PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

   CARTAS DEL SHAYKH AL-´ARABI AD-DARQAWI

 

CARTA 41



Escucha esta historia, oh faqîr, y retenla, no la olvides y cuéntala a tu vez a tus hermanos en la vía.


Es así: recibí a un grupo de visitantes, unos hermanos que antes de esta visita me habían tomado como maestro en la vía. Venían de la ciudad de Taza (que Allah la proteja de toda calamidad) y dos de ellos me dijeron: «Tenemos intención de pasar por la ciudad de Fez (que Allah la guarde)». Les respondí: «No, volved con vuestros hermanos, es mejor y más seguro; hay una bendición en el hecho de permanecer unidos». Me dijeron entonces: «Queremos comprar un pequeño cántaro allí».


Les contesté: «Ahora es el tiempo de la peregrinación, y ella es la que determina vuestro camino; ahí encontraréis algo más valioso que cántaros, tarros, marmitas o cualquier otra cosa».

Me preguntaron: «¿Está Allah en juego?»
«No hay duda, les dije, de que debéis despojaros de toda voluntad propia, porque poner la propia voluntad en manos del maestro espiritual es en realidad ponerla en manos de Allah, y en eso consiste la elección suprema. El sublime maestro, el wali (intimo de Allah) Abû Ja'far al-Haddâd, que fue el maestro de Junayd, ha dicho: "Durante cuarenta años he deseado desear algo para poderme privar de mi deseo; pues bien, no he encontrado nada que deseara". Otro maestro dice: "Jamás Allah me ha colocado en un estado que haya detestado ni trasladado a un estado que haya aborrecido".


Y el sublime maestro Seyyidi ash-Sherîshî dice en su Zâiya: "Quien no esté señalado por la renunciación de su voluntad, que no espere sentir el olor del fair”.[1]


Tras todo esto, les dije: «Hubo alguien que insistió mucho para que le diese el wird [2]. Pero después de habérselo dado, me dijo: "Quiero volver a mi país, o ir a tal país". Le contesté: "¡Acabas de llegar y ya quieres marcharte! Antes de haberme tomado por maestro podía ser así; ahora soy yo el que escoge por ti y no tú quien escoges por ti mismo..."»


[1] Al faqr, la pobreza espiritual considerada aquí como la cualidad por excelencia del contemplativo.
 
[2] Al-wird, el conjunto de fórmulas sagradas que el maestro transmite al discípulo junto con su autorización para recitarlas.

 

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