CARTA 48
Uno de los nobles (shorafâ) de Fez, uno de los grandes señores de la ciudad:
reprendió vivamente, en plena asamblea de hermanos, cuando yo estaba sentado
ante él sin pronunciar palabra. Derramaba su hiel sobre mí, mientras que yo no
hablaba ni contestaba. Cuando hubo transcurrido así bastante tiempo sin que le
respondiese, me espetó bruscamente: «¡Habla, pues, ya que yo te hablo!» A lo que
le dije: «He conocido a verdaderos nobles que me han tomado como maestro Allah
los recompensó por ello». «¿Cómo es eso?», preguntó. Y le dije: «Si hablase
contigo mientras tú disputas, temería caer en el mismo efecto. Y si empezáramos
los dos a disputar, ¿qué bien sacaríamos de ello? Por Dios, no veo bien alguno
que mí cólera se mezcle con la tuya». Entonces me dijo con fuerza y vivacidad
«Así es como la gente me ha hablado de ti, diciendo que eras un gran sabio»
Lamentó lo que había dicho en mi descrédito y me pidió insistentemente perdón. A
partir de ese momento tuvo por mí un gran amor.
 
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