CARTA 47
Cierta persona nos frecuentó durante unos ocho años, y durante todo ese tiempo
su actitud hacia nosotros fue variable: tan pronto su amor aumentaba como se
debilitaba. Pues bien, estando un día con él, le hablamos de una manera que tocó
el fondo de su corazón (pero Allah es más sabio). Desde entonces volvió la
espalda, en cierta medida, al mundo y se acercó a nosotros con gran ímpetu. Y
sucedió que las vislumbres espirituales le invadieron en oleadas, sin que
tuviera experiencia alguna de ello, y arreciaron tanto que llegó a pensar que no
había sobre la tierra hombre más sabio que él. Acudió, pues, para hacernos
partícipes de su conocimiento, ya que vivíamos lejos uno del otro, y cuando nos
hubo hablado y le respondimos, nos contradijo en nuestras propias barbas,
lanzándonos sus palabras en pleno rostro y enfadándose; todo ello en presencia
de una asamblea de hermanos (que Allah esté satisfecho de ellos). Como nunca
había sido tal su actitud habitual hacia nosotros, lo perdonamos, pero él no nos
perdonó y continuó combatiéndonos con su nueva ciencia. Estábamos allí sentados
ante él como un ladrón con su banda ante su juez. Sin embargo, no aceptamos su
discurso salvo en parte, en la medida en que lo encontrábamos justo. Tras
habernos hecho partícipes de los beneficios de sus descubrimientos, nos dejó y
se fue al encuentro de algunos hermanos bien intencionados para con nosotros y
que nos amaban, pero cuyo estado espiritual era débil, de forma que no contaban
con más recursos que los de la teoría. Les socavó en su intención, su amor y su
sinceridad y casi logró arrastrarlos lejos de la intención piadosa y del amor
sincero. Pues bien, intentó que volviéramos del estado de aislamiento (tajríd) a
la actividad en el mundo, a lo que respondimos: «En cuanto a nosotros, si
tuviéramos que volver a lo que nos propones, lo haríamos sin pérdida de virtud,
pues todos conocemos uno y otro lado (el mundo y el espíritu), pero a ti no te
conviene más que la huida ante la sensualidad (al-birr), para que no te vuelva a
recobrar como ha recobrado a tantos de tus semejantes, e incluso a aquellos cuyo
estado espiritual era más fuerte que el tuyo. Ten cuidado; si quieres la
salvación de tu alma, escucha lo que te digo y síguelo; ¡que Allah te coja de la
mano! La sensualidad, hermano, está todavía muy cerca de ti, porque es lo único
que conoces, como la mayor parte de los hombres. La mayoría no conoce más que lo
sensible y no lo espiritual, ni el camino que conduce a ello. Ahora bien, si tú
quieres seguirlo, huye de la sensualidad como nosotros hemos huido de ella,
despójate de ella como nosotros nos hemos despojado, y combátela como nosotros
la hemos combatido, y camina por donde nosotros hemos caminado. Si quieres lo
sensible, hermano, es que no deseas el espíritu y tu corazón no se aferra a él,
porque todo lo que aumenta los sentidos disminuye la espiritualidad y a la
inversa...» Pero no aceptó nuestras palabras, de manera que la sensualidad,
contra la que le habíamos puesto en guardia, le arrebató las vislumbres
espirituales que le habían invadido y de ellas no dejó ni el olor; y Allah
garantiza lo que decimos.
 
|