PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

   CARTAS DEL SHAYKH AL-´ARABI AD-DARQAWI

 

CARTA 4

 

Al poco de haber encontrado a mi maestro, me autorizó para iniciar a cierto letrado que había sido uno de mis profesores en lectura coránica. Este letrado quería convertirse en discípulo de mi maestro, siguiendo mi ejemplo, e insistió para que le procurase su permiso. Cuando le hablé de él, mi maestro respondió:

«Cógele de la mano tú mismo, ya que por ti me ha conocido». Así que le transmití la enseñanza que yo a mi vez había recibido, y produjo frutos gracias a la bendición (baraka) vinculada a la autorización de mí noble maestro. Sin embargo, como tuve que marcharme de Fez para volver a la tribu de los Beni Zarwál, donde había dejado a mis padres, me vi separado de él.

En cuanto a mi maestro, nunca dejaba Fez al-Bálí. Cuando estuve a punto de partir hacía la citada tribu, le dije: «Allí no tengo a nadie con quien pueda tener los intercambios espirituales que, sin embargo, necesito». Me contestó: «jEngéndralo!», como si pensase que la generación espiritual pudiese efectuarse a través de mí, o como si la viera ya. Volví a pronunciarme en el mismo sentido y de nuevo me respondió: «jEngéndralo!». Pues bien, por la bendición que emana de su autorización y de su secreto,[1] vino a mí un hombre (jque Allah multiplique sus semejantes en el Islam!) que, desde el instante en que yo le vi y él me vio, fue colmado por Allah hasta el punto de alcanzar de golpe la estación espiritual (maqâm) de la extinción (fanâ’) y de la subsistencia (baqâ’) en Allh; y Allah garantiza lo que decimos. Con esto se me puso de manifiesto la virtud y el poder secreto de la autorización,[2] y me vi libre de todas las dudas o sugestiones, ¡gracias y alabanzas a Allah!

A continuación, mi alma deseó recibir la autorización directamente de Allah y de Su Enviado (s.a.s). Aspiraba a ello con mucho fervor. Pues bien, encontrándome un día en un lugar solitario en medio del bosque, sumergido y abismado en una extrema ebriedad espiritual, y al mismo tiempo en una extrema sobriedad —con gran potencia en uno y otro estado—, súbitamente escuché esta frase que surgía del trasfondo de mi esencia: «Incítales al recuerdo, porque del recuerdo[3] sacan provecho los creyentes!» (Corán, LI, 54). Se calmó y reposó entonces mi corazón, pues tuve la certeza de que eran Allah y Su Profeta (s.a.s) quienes me dirigían esas palabras, inmerso como estaba en las dos Presencias generosas, la señorial y la profetica.[4] Se trataba (pero Allah lo sabe mejor) de una ruptura de las leyes ordinarias procedente del fondo mismo de mi esencia. Por lo demás, aquí no existe «cómo», y eso sólo lo sabe aquél a quien Allah se lo ha dado a conocer...

Desde que me fue concedida esa autorización, vinieron a mí los creyentes y, desde el instante en que los vimos y ellos me vieron, se acordaron (de Allah) y nosotros nos acordamos,[5] y nosotros sacamos provecho de ellos como ellos de nosotros, y ocurrió lo que ocurrió en lo referente a favores, secretos, virtudes, bendiciones y ayudas divinas. Todo ello tuvo lugar en la tribu de los Beni Zarwál (que Allah la salvaguarde de toda prueba), alabanzas y gracias a Allah...

[1] Sirr, es decir, de su rango espiritual, sólo conocido por Allah.

[2] La autorización (idbn) espiritual implica dos aspectos, inseparables uno del otro. Aparta la iniciativa individual, haciendo del autorizado el instrumento de una voluntad supraindividual y, a la vez, transmite una bendición, un poder espiritual que actúa en virtud de esa instrumentalizad.

[3] La palabra dhikra, que traducimos aquí por “recuerdo”contiene, como dhikr, los significados de “mención”, “evocación, “invocación” pero también de “admonición”.

[4] Alusión a la doctrina súfica de las diversas Presencias (hadharât) divinas, que son otras tantas revelaciones universales de Allah. La “Presencia señorial” se refiere a la revelación de Allah en Sus cualidades perfectas y trascendentes, mientras que la “Presencia profética” se refiere a Su revelación en el universo

[5] En árabe, esta frase juega con el doble sentido del término khikr,

 

           

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