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Si deseas librarte de tu alma pasional (nafs), rechaza lo que intenta sugerirte
y no te ocupes de ella, porque ciertamente no cesará de acosarte y no te dejará
en paz; te dirá, por ejemplo: ¡estás perdido! Que sus insinuaciones no te
inquieten ni te asusten, diga lo que diga, antes bien continúa sentado si
estabas sentado, o de pie si estabas de pie; continúa durmiendo si dormías,
comiendo si comías, bebiendo si bebías, riendo si reías, haciendo el salat si lo
hacías, recitando si recitabas, y así sucesivamente. No la escuches excepto si
te dice: eres uno de los creyentes, de los que conocen a Allah, o: estás en
manos de Allah, y Su gracia y Su generosidad son inmensas. Porque no dejará de
hostigarte con sus insinuaciones en tanto no permanezcas impasible, como
indicábamos, al tiempo que sigues conformándote a la costumbre (sunna)
mohammediana. Pero si no haces oídos sordos, te dirá primero: ¡estás perdido! y
después: ¡eres un malhechor! Y si no fuera porque el descreimiento está en el
límite mismo de la prueba,[1] te diría: eres un descreído, y aún seguiría
aumentando sus acusaciones...
[1] Pues quien no cree en una realidad trascendente no puede ser
"probado»; se encuentra a gusto en su sueño terrenal.
 
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