PUBLICACIONES DE LA YAMA'A

YIA.LM

 

   CARTAS DEL SHAYKH AL-´ARABI AD-DARQAWI

 

CARTA 25

 

An-naf (el alma, la psique) y ar-rùh (el espíritu) son dos nombres que designas una sola y única cosa, que está hecha de la propia esencia de la luz, pero Allah es más sabio. Esa cosa se desdobla en virtud de dos cualidades opuestas, que son la pureza y la confusión, porque la nafs, mientras subsiste, está enturbiada y a ello debe su nombre; pero si su confusión desaparece y se queda en pura sustancia verdaderamente se la llama rúh. Por otra parte, observamos que ambos se atraen mutuamente, ya que están próximos uno del otro y los dos están, en principio dotados de belleza, de virtud y de equilibrio. Ahora bien, si Allah quiere santifica a uno de sus servidores, casa en él espíritu y alma, es decir, hace que uno tome posesión del otro, lo que ocurre cuando el alma regresa de las pasiones que la habían alejado de su verdadero parentesco y de su patria, que la habían arrancado de su virtud, su bondad, su belleza, su nobleza, su superioridad y su elevación y de todo de lo que su Señor la había colmado, hasta llegar a negar su propio origen, y no poder ya buscarlo; ahora bien, si no se queda en ese estado, antes bien lo abandona y retorna íntegramente de él, el espíritu la transporta y le transmite su verdades y secretos que Allah le inspira y que no tienen fin. En la misma medida en que abandona sus pasiones, se refuerza la efusión del espíritu de parte de su Señor, de modo que las bodas del espíritu y el alma se multiplican, así como si frutos, a saber, las ciencias infusas y las acciones que de ellas nacen. El goce á todo ello no puede sino llevar al hombre a contrariar al alma (pasional) arrastrarla a pesar de sus repulsiones, sus bufidos y sus execraciones, porque un comportamiento así se ha vuelto fácil para el hombre en virtud de las «luces», «secretos» y «provechos» espirituales que ve en aquél.

 

 

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