderlas con justeza, porque he llegado a ser como
una luminaria cuya claridad apenas disminuiría si con ella se encendieran todas
las luminarias existentes. Y Allah garantiza lo que decimos; Allah garantiza lo
que decimos; Allah garantiza lo que decimos.
NOTAS:
[1] Hadith.
[2] Se recordará que la expresión dhikr, que traducimos aquí por "recuerdo»,
tiene los significados de mención, de invocación, de anamnesis en el sentido
platónico del término
[3] Que se empieza a contar a partir de la pubertad y que entraña la
responsabilidad moral y la obligación de cumplir con los rítos prescritos para
todo musulmán.
[4] Hadith qudsî.
[5] Una versión más generalmente conocida es ésta; *Mi servidor no cesa de
acercarse a Mi mediante devociones voluntarias hasta que lo amo; y cuando lo
amo, Yo soy el oído con el que oye, el ojo con el que ve y la mano con la que
coge; y si bien pide algo, ciertamente se lo daré.»
[6] Se trata, evidentemente, de preguntas que conciernan a las realidades
espirituales
 
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