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Muchos son los signos por los que se reconoce a aquel que
ha llegado a Allah, a saber, que todas las cosas, grandes o pequeñas, están en
su mano y sometidas a su orden, ya que él es para el universo lo que el corazón
es para el cuerpo (pero Allah es más sabio). Cuando el corazón se mueve, también
se mueven los miembros, y cuando está inmóvil, se inmovilizan; si se levanta, se
levantan; si se sienta, se sientan; si se contrae, se contraen; si se relaja, se
relajan; si se debilita, se debilitan; si es fuerte, se vuelven fuertes; si es
humilde, se humillan; si es orgulloso, se enorgullecen, y así sucesivamente. Del
mismo modo, quien ha recorrido el camino hacia Allah, quien se ha extinguido en
la contemplación de Su infinitud y se ha liberado de la ilusión de que hay otra
realidad distinta de Allah, a ése la existencia lo sigue y lo obedece; a donde
él se dirige, ella se dirige. Y Allah garantiza lo que decimos.
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