CARTA 45
Escuchad lo que dije a uno de nuestros hermanos para infundirle ánimo. Tenía
miedo a casarse por las tentaciones que el matrimonio traería consigo, como
muchos de los nuestros lo han tenido. Le dije, pues: vemos que existen hombres
que, sin ser hombres de élite, viven en medio de múltiples ocupaciones como si
no tuvieran ninguna, mientras que otros cuya única carga es su propia cabeza, la
encenagan hasta el punto de estar en continuo sufrimiento. Eso viene de que no
cesan de hacer proyectos y de cargarse con mil preocupaciones. Y en
consecuencia, me parece (pero Allah es más sabio) que los verdaderos hombres[1]
no se dejan distraer de su Señor por ninguna cosa, y cuidarse de la familia es
la menor de ellas. ¿En qué confía entonces aquél que, entre vosotros, aspira a
la unión y que, con ese objetivo, abandona toda actividad enfocada hacia la
ganancia en este mundo o en el otro? ¡Qué más sorprendente que quien echa toda
la culpa a su actividad profesional si no ha sabido perfeccionarse a sí mismo!
Dice: «En mejor estado me hallaría si hubiera dejado mis asuntos para ocuparme
por entero de mi Señor»; y, sin embargo, cuántos momentos perdidos hay en su
vida; no los ve y no echa la culpa al hecho de desperdiciarlos sin ocuparse de
su Señor. Ahí está su extravío y su pérdida, pues no le conviene acusar a sus
asuntos de haberle hecho descuidar la salvación de su alma y la de su familia
mientras no pague, en sus momentos libres, la parte que debe al Señor. Saludos.
[1] 0: los hombres viriles (ar-rijál).
 
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