PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

   CARTAS DEL SHAYKH AL-´ARABI AD-DARQAWI

 

CARTA 43



La enfermedad que aflige a tu corazón es una de las cosas que hieren a los hombres que Allah ama, pues «entre los hombres más duramente probados se encuentran los Profetas, después los walis (íntimos de Alla) y después quienes se les parecen de cerca y de lejos».[1] No te entristezcas, pues, porque una cosa así sucede con preferencia a los hombres de sinceridad y de amor para hacerlos progresar hacia su Señor. Mediante ese sufrimiento, sus corazones se purifican y se transforman en pura esencia. Si no fuera por esos encuentros con la realidad, nadie alcanzaría el conocimiento de Allah, lejos de ello, pues «si no existiera la arena de las almas, los corredores no podrían lanzarse a ella», como está escrito en los Hikam de Ibn `Atài-Llâh. En ellos también se encuentra: «En la variedad de indicios y de cambios de estado he reconocido Tu intención para conmigo, la de mostrarte a mí en todas las cosas para que yo no Te ignore en ninguna». En el mismo sentido han dicho los iniciados: «Es en la hora de los trastornos cuando se distingue a unos hombres de otros». En el Corán, se dice: «¿Los hombres cuentan, pues, con que se les dejará (en paz) porque digan: nosotros creemos, sin que se les pruebe?» (XXIX, 1).
Escucha también lo que se cuenta de la actitud de quienes conocen a Allah: cuando se le preguntó a nuestro señor `Umar ben `Abdul-`Aziz (que Allah esté satisfecho de él): «¿Qué deseas?», contestó: «Lo que Allah decida». El ilustre maestro, nuestro señor `Abd al-Qàdir al Jìlanî dice a este respecto:
 
«No me corresponde a mí, si la prueba me visita, apartarme de ella,
Ni, si el gozo me inunda, abandonarme a él;
Porque no soy de aquellos que se consuelan de la pérdida de una cosa
con otra; yo no quiero renunciar al Todo».
 
 
Y el ilustre maestro Ibn'Atâi-Llâh dice en sus Hikam: «Que el dolor de la prueba te sea aliviado por tu conocimiento del hecho de que es Él, exaltado sea, quien te prueba».
No cabe duda de que, para los hombres de Allah, el mejor momento es el de su angustia, porque por ella aumentan, como dice el ilustre maestro Ibn'Atâi-Llâh en sus Hikam: «El mejor de tus momentos es aquél en que eres consciente de tu angustia y te ves remitido a tu propia impotencia... Quizás encuentres en tu angustia los beneficios que no has podido encontrar en la oración ni en el ayuno». La angustia (fáqa) no es otra cosa que la intensidad de la necesidad. Ahora bien, el maestro de nuestro maestro, al-`Arabî Ibn `Abd-Allâh, llamaba a la angustia la «incitación», porque incita a quien hiere a progresar en la vía de su Señor. Y nuestro propio maestro (que Allah esté satisfecho de él) decía: «Si la gente supiera cuántos secretos y beneficios lleva en sí la necesidad no tendría necesidad más que de tener necesidad». Y también decía que la angustia ocupaba el lugar del Nombre supremo (de Allah). En cambio, consideraba el poder como una limitación.
Por otro lado, vemos que el conocimiento de Allah aleja de nosotros la prueba, como preservó de ella a otros, en particular a los Profetas (sobre ellos las bendiciones y la paz) y a los walis (íntimos de Allah). Allah, exaltado sea, dice en el Corán: «Dijimos al fuego: Oh, fuego, sé frescor y protección para Abraham. Ellos han querido tenderle una trampa, pero Nosotros les hemos hecho perder y le hemos salvado, etc.» (XXI, 69-71). Dice igualmente Allah: «Y se ha dicho a quienes tienen taqua (estado de alerta del musulmán, atención suprema) a Alla: ¿qué ha hecho descender Allah? Respondieron: Un bien» (XVI, 30); y eso que Allah no hace descender las grandes pruebas más que sobre ellos, por amor y por atención a ellos, como está dicho en el Corán sublime: «Cuántos Profetas fueron matados, etc (111, 145), y también: «Si habéis recibido una herida, (sabed, que) el pueblo [2] recibió una herida semejante (antes que vosotros)» (III, 140). Y así sucesivamente. Sin embargo, su conocimiento de Allah y su absorción en la contemplación de la infinitud de Su esencia les hace indiferentes al bien y al mal; no contemplan sino a su Señor, lo mismo que Lo contemplan en el gozo Lo contemplan en el dolor, puesto que Él es a la vez Quien hace gozar (al-mun'im) y Quien castiga (al-muntagim); o bien: lo mismo que Lo contemplan en el don, Lo contemplan en la privación, como dice el ilustre maestro Ibn'Atâi-Llâh en sus Hikanr. «Cuando Él te da, te hace contemplar Su bondad, y cuando Él te priva, te hace contemplár Su poder victorioso (qahr); en todo ello, Él es Quien Se te da a conocer y Se le acerca por Su clemencia (luft)». En suma, Allah está para ellos calificado a la vez de majestad terrible (jalál) y de bondad (jamâl); en cuanto a la prueba, no la conocen, ni ella los conoce, puesto que no ataca más que a quienes tienen delante el velo y no a quienes les ha sido retirado, porque la causa de la prueba es la existencia del velo y la perfección del goce no es otra cosa que la visión de la Faz de Allah, el Generoso. Toda la tristeza y la angustia que experimentan los corazones no procede sino de que se hallan separados de la visión esencial, como se dice en los Hikam de Ibn'Atâi-Llâh.

[1] Hadith
[2] . Qawm. en el Sufismo se designa con este término a los iniciados.



 

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