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No tengáis miedo a las sugestiones psíquicas cuando os asaltan y quieren invadir
vuestro corazón en oleadas que se renuevan sin cesar, antes bien abandonad
interiormente toda voluntad a Allah y permaneced tranquilos; no os agitéis,
sosegaos y no estéis tensos, y dormid, si podéis, hasta saciaros, pues el sueño
es benéfico en la hora de las angustias; trae consigo maravillosos beneficios,
ya que en sí es un abandono a la voluntad divina. Ahora bien, a quienquiera que
abandone su voluntad a su Señor, Allah le cogerá de la mano, No temáis, pues,
las sugestiones psíquicas cuando aumentan, sino permaneced como os decimos y
sacaréis provecho de ello; ¡que Allah maldiga a quien os mienta! Por el efecto
de esas tribulaciones la consciencia de la Unidad se establecerá en vuestros
corazones y desaparecerán las dudas e imaginaciones. Así progresaréis en la vía
y alcanzaréis el bien, a saber, la cesación y la liberación de todo error. Y
vigilad, no os preocupéis por la multitud de obstáculos o impedimentos, porque
el bien (que Allah lo fortifique) los doblegará a vuestro favor si perseveráis
en lo que os indicamos. Cierto letrado me dijo un día: «Lo que me daña es la
concupiscencia». A lo que respondí: «Es ella, precisamente, la que me hizo bien.
Estoy colmado de los favores de Allah y de los favores de la concupiscencia, y,
por Allah, ¡siempre le estaré agradecido por ello!». Los hombres del
conocimiento de Allah no huyen de las cosas como huyen los demás, porque
contemplan a su Señor en todo. Los demás las huyen porque la visión de las cosas
existentes les impide ver a Aquél del que la existencia mana. A este respecto,
el ilustre maestro lbn'Atâi-Llâh dice en sus Hikam- «Los devotos y los ascetas
no se aislan de todas las cosas sino porque en ellas se encuentran separados de
Allah; si Lo contemplasen en toda cosa, no se aislarían de ellas...»
Y sabed (que Allah os sea misericordioso) que nada nos impide contemplar a
nuestro Señor salvo el hecho de ocuparnos de los deseos de nuestras almas. No
digáis que es la existencia lo que vela al existenciador porque, por Allah, no
es más que la imaginación (wahm) la que nos Lo vela, la imaginación que produce
a la ignorancia.[1] Si supiéramos, nos conduciría a la
ciencia de la certeza [2] y la certeza arrancaría
nuestros corazones y nuestras conciencias íntimas de la visión de las cosas
efímeras...
[1] Se trata, no de la imaginación como simple facultad plástica
de la mente, sino del hecho de atribuir a las cosas una realidad que no poseen.
[2] ‘Ilm al-yaqín, alusión a los tres grados del conocimiento intuitivo
designados por los términos coránicos. 'I!m al-yaqiîn (ciencia de la certeza),
‘ayn al-yagíx (ojo de la certeza) y haqq al yaqín (verdad de la certeza).
 
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