CARTA 50
Me encontraba en Fez en la época de la escasez y pedía limosna de tienda en
tienda. Era la estación de la indigencia, de la lluvia, del frío, del barro, del
hambre y de la oscuridad, y mi familia me esperaba como una nidada de pajarillos
hambrientos. Y he aquí que un noble (sherîf) de entre la gente opulenta me
insultó y me reprendió porque mendigaba, siguiéndome de tienda en tienda por
cualquier sitio que me dirigiese, hasta que oscureció. La noche, finalmente, nos
separó, yéndose cada uno hacia su casa. Aún no se vislumbraban las primeras
luces del alba cuando vino a buscarme un hombre dé parte del padre de ese noble
y me dijo: «Fulano se excusa por molestarte y te envía este mensaje: por amor de
Allah, asiste con los pobres (fogarâ) al entierro de mí hijo, que Allah tenga
misericordia de él». Acudimos, pues, a su entierro. Allah tenga misericordia de
él, así como de nosotros. Saludos.[1]
[1] Cabe preguntarse por qué el shaykh ad-Dargáwi narra, hacia el final de su
colección de cartas cierto número de sucesos milagrosos que le conciernen. Sin
duda, quería mostrar con ello que La gracias inherentes a la vía no eran menos
eficaces que en la época de los grandes Sufies de la Edad Media
 
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