PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

   CARTAS DEL SHAYKH AL-´ARABI AD-DARQAWI

 

CARTA 3

            

           

La intención pura es realmente el elixir (que transforma en oro el metal vil del alma), puesto que ella fue la que me proporcionó la fuerza para buscar a quien me conduciría hacia Allah. Y he aquí que lo encontré justamente ante mí, muy cerca, casi como si habitáramos en la misma casa.

Mi maestro (que Allah esté satisfecho de él) era exteriormente todo rigor interiormente todo belleza; entiendo con esto que hacia el exterior practicaba la sumisión y la servidumbre, mientras que en su interior se hallaba en la gloría y en la libertad. ¿Y qué hay peor que lo inverso, es decir, un estado de gloria y de libertad exteriores que interiormente sea sumisión y esclavitud, o exteriormente tradicional e interiormente innovador, o sumiso a la ley en el exterior y sin ley en el interior, en apariencia dominical y satánico en el fondo? «Nada impide tanto la realización del objetivo como el hecho de haber olvidado los fundamentos».[1] No cabe duda de que cuando los hombres de elite como mi maestro se humillan exteriormente y por propia iniciativa, Allah los eleva interior y exteriormente, de manera que viven en una perpetúa alegría, mientras que los hombres ordinarios, cuando actúan a la inversa, es decir, cuando se glorifican hacia el exterior, son rebajados por Allah, tanto exterior como interiormente, de manera que viven en continua tristeza.

Mi maestro estaba satisfecho con el conocimiento de Allah y no se volvía hacia lo manifestado ni hacia lo oculto; sólo tomaba en consideración su relación con Allah y no se preocupaba ni de la alabanza ni de la censura de otros. A menudo recitaba estos versos:

 

«Con tal que Tú seas dulzura, ¡que la vida sea amarga!

Si Tú estás contento, ¿qué importa que la gente esté irritada?

¡Que entre Tú y yo todo esté cultivado,

Y que entre yo y los mundos no haya más que desierto!

Si Tu amor está asegurado, todo es fácil,

Ya que todo sobre la tierra no es más que tierra».

 

Su propio comportamiento hablaba así: ¡Oh, Allah, que mi vergüenza sea evidente a los ojos de las criaturas y mi integridad visible únicamente para Ti, y no al revés! Allah, exaltado sea, ha dicho: «Ellos (los hombres) en modo alguno te harán independiente de Allah» (XLV, 19).

 

Escucha, faqír, algunas de las sentencias de mi maestro (que Allah esté contento de él): «Mientras otras personas se preocupan de la adoración, ocúpate tú del Adorado; si se ocupan del amor, ocúpate del Amado; si aspiran a hacer milagros, tú aspira a los gozos de la oración; mientras ellos multiplican sus devociones, conságrate a tu generosísimo Señor”, y así sucesivamente.

En sus conversaciones espirituales también solía decir:

«Si Lo contemplarais en toda cosa, su contemplación velaría todas las cosas a vuestras miradas. Porque Él es la única cosa, fuera de la cual no hay ninguna cosa.

 

Si añades lo efímero, a lo eterno, lo efímero desaparece y sólo subsiste lo eterno.

Sí las cualidades del Bien Amado tuvieran que manifestarse, a la vez el velo y aquél cuya vista está velada quedarían aniquilados.

Cuando las luces de la pura contemplación se revelan, desaparecen al mismo tiempo el asceta y aquello de lo que se abstiene.

Abstenerse de las cosas es sobreestimar su poder, y eso procede del velo que os oculta a Allah; pues si Lo contemplarais en las cosas, o antes o después de las cosas, ellas no os Lo ocultarían; si pudierais ver que su existencia emana de Él, esa existencia no os Lo ocultaría. Lo único que se interpone entre vosotros y Aquél a quien adoráis es la alegría por lo que poseéis y la pena por lo que no poseéis; Lo único que os separa de la beatitud es esta cualidad censurable.

Si no existieran el intrigante y el espía, vuestro gozo en el Bien Amado no llegaría nunca a ser perfecto.[2] Si no hubiera fuego ni aguijón de abejas, ni el rayo ni la miel podrían apreciarse».[3]

Y así sucesivamente.

 

También dijo: «Miente quien pretenda haber bebido del vino de los iniciados y haber comprendido sus verdades espirituales y a pesar de ello no se haya desapegado del mundo. De igual manera que el paraíso no es accesible para quien no ha muerto y nacido de nuevo, el paraíso de la gnosis permanece cerrado para aquél cuya alma no esté muerta a este mundo, al deseo de actuar en él, de elegir en él, de poseerlo y de gozarlo —para aquel que no esté muerto a todo excepto a Allah—.»

También dijo (que Allah esté satisfecho de él):

«No digas yo antes de estar extinguido (en Allah).

No tendrás vida antes de haber sufrido la muerte.

Los soles no se levantarán en ti antes de la muerte de las almas.[4]

No alcanzarás la meta a la que aspiras mientras duren las alabanzas que te rinden los hombres.

No saborearás el alimento de la fe antes de salir de los mundos creados.[5]

No alcanzarás la extinción (fana) en Allah sino después de estar muerto al mundo evanescente.

Si ante ti se retiraran los velos, contemplarías al Bien Amado en ti mismo.

Si las sugestiones de la imaginación cesaran, contemplarías lo eterno sin cesar.

Si tu alma no te alejara de Él, no verías otra realidad que tu Señor.

Si tu alma estuviera libre de manchas, la Verdad llegaría y la vanidad desaparecería».[6]

 

[1] Proverbio sufí

[2] El “intrigante” y el “espía” desempeñan un papel en la poesía erótica y aquí significan a la vez la hostilidad del mundo profano y de las interferencias psíquicas.

[3] En árabe, todos estos aforismos tienen forma de versículos rítmicos.

[4] En este aforismos, los “soles” y las “almas” están en plural porque aluden a los múltiples grados de la vida espiritual, en la que cada nueva iluminación es precedida por la muerte de un “alma”.

[5] Según el Corán, la fe (al-imân) puede aumentar sin límite; en sus grados superiores se identifica con la gnosis.

[6] Alusión al versículo coránico: “La Verdad ha llegado y la vanidad ha desaparecido, en verdad la vanidad es evanescente”

 

           

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